sábado, 18 de mayo de 2019

"La zanja", de Andréi Platónov


Aunque hoy día se le considera un clásico de la literatura rusa del siglo XX, Andréi Platónov (1899-1951) fue un escritor perseguido por el propio Stalin, marginado y totalmente olvidado que acabó sus días como conserje de la Unión de Escritores y víctima de la tuberculosis. Sus obras fueron expresamente prohibidas por Stalin a partir de los años 30. Dos de sus obras más conocidas, Chevengur La zanja, no se publicaron en su país hasta las décadas de los ochenta y noventa. Chevengur(de la que también hablo en mi libro Cien años de literatura a la sombra del Gulag) apareció por vez primera en una edición en París y apareció en Rusia en 1988; La zanja, escrita en la década de los treinta, no se publicó de manera íntegra hasta 1999.
            Pero Platónov no fue un enemigo declarado de la Revolución; al contrario: la apoyó en sus primeros años de manera entusiasta, pues veía en la Revolución la posibilidad de introducir cambios radicales y trascendentales en la sociedad rusa. Fue un hombre de ciencia, estudió Ingeniería Electrotécnica, con muchas inquietudes filosóficas, literarias y religiosas. Trabajó como experto en la recuperación de tierras y supervisó la excavación de estanques y pozos, el drenaje de pantanos y la construcción de tres centrales eléctricas. También fue destinado a viajar por el centro y el sur de Rusia para inspeccionar granjas colectivas (experiencia que le sirvió para ambientar su novela Dzhan). A diferencia de otros escritores rusos, que conocieron los efectos de la Revolución en el campo a través de guías programadas por el Partido Comunista (que les enseñaron lo que les convenía), Platónov conoció de primera mano lo que sucedió en el campo ruso en la década de los años 20 y 30, lo que disminuyó su fe en la Revolución, de la que comenzó a desconfiar (como se aprecia en sus escritos).
            En concreto, Platónov vio de cerca la persecución que el Partido Comunista aplicó contra el campesinado tras la severa aplicación de la colectivización de la agricultura, de manera contundente y trágica a comienzos de los años treinta. Se calcula que casi dos millones de campesinos fueron deportados entre 1930-1931. Un ejemplo del desprecio del Partido Comunista hacia los campesinos lo tenemos en el escritor Maksim Gorki, que apoyó la Revolución desde diferentes frentes y quien llegó a afirmar lo siguiente (en palabras recogidas por los autores de esta edición en el posfacio): “Tendréis que perdonarme, pero el campesino todavía no es humano… es nuestro enemigo”.


            Este contexto social y político (consolidación de Stalin en el poder, las consecuencias de la Gran Hambruna y la imposición por la fuerza de la colectivización) es fundamental para entender La zanja, considerada la novela más política de Platónov, aunque conviene destacar que en esta obra y en otras Platónov tiende hacia las cuestiones filosóficas más que las políticas. Su libro es, por ello, una fábula filosófica sobre el devenir y los problemas existenciales de un grupo de personas ligadas a un tiempo muy concreto: esos años treinta, en pleno proceso de hostilidades contra los campesinos y de auge pletórico del discurso comunista de pasión por el progreso vinculado a la felicidad. 
            La novela comienza con el despido de Vóschev y su viaje hasta encontrar un nuevo trabajo en una zona en la que se van a excavar los cimientos de un inmenso edificio. Tanto Vóschev como otros personajes se entregan de manera abnegada y optimista a la dureza del trabajo, pero las cosas no salen como pensaban y los trabajos se complican. A esto hay que sumar los problemas que tienen con el campesinado, brutalmente perseguido (sale todo esto en la novela), y la progresiva desilusión de los trabajadores, que empiezan a dudar del ingenuo entusiasmo que le transmiten los apasionados de la Revolución.
            Todo está contado, como decíamos, en plan fábula y como si se tratase de un sueño o una pesadilla; los trabajadores, por ejemplo, aunque se citan los nombres de algunos de ellos, aparecen como fantasmas transparentes, figuras prescindibles en una tragedia que se relata de manera diáfana, con un estilo muy original con el que Platónov quiere transmitir con naturalidad el ambiente en el que viven esos personajes, las motivaciones para realizar su trabajo y los problemas y situaciones que van apareciendo, que en muchos casos adquieren el aire de una tragedia o una alegoría (como sucede con la muerte de la niña Nastia). 
            Vóschev, que mira todo desde la distancia, apenas se implica en nada de lo que hace y muestra con su controlada apatía el escepticismo ante lo que sucede a su alrededor. La novela puede funcionar como una alegoría en la que subyace un mensaje pesimista sobre los ideales de la revolución, que no han cumplido las expectativas políticas. Como dicen los autores del posfacio, Robert Chandler y Olga Meerson, responsables también de esta edición, la novela “oscila entre lo realista y lo religioso o mítico”.


