domingo, 3 de mayo de 2026

Notas para un diario: "¿Periodismo cultural?"

 


A menudo pienso que una buena salida profesional habría sido dedicarme al “periodismo cultural”. Estar, por ejemplo, en un medio de comunicación o en una revista cultural y atender, visitar, comentar y difundir la numerosísima agenda de actos culturales que hay en una ciudad como Madrid. Hoy, inauguración de una exposición temporal en el Museo del Prado; por la noche, concierto en el Wiki Center; mañana, presentación de un libro en el Palace o una conferencia en la Fundación Juan March…, recitales, óperas y zarzuelas, exposiciones de fotografía y de arte, estrenos de cine, congresos, etc. Sí, estaría bien; visto así, sin más, tiene buena pinta; pero el periodismo llamado cultural tiene también una tétrica cara B que César S., que trabaja en la sección de cultura de una revista importante, se ha encargado de contarme enviándome unos sencillos correos electrónicos con los que me ha quedado suficientemente claro que no todo el monte es orégano.

            El primero de ellos ya me ha dejado noqueado. Se trata de un correo que explica el contenido y los participantes de la Cumbre Magdala, que tendrá lugar en Madrid y en la que se analizará la figura de María Magdalena, “del mito a la Historia”. Como especifican los organizadores, se trata de un acercamiento “no eclesiástico” que intentará dar respuestas a preguntas tan acuciantes como esta: ¿María Magdalena echó en realidad siete demonios o fueron siete chacras? La respuesta da para un Congreso. 

Otro correo contiene la presentación de una artista psicodélica, A., “una cantante compositora y entrepreneur que fusiona la música mainstream popular, la neurociencia y la física cuántica. [No me he columpiado: es lo que pone en el correo: física cuántica]. Mi objetivo es darle a la música mainstream un enfoque nuevo que sirva para mejorar el bienestar de los oyentes a través de la reprogramación mental. No son mantras sino canciones en géneros populares como pop, latin pop, etc.”. Más adelante habla de que ha creado una fundación para difundir su música, que define así: “Fusiono el genero de música popular mainstream y la neurociencia para ayudar a los oyentes a alcanzar su potencial de vida a través de afirmaciones y metacognición, utilizando el efecto de la INMI (Imaginación Musical Involuntaria) para crear nuevas conexiones neuronales (un nuevo estado de ser), prestando atención e intención a las pegadizas letras de afirmación durante el día”. [Estoy probando sus efectos escuchando con esa intensidad las canciones de Georgie Dann].

            Hay también correos que dan a conocer los resultados de informes, como el elaborado por MSC Cruceros, en el que intenta trazar la I Radiografía del Viajero actual y responder a la palpitante cuestión de si existe o no la procrastinación vacacional. Otro estudio da a conocer “las cosas que más robamos en hoteles”, aunque sus resultados no son muy sorprendentes: por este orden, robamos toallas, jaboneras y cajas de pañuelos. 

            Las novedades de libros ocupan un lugar muy importante en esta tarea cultural. El innovador libro de Gabrielle Blair, Eyaculación responsable, con increíbles teorías que no voy a detallar aquí. Otra novedad es Terapia para uno mismo, escrito por Vikrampal, una obra sobre “la meditación a través del kundalini yoga”. Se trata de una obra rigurosa y honesta que contiene 42 kriyas de kundalini yoga y 11 con gong. Lo que da más valor al libro es que su autor, licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales, es un “referente mundial en el uso del gong como instrumento de meditación y terapia”. 



            También le llega la noticia de la exposición “Orgullo y Prejuicio”, en la que buscan desafiar los estereotipos que existen dentro del colectivo LGTBIQ+, como la gordofobia, la plumofobia o la transfobia.  A través del arte, se busca revertirlos para fomentar la cohesión y la inclusión. Una nota de prensa informa de la presentación del centro de entrenamiento Wemov, que cuenta con unas revolucionarias bicicletas de aire especialmente diseñadas para combatir la celulitis. En otro correo hay una invitación para acudir a una conferencia sobre uno de esos temas que nos suele quitar el sueño: “¿Qué es el hipnoparto?”.

            Alucinado me he quedado con el Festival de Literatura de Jaipur, celebrado en Valladolid. Se trata, aunque no tenéis ni idea, lo sé, del festival literario más importante de Asia. Más de veinte ponentes hablaron sobre la pujanza de la literatura de la India y sus estrechas relaciones con la literatura hispana e inglesa. Durante el evento, hubo diferentes espectáculos, sesiones de yoga y talleres literarios. En Valladolid, ojo.

             Estos actos son sólo una mínima muestra, me ha contado César, de la amplitud de temas que entran dentro de “su” “periodismo cultural”. Si antes tenía idealizado este trabajo, ahora veo que, como todos, es un suplicio y un soberano coñazo.

miércoles, 29 de abril de 2026

Mis clásicos: "Prosa y obra gráfica", de Miguel Mihura

 


            Pocas, muy pocas veces el escritor Miguel Mihura (1905-1977) se dedicó a reflexionar en serio sobre qué entiende por humor. En una de ellas, escribió “El humor verdadero no se propone enseñar o corregir, porque no es ésta su misión (...). El humor es verle la trampa a todo, a darse cuenta de por dónde cojean las cosas; comprender que todo tiene un revés, que todas las cosas pueden ser de otra manera”. Y así fue el humor que practicó en su teatro y en sus numerosos textos en prosa. Su obra dramática resulta muy conocida y algunas de sus obras, en especial Tres sombreros de copa, mantienen su vigencia en la cartelera teatral y su prestigio en la historia de la literatura. 

