lunes, 12 de julio de 2021

"La vida que nos toca", de Sebastián Cerro Guerrero


         Sebastián Cerro Guerrero tiene una amplia experiencia en el mundo de la educación como profesor, educador, ponente y autor de libros. Colabora asiduamente con organizaciones no gubernamentales internacionales. Este libro es fruto del trato con tantas y tantas personas que ha conocido y que le han proporcionado el material de La vida que nos toca, un conjunto de historias en las que el peso de la narración se lo llevan los propios protagonistas, quienes por unos u otros motivos han decidido contarles su vida al autor. 

         A diferencia de otros libros, centrados en vías ejemplares o en las trayectorias de personas conocidas, Sebastián Cerro ha puesto la lupa en personas muy corrientes. Como escribe el autor, “ninguno de ellos aparece en los medios de comunicación ni han tomado decisiones que transformen el mundo, ni su país, ni su provincia (…). Sí han ido transformando su vida y ayudado a los que estaban a su alrededor”. Para el autor, que las conoce bien, se trata de personas valiosas que se han enfrentado a la vida intentando dar lo mejor de sí.

            Son gente que ha decidido dar su vida a los demás, por ejemplo, en el mundo de la educación, como las historias de Nacho y de Ricardo, uno especialista en Educación Especial y otro un experimentado educador. También son un buen ejemplo de lucha por la vida las narraciones de un puñado de inmigrantes que han rehecho sus vidas en España, como el lituano Alvaras, la venezolana Miriam, la colombiana Elena y Abdallah, inmigrante procedente de Sierra Leona que cruzó el Estrecho en una patera y hoy día es un ejemplar estudiante de Formación Profesional. También cuentan sus historias el matrimonio de Lucía y Alfonso, la peruana Flor, que el autor conoció en un viaje a Lima, y dos personas vinculadas con el voluntariado, Esperanza y Javier.

            El autor deja que sean estas personas las que tomen el protagonismo de la narración, que no se limita a contar un momento concreto de sus vidas sino que recogen la trayectoria general, la mejor manera de explicar su a veces errática y apasionante evolución personal. Son relatos sorprendentes, pues dentro de su normalidad se atisba la generosidad, el heroísmo, la valentía, la entrega. La mayoría han tenido que superar situaciones complejas y no se ahorran las sombras por las que han pasado. 

Además, no se han escogido estas historias porque acaben bien. Muchas de ellas todavía se encuentran en pleno desarrollo, superando, o no, las adversidades y un puñado de serias dificultades que han afectado a sus matrimonios, a los hijos, a sus puestos de trabajo, a su relación con sus familias o con el país del que proceden.

            Cerro rodea sus relatos de un ambiente agradable, buscando en todo momento el lado positivo de las personas, que es lo que desea subrayar. Para él, a pesar de las complicaciones que han atravesado, todos los entrevistados han decidido no rendirse y aprovechar al máximo sus vidas para encontrar “la alegría de vivir”, cada uno en un sitio distinto, pero todos con unos sorprendentes valores humanos que, por lo general, han puesto al servicio de los demás. 


La vida que nos toca

Sebastián Cerro Guerrero

Amazon

10,39 € (papel) / 2,99 € (digital).

sábado, 3 de julio de 2021

"Planimetría de una familia feliz", de Lia Piano


          “Había llegado el momento de convertirnos en una familia tradicional”, escribe al comienzo de esta novela la narradora, la pequeña Nana, la menor de tres hermanos. Sus padres, después de vivir en diferentes países con sucesivos cambios de domicilio, deciden instalarse en Génova en los años setenta del siglo XX. La intención es dar estabilidad a la familia y que los tres hijos –Marco y Gioele, en la adolescencia, y Nana, apenas una niña- puedan ir por primera vez al colegio. 
          Tras años de una vida ambulante y con unos padres especiales que les han dejado hacer siempre lo que han querido, sin someterles a nada, el proceso de adaptación les va a resultar espinoso y ya desde el principio se ve que está condenado al fracaso. A los tres les cuesta relacionarse con sus compañeros en el colegio y prefieren agarrarse a la autonomía creativa que tienen en casa. Su actitud contrasta radicalmente con la de otras familias y niños –“desde fuera nuestra familia no se entendía”-, aunque ellos se sentían plenamente felices con su estilo de vida. 