La zanja
Andréi Platónov
Armaenia. Madrid (2019)
238 págs. 20 €.
T.o.: Kotlovan
Traducción: Marta Sánchez-Nieves.

miércoles, 15 de mayo de 2019

"Diario íntimo", de Henri-Frédéric Amiel


La publicación en 1884 de una antología de los diarios de Henri-Frédéric Amiel (1821-1881) supuso una auténtica revolución en el género diarístico. Hasta esa fecha, aunque existían diarios verdaderamente íntimos y literarios, como el de, por ejemplo, Samuel Pepys, la mayoría de los que frecuentaban el género lo hacían con la intención de llevar una contabilidad personal de los hechos de cada día, con sus variaciones y sus secretos. A partir de Amiel, el diario íntimo se convirtió en un género literario más, que ha evolucionado a lo largo del siglo XX y XXI y que se ha convertido, como lo califica el escritor Andrés Trapiello, autor de una larga serie de diarios, en “el género propio de la Modernidad”.
            El punto de partida del diario moderno es este diario, del que se ofrece una cuidada selección en una traducción de Clara Campoamor. Además, viene acompañada de una magnífica introducción a cargo de Bernard Bouvier que sitúa perfectamente el diario en el momento histórico en el que apareció, señalando sus importantes novedades, cómo se llevó a cabo la primera edición (póstuma) y su generosa recepción en toda Europa.
            Como escribe Clara Campoamor en el prólogo, este diario es la “exposición acabada, dolorosa y cruel de las más íntimas inquietudes que pueden desgarrar a un ser que mide con exactitud la contradicción entre el valor de los anhelos y el peso de sus incapacidades”. Amiel se disecciona constantemente a sí mismo desde sus años de estudiante en Berlín hasta su muerte. Es admirable su capacidad de introspección y de síntesis, además de su perseverancia. Sólo casi al final de su vida habló abiertamente de estos diarios a sus allegados; durante décadas, fue una afición solitaria, anónima, que Amiel realizó para constatar “la eterna desproporción entre la vida soñada y la vida real”, quizá la idea de fondo que más aparece en un diario apasionante por su calidad literaria y por la capacidad del autor de analizar de manera pormenorizada sus pensamientos y su vida interior.
            Amiel estudió filosofía primero en la Universidad de Heidelberg y después en la de Berlín. Tuvo como profesor y maestro al filósofo Schelling. Estudió filosofía y teología y ejerció como profesor de Estética. También ocupó una Cátedra de Filosofía Moral. Fue un gran intelectual que vivió intensamente las polémicas filosóficas de su tiempo y que buscó de manera desesperada la verdad. Publicó también una serie de ensayos sobre Erasmo, Madame de Staël y Rousseau y libros de poesía. En su pensamiento se destaca su cercanía al idealismo alemán, traspasado constantemente por un pesimismo que se tradujo en un espiritualismo vago e indeterminado.
            Tuvo una gran ambición intelectual, que se aprecia en las continuas referencias a lecturas, uno de los platos fuertes de este diario. El análisis de sus inquietudes permite conocer su absorbente fisonomía intelectual y moral. Para Clara Campoamor, los diarios son un “monumento impresionante elevado a la angustia del alma humana”.
            En los diarios aparece un hombre que, con palabras de Clara Campoamor, “sabe implacablemente verse vivir y verse morir día por día”. Junto con sus reflexiones de carácter existencial, muchas de ellas, hay que destacar su pasión por la naturaleza y las constantes referencias a la estética, filosofía, religión y, como hemos comentado, a sus juicios literarios. Un diario que refleja perfectamente sus inquietudes, su desazón, su constante movimiento de búsqueda intelectual y, de manera punzante, los duros juicios que emite sobre su persona y los pasos que ha dado en la vida para buscar la felicidad. 