Pero hoy día es menos conocida su faceta como prosista, desperdigada en revistas cómicas como Gutiérrez, La ametralladora y La codorniz, mítica revista de humor de la que fue fundador y director. Es cierto que el paso del tiempo ha hecho mella en toda su literatura y que muchos golpes y situaciones no dicen nada al lector contemporáneo (ya se sabe que el sentido del humor es lo más cambiante y opinable); pero también es verdad que hoy muchos lectores, si lo leyesen, conectarían con el humor francamente disparatado de Mihura, donde no hay pies ni cabeza sino sólo afán de entretener con situaciones imaginativas, desternillantes y paródicas. 

Gracias a la editorial Cátedra, no hay que volverse loco para leer sus narraciones y relatos. En un solo volumen ha agrupado toda su obra gráfica y en prosa (y también escritos misceláneos y numerosas entrevistas que sirven para conocer mejor a un autor tan especial), un meritorio trabajo editorial. 

            Para comprobar la originalidad de su sentido del humor recomiendo leer los numerosos relatos que escribió para la revista Gutiérrez, verdadera escuela de toda una generación de humoristas: K-Hito, Edgar Neville, López Rubio, Jardiel Poncela... “Yo me hice en Gutiérrez como escritor y como dibujante”. Más o menos todos escribieron después en las mismas revistas de humor. En Gutiérrez está el nacimiento de un sentido del humor donde lo que se busca, si se busca algo, es atacar la cursilería, la tontería, los tópicos sociales... lo que ahora llamaríamos lo políticamente correcto

Hay relatos tronchantes: el matrimonio de Getafe que tiene ocho hijos noruegos, la costumbre de abandonar niños en los portales, el transportista de pianos, el hombre que compra los ocasos del sol, el pueblo que se especializa en mendigos (“De aquel viejo pueblecito de a provincia de Ávila salían los mejores mendigos del mundo”), etc. También son irónicas las críticas que vierte a la idiosincrasia de algunas ciudades y regiones (“Como su padre tenía una barbería en Sevilla, Currito no tuvo más remedio que dedicarse a torero. Si se hubiese dedicado a vendedor de alfombras turcas, todo el barrio le hubiese despreciado cruelmente. La vida es así de triste y emocionante”). Mihura, que era muy vago, volvió sobre estos textos una y otra vez y los fusiló de diferentes maneras en La ametralladora y en La Codorniz, y los reunió también en un libro sorprendente, Mis memorias, también incluido en el volumen de Cátedra, una delirante sucesión de ingeniosas y disparatadas narraciones a las que cuesta poner calificativos.




Prosa y obra gráfica

Miguel Mihura

Cátedra. Madrid

1.533 págs. 35 €

miércoles, 22 de abril de 2026

"El príncipe escondido", de Tessa Afshar

 

“Sobrevivimos a la espada de Nabucodonosor, a los fuegos de la guerra, al mordisco del hambre, a las olas de pestilencia. Solo para ser llevados cautivos a Babilonia”, escribe Keren, hija de judíos deportados y la joven protagonista de esta novela de aventuras que, con un trasfondo bíblico, se desarrolla en los reinos de Babilonia, Media y Persia.

Keren tiene catorce años. Lleva con su familia ya diez años en Babilonia, a donde fueron desterrados con otras muchas familias del reino de Judá. La familia atraviesa muchos problemas económicos y Keren comienza a trabajar en casa del gobernador de Babilonia, Daniel, cuya fama de profeta y buen gobernante se ha extendido por todo el país.  Keren no encaja en ninguna de las labores domésticas que le proponen, hasta que Daniel descubre su habilidad como escriba. Su abuelo había sido escriba real en Judá y enseñó a Keren el aprecio por la cultura, por las lenguas, por la escritura y por las tabletas de arcilla. 

Daniel convierte a Keren en su escriba personal y la incorpora como una más a la vida y actividades de su casa. Daniel se preocupa también por su educación y se incorpora a las clases que reciben sus hijos, Abel y Yojanán, y un amigo de ellos, Yared, el otro gran protagonista de esta novela. Un accidente en unos ejercicios de esgrima provoca la caída en desgracia de Keren, cuya vida corre peligro por el deseo de venganza del padre de Yared, Janamel, que pide que se aplique contra ella el código de Hammurabi. 

Gracias a los hijos de Daniel, Keren consigue escapar del castigo, pero se ve forzada a huir de Babilonia. Se establece en Ecbatana, la capital del reino de Media, y entra a formar parte de la casa de Harpago, un noble, quien pronto reconoce las habilidades de Keren para la escritura y la enseñanza. 

Harpago le encomienda una misión peligrosa: educar al niño Artadates, que cuenta con un secreto y misterioso origen que, más adelante, provocará la huida de Keren, Yared (que había acudido a visitar a Keren desde Babilonia) y Artadates a Anshan, la capital de reino de Persia.

La novela combina ingredientes muy interesantes, que ensanchan el desarrollo narrativo de la novela. Con cierto apoyo en los hechos de la Biblia y bastantes elementos de ficción, como explica la autora en una nota final, la novela tiene momentos de mucha acción, de constantes peligros que se ciernen sobre los protagonistas; también sus dosis de romance y un trasfondo religioso que pone en relación lo que están viviendo con algunas profecías que afectan al joven Artadates y al futuro del pueblo de Judá.

La intriga está bien ensamblada. Resulta muy interesante el fuerte carácter de Keren, la narradora principal de la novela, que afronta las continuas complicaciones de su vida como una misión al servicio del Dios de los judíos. El trasfondo histórico, bien trabajado, sin abrumar, añade exotismo.

La autora, originaria de Oriente Medio y convertida al cristianismo, vive en la actualidad en Estados Unidos. Es una prestigiosa autora de novelas juveniles que han recibido numerosos premios literarios; su especialidad es la ficción histórica y bíblica. El príncipe escondido es una buena muestra de su literatura.


