lunes, 18 de marzo de 2019

"Madrid, 1921. Un dietario", de Josep Pla


Publica la editorial Libros del K.O. una nueva edición de Madrid, 1921. Un dietario, uno de los pocos libros en los que Josep Pla (1897-1981) habla de Madrid. El otro libro recoge las crónicas parlamentarias que escribió de 1931 a 1936, durante la Segunda República. Pla contaba veinte años cuando se trasladó a Madrid desde París, a donde había sido enviado como corresponsal por el diario catalán La Publicidad, el mismo que decide trasladarlo a Madrid. Tras cursar los estudios de Derecho y realizar el servicio militar, Pla vive en Barcelona y participa en la tertulia de la Peña del Ateneo. Allí le abren las puertas para que comience a colaborar en el periódico Noticias, en el que no dura mucho, y después en La Publicidad, donde se forma como periodista. Pla hizo una primera elaboración de este libro en Estocolmo en 1928.
            Pla ejerce de flâneury se dedica a pasear y callejear por un Madrid que se encontraba en pleno proceso de transformación no solo urbanística. Los nuevos aires de la modernidad estaban arrinconando algunas costumbres y actitudes muy instaladas en el pueblo madrileño, como por ejemplo las tertulias, que Pla frecuenta de manera asidua y describe con acierto. Como en otros libros suyos, no hay un propósito fijo ni una estructura cerrada sino que sus observaciones van de acá para allá, a su antojo. En un capítulo habla del Hotel Palace, muy frecuentado por catalanes; en otro, describe la tertulia del Café Pombo, a la que asiste Ramón Gómez de la Serna, entre otros contertulios; habla del Retiro, del Museo del Prado, de la primavera, del tiempo, de la Puerta del Sol. Pla se encuentra en un café cuando reciben la noticia del asesinato del político Eduardo Dato. Asiste a una clase en la Universidad de Ortega y Gasset. Conoce a Julio Camba, con el que entabla una buena relación de amistad. Viaja a Salamanca, donde es recibido por Miguel de Unamuno. También a Ávila y Segovia. Frecuenta diferentes pensiones. Conoce a funcionarios, periodistas, escritores. Compara constantemente Barcelona con Madrid. Pla no es complaciente con casi nadie y aplica en sus retratos una ironía que en unos casos es sutil, por ejemplo con Unamuno y Ortega, y en otros bastante más gruesa, con Ramón Gómez de la Serna.


            Pla rechaza las sobredosis de tipismo y de localismo madrileño que han salpicado la vida cotidiana de la capital, su lenguaje y hasta sus costumbres. Critica el exceso de funcionarios y opositores, que dan a Madrid un triste aire gris y oficial. En general, no le convencen las reformas urbanísticas de los últimos siglos, como la realizada por Carlos III, que han convertido Madrid en “una ciudad acabada de hacer, sin ningún vestigio antiguo, sin raíces en el pasado profundo”. Tampoco le atrae la influencia de los andaluz en las diversiones populares y hasta en el lenguaje madrileño. “En conjunto -escribe Pla-, todo esto hace que a menudo tenga la sensación de que, en Madrid, estoy muy lejos de casa”. 
            Basándose en notas personales, escribió una primera versión del libro en 1928. Pero luego lo fue rehaciendo, como buena parte de sus obras. Sin embargo, ya encontramos en este dietario las principales notas de su estilo, lleno de agudeza y amenidad. Es único en su manera de poner adjetivos distintos, como esta cita a propósito de los suburbios: “todos los suburbios que conozco producen la misma impresión de inexplicable, honda, integral, cósmica tristeza”. O esta otra sobre Madrid: “todas las cosas tienen un aspecto sediento, reseco y exhausto”. Su prosa desprende ironía y un humor socarrón. Y el género elegido, el dietario, le permite emplear una prosa personal, deslavazada, cambiante, atenta a los detalles concretos de la realidad. Un estilo que encaja perfectamente con su carácter: “soy un individualista irreductible y un solitario total”. 


Madrid, 1921. Un dietario
Josep Pla
Libros del K.O. Madrid (2019)
272 págs. 15,95 €. 
T.o.: Madrid. Un dietario
Traducción: Alfons Sureda i Carrión.