Diario íntimo
Henri-Frédéric Amiel
Renacimiento. Sevilla (2019)
792 págs. 29,90 €. 
Traducción: Clara Campoamor.

sábado, 11 de mayo de 2019

"Viajeros en el país de los sóviets". Varios Autores


Libro que reúne diversas investigaciones sobre los viajes a la Rusia revolucionaria que realizaron diferentes intelectuales españoles y europeos. El interés que despertó la Revolución comunista fue inusitado en todo el mundo, capitalizando el interés político y económico y convirtiendo a Rusia en un mito político viviente que todo el mundo quería visitar. Esta “moda” la aprovecharon también las autoridades soviéticas, que utilizaron esta pasión viajera para potenciar el internacionalismo comunista y, además, como indiscutible vehículo de propaganda. Resultan muy interesantes estos relatos, que muestran en algunos casos una Rusia absolutamente idílica, aunque también otros viajeros sintieron que quizás estaban asistiendo a una obra de teatro y que lo que allí le mostraban, de manera controlada y teledirigida, escondía una realidad muy distinta. Lo que no cabe duda es de la importancia de estos viajes y de estas visitas, pues muchos volvieron consagrados a la causa o convertidos en escépticos de las posibilidades internacionalistas del comunismo. (De muchos de estros escritores hablo en uno de los capítulos de mi libro Cien años de literatura a la sombra del Gulag).
            Este libro conecta, además, con algunos otros títulos publicados recientemente donde se recogen esos testimonios de manera completa, muy útiles para comprobar lo que estamos comentando: la capacidad de entusiasmo o la elaboración crítica de los logros del régimen.


            Son muchos y variados los análisis que se ofrecen en este libro, que comienza con una introducción que explica de manera muy acertada el clima político de los años veinte y treinta, cuando se realizaron la mayoría de estos viajes: “Impacto de la Revolución Rusa en Occidente”. A continuación, otro capítulo que centra el tema del libro: “Rusia, foco de atracción para viajeros. Conocer en directo la experiencia”. Y luego vienen los autores elegidos, una larga lista que ofrece variedad de perspectivas y de intereses. 
Hay muchos autores españoles: Manuel Chaves Nogales, Josep Pla, Sofía Casanova, Eugeni Xammar, Andreu Nin, Fernando de los Ríos, Julian Gorkin, Ángel Pestaña, Óscar Pérez Solís, Julio Álvarez del Vayo, Ferran Valls i Taberner, Rodolfo Llopis… Y también significativos testimonios de escritores e intelectuales europeos de la talla de Antonio Gramsci, Egor Erwin Kisch, Walter Benjamin y hasta del líder yugoslavo Josep Broz, Tito, que estuvo en Rusia en dos momentos, entre 1915 y 1920 y 1935-1938. 
            Unos son políticos, la mayoría de izquierdas; otros son periodistas que escribieron espléndidos reportajes, como los de Manuel Chaves Nogales y Josep Pla. En todos late ese interés por ver en directo qué estaba en realidad pasando. Unos, como decíamos, quedaron fascinados con la sutil propaganda; otros intuyeron la barbarie y represión que escondía un régimen que controlaba absolutamente todos los movimientos de sus ciudadanos. 