Esta endogamia familiar provoca que tengan que intervenir los servicios sociales para intentar reconducir la laxa actitud de los padres ante la educación de los hijos y las escasas relaciones sociales que mantienen los tres hijos, encerrados en su casa y en el jardín con sus perros y gallinas y dando rienda suelta a su imaginación. En su desdén a todo lo que suene a las costumbres y ritmos de la familia tradicional, hay también un rechazo irónico, pero explícito, a la formación religiosa.

            El padre, arquitecto, vive encerrado en el semisótano montando un barco que, cuando lo termina, bautizan como Nitroglicerina. La madre vive ausente, obsesionada con la imagen y la belleza y rodeada de libros. A Marco le fascina el cine, está en plena crisis de la adolescencia y le cuesta canalizar sus impulsos sexuales; Gioele quiere ser científico y, tras una fracasada experiencia amorosa, vive solo para sus inventos. Nana, la narradora, que siempre va acompañado de su perro Pippo, al que no para de disfrazar, ejerce de testigo de la vida familiar, que cuenta desde su perspectiva infantil. 

Y a estos personajes hay que sumar el de Concepita Maria, quizás el personaje más entrañable, la mujer que contratan para hacer la comida, limpiar la casa y cuidar a los niños, una mujer de origen calabrés, madre de trece hijos y un marido expresidiario, que aporta algo de sentido común y realismo a unas vidas obsesionadas por la extravagancia. Maria “hablaba mediante imágenes que de pronto estallaban delante de ti. Filos de navaja, puñetazos en la mesa, ropa rasgada, nueces reventadas por la helada. Nunca un verbo ni un sujeto. Los espacios vacíos los tenías que rellenar tú. Maria era cine, no gramática”. 

Lia Piano (Génova, 1972) se inspira en su propia biografía para escribir el libro, aunque en una nota introductoria destaca que “las imágenes son todas verdaderas, pero los hechos y los personajes son fruto de la fantasía”. La autora rodea la narración de un halo mágico un tanto prefabricado e ingenuo y alaba por encima de todas las cosas el deseo de transgresión que mueve a todos los miembros de la familia con el fin de diferenciarse de los demás. En la novela, con mucho humor y bastantes escenas surrealistas, parece que, “chapoteando en el sinsentido”, esta singular familia ha encontrado la felicidad. 



Planimetría de una familia feliz

Lia Piano

Seix Barral. Barcelona (2021)

224 págs. 18,50 € (papel) / 9,99 € (digital).

T.o.: Planimetria di una familia felice

Traducción: Isabel González-Gallarza.

lunes, 14 de junio de 2021

"Tiempo ordinario", de Eduardo Laporte


Periodista y escritor, autor de varias novelas y ensayos biográficos, Eduardo Laporte (Pamplona, 1979) publica Tiempo ordinario, el segundo volumen de sus diarios. El primero, aparecido en la editorial Pamiela, llevaba por título Diarios (2015-2016). Este segundo condensa sus vivencias de 2017 a 2020. Gran lector y teórico de los libros de diarios, Laporte es también crítico literario.

            En Tiempo ordinario hay espacio para reflexionar sobre los libros de diarios en general y sobre los suyos propios. Para Laporte, no se escribe en ellos “ni lo más relevante ni lo más novelesco. Jirones de algo quizá valioso”. En estos diarios, apenas encontrarnos referencias a la actualidad social y política (“la actualidad no cabe en estas páginas”), ni a su vida profesional, ni a su actividad social. Ni siquiera, de manera metódica, va a explicar su intensa relación con la literatura. Los suyos está centrados en su cotidiana y valiosa individualidad, de ahí su título, Tiempo ordinario: “valoro cada vez más el tiempo ordinario (…). Un periodo de felicidad tranquila, mesetaria, en la que aflora el silencio y por tanto la vida”.