El príncipe escondido

Tessa Afshar

Rialp. Madrid (2026). 

416 págs. 19,90 € (papel) / 9,99 € (digital).

T.o.: The Hidden Prince

Traducción: Teresa Gómez.

martes, 14 de abril de 2026

Notas para un diario: "Proctología y efectos especiales"

     

            Hacía años que le había perdido la pista. Le di clases un año, en Bachillerato, y luego me lo fui encontrando de manera intermitente en el Metro cuando estudiaba Medicina en la Complutense. Recuerdo que en las asignaturas de Letras era un alumno del montón, con muy poco entusiasmo por las cuestiones humanísticas. Pero tampoco era un lince en las de Ciencias, que pasaba con más pena que gloria. Que al final le diese la nota para Medicina fue para mí una sorpresa. Y hace dos semanas me lo encontré en uno de los pasillos del Hospital R., justo al lado de la sala a la que había ido para acompañar a mi hermana a una prueba muy rara. Me dijo que estaba de médico ahí, pero no me contó mucho más. Para ponernos al día, le di mi teléfono para quedar un día de estos.

            Y ayer nos volvimos a ver. Quedamos en la calle Goya, en la cafetería de un hotel que está cerca de El Corte Inglés. Un sitio cómodo, amplio, en el que se puede hablar bien, siempre que no coincidas con un grupo de empresarios serbios, como la última vez que estuve, todos con una buena cogorza y montando un numerito que tuvieron que solucionar los servicios de seguridad del hotel.

            Andrés pidió un whisky y yo un gin-tonic. Al rato, se estaba tomando un segundo, y a los diez minutos estaba encargando el tercero. Mientras, yo comía lentamente unos frutos secos y saboreaba mi gin-tonic. Le puse al día de mi vida en cinco minutos, pues en mi caso hay poco que resaltar. A él se le veía con ganas de contarme con detalle su vida.

            Tras contarme algunas cosas familiares, me habló de sus primeros trabajos ya como médico. Consiguió aprobar el MIR, pero con una de esas notas mediocres que no le permitirían elegir nada de nada. A él siempre le había gustado la neurocirugía, la especialidad que más le apasionaba, pero resultaba vetada para su media. 

Conoció a una enfermera de La Paz. Tienen dos hijos. Otro whisky. A partir de ese momento, el tono de la conversación se hizo más pausado, íntimo y descarnado. Me dijo que con su miserable expediente no le quedó más remedio que aceptar un trabajo temporal, una sustitución, en un hospital privado para consagrarse… (en ese momento vi que miraba nervioso para todos los lados, para que nadie le escuchase) al análisis clínico de esputos. Con pelos y señales me explicó en qué consistía su trabajo y el asco inmenso que le dio, especialmente los primeros días. Pero es lo que había y no pudo renunciar a ello. 

Cuando la persona a la que sustituía se reincorporó tras una baja, sufrió una profunda crisis. Le dejaron todavía en el hospital otros quince días más, mientras iniciaba las gestiones para buscar otro trabajo. Pero, de pronto, sonó la flauta, también en el mismo hospital. De manera inesperada se produjo una vacante y se la ofrecieron a él. Tendría un contrato indefinido, unas condiciones laborales y económicas superiores al trabajo anterior y mejores perspectivas para su carrera médica.          



            Llevaba ya cinco años en esa especialidad. Las cosas le habían ido muy, muy bien. Se había hecho con un nombre, asistía a congresos internacionales, daba ponencias y se había convertido, además, en un reconocido precursor al introducir las nuevas tecnologías de manera radical en su trabajo diario. De los esputos pasó a las heces. Y otra vez me sometió a una pormenorizada explicación de los cometidos clínicos de la proctología o coloproctología, que es como se llamaba su departamento, y que se dedicaba, de manera amplia, al diagnóstico de todas las enfermedades que afecta al ano, el recto y el colon: hemorroides, fisura y fístula anal, abcesos rectales, estreñimiento, colitis ulcerosa, condilomas, incontinencia fecal, prolapso de recto, divertículos de colon, enfermedad inflamatoria intestinal, pólipos de colon y recto, cáncer colorrectal, etc. Aunque, y me insistió mucho en esto, él se había centrado en el análisis y estudio de las heces y todo lo que las rodea, una subespecialidad en la que España ocupaba un lugar muy puntero en la medicina internacional. 

            Sí, el día que nos encontramos en el hospital él era el responsable de la prueba de mi hermana. Una videodefecografía. Y me explicó de manera puntillosa y detallista en qué consistía la prueba. Me comentó con una sinceridad nada impostada que le había pillado el gustillo. Que se pasaba horas y horas haciendo vídeos y analizándolos con detenimiento profesional. Que se había permitido el lujo de incorporar algunos avances técnicos muy revolucionarios. Que en su departamento le llamaban “el Valerio Lazarov de la Defecografía”, un nuevo Spielberg por su facilidad para realizar planos únicos, clarividentes y categóricos. Estaba orgulloso del prestigio que había adquirido. 

Ese día, me dijo, había demostrado en una prueba una pericia fuera de lo normal y está convencido de que el vídeo que ha grabado será la sensación en el próximo Congreso de Defecografía que se celebrará en Bolonia. Ha conseguido unos encuadres inéditos y espectaculares. Dice que el paciente también ha aportado lo suyo para el éxito de la prueba y que no había encontrado a nadie con esa pasmosa habilidad para que el resultado fuese tan espectacular. Me dijo que el paciente era un frutero de Móstoles.