Viajeros en el país de los sóviets
Josep Pich, David Martínez, Andreu Navarra y Josep Puigsech
Bellaterra. Barcelona (2019)
344 pág. 20 €.

sábado, 4 de mayo de 2019

"Hablando claro", de José Luis García Martín


En 1989, con el volumen Días de 1989, José Luis García Martín (1950) estrenó un diario que lleva publicando desde entonces todos los años y que aparece también semanalmente en un periódico asturiano y algunas entradas en su blog “Café Arcadia”. El autor es poeta, crítico literario, profesor universitario y director de la revista literaria Clarín. De todo esto, y de su intimidad, habla en estos diarios, plagados de referencias literarias a sus lecturas y a sus opiniones de la actualidad literaria. En esta ocasión, el diario transcurre desde agosto de 2017 a junio de 2018. En esos meses, la actualidad política en España tuvo que ver con la conflictiva vida política que se vivió en Cataluña y que afectó a toda España. Son constantes en esta ocasión las valoraciones que hace el autor de estos hechos, de los que se posiciona defendiendo el referéndum de autodeterminación en Cataluña y la política del Partido Socialista de Pedro Sánchez de no alcanzar ningún acuerdo con el Partido Popular. No es lo más importante de este diario, pero mucho más que en otros José Luis García Martín manifiesta con una evidente claridad sus opiniones políticas.
 El título de este volumen define bien las intenciones estéticas y literarias de este diario: hablar claro, sin componendas, sin ocultarse, decir abiertamente lo que se piensa sobre cuestiones espinosas (políticas y sociales), sobre la actualidad literaria y hasta de religión (”siempre me ha interesado mucho el absurdo razonado de la teología”). Como escribe José Manuel Benítez en el prólogo, vuelve a aparecer el García Martín aparentemente misántropo y solitario, sus ambiguas cuitas amorosas, su labor como crítico literario, sus clases en la Universidad, sus inquietudes estéticas, sus amigos y sus tertulias literarias, sus sentimientos, algunos viajes a Portugal (Chaves, Ovar, Espinho, Aveiro, Coimbra), Italia, Bulgaria… y también incluye aforismos y alguna composición poética. “No hay apenas mención a obligaciones y compromisos familiares o a rutinas hogareñas”. Y mantiene la que es una constante en sus diarios: la afición a los relatos de fantasmas, que incluye narrativamente modificando la realidad de algunas entradas. García Martín reside desde hace 40 años en Oviedo.
“Lo mío –escribe García Martín- no es el arte de agradar, sino más bien el de tocar las narices y no dejar a nadie indiferente”. Y lo consigue. No le tiembla el pulso a la hora de criticar los diarios de Iñaki Uriarte, tan celebrados últimamente, o los artículos de Javier Marías, o las opiniones de una especialista en la "literatura del yo" como Anna Caballé a propósito de la edición de los diarios de los Goncourt. Califica a Pérez-Reverte como “novelista populachero, un guionista de tebeos y películas de serie B”. Habla mucho de poesía, su especialidad, y critica duramente la profusión y corrupción de premios literarios, sobre todo oficiales. Y de librerías: “Primero, cuando no tenía dinero para comprar libros, mi casa fueron las bibliotecas públicas; luego, las bibliotecas y las librerías. No todas. Hay algunas frías y distantes, funcionariales, en las que solo se entra para pedir un libro concreto. En las que yo prefiero, se entra también para pasar el rato, para estar a gusto, aunque luego siempre salga uno con algún libro que le estaba esperando y que ni siquiera sabía que existía”.
También habla de actividad como crítico literario (“objetiva con los enemigos y lo más implacable que puedo con mis amigos") y de su faceta como escritor: “soy el escritor más y menos profesional del mundo. Escribo solo por encargo y para publicar, pero jamás he escrito una línea por dinero”. Y son constantes las referencias a su manera de ser, que condiciona las páginas de este diario: “Soy de los que piensan que, mientras yo no deje de quererme, nada está perdido”. 
Al igual que otros autores de diarios españoles (Andrés Trapiello, Iñaki Uriarte, Marcos Ordóñez, José Jiménez Lozano, Enrique García-Máiquez, Gabriel Insausti…), estos diarios no son una actividad literaria secundaria para García Martín sino que en ellos desarrolla su alto concepto de la literatura. Con su ya previsibles sarcasmo, con su actitud mordaz y cínica, con sus opiniones contundentes sobre casi todo, con su acusada sinceridad, ha fraguado el autor un atrayente personaje, culto y maniático, que se mueve en el género de los diarios como pez en el agua.