            Lo más interesante de estas páginas es la mirada del autor sobre su propia vida y lo que le rodea. En la observación de la realidad descubre aspectos inéditos e insólitos, a los que sabe sacar partido, con intuiciones que a veces convierte en inteligentes aforismos: “La duda es peor que la pena”, “El encanto de los amores de verano no era la juventud, sino su finitud”, “La melancolía me hace vestir más elegante”, “¿Su legado? Una biblioteca de libros subrayados”.

            También habla sobre su vida de escritor, sus lecturas y la relación con otros escritores. Destaca algunas citas que le han sorprendido. Saca punta a algunos comentarios de sus amigos. Sale su vida como periodista. Hay momentos para las evocaciones familiares. Y escenas costumbristas, como las que se refieren a sus vecinos de Vallecas, barrio en el que vive desde hace un par de años. También escribe sobre sus lecturas, algunos proyectos literarios (como su ensayo, que sabe que no escribirá, sobre Delibes y la depresión), relaciones frustradas y viajes y recuerdos de otros viajes. Y al final de los diarios, algunas referencias, pocas, a su vida bajo la pandemia.

            Las entradas son deliberadamente breves. El autor plantea su diario como una síntesis destilada de sus experiencias vitales, que formalmente presenta de manera condesada, con una sobresaliente calidad literaria. Su estilo es directo, intenso y esencial. Sorprende la madurez de su voz literaria y la identificación polivante con los diferentes registros de los libros de diarios.

Tiempo ordinario es un libro muy literario en su contenido, en su estilo y en su manera de reflejar las vivencias personales de su propia vida como escritor, a veces con sus dosis de sarcasmo a la hora de referirse al mundo literario o cuando transmite brillantes y sugerentes valoraciones literarias. Para Laporte, como escribe, “el diario literario se mueve en el terreno de las verdades literarias, que son de otra parte”.



Tiempo ordinario

Eduardo Laporte

papelesmínimos Ediciones. Madrid. (2021)

144 págs. 15 €.

lunes, 7 de junio de 2021

"Vivir", de David Wagner

 

David Wagner, uno de los novelistas alemanes de más prestigio, autor de Cosas de niños, narra en esta ocasión su experiencia de pasar una larga temporada en un hospital. Primero, como consecuencia de la enfermedad que padece, una hepatitis autoinmune crónico-agresiva, que le lleva a frecuentes crisis en las que siempre acaba en el hospital con peligro de desangrarse. Luego, tras un trasplante de hígado, meses y meses de hospitalización y de incertidumbre hasta comprobar que todo ha encajado bien.

            El narrador habla de su experiencia como enfermo crónico, que debe aceptar su destino y su intensa relación con la vida hospitalaria. Mediante párrafos cortos, el narrador transforma en literatura su enfermedad y su vida como enfermo, sabiendo que los meses de ingreso en el hospital son una vida paralela. Es cierto que con el trasplante las cosas cambian, y aparece algo de esperanza en su futuro, lo que se nota en el estilo y en los deseos del autor de escribir sobre la dura experiencia pasada, que resume así: “Y todas las ruinas, los recuerdos, la desesperación, las vergüenzas, las pequeñas alegrías de la clínica, quizá deberían ser escritas”. 