Estaba tan lanzado y emocionado que incluso me mostró una copia del vídeo, que llevaba en el móvil. “Fíjate, fíjate. Aquí he metido una profundidad de campo que permite romper el desarrollo con un sorprendente primer plano. Qué soltura. Qué naturalidad en el deslizamiento. Qué bueno es el frutero. Mira aquí. Seguro que no te has dado cuenta de la iluminación. He alternado una luminiscencia cenital con otra enfática. Los resultados están a la vista: sorprendentes. Para poder analizar todo mucho mejor, fíjate cómo cambio de encuadres cuando nadie se lo espera. Para este cambio me inspiré en una secuencia de John Ford que nadie va a descubrir. Me encantan los contra-picados. Permiten una mejor visualización y contribuyen también al entusiasmo generalizado con el que suelen ser recibidos mis vídeos. Pero siempre hay envidiosos que me achacan que apenas haga planes cenitales. No tienen ni puta idea. Están anclados en modelos fílmicos demasiado tradicionales. No saben ni quién es Kurosawa. Mira. Mira aquí. Fíjate. Ni Hitchcock consiguió estos planos. ¡Qué maravilla! Con este picado facilito que el ritmo sea más narrativo que visual. El de Móstoles es, sencillamente, un crack. A ver cómo consigo ficharle para una serie de vídeos didácticos que van a causar sensación mundial. Todavía me falta por decidir qué música meter, si algo de Vangelis o una cantata de los Carmina Burana”.   

            Pagamos. Nos fuimos. Andrés iba embargado de emoción y seguía hablando de la importancia de la luz, del montaje y del raccord. Quedamos en volvernos a ver. Que le haga una visita en el hospital. Que me invitará a uno de sus rodajes. Al final, me ha enganchado esto de la videodefecación. Hay espléndidos vídeos en youtube, nacionales e internacionales. Y tenía razón: el de Móstoles es un fuera de serie.

lunes, 6 de abril de 2026

Notas para un diario: "Chamanismo a la carta"

 

    Después de leer El mal del Chamán (La Caja Books). del periodista polaco Jacek Hugo-Bader, en el que habla de sus entrevistas con muchos chamanes siberianos, me encuentro en Internet con un reportaje de la invitación a unos chamanes siberianos a participar en un Seminario dedicado a los chamanes celebrado en Barcelona. En las imágenes, salen el chamán y su ayudante. Pienso que no viajarían gratis para participar en el Seminario, que a lo mejor estaba hasta subvencionado. 

Las imágenes del vídeo los muestran con sus habituales indumentarias y puesta en escena: una capa –un caftán- llena de coloristas recortes de tela, cintas y una serie de objetos; también, el inevitable tambor, elemento indispensable en las ceremonias chamánicas, que suelen ser largas y en las que los chamanes hacen de intermediarios entre los poderes ocultos y la realidad visible. Su misión es paliar una catástrofe, ayudar en un examen, pedir por los frutos de un largo viaje o de una operación quirúrgica, que se solucionen algunos problemas económicos y, las más de las veces, que se arreglen o allanen las peliagudas cuestiones relacionadas con el corazón. 

El público catalán asistía en silencio y en actitud metafísica y observante al numerito que estaban montando el chamán siberiano (que parecía de un pueblo de Cuenca), tocando el tambor de manera repetitiva, sin gracia, emitiendo a veces cantos propios de Siberia y en siberiano para estas ceremonias (“Siberia, patria querida, Siberia de mis amores”). Mientras, su ayudante, también con la pinta de vecino de Calatayud, se dedicaba a echar trozos de madera en un pequeño fuego. 

La presentadora del evento, ceremonial y untuosa, se movía por el escenario intentando molestar lo menos posible y con una voz tenue explicaba lo que estaba sucediendo, que era siempre lo mismo: uno tocando el tambor y el de Cuenca echando ramitas al fuego. El vídeo no duraba tres minutos; era largo y monótono, y no ocurría nada fuera de lo normal, puesto que los chamanes son intermediarios, no magos ni curanderos. 

Lo que más me sorprendió es la actitud meditativa de los asistentes, como si estuviesen en extrasensorial contacto con fuerzas ocultas y misteriosas y ancestrales. Buscando, porque están buscando, no sé qué con la ayuda de los siberianos. Se acabarán comprando un tambor.

 

"Mis conversaciones con el algoritmo", de Aurelio Mendiguchía

     Reproduzco en mi blog una reseña que ha escrito Alfredo Abad del libro de Aurelio Mendiguchía Mis conversaciones con el algoritmo, en el que el autor, de manera ingeniosa, reflexiona sobre las posibilidades y limitaciones de la Inteligencia Artificial. El libro se presentó hace un par de meses y al final me resultó imposible acudir a la presentación. Agradezco a Alfredo Abad este texto que, como todo lo que escribe, rebosa sabiduría y una amena profundidad. 

    El libro es reflejo de las muchas inquietudes intelectuales de su autor, Aurelio Mendiguchía, que ha dedicado casi toda su vida profesional a las Artes Gráficas. Además de textos técnicos, ha publicado dos entretenidas novelas juveniles (El marcapáginas S.O.S. y E-Mail). Su nuevo libro aborda desde una perspectiva ingeniosa un tema de máxima actualidad.




¿Puede una inteligencia comprender lo que dice? Con esta pregunta Aurelio Mendiguchía hilvana un conjunto de conversaciones de hondo calado, mantenidas con una inteligencia artificial, que exploran las relaciones del hombre con las IA desde distintos puntos de vista: metafísicos, antropológicos, epistemológicos, morales o estéticos. Se trata de una pregunta profundamente humana, pero también incómoda porque no solo nos habla de máquinas, sino de nosotros mismos.

El autor ha manifestado desde siempre un interés profundo por la ciencia y la tecnología, no solo en el sector gráfico al que ha dedicado su vida profesional entera sino tocando otros sectores como el de la robótica o la electrónica. En este nuevo libro, el autor escapa del mundo de la novela (E-Mail, 2009; Marcapáginas, 2019) y colorea con tintes humanistas la relación hombre-tecnología desde la conciencia de que la ésta debe estar al servicio del hombre sin que implique su sometimiento irremediable: la tecnología para el hombre y en modo alguno el hombre para la tecnología.