Hablando claro
José Luis García Martín
Renacimiento. Sevilla (2019)
320 págs. 17,90 €.

miércoles, 24 de abril de 2019

"Las armas y las letras. Literatura y Guerra Civil (1936-1939)", de Andrés Trapiello


Nueva edición de un ensayo cuyo tema sigue despertando mucho interés. En esta edición de 2019, magníficamente editada, con cientos de fotografías e ilustraciones, Trapiello ha incorporado nuevos datos que matizan algunas valoraciones o amplía la información que se ofrece sobre los más de trescientos escritores que se citan. Como afirma Trapiello en el prólogo, “los estudios sobre la guerra civil y la publicación y rescate de textos originales de los protagonistas siguen creciendo, lo que justifica que vuelvan a añadirse aquí hechos, fotografías inéditas y  entrecomillados desconocidos y providenciales”.


En Las armas y las letras, Trapiello ha escrito un original ensayo historiográfico, a mitad de camino entre el libro de historia y de critica literaria, en el que se refleja la postura que los escritores e intelectuales españoles de la época adoptaron durante la guerra civil de 1936-1939.
La obra está concebida como un extenso y minucioso reportaje periodístico donde se consigna cómo pasaron aquellos años, uno por uno, las figuras más destacadas de las letras y los más prometedores miembros de las entonces jóvenes generaciones. Su pertenencia a uno u otro bando, o su salida al extranjero y la actitud con la que afrontaron el final de la guerra quedan explicadas con todo detalle. Además, en su momento, cuando se publicó en los noventa la primera edición, supuso el redescubrimiento de escritores que luego han sido muy valorados, como es el caso de Manuel Chaves Nogales, representante de lo que Trapiello llama la “Tercera España”, grupo mayoritario de españoles que se vieron asediados por los radicalismos de la izquierda y de la derecha. 


Trapiello, gran experto en la Guerra Civil española, ofrece muchas anécdotas, informaciones y hasta valoraciones personales que alejan este libro del estudio sesudo y universitario. El libro está repleta de historias humanas heroicas, dramáticas, trágicas y hasta patéticas, pues la Guerra Civil sacó lo mejor –y lo peor- de muchas de las personas que se citan. Gran trabajo de investigación el realizado por Trapiello que explica también cómo muchos escritores se adaptaron al lenguaje político de la zona en la que les pilló la guerra para salvar sus vidas. Además, es una lección de historia de la literatura –qué se escribió y cómo- en unos complicados y tensos momentos sociales y políticos. Además, rescata del olvido a muchos escritores y huye en todo momento del fácil maniqueísmo con el que muchos estudios literarios han abordado la influencia de la Guerra Civil en la trayectoria de muchos de estos escritores.


Las armas y las letras
Literatura y Guerra Civil (1936-1939)
Andrés Trapiello
Destino. Barcelona (2019)
664 págs. 32 €.