            Aunque los textos que escribe abarcan variedad de temas, la mayoría están centrados en su enfermedad y en la vida en el hospital. Pero también habla de sus padres, de sus viajes, de su actividad profesional y de sus amoríos. El narrador está separado con una hija, ahora tiene novia, recibe muchas visitas…, pero curiosamente de esto apenas habla. Centra su relato en cómo le afecta la enfermedad y la larga estancia en el hospital, en sus compañeros de habitación, en la relación con los médicos y las enfermeras. Con esta elección, el autor parece como si quisiera eliminar del libro cualquier referencia humana para mostrar una crónica fragmentaria distante, fría, objetiva. Esta sensación coincide con los sentimientos que aparecen en el texto, a menudo desolados, aunque sin hacer aspavientos: “los días terribles, interminables, vacíos, desesperados, vuelven”. 

            No hay en sus evocaciones muchas reflexiones de tipo existencial, pero en alguna ocasión menciona la perspectiva del suicidio o resume sus inquietudes con una apuesta por la nada. Lo que domina es el aburrimiento: “Aquí no puedo hacer nada, no tengo que hacer nada, aquí soy un niño, puedo, debo, tengo que y sólo consigo estar tumbado”. Su vida transcurre tomando medicamentos, la principal ocupación del día a día: “a veces tengo la sensación de que escucho la sinfonía farmacológica de mis medicamentos susurrando en mi interior, de que oigo cómo tocan juntos, un barullo colosal”. Y el absurdo, también, de tomar “cada vez más medicamentos contra los efectos secundarios de los medicamentos, que a su vez tienen efectos secundarios”. 

            Resulta difícil mantener amistad con el resto de los enfermos, con los que coincide a menudo en sesiones de rehabilitación. Aunque exista una sana solidaridad, las conversaciones tienen un único tema: “siempre se habla de enfermedades, sin escrúpulo ni vergüenza, como si se tratara de ver quién gana”. Aunque en estas conversaciones pueden oírse interesantes historias porque “el hospital es una casa de historias, una y otra vez nuevas historias, cada paciente trae una consigo”.

            Interesante relato que tiene como objetivo contar  de manera un tanto aséptica y a veces técnica la vida de un enfermo que ha tenido la suerte de poder tener un trasplante de hígado (muchas conversaciones se dirigen a esa persona anónima que lo ha donado, imaginándose el narrador su vida y las circunstancias de su muerte). A la vez, la estancia en el hospital le sirve para hacer recuento de su vida, en la que la enfermedad ha tenido un peso muy importante, pues las crisis que ha padecido han sido frecuentes. 




Vivir 

David Wagner

Errata naturae. Madrid (2021)

311 págs. 21,50 €.  

T.o.: Leben

Traducción: Ibon Zubiaur.

sábado, 5 de junio de 2021

"Diario de José de Nazaret", de Andrés Martínez Esteban

    


    
Aficionado a los libros de diarios, me acabo de leer este libro que ha escrito el sacerdote Andrés Martínez Esteban. Bajo la forma del diario, el autor, apoyándose en las Sagradas Escrituras y en las investigaciones llevadas a cabo a lo largo de la historia, se imagina la vida de José de Nazaret en Nazaret a partir del momento en que conoce a María y su vida, desde todos los puntos de vista, sufre una radical transformación. 

    Este diario, muy bien escrito y con una perspectiva muy verosímil, presenta a José como un personaje normal y corriente que desea una vida normal y corriente. Pero todo ello se ve de golpe cuestionado con la noticia del embarazo de María, que José no sabe cómo encajar porque no le cuadra. Resultan muy creíbles las dudas que tiene José y que el autor presenta de manera humana y sobrenatural, pues José, al igual que María, poseen muchas virtudes humanas y también sobrenaturales. Tras recibir en sueños la respuesta a sus inquietudes, José asume su papel de una manera absolutamente ejemplar, con sus dudas y preocupaciones, y con el temor de no estar a la altura de las circunstancias. 

