sábado, 28 de marzo de 2026

"El arte de rechazar manuscritos", de Constantino Bértolo



Aborda Constantino Bértolo (1946), un editor con una dilatada trayectoria dentro del mundo editorial español, un asunto de máxima actualidad en lo que se refiere al trabajo que realizan los editores. Ante la sobredimensionada avalancha de manuscritos que llegan a las editoriales para su posible publicación, cientos de miles todos los años, alguien tiene que encargarse de decidir qué libros se van a publicar y cuáles se van a rechazar. 

Siempre ha sido este un trabajo ingrato, que puede tener sus negativas repercusiones en el ánimo y la autoestima de los escritores. Pero, como tantas otras cosas de la industria editorial actual, también esta función de los editores, o de los lectores que trabajan para ellos, está sufriendo cambios e incluso se cuestiona su conveniencia. En este sentido, resulta también de interesante lectura las memorias de otro editor, Enrique Murillo (Personaje secundario, que han tenido una excelente acogida).

Hasta la llegada de Internet, de la edición digital y la autoedición, lo normal era que un autor enviase su manuscrito a una editorial y, si se lo rechazaban, comenzase una larga travesía por otras editoriales a ver si sonaba la flauta. Las editoriales solían dar sus argumentos literarios y empresariales para explicar su rechazo, lo que a veces provocaba no pocas controversias. 

Ahora, muchas editoriales dejan bien claro en sus páginas web que no admiten originales que no hayan sido solicitados. Otras, incluyen una respuesta estereotipada de rechazo a los autores para no dar pie a ningún debate o confrontación. Otras muchas editoriales, las más solicitadas, no admiten manuscritos porque se autoabastecen de los que ya les proporcionan los agentes literarios y otros autores de la casa o de los contactos que puede tener la propia editorial. 

Últimamente, muchos autores, intuyendo estas dificultades, ni siquiera envían sus originales a editorial alguna y optan por la vía rápida: lo autopublican en papel o digital y se evitan la sentencia del rechazo. Pero, como demuestra Bértolo, a día de hoy sigue teniendo mucho más prestigio la edición tradicional que estas nuevas formas de autopublicación.

Esta manera de funcionar, publicar al precio que sea, está provocando una inflación de novedades (cerca de los 90.000 títulos al año, 60.000 en papel de los que 12.000 son de literatura). Esta realidad acaba por minusvalorar el papel del editor, a quien ya no se considera una pieza básica del entramado editorial. Además de saturación, esta facilidad para publicar provoca que las obras salgan al mercado sin el necesario proceso de edición, un trabajo compartido, necesario, a veces exigente y meticuloso, entre el autor y el editor.

Teniendo en cuenta que los editores suelen estar inundados de novedades, Bértolo dice que uno de los principales trabajos del editor es afinar bien en qué libros de los muchos que se reciben ni siquiera se van a leer, para centrar su trabajo en aquellos que exigen una lectura más atenta. A la hora de valorar estos originales, su lectura es distinta a la del lector común e incluso a la del lector profesional. Los editores deben leer, además, como editores, teniendo en cuenta el contexto cultural y social, las señas de identidad de su editorial y los gustos literarios no suyos sino del posible público lector. Al final, la elección es siempre un riesgo y Bértolo cuenta en este libro, como anécdotas, algunos casos sonados sobre garrafales errores de editores que rechazaron libros que luego fueron un éxito editorial.

Opina Bértolo, con razón, que la labor del editor siempre será imprescindible para hacer una primera criba y garantizar la calidad, a pesar de que en ocasiones se puedan cuestionar algunos métodos y decisiones. Pero también constata que en el mundo editorial actual están cambiando los objetivos y todo el trabajo editorial se somete a vender como sea. 

Si esto sigue así, el editor sobra. Y llegará un momento en que se harán realidad estas palabras de Oscar Wilde que Bértolo reproduce en su libro: “En los viejos tiempos los hombres de letras escribían los libros y el público los leía. Hoy en día el público escribe los libros”. 