domingo, 21 de abril de 2019

"Nostalgia de Dios", de Pieter van der Meer de Walcheren


"Es mejor no seguir buscando, no reflexionar más, vive a lo bruto, sin la constante tortura de las vanas preguntas sin respuesta, vivir como un animal satisfecho", escribe Pieter van der Meer de Walcheren en una de las primeras entradas de este diario, Nostalgia de Dios, en el que describe su proceso de conversión religiosa al catolicismo. No tenía ni idea de este autor, amigo y contemporáneo de Jacques Maritain y de León Bloy. Gran descubrimiento.
            El diario comienza en 1907 y llega hasta 1911, cuando por fin recibe el Bautismo, aunque incluye un breve epílogo de 1923 en el que hace un poco de balance desde su conversión hasta esa fecha: "Mi vida ha cambiado por completo", escribe de manera contundente.
            Van der Meer era un poeta holandés de prestigio que estuvo en contacto con los movimientos artísticos y culturales de principios del siglo XX. Vivió durante largas temporadas en París y conoció a destacados escritores y artistas de esos efervescentes años, con los que mantuvo cierta amistad. Su diario habla de refilón de sus ideas artísticas y de su estancia en París. Pero no es ni mucho menos el plato fuerte de este diario, centrado en sus inquietudes religiosas, sus dudas, en su hambre de infinito que no consigue en principio canalizar y que condensa en esta queja: "las preguntas se levantan en mí como tempestades" porque siente "nostalgia de la Belleza, nostalgia de Dios, de la hermosa Unidad absoluta".
            Pieter había nacido en 1880 en Utrecht y en su familia y en la Universidad vivió en un ambiente de escepticismo religioso, aunque todo marcado por una visión protestante de la vida, muy despectiva con el catolicismo, al que se consideraba retrógrado y superado en todos los frentes. En esos años, incluso se aproximó al anarquismo y al socialismo, aunque después renegó del socialismo como solución política y existencial. Cuando más adelante Pieter hable en su diario de su madre, de su enfermedad y fallecimiento, lamenta que la educación que ella recibió la impidieran acercarse al catolicismo, a pesar de sentir como su hijo una rabiosa añoraba de verdades más fuertes y contundentes que también Pieter echa en falta en la gente que se relaciona con él en la Universidad y en otros ámbitos.
            Ya casado, con un hijo pequeño, Pierterke -que años después sería monje y sacerdote-, Pieter intenta abrirse camino, aunque no consigue una cierta estabilidad laboral. Por eso, decide trasladarse a París, donde vivirá los momentos más importantes de su vida. Antes de marcharse con la familia, desgrana su insatisfecho estado de ánimo, desesperanzado, y sus críticas a la falta de expectativas e ilusiones del mundo moderno, que rechaza de plano y donde no encuentra lo que tanto ansía. "La incertidumbre destroza mi alma", escribe. Decide buscar una solución existencial, pero no sabe dónde ni cómo. En una estancia en la Trapa de West-Malle, siente una atracción irresistible por la profundidad de la liturgia católica.
            Son interesantes las reflexiones artísticas que desgrana en la primera parte de este diario. Para él, el arte sólo es arte si aspira a lo absoluto; por eso, censura la obra artística de muchos de sus contemporáneos, en la que no aprecia el ansia de misterio ni escucha "la soledad del hombre en medio del universo inconmensurable".
            Antes de instalarse en París, realizó un largo viaje por Italia, experiencia que ocupa un destacado lugar en este diario y que le sirve para entrar en contacto más todavía con el arte religioso. A Van der Meer le atrae el arte medieval porque intuye que detrás de tanto esplendor no puede haber solamente la manifestación de un juego intelectual. Si bien hay muchísimas cosas con las que disfruta estéticamente, rechaza, por ejemplo, el Renacimiento, presente sobre todo en la ciudad de Roma, donde sólo ve formalismo y perfeccionismo, defectos que también achaca a parte del arte religioso contemporáneo.
            Tiene ansias de Dios y admira el catolicismo, aunque sigue sin dar pasos adelante. Uno de los escritores con los que más se identifica es con el francés León Bloy, contemporáneo suyo, al que decide conocer cuando ya se haya instalado en París. Bloy es un escritor católico de radicales convicciones que defiende de manera apasionada su fe y que lanza ataques furibundos contra aquellos que quieren arrinconar y despreciar la fe católica. A pesar de ser un escritor polémico en las formas, Van der Meer siente una especial afinidad personal con la vida y la obra de Bloy.
            "El alma -escribe ya en París- ha perdido el Paraíso, es decir, ha perdido a Dios, y llora y clama por Él con todas sus fuerzas". Por fin se entrevista con Bloy y nace entre ellos una fuerte amistad. Bloy le presenta a un amigo sacerdote con el que conversa sosegada y profundamente, y de ahí arranca su anhelada decisión de convertirse al catolicismo. Se bautizan él y su hijo, y después contrae matrimonio católico. Bloy y su familia hacen de padrinos (lo mismo que hicieron con Jacques y Raïssa Maritain). El diario concluye pocas semanas después, cuando Pieter recibe la Primera Comunión. Como escribe en su parte final, "cada día me asombro más de haber podido vivir tantos años sin Dios".
            Los posteriores artículos y libros de Pieter van der Meer, entre los que suelen destacarse Hombre y Dios,Todo es Amor,MagnificatLa hora de Dios, entre otros, sirvieron de estímulo a un grupo de artistas y escritores que formaron parte en los años veinte en Holanda del "movimiento de los jóvenes católicos". Tras el fallecimiento de su esposa Cristina en 1954, Pieter ingresó en el monasterio de Oosterhout, donde permaneció hasta su muerte en 1970.