    El autor sitúa a José en la corriente histórica de su tiempo, necesaria para conocer el contexto, las costumbres, la cultura. También sabe completar con una imaginación probable lo que acontece en importantes momentos de la vida de José de los que los Evangelios apenas dan información, como la vida de Jesús, María y José en Egipto. Además, y sin avasallar, menciona las costumbres religiosas y sociológicas de los judíos, necesarias para situar mejor al personaje en su realidad. Y lo mismo podemos decir de las referencias a pasajes de la Biblia que ayudan a entender la misión que debe realizar Jesús. Por último, sin ñoñerías ni cursiladas, resulta muy humana y divina la descripción del amor entre José y la Virgen. 

    Todo esto que acabamos de comentar se quedaría en un emotivo experimento si la obra no tuviese calidad literaria. Pero gracias al trabajo estilístico del autor, ponderado y certero, el libro supera los límites de la literatura religiosa para convertirse en una obra de gran calado literario, humano y religioso.



Diario de José de Nazaret

Andrés Martínez Esteban

Ciudad Nueva. Madrid (2021)

220 págs. 15 €.

"El último verano de la URSS", de Sara Gutiérrez

        Sara Gutiérrez (Oviedo, 1962) estudió Medicina y en 1989 consiguió una beca del Ministerio soviético de Educación para ampliar estudios de oftalmología en Járkov. Allí permaneció de 1989 a 1996. En este libro, la autora cuenta el viaje que realizó en el verano de 1991 a siete ciudades soviéticas distintas que, pocos meses después, con la desintegración de la URSS, pertenecerían a cinco repúblicas. 

            La autora no tenía mucha facilidad para moverse, pues necesitaba de los correspondientes permisos para desplazarse por la URSS. Pero aprovechó la relajación que se daba en los viajes en tren para utilizar este medio de transporte por las noches. El viaje lo inició en Járkov, perteneciente a Ucrania, y se trasladó en primer lugar en avión, la única vez que lo utilizó, hasta Leningrado (posteriormente recuperaría su antiguo nombre, San Petersburgo). Desde allí, ya siempre en tren, viajaron a Tallin, Riga, Vilna, Lvov, Kiev, Odesa y regresó de nuevo a Járkov.

            La autora no realizó el viaje sola sino que fue acompañada por otra estudiante, musulmana, que vivía en su misma residencia y que procedía de la aldea de Chiroqchi, cerca de Samarcanda, en Uzbekistán. Yulduz, su compañera, se convierte en una parte fundamental de este relato, pues para ella la experiencia que está viviendo se convierte en algo especial y único. En un momento del viaje, se sincera con la autora: “Para ti es un viaje más, una semana más de tu vida. Para mí siempre será el viaje, la semana que viví libre”.

            Las dos se complementan muy bien, aunque Yulduz tiene muchos más recursos para buscarse la vida, hablar con personas, cocinar y hasta acelerar algunos trámites. Su ingenuidad y espontaneidad son también contagiosas y todo lo que hacen les parece bien. Sin lugar a dudas, la inclusión de Yulduz en el libro enrique el viaje, la experiencia y los puntos de vista, aunque Yulduz es por lo general parca a la hora de expresar sus sentimientos. 

            La narración se basa especialmente en la experiencia humana que viven las dos. Durante los viajes conocen a todo tipo de viajeros, con los que es fácil compartir comida y unas palabras. En los lugares que visitan, se destaca lo esencial, pero el libro no desea ser en ningún momento un reportaje turístico que destaque las excelencias de cada uno de los lugares que recorren.

            La autora es consciente de que están viajando en un momento histórico único. Ya se respiraba en el ambiente los aires de la perestroika, que en algunos lugares –lo comprueba la autora, por ejemplo, en Tallin- se llenan de ansias de una luminosa libertad que contrasta con la gris mediocridad del comunismo soviético. Incluso asisten de pasada a una manifestación en Lvov a favor de más libertad. Pocos meses después, la URSS se desintegraría y se provocaría un increíble cataclismo.

            Libro sencillo, muy bien narrado, que va a lo esencial y que contagia la alegría por viajar de dos personas tan distintas. 