Lo novedoso del libro no es la conversación en sí misma, sino la asimetría de los dos interlocutores que dialogan: el autor y la IA. Más que como un experto que explica, Aurelio se da a conocer como un observador inquieto que pregunta. Para ello utiliza la mayéutica socrática, dando a luz aspectos de la verdad a través de las preguntas que realiza y que acaban en respuestas de la IA de tipo aristotélico en las que el algoritmo responde con fundamento en su entrenamiento digital la realidad que conoce o, más bien, que el propio hombre le presenta en la inmensa ingesta de datos con que se alimenta cualquier motor de inteligencia artificial.

Internet nos acercó el mundo exterior, la web -el buscador- nos proporcionó la información de ayuda a la decisión, pero la IA pretende colonizar nuestras decisiones y parasitar nuestros procesos so capa de lenguaje razonable. No hablamos de futuro, ni de ciencia ficción, sino de comprensión, sentido y conciencia. Se trata de un libro sobre lo que nos pasa a los humanos cuando hablamos con una IA.

El libro se estructura en capítulos en los que se van recorriendo diferentes aspectos de la constitución intrínseca humana, ésa que la IA pretende emular. Pero la IA contesta. a modo de espejo, en función del consumidor que la interroga simulando emociones, un lenguaje, un idioma, una inteligencia personal, realizando nuevas preguntas que encadenen un diálogo mantenido, proporcionando información y satisfaciendo al interlocutor que interroga. La IA refleja una imagen especular de quien la consume, lo que no atenúa su utilidad, aunque con una identidad segregada de la del hombre.

En suma, se trata de un texto ágil que induce al lector en una reflexión sobre su propia identidad por contraste con la que exhibe el algoritmo al que interroga, descubriendo las equidistancias y fronteras entre la auténtica persona humana y la simulada personalidad del artificio. 



Mis conversaciones con el algoritmo

Aurelio Mendiguchía García

Letrame. Madrid (2026). 

174 págs. 16 €

 

sábado, 28 de marzo de 2026

"El arte de rechazar manuscritos", de Constantino Bértolo



Aborda Constantino Bértolo (1946), un editor con una dilatada trayectoria dentro del mundo editorial español, un asunto de máxima actualidad en lo que se refiere al trabajo que realizan los editores. Ante la sobredimensionada avalancha de manuscritos que llegan a las editoriales para su posible publicación, cientos de miles todos los años, alguien tiene que encargarse de decidir qué libros se van a publicar y cuáles se van a rechazar. 

Siempre ha sido este un trabajo ingrato, que puede tener sus negativas repercusiones en el ánimo y la autoestima de los escritores. Pero, como tantas otras cosas de la industria editorial actual, también esta función de los editores, o de los lectores que trabajan para ellos, está sufriendo cambios e incluso se cuestiona su conveniencia. En este sentido, resulta también de interesante lectura las memorias de otro editor, Enrique Murillo (Personaje secundario, que han tenido una excelente acogida).

Hasta la llegada de Internet, de la edición digital y la autoedición, lo normal era que un autor enviase su manuscrito a una editorial y, si se lo rechazaban, comenzase una larga travesía por otras editoriales a ver si sonaba la flauta. Las editoriales solían dar sus argumentos literarios y empresariales para explicar su rechazo, lo que a veces provocaba no pocas controversias. 

Ahora, muchas editoriales dejan bien claro en sus páginas web que no admiten originales que no hayan sido solicitados. Otras, incluyen una respuesta estereotipada de rechazo a los autores para no dar pie a ningún debate o confrontación. Otras muchas editoriales, las más solicitadas, no admiten manuscritos porque se autoabastecen de los que ya les proporcionan los agentes literarios y otros autores de la casa o de los contactos que puede tener la propia editorial. 

Últimamente, muchos autores, intuyendo estas dificultades, ni siquiera envían sus originales a editorial alguna y optan por la vía rápida: lo autopublican en papel o digital y se evitan la sentencia del rechazo. Pero, como demuestra Bértolo, a día de hoy sigue teniendo mucho más prestigio la edición tradicional que estas nuevas formas de autopublicación.

Esta manera de funcionar, publicar al precio que sea, está provocando una inflación de novedades (cerca de los 90.000 títulos al año, 60.000 en papel de los que 12.000 son de literatura). Esta realidad acaba por minusvalorar el papel del editor, a quien ya no se considera una pieza básica del entramado editorial. Además de saturación, esta facilidad para publicar provoca que las obras salgan al mercado sin el necesario proceso de edición, un trabajo compartido, necesario, a veces exigente y meticuloso, entre el autor y el editor.

Teniendo en cuenta que los editores suelen estar inundados de novedades, Bértolo dice que uno de los principales trabajos del editor es afinar bien en qué libros de los muchos que se reciben ni siquiera se van a leer, para centrar su trabajo en aquellos que exigen una lectura más atenta. A la hora de valorar estos originales, su lectura es distinta a la del lector común e incluso a la del lector profesional. Los editores deben leer, además, como editores, teniendo en cuenta el contexto cultural y social, las señas de identidad de su editorial y los gustos literarios no suyos sino del posible público lector. Al final, la elección es siempre un riesgo y Bértolo cuenta en este libro, como anécdotas, algunos casos sonados sobre garrafales errores de editores que rechazaron libros que luego fueron un éxito editorial.

Opina Bértolo, con razón, que la labor del editor siempre será imprescindible para hacer una primera criba y garantizar la calidad, a pesar de que en ocasiones se puedan cuestionar algunos métodos y decisiones. Pero también constata que en el mundo editorial actual están cambiando los objetivos y todo el trabajo editorial se somete a vender como sea. 