Nostalgia de Dios           
Pieter van der Meer de Walcheren
Desclée de Brouwer. Buenos Aires (1948)
216 págs.
Traducción: Isabel Molina Pico.

"Figuras de la Pasión del Señor", de Gabriel Miró


Me lo habían recomendado hace años, pero hasta esta Semana Santa no he acabado por leérmelo. "Figuras de la Pasión del Señor" es un gran libro que, pienso, es de los pocos, por desgracia, que van a quedar de este autor alicantino, que ha caído en un olvido casi total (como le pasa en parte a su paisano Azorín). Lo escribió Miró entre 1915 y 1917, cuando se encontraba trabajando en la elaboración de una "Enciclopedia sagrada católica", que no se llegó ni a remontar ni publicar. Vivía en ese momento en Barcelona y trabajaba en su Diputación. Antes, había desempeñado diferentes puestos burocráticos en el Ayuntamiento de Alicante, tras unas fallidas oposiciones a judicatura, y en 1920 se trasladó a Madrid para trabajar en el Ministerio de Instrucción Pública. Murió en 1930.
            Aunque alabado y tímidamente reconocido por las "vacas sagradas" de aquellos años, Miró es nuestro peculiar Robert Walser mediterráneo. No encajó laboralmente en ningún sitio. Tuvo pocos amigos. Y literariamente, todavía hoy, no se sabe dónde meterlo: unos lo hacen en la generación del 98, otros en la del 14. Se suele destacar su parentesco literario con Azorín, que, como Miró, también destacó en el uso preciosista del lenguaje y en el exquisito tratamiento de la prosa poética. Pero Miró es mucho más que esto. Hay en su estilística una exacerbada sensibilidad sensorial que se desborda en sus escritos, de manera especial en este libro que comentamos. Su prosa es una explosión de luz, color, olores...: "Entre las estancias se abren los patios de jaspes, con toldos amarantos, verdes, anaranjados, sanguinosos y crudos, que tamizan el sol". Su léxico está plagado de cosas concretas con nombres y apellidos, con una cierta querencia a los arcaísmos, palabras exactas que están en desuso y que Miró recupera con gran soltura. Todo lo que describe tiene un nombre y todo es susceptible de recibir uno o varios adjetivos que engrandecen su significado. Sus retratos son delicados cuadros impresionistas: "Nicodemus, o Bonai-ben-Gorion, era recio, huesudo, inflamado". Sus paisajes desprenden vida y variedad: "¡Cafarnaum, en la llanura de Zabulón, tierras de Genesar, que crían el olivo, el mirto, la palmera, la morena, el nogal, el milgrano, el índigo, el pistachero, el manzano, el naranjo y el cidro!".
            Su mirada sobre la realidad es lúcida y exhaustiva. Todo se puede matizar y colorear y saborear y escuchar. Esta es la manera de acertar con el tono específico de lo que se describe. Por ejemplo, Miró muestra de esta manera el ambiente de los mercaderes que se extienden por los alrededores del Templo de Jerusalén: "Bajo los pórticos del Patio de los Gentiles, de columnas de jaspes, de vigas de cedro y piso de mosaico rojo y azul, se amontonan los mercaderes, todos con la insignia de su oficio o lonja". Y luego pasa a describir con precisión las actividades de los cambistas, los tintoreros, los orífices y percoceros, los alfayates, los perfumistas y drogueros, los hortelanos, recoveros, pasteleros... Y "vocean su pregón los alcalleres delante de sus tablas de amuletos de barro, de colodras, de marmitas, de cántaras recias y lisas, de ánforas cipriotas".