            De manera muy especial, merece destacarse la calidad de la edición del libro, encuadernado en tapa dura, con un diseño muy vistoso y visual (que incluye documentos y recuerdos del viaje) y con muchas ilustraciones de Pedro Arjona que enriquecen el libro y hacen más agradable su lectura. 



El último verano de la URSS

Sara Gutiérrez

Reino de Cordelia. Madrid (2021)

248 págs. 26,50 €.

"Estudio en noviembre", de Tulia Guisado


        Tras
 37’6 (2015) y Caníbal (2017), Estudio sobre noviembre es el tercer libro de Tulia Guisado (Barcelona 1979), poeta que ha obtenido numerosos galardones y que, además, ha participado en diferentes antologías dedicadas a la poesía última española. Esta entrevista puede servir para conocer mucho mejor sus ideas poéticas y sus objetivos estéticos. 

    Estamos ante un libro escrito en prosa poética que incluye también algunos poemas. Está concebido, sin llegar a serlo, como un diario en el que la autora transita por los meses del año. Elige noviembre como el arranque de esta biografía poética: “Noviembre no es un mes (…). Es un estado”. Y sigue en su discurrir a Pessoa, citado en el encabezamiento del libro: “Cada otoño que viene está más cerca del último otoño que tendremos”.

            La autora busca reflejar instantes universales. Lo particular es solo una anécdota con la que quiere subrayar que siempre, en poesía, hay que ir más allá para no quedarse detenidos en una fecha, un espacio, un lugar. Sí, los momentos pueden ser “siempre fugaces”, pero son “siempre ciertos”. 

           Se propone la autora desgranar su mundo interior, que destila en comentarios poéticos con los que bucea en una intimidad a veces dolorida pero siempre segura de sí misma y de sus pretensiones. Acepta las limitaciones, la enfermedad, el dolor y asume también el paso del tiempo y hasta la llegada de la muerte. Pero sabe que como compañera siempre tendrá la ternura y la necesidad de un abrigo sentimental. Hay momentos también para las evocaciones, para los recuerdos, para dejar que fluya la memoria y para manifestar su amor a las personas que tiene cerca y también a los animales, como a sus gatos Bruno y Alicia.

         Su irrefrenable vocación poética lleva a la autora en ver en esta clave todo lo que pasa a su alrededor. “No quiero hablar de poesía. / Solo escribirla. / Y a veces tampoco”. Pero la poesía está en la base todo, pues es la que provoca el estallido real del sentimiento y la luz que ilumina las múltiples escenas cotidianas que aparecen en el libro y que transcurren en el trabajo, los viajes, los sueños y hasta las visitas al hospital. En medio de la rutina, la poesía da un sentido, un significado, un mensaje. De ahí su deseo de no hacer nada: “solo fotografiar el instante y convertirlo en memoria viva”.

            Tulia anhela el silencio, muy presente en todas las páginas de Estudio en noviembre, que es para ella la antesala de una vida bien vivida y del fluir poético: “Mi lugar es el silencio (…). Escribiendo es como hablo más alto. Por eso escribo. No sé si por o para callar”.

            El paso de los meses refuerza su anclaje con la realidad. Llama la atención la naturalidad de su voz, a menudo dolorida y a veces sensible, y el uso de una prosa poética atemporal con la que transcribe lo real de su mundo interior. Y noviembre es para ella un paisaje orgánico emparentado directamente con su estado del alma. 


    Me he leído Estudio sobre noviembre, publicado en 2018, por recomendación de un amigo. No había leído nada hasta ese momento de Tulia Guisado y tengo que reconocer que me ha impresionado su autenticidad, su personalísima voz poética y su clarividencia a la hora de reflejar situaciones interiores de sí misma. 



Estudio sobre noviembre

Tulia Guisado

Huerga & Fierro. Madrid (2018)

278 págs. 15 €.