Si esto sigue así, el editor sobra. Y llegará un momento en que se harán realidad estas palabras de Oscar Wilde que Bértolo reproduce en su libro: “En los viejos tiempos los hombres de letras escribían los libros y el público los leía. Hoy en día el público escribe los libros”. 


El arte de rechazar manuscritos

Constantino Bértolo

Debate. Barcelona (2026)

120 págs. 12,90 € (papel) / 6,99 € (digital).

jueves, 26 de marzo de 2026

Domestic Noir, Cozy Crime, Healing Fiction, Romantasy... Guía para no perderse en el laberinto de los subgéneros literarios actuales

 

    En los últimos años estamos asistiendo en el mercado editorial a la explosión de una cierta nomenclatura paraliteraria para designar nuevos subgéneros, todos en torno a la novela, el género popular y comercial por excelencia. Romantasy, Cozy CrimeNew AdultDomestic NoirFeel-goodHealing Fiction o Chick-lit son algunas de las etiquetas que están gozando de más popularidad. La mayoría se encuadran dentro de géneros muy leídos en la actualidad, como son la literatura romántica, la novela juvenil y la novela policiaca. 

Sobre este tema, muy actual, he publicado este artículo en Aceprensa.

sábado, 21 de marzo de 2026

Notas para un diario: "Así nunca seré Stefan Zweig"

          


              Me he leído los
 Diarios de Stefan Zweig, publicados en una magnífica edición de la editorial Acantilado, donde están editadas muchas obras de un escritor muy leído en la actualidad. Es un libro que tiene mucha relación con sus espléndidas memorias, El mundo de ayer, uno de sus escritos más apreciados. Desde el nostálgico punto de vista del autor, sus memorias y diarios describen los radicales cambios que se dieron en la primera mitad del siglo XX, tras la caída del imperio austro-húngaro y las dramáticas consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, aunque el autor falleció –mejor, se suicidó- en 1942 en la ciudad brasileña de Petrópolis, bastante desesperado por el rumbo que estaba tomando la guerra a favor de Alemania. Las dos guerras mundiales arramblaron con el mundo conocido hasta entonces y que Stefan Zweig, y tantos otros escritores centroeuropeos, se habían encargado de llevar a sus ensayos y novelas con suma nostalgia.

             Me ha asombrado un aspecto de Zweig que he puesto en relación con mi propia vida. En ellos habla Zweig de sus muchos amigos, la mayoría grandes personalidades de la literatura y la cultura de las primeras décadas del siglo XX. Con total naturalidad, cuenta sus encuentros y conversaciones con el Premio Nobel Romain Rolland, con Rainer Maria Rilke –que había regresado precisamente de una larga estancia en Ronda, Málaga-, de sus diferencias con el poeta Émile Verhaeren, de sus intermitentes relaciones con Franz Werfel y Alma Mahler, de su sentida amistad con Sigmund Freud (incluso pronunció un discurso en su entierro), de las tertulias que mantuvo con Hugo von Hofmannsthal y Jakob Wasermann y de sus contactos con el músico Richard Strauss. Aunque apenas salen en los diarios, Zweig era muy amigo de Joseph Roth y Ernst Toller. 

            Después de leer todo esto, he pensado ¿y a quién conozco yo? Zweig se codeaba con lo más granado de la vida cultural austriaca y alemana; yo, sin embargo, he estado esta mañana tomando un café no con Arturo P.R. sino con Julio, un antiguo alumno que trabaja de becario en un despacho de abogados cercano a mi trabajo; luego, en el trabajo, he hecho unos recados no con Camilo J. C. sino con Pablo, que vive en el barrio de Santa Eugenia, padre de familia y diseñador. Por la tarde, me he encontrado a la salida del metro no con Almudena G., sino con Marta, una conocida, y luego he coincidido en el bar tomando unos orujos no con Cristina F., sino con Javi, un vecino que es panadero. He saludado a Adrián, el peluquero, y no a Antonio M.M., y he entrado en el Chino de al lado de casa a comprar leche, donde no me he encontrado con Javier C. En el portal, salían Marga y Luis, que iban al Mercadona, pero allí no estaba Dolores R. ni María D. Me ha llamado por teléfono Pepe, que sigue ingresado, mientras he esperado toda la tarde la llamada de Luis L. Y en casa he contestado a un whatsapp de mi hermana y mis sobrinos porque sigue sin escribirme Emmanuel Carrère.

            Tengo que aceptar que me da mucha pereza llamar al técnico de la nevera (se me ha estropeado el congelador) en vez de a Paul A. Y que tengo que llevar la camisa nueva a arreglar las mangas, y no a tomarme un whisky con Roberto B. Y que me he vuelto a quedar sin yogures, con lo que le gustan a Rosa M. Así no se puede ser nunca Stefan Zweig.

 

jueves, 12 de marzo de 2026

Muere el escritor portugués António Lobo Antunes

 

    El pasado 5 de marzo, falleció en Lisboa el escritor António Lobo Antunes, uno de los escritores más relevantes de la literatura portuguesa de los siglos XX y XXI y con mucho prestigio en muchos países europeos. En España están traducidas la mayoría de sus obras. 

    Sobre su vida y literatura he publicado en Aceprensa este artículo.

miércoles, 11 de marzo de 2026

Mis clásicos: "En tierra inhumana", de Josef Czapski

 

           En tierra inhumana, del escritor y pintor polaco Józef Czapski (1896-1993), fue publicado en 1949. Se trata de un sobrecogedor diario que cuenta un trágico episodio de la Segunda Guerra Mundial. 