sábado, 9 de marzo de 2019

"La Segunda República en 50 lugares", de Alberto de Frutos Dávalos


50 lugares simbólicos, emblemáticos, históricos sirven al autor, redactor jefe de la Revista Historia de Iberia Vieja y escritor, para contar la efímera vida de la II República de una manera distinta a la habitual. El autor ha elegido 50 lugares que tuvieron su singular protagonismo durante la II República para trocear la historia con mayúsculas y ofrecernos con otro estilo minúsculas historias con las que se desarrolla el nacimiento y la evolución de este momento histórico, primero con un arrollador entusiasmo y luego con un patético dramatismo.
Siguiendo el ritmo cronológico, salen a nuestro encuentro lugares como el Ayuntamiento de Éibar, primer lugar donde se proclamó la II República a primera hora de la mañana; el Ateneo de Madrid (como escribe Frutos, “conciencia moral de la República”), donde sonó por vez primera el himno de la República; la Casa de Campo, que pasó en esos años al pueblo de Madrid; el Puerto de Valencia; el bar Chicote; el Gran Kursaal de San Sebastián; la Cámara Santa de Oviedo; la casa del político Calvo Sotelo en Madrid, donde fue asesinado…
            Libro muy ameno, repleto de anécdotas, que sirve para conocer aspectos aparentemente tangenciales de la historia que, sin embargo, leídos todos en conjunto, forman un apasionante relato insólito, original, singular. La buena pluma del autor, las constantes referencias costumbristas e históricas (a sucesos del pasado y del presente) salpican el libro de pequeños y domésticos detalles, muy interesantes, con los que casi siempre se acaba luego construyendo la historia con mayúsculas. 


La Segunda República en 50 lugares
Alberto de Frutos Dávalos
Cydonia. Madrid (2019)
310 págs. 16 €.

sábado, 2 de marzo de 2019

"Hija de revolucionarios", de Laurence Debray


“Cuanto más se ama a alguien menos debe adulársele; el verdadero amor es el que nada perdona”. Esta cita de Molière que abre este ensayo explica en parte la intención de la autora, Laurence Debray (París, 1976), hija de dos intelectuales muy famosos comprometidos con la izquierda revolucionaria. Como se describe en este libro, las relaciones de la hija con sus padres fueron distantes y nada convencionales, y en algunos momentos llegaron a ser casi inexistentes. Tanto su padre como su madre se entregaron totalmente a la política revolucionaria y encarnan el compromiso político de una izquierda que alardeaba de anticapitalista, antiamericana y de posicionarse en contra de todos los dogmas tradicionales, familia y religión incluidos. 
Aunque los dos procedían de entornos burgueses (y capitalistas), siendo muy jóvenes se implicaron en la política. Elizabeth Burgos, venezolana, comenzó a militar a los 15 años en el Partido Comunista; por su parte, Régis Debray se ganó a comienzos de los sesenta prestigio como periodista revolucionario. Se conocieron en Venezuela, a donde Régis había ido a filmar un documental. En París, los dos entraron en contacto con otros intelectuales que vivían extasiados ante las causas revolucionarias de izquierdas, especialmente en América Latina (el fervor por el comunismo soviético se estaba extinguiendo poco a poco en Europa Occidental). 
Pronto conocieron a Fidel Castro y mantuvieron una estrechísima relación con él. Tanto, que el propio Régis fue nombrado teórico del régimen (publicó numerosos ensayos sobre el castrismo), además de ser uno de sus hombres de confianza. En 1967, recibió el encargo de Fidel de incorporarse a la guerrilla boliviana. Allí se reencontró con el Che Guevara. En una escaramuza, Régis fue detenido por los militares y durante el juicio que le acabó condenando a treinta años de prisión conoció la noticia de que el Che había muerto. Fue liberado en 1970, cuando se cumplían cuatro años de su detención. 
Regresó a París convertido en un mito, en el icono del intelectual comprometido. En esos años, nació su hija. En París, trabajaron activamente por la izquierda revolucionaria de América Latina hasta que en 1981, con la victoria socialista, aceptaron cargos de confianza del presidente Mitterrand.
            Laurence realiza un emocionante examen de la vida compartida con sus padres, victimas quizá de una generación que abrazó todas las causas revolucionarias. “Aquella generación de universitarios –escribe la autora-, que no habían hecho la guerra y que rechazaban el ideal de coche y nevera, se aferraron al proyecto revolucionario para dar sentido a su vida (…) El lirismo político del marxismo, y todas sus variantes, les hacía vibrar”. En el mundo construido por sus padres en torno a la política, ella no pintaba nada. Con el paso de los años la distancia fue agrandándose y la autora reconoce que nunca entendió nada, “ni sobre su compromiso político ni sobre su vida disoluta (…) Eran –y siguen siendo- incomprensibles”. “¿Son héroes o renegados? –se pregunta-. Supervivientes en todo caso. Pertenecen a una época en la que las estrellas no eran los presentadores de televisión o los futbolistas, sino los intelectuales comprometidos”. 
            A la vez que cuenta la evolución revolucionaria de sus padres, Laurence Debray describe su propia vida. Destaca los cuatro años que pasó en España, en Sevilla, en los que el socialista Alfonso Guerra “se convirtió para mí en un padre suplementario, comprensivo y atento”. A su regreso a París, optó por el periodismo. Luego se trasladó a Venezuela, donde vivió la deriva revolucionaria de Chávez; amplió estudios en Londres y Nueva York. Es autora de un libro sobre el papel desempeñado por el rey Juan Carlos I durante los años de la Transición, la consolidación democrática en España y su posterior abdicación. El ejemplo revolucionario de sus padres le ha convertido en “hermética a las utopías”. 
Interesante, pues, ajuste de cuentas de una hija de intelectuales revolucionarios que ha sido víctima de la entrega de sus padres a un modo radical de entender la política que no entendía de sentimientos y emociones y que renegaba hasta de las relaciones familiares. Este libro es un doloroso ejercicio de búsqueda de su identidad. 

Hija de revolucionarios
Laurence Debray
Anagrama. Barcelona (2018)
288 págs. 18,90 € (papel) / 9,99 € (digital).
T.o.: Fille de révolutionnaires
Traducción: Cristina Zelich.

miércoles, 27 de febrero de 2019

"La novela del buscador de libros", de Juan Bonilla


El escritor Juan Bonilla (Xerez, 1966) cuenta en estas singulares memorias su apasionada afición a los libros. No sólo a leerlos sino también a poseerlos. “No recuerdo un día que no haya buscado libros”, escribe. Y lo que comenzó siendo una afición inofensiva se ha convertido en una obsesiva y peligrosa adicción.
            Al hilo de sus recuerdos, Bonilla desgrana la relación personal que tiene con los libros, con nombres y apellidos. Ya desde estudiante de instituto comienza a reunir libros en su casa, libros que estuvieron ligados a sus primeras lecturas compulsivas. Es el caso de las memorias de Rafael Cansinos-Assens, que le provocan un fuerte y duradero impacto. Luego vino su afición a la poesía de Blanca Andreu. Y a la de Papini. Y a la de Julio Mariscal. Con el paso de los años, la lista de autores y libros es infinita. Bonilla perfecciona los métodos de búsqueda de libros para hacerse con las obras completas de aquellos escritores que señala. Desde entonces, su vida es recopilar bibliotecas personales, recorrer las librerías de su tierra y de toda España, salir al extranjero para realizar sus inevitables –y a veces peligrosas- incursiones para buscar libros.
            También esta afición de tener libros es un buen ejercicio de crítica literaria. Bonilla da sus opiniones sobre la fiebre que le entró por Bukowski –que luego se le pasó- y por tantos y tantos escritores. 
Un libro lleva a otro libro y este a otro autor que hay que leer y poseer como sea. Muchos libros son únicos, otros tienen un valor exclusivamente personal. Detrás de cada uno de ellos, hay una historia, a veces muy divertida. 
            Entretenido libro sobre el mundo de los libros que es también un homenaje a las librerías y todos aquellos lugares donde Bonilla ha salido al encuentro de libros que le estaban esperando. 


La novela del buscador de libros
Juan Bonilla
Fundación José Manuel Lara. Sevilla (2018)

274 págs. 19,90 €.

viernes, 22 de febrero de 2019

"Diligencias", de Andrés Trapiello


Publica Andrés Trapiello un nuevo volumen de sus diarios, que llevan como título genérico Salón de pasos perdidos, una ambiciosa empresa literaria que alcanza la entrega número veintidós. Ensayista, poeta, novelista, es en los diarios donde Trapiello alcanza su máximo prestigio, convirtiéndose con todo merecimiento en uno de los autores más representativos de la pujante "literatura del yo", un género vivo, muy actual, propio de la cultura contemporánea, practicado por autores de renombre y con mucha calidad, como es el caso, entre otros, de José Luis García Martín, Iñaki Uriarte, Marcos Ordóñez, Gabriel Insausti, Enrique García Máiquez... En la mayoría de ellos, los diarios no son un género decorativo o secundario de su trayectoria sino donde han volcado todas sus virtudes literarias. Esto es muy evidente en el caso de Andrés Trapiello.
            Dos características sobresalen de estos diarios. En primer lugar, su versatilidad. Trapiello domina variados y distintos registros literarios, todos ellos con una sobresaliente calidad. Esto le permite cambiar de temas constantemente sin que suponga ninguna rebaja en la calidad estilística. Al contrario, con los cambios de tono y de ritmo los diarios ganan en amenidad.
Incluye, por ejemplo, realistas y divertidos cuadros de costumbres que transcurren en su casa, en las diferentes gestiones que tiene que realizar, durante una avería telefónica o en sus visitas al oculista o cuando padece de ácido úrico; aparecen emotivas estampas paisajísticas y poéticas, muchas de ellas relacionadas con sus estancias en su casa en el campo extremeño; escribe con naturalidad sobre su mujer, sus hijos, su madre, sus hermanos; ejerce con agudeza de crítico literario en numerosos momentos, por ejemplo, cuando comenta las poesías de Ajmatova o los diarios de Carlos Morla Lynch, escritos durante la guerra civil española.
Algunos retratos son excelentes y muy trabajados: “Venía vestida con unos pantalones de raso a rayas negras y blancas, uno de esos pantalones de jenízaro turco a cuyo cargo está el serrallo. Se adivinaban debajo unas piernas como alambres, en contraste con  el bulto opulento, y un tronco potente apegotado por todas partes, como hecho de pellas de burro. Y la cara hinchada, quizá de haber bebido mucho en esta triste vida”. Con bastante sarcasmo, describe también episodios de la vida literaria, siempre tratada con desgana y de una manera fatigada, y donde saca a relucir su ya proverbial espíritu combativo, criticando abiertamente a algunos colegas (que suelen aparecer detrás de una X o de sus iniciales, lo