El arte de rechazar manuscritos

Constantino Bértolo

Debate. Barcelona (2026)

120 págs. 12,90 € (papel) / 6,99 € (digital).

jueves, 26 de marzo de 2026

Domestic Noir, Cozy Crime, Healing Fiction, Romantasy... Guía para no perderse en el laberinto de los subgéneros literarios actuales

 

    En los últimos años estamos asistiendo en el mercado editorial a la explosión de una cierta nomenclatura paraliteraria para designar nuevos subgéneros, todos en torno a la novela, el género popular y comercial por excelencia. Romantasy, Cozy CrimeNew AdultDomestic NoirFeel-goodHealing Fiction o Chick-lit son algunas de las etiquetas que están gozando de más popularidad. La mayoría se encuadran dentro de géneros muy leídos en la actualidad, como son la literatura romántica, la novela juvenil y la novela policiaca. 

Sobre este tema, muy actual, he publicado este artículo en Aceprensa.

sábado, 21 de marzo de 2026

Notas para un diario: "Así nunca seré Stefan Zweig"

          


              Me he leído los
 Diarios de Stefan Zweig, publicados en una magnífica edición de la editorial Acantilado, donde están editadas muchas obras de un escritor muy leído en la actualidad. Es un libro que tiene mucha relación con sus espléndidas memorias, El mundo de ayer, uno de sus escritos más apreciados. Desde el nostálgico punto de vista del autor, sus memorias y diarios describen los radicales cambios que se dieron en la primera mitad del siglo XX, tras la caída del imperio austro-húngaro y las dramáticas consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, aunque el autor falleció –mejor, se suicidó- en 1942 en la ciudad brasileña de Petrópolis, bastante desesperado por el rumbo que estaba tomando la guerra a favor de Alemania. Las dos guerras mundiales arramblaron con el mundo conocido hasta entonces y que Stefan Zweig, y tantos otros escritores centroeuropeos, se habían encargado de llevar a sus ensayos y novelas con suma nostalgia.

             Me ha asombrado un aspecto de Zweig que he puesto en relación con mi propia vida. En ellos habla Zweig de sus muchos amigos, la mayoría grandes personalidades de la literatura y la cultura de las primeras décadas del siglo XX. Con total naturalidad, cuenta sus encuentros y conversaciones con el Premio Nobel Romain Rolland, con Rainer Maria Rilke –que había regresado precisamente de una larga estancia en Ronda, Málaga-, de sus diferencias con el poeta Émile Verhaeren, de sus intermitentes relaciones con Franz Werfel y Alma Mahler, de su sentida amistad con Sigmund Freud (incluso pronunció un discurso en su entierro), de las tertulias que mantuvo con Hugo von Hofmannsthal y Jakob Wasermann y de sus contactos con el músico Richard Strauss. Aunque apenas salen en los diarios, Zweig era muy amigo de Joseph Roth y Ernst Toller. 

            Después de leer todo esto, he pensado ¿y a quién conozco yo? Zweig se codeaba con lo más granado de la vida cultural austriaca y alemana; yo, sin embargo, he estado esta mañana tomando un café no con Arturo P.R. sino con Julio, un antiguo alumno que trabaja de becario en un despacho de abogados cercano a mi trabajo; luego, en el trabajo, he hecho unos recados no con Camilo J. C. sino con Pablo, que vive en el barrio de Santa Eugenia, padre de familia y diseñador. Por la tarde, me he encontrado a la salida del metro no con Almudena G., sino con Marta, una conocida, y luego he coincidido en el bar tomando unos orujos no con Cristina F., sino con Javi, un vecino que es panadero. He saludado a Adrián, el peluquero, y no a Antonio M.M., y he entrado en el Chino de al lado de casa a comprar leche, donde no me he encontrado con Javier C. En el portal, salían Marga y Luis, que iban al Mercadona, pero allí no estaba Dolores R. ni María D. Me ha llamado por teléfono Pepe, que sigue ingresado, mientras he esperado toda la tarde la llamada de Luis L. Y en casa he contestado a un whatsapp de mi hermana y mis sobrinos porque sigue sin escribirme Emmanuel Carrère.

            Tengo que aceptar que me da mucha pereza llamar al técnico de la nevera (se me ha estropeado el congelador) en vez de a Paul A. Y que tengo que llevar la camisa nueva a arreglar las mangas, y no a tomarme un whisky con Roberto B. Y que me he vuelto a quedar sin yogures, con lo que le gustan a Rosa M. Así no se puede ser nunca Stefan Zweig.

 

jueves, 12 de marzo de 2026

Muere el escritor portugués António Lobo Antunes

 

    El pasado 5 de marzo, falleció en Lisboa el escritor António Lobo Antunes, uno de los escritores más relevantes de la literatura portuguesa de los siglos XX y XXI y con mucho prestigio en muchos países europeos. En España están traducidas la mayoría de sus obras. 