En 1939, Polonia fue invadida por Alemania y la URSS. Unos 15.000 oficiales polacos, entre los que se encontraba Czapski, fueron deportados a campos de concentración soviéticos. Cuando Alemania declaró la guerra a la URSS, estos militares, en principio, podían ya regresar a Polonia. Pero sólo lo hicieron unos 400; el resto habían sido asesinados por orden de Stalin en la masacre de Katin, aunque los rusos intentaron ocultar esta realidad y acusaron de los crímenes al ejército nazi. 

Czapski recibió el encargo de encontrar el paradero de estos oficiales desaparecidos. Con una excelente calidad y densidad, Czapski no sólo relata este proceso, sino que describe la sistemática maquinaria soviética de asedio y desprecio a la verdad. Para el escritor polaco Adam Zagajewski, amigo de Czapski, su libro es "un tratado sobre la impotencia de un hombre de buena voluntad ante la gigantesca maquinaria de un Estado criminal. Esta obra narra una historia colosal, estamos ante un libro que retrata el mal, pero que al mismo tiempo, busca huellas de humanismo -no tan escasas como pudiera parecer- en el desierto soviético" ((Poesía para principiantes, Acantilado, 2026). 

Tras la guerra, Czapski se integró en la comunidad polaca emigrada a Francia, donde ejerció de columnista político, editor y autor de crítica de arte y literatura.



En tierra inhumana

Józef Czapski

Acantilado. Barcelona (2008)

492 págs. 25 €.

domingo, 1 de marzo de 2026

Las claves del éxito de la serie "La asistenta"

 

    El éxito de la saga de La asistenta, y del género al que pertenece, el “domestic noir”, obedece a lo adictivo de unas intrigas teóricamente realistas –aunque con giros inverosímiles– y muy estereotipadas.

    Mi valoración de la saga en este artículo publicado en Aceprensa.

miércoles, 25 de febrero de 2026

Notas para un diario: "Diminutivo asesino"

 

    Por desgracia, en las últimas semanas he frecuentado algunos hospitales para visitar a algunos amigos y parientes enfermos. Siempre tengo la misma sensación con algunas de las cosas que pasan en los hospitales en lo que se refiere a la delicada atención de las enfermeras y enfermeros. Esta es una de ellas. Cuando llega ese momento, todo está perdido.

Es el punto final, ese momento crucial y dramático de la vida en que sabes que no hay vuelta atrás. Que lo que te espera a partir de ahora, sin piedad, es la caída en la decadencia, la enfermedad, la pérdida de movilidad, el caos de los sentidos, el destrozo neuronal, la antesala de la unción de enfermos, la despedida de tus familiares y la llamada inmisericorde de la muerte. Es un momento trascendental que cuesta asimilar y del que merece la pena prepararse con cierta seriedad. Tendría que haber sesiones especializadas en enseñar a asumir ese instante para no caer en la depresión y saber sobrellevar el impacto que supone ser quien eres y no lo que tú te crees que eres. 

Te acaban de levantar de la cama del hospital para sentarte en un desangelado sillón para los acompañantes que pueblan los hospitales de todo el mundo. Te han puesto un pijama de esos que se abrochan por atrás –pero que nunca llegan a estar abrochados- y que muestran inocente y asquerosamente el culo al aire a toda la concurrencia. Tu indefensión es total: te sientes perdido, humillado, violentado, confuso, vejado, abochornado, avergonzado. Y, de pronto, todavía sofocado, entra una joven enfermera y, de sopetón, sin anestesia, te suelta con un tonito imperioso, musical e infantil a la vez: “Y ahora se va a tomar un yogurcito que le va a sentar muy, pero que muy bien”. Un yogurcito. Ese diminutivo asesino es la trompeta que anuncia el fin de los tiempos. Ya, te dices, nada tiene solución. Se acabó.




domingo, 22 de febrero de 2026

Mis clásicos: "Cita en Samarra", de John O'Hara

 


En una carta del autor, el periodista y guionista John O’Hara (1905-1970), escribió en 1934 a propósito de esta novela: en ella “muestro cómo el miedo a las represalias y la clase de vida que el joven ha llevado y otra serie de cosas contribuyen a su destrucción”. La novela transcurre en los años treinta, en plena Depresión, y cuenta el hundimiento de Julian English, uno de los personajes más populares de la alta sociedad de Gibbsville. Felizmente casado con Caroline, su vida entra en barrena por un desgraciado incidente en uno de los bailes y fiestas de la Navidad. A partir de ahí, Julian, destruido por la bebida y el orgullo, protagoniza una cadena de equivocadas decisiones. 

Excelente retrato social y costumbrista de la vida norteamericana de los años treinta, con unos diálogos que transmiten verosimilitud. La novela está un poco descompensada en su estructura y abusa de una visión demasiado mordaz de las relaciones personales. Pero muestra con acierto las limitaciones morales de un cerrado círculo social obsesionado con las apariencias.




Cita en Samarra

John O’Hara

Lumen. Barcelona (20228)

312 págs. 20,90 €. 

jueves, 19 de febrero de 2026

"Primeras iglesias y ermitas de Vallecas", de José Luis García Heras

 

Publica José Luis García Heras el cuarto volumen de la Historia de Vallecas que está escribiendo desde hace años. Matemático e historiador, García Heras está aportando en estos libros una escrupulosa documentación que permite acudir a las fuentes, nada fáciles de descubrir, de muchos de los sucesos históricos, lugares emblemáticos y personajes de Vallecas, barrio en el que nació y vivió durante décadas el autor y al que sigue ligado familiar y emocionalmente, como se comprueba en sus libros. 

Soy testigo del escrupuloso y metódico trabajo de José Luis García Heras, siempre dependiendo de las fuentes, de documentos históricos que ha rastreado por activa y pasiva. Su objetividad -conviene no olvidar que es matemático- le lleva a escribir siempre basándose en fechas, en datos, en fuentes fiables. En su blog www.unvallecano.blogspot.com, pueden consultarse más escritos del autor dedicados al barrio de Vallecas.

Y, como ya he escrito en otras ocasiones, ojalá que aquellas personas interesadas en la historia de Vallecas tengan la oportunidad y posibilidad de conocer los libros de José Luis García Heras. Los pueden encontrar en algunas librerías del barrio, como Muga, Mashe, Amaya, Librería Verde y Karmela, además de poder conseguirlos a través del correo electrónico que figura más abajo. Merece la pena conocerlos y difundirlos, para agradecer así a su autor el gran trabajo que está llevando a cabo en beneficio del barrio.

 

En este blog he publicado reseñas de los tres primeros volúmenes:

1.- De Balecas (1202) a la Anexión a Madrid (1950).

2.- Alcaldía de Vallecas.

3.- Lugares de Vallecas.

 

El cuarto lleva por título Primeras iglesias y ermitas de Vallecas. El autor habla de las ermitas más antiguas que estaban localizadas en los alrededores del pueblo de Vallecas. Muchas han desaparecido; de otras quedan algunos restos. La que mejor se ha conservado es la ermita de la Virgen de la Torre. En varios capítulos, el autor cuenta su historia, las del resto de ermitas y sus previsibles localizaciones (aunque hay dudas con algunas). Sus nombres eran la ermita del Santo Cristo, del Humilladero, Nuestra Señora de la Piedad, San Roque, San Antonio de Padua, Santísimo Cristo del Sepulcro…



Antes de 1427 ya existía una iglesia en Vallecas, probablemente mudéjar, de pequeñas dimensiones. De esa época es también la ermita de la Virgen de la Torre. Y ciertos documentos notariales del siglo XV nos hablan de la iglesia de San Pedro Ad Víncula, en el Pueblo de Vallecas. Ha sido muy remodelada, sobre todo en el siglo XVIII. En el libro se explica muy bien esta evolución arquitectónica y sus imágenes y otros componentes estéticos.

En el Puente de Vallecas también existieron algunas ermitas y lugares de culto, pero ya hay que remontarse a finales del siglo XIX y comienzos del XX, cuando Vallecas se desarrolla más en esta zona. La más conocida de todas es la ermita de la Virgen del Carmen, la patrona del llamado barrio de Nueva Numancia (luego Puente de Vallecas). Está ligada a la familia Presilla y Calás, claves en la evolución del Puente de Vallecas. El matrimonio Francisco de la Presilla y Antonia Calás donaron en 1880 unos terrenos para la construcción de la ermita en lo que hoy es el inicio de la calle Monte Igueldo. Poco después fallecieron y la ermita se construyó gracias a Josefina, una de sus hijas. Por delante de la ermita, como se ve en los mapas que reproduce el autor en el libro, pasaba La Maquinilla. El local es en la actualidad una tienda de ropa. Esta ermita dedicada a la Virgen del Carmen fue el principal lugar de culto del Puente hasta la apertura de la Iglesia de San Ramón Nonato en 1907, a donde se trasladó la imagen de la Virgen, ya en 1910, desapareciendo así la ermita. 



La iglesia de San Ramón también está ligada a la misma familia. Francisco y Antonia tuvieron dos hijas, Josefina y Ramona. Josefina, casada con Pedro Bosch, fue la que mantuvo la ermita. La parroquia de San Ramón lleva ese nombre como homenaje al hijo de Ramona de la Presilla e Isidro Villota. Ramón nació en 1871 y falleció en 1895. Resulta muy interesante el papel que desempeñó esta parroquia en el barrio, especialmente a partir del párroco Emilio Franco, quien promovió la apertura en 1930 del complejo parroquial Acacia, al otro lado del Arroyo Abroñigal, en Pacífico. Allí inauguró un Comedor Social y una Casa Cuna. El párroco y su coadjuntor fueron fusilados en Paracuellos al poco de empezar la Guerra Civil.

Otro lugar de culto a inicios del siglo XX fue la iglesia de Nuestra Señora de los Dolores, que regentaban la Asociación Católica de Señoras, germen de lo que más tarde sería el colegio Ave María, que estuvo en esta sede desde 1928 hasta 1968 cuando se trasladó a su ubicación actual, en la calle Doctor Salgado. También existía, al lado de esta iglesia, y con carácter privado, la capilla del Niño Jesús de Praga, de los Hermanos de la Doctrina Cristiana, que contaba además con una escuela en la que cursaban estudios, de manera gratuita, más de cien alumnos. Y otro lugar de culto, en la calle Melquíades Biencinto, fue la iglesia de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa, posteriormente denominada Divina Pastora, que también contaba con un colegio que en 1931 se trasladó a la calle Emilio Ortuño, donde sigue existiendo. Resulta muy interesante también la historia de la capilla y posterior parroquia del Dulce Nombre de María, en el barrio de Doña Carlota.



El libro aborda los difíciles años de la II República y el inicio de la Guerra Civil para estos lugares de culto y colegios religiosos. Después de la Guerra, se abrieron las iglesias de San Diego de Alcalá, San Carlos Borromeo (en Entrevías), San Francisco de Asís, Santo Ángel de la Guarda y San Buenaventura. De todas ellas se describe en este libro cómo surgieron.

Interesante libro que, nuevamente, como en el resto de volúmenes del autor, explica, con el imprescindible apoyo documental, las raíces de las ermitas y las iglesias más antiguas de Vallecas. Un libro, pues, muy trabajado que tiene el objetivo de dar a conocer, de manera exhaustiva, la historia de Vallecas.



Primeras iglesias y ermitas de Vallecas

José Luis García Heras

PV Ediciones. Madrid (2025) 

176 págs. 16 €


CORREO DE CONTACTO Y PEDIDOS: jlghPV15@gmail.com