            "Figuras de la Pasión del Señor" se centra en los personajes que acompañaron a Jesús antes y durante la Semana Santa. Cada uno de ellos ofrece retazos de la vida en Palestina, de las costumbres de aquellas gentes, de los paisajes donde moran, de las vestimentas que utilizan los diferentes estamentos sociales, de las comidas caseras, de los utensilios que utilizan para trabajar en el campo... Miró ofrece, además, una imagen viva y cercana y emotiva de Cristo, que ha sido capaz de con sus palabras y hechos transformar la vida de tantas personas singulares, algunas sin apenas brillo y otras, como Nicodemo y José de Arimatea, cercanas al poder político, económico y religioso. 
            Cada escena tiene un pequeño nudo argumental centrado en el personaje seleccionado -María de Cleofás, María Magdalena, Simón de Cirene, Pilato, Barrabás, Annás, Herodes Antipas, Kaifás...-, aunque el peso de la narración lo lleva el tratamiento estilístico, recreándose en la atmósfera física y vital de Palestina. Como cuando describe Nazareth: "En una revuelta del camino surge todo Nazareth, crudo, recortado; sus casas desnudas, cuadradas, encendidas; los domos de las azoteas y los aljibes, como pechos alzados al azul. Nazareth se hinca arrebatándose por los pliegues de la peña blanca. En seguida reposa al amor de un coro de colinas verdes. Delante se tienden las eras; bajan los bancales de márgenes de pedernal y zarzas".
            Su dominio del lenguaje es abrumador, hiperrealista. Su estilismo formal deslumbra. No hay nada que se detenga a su capacidad de especificar, ya sean unas ropas de la época, la descripción de los salones de Pilato, el retrato del soldado que flageló a Jesús o las viandas que preparan unas criadas: "las siervas tendían tapices y cojines, y preparaban la refacción matinal: pasteles de setas y especias, cecina de jabalí umbriano, madreperlas y mariscos cogidos en el creciente de la luna; mirlos rellenos de pistachos". 
            Libro muy literario, humano y religioso, en el que el autor demuestra un gran conocimiento del Antiguo y Nuevo Testamento, que presenta de manera límpida el mensaje y la figura de Cristo. Los personajes que aparecen en el libro han sido tocados por la luz de la gracia, la verdad y la vida.


            Y buscando en Internet cosas sobre Miró, me he encontrado con otro libro que toma los sucesos religiosos de la Pasión como pretexto estilístico, "Semana Santa", prologado por el periodista Gaziel, que se publicó poco después del fallecimiento de Gabriel Miró. De hecho, en el prólogo se lamenta Gaziel de la mala suerte de la edición del libro, pues un retraso inesperado en la imprenta impidió que Miró lo pudiera tener en sus manos. Como "Figuras", aunque de manera menos exacerbada, lo que sorprende es su estilo y su ambientación, que combina en esta ocasión las referencias al presente de su tierra natal con el pasado de la época de Jesús.


Figuras de la Pasión del Señor
Gabriel Miró
Biblioteca Nueva. Madrid (1973)
304 págs.