    Sobre su vida y literatura he publicado en Aceprensa este artículo.

miércoles, 11 de marzo de 2026

Mis clásicos: "En tierra inhumana", de Josef Czapski

 

           En tierra inhumana, del escritor y pintor polaco Józef Czapski (1896-1993), fue publicado en 1949. Se trata de un sobrecogedor diario que cuenta un trágico episodio de la Segunda Guerra Mundial. 

En 1939, Polonia fue invadida por Alemania y la URSS. Unos 15.000 oficiales polacos, entre los que se encontraba Czapski, fueron deportados a campos de concentración soviéticos. Cuando Alemania declaró la guerra a la URSS, estos militares, en principio, podían ya regresar a Polonia. Pero sólo lo hicieron unos 400; el resto habían sido asesinados por orden de Stalin en la masacre de Katin, aunque los rusos intentaron ocultar esta realidad y acusaron de los crímenes al ejército nazi. 

Czapski recibió el encargo de encontrar el paradero de estos oficiales desaparecidos. Con una excelente calidad y densidad, Czapski no sólo relata este proceso, sino que describe la sistemática maquinaria soviética de asedio y desprecio a la verdad. Para el escritor polaco Adam Zagajewski, amigo de Czapski, su libro es "un tratado sobre la impotencia de un hombre de buena voluntad ante la gigantesca maquinaria de un Estado criminal. Esta obra narra una historia colosal, estamos ante un libro que retrata el mal, pero que al mismo tiempo, busca huellas de humanismo -no tan escasas como pudiera parecer- en el desierto soviético" ((Poesía para principiantes, Acantilado, 2026). 

Tras la guerra, Czapski se integró en la comunidad polaca emigrada a Francia, donde ejerció de columnista político, editor y autor de crítica de arte y literatura.



En tierra inhumana

Józef Czapski

Acantilado. Barcelona (2008)

492 págs. 25 €.

domingo, 1 de marzo de 2026

Las claves del éxito de la serie "La asistenta"

 

    El éxito de la saga de La asistenta, y del género al que pertenece, el “domestic noir”, obedece a lo adictivo de unas intrigas teóricamente realistas –aunque con giros inverosímiles– y muy estereotipadas.

    Mi valoración de la saga en este artículo publicado en Aceprensa.

miércoles, 25 de febrero de 2026

Notas para un diario: "Diminutivo asesino"

 

    Por desgracia, en las últimas semanas he frecuentado algunos hospitales para visitar a algunos amigos y parientes enfermos. Siempre tengo la misma sensación con algunas de las cosas que pasan en los hospitales en lo que se refiere a la delicada atención de las enfermeras y enfermeros. Esta es una de ellas. Cuando llega ese momento, todo está perdido.

Es el punto final, ese momento crucial y dramático de la vida en que sabes que no hay vuelta atrás. Que lo que te espera a partir de ahora, sin piedad, es la caída en la decadencia, la enfermedad, la pérdida de movilidad, el caos de los sentidos, el destrozo neuronal, la antesala de la unción de enfermos, la despedida de tus familiares y la llamada inmisericorde de la muerte. Es un momento trascendental que cuesta asimilar y del que merece la pena prepararse con cierta seriedad. Tendría que haber sesiones especializadas en enseñar a asumir ese instante para no caer en la depresión y saber sobrellevar el impacto que supone ser quien eres y no lo que tú te crees que eres. 

Te acaban de levantar de la cama del hospital para sentarte en un desangelado sillón para los acompañantes que pueblan los hospitales de todo el mundo. Te han puesto un pijama de esos que se abrochan por atrás –pero que nunca llegan a estar abrochados- y que muestran inocente y asquerosamente el culo al aire a toda la concurrencia. Tu indefensión es total: te sientes perdido, humillado, violentado, confuso, vejado, abochornado, avergonzado. Y, de pronto, todavía sofocado, entra una joven enfermera y, de sopetón, sin anestesia, te suelta con un tonito imperioso, musical e infantil a la vez: “Y ahora se va a tomar un yogurcito que le va a sentar muy, pero que muy bien”. Un yogurcito. Ese diminutivo asesino es la trompeta que anuncia el fin de los tiempos. Ya, te dices, nada tiene solución. Se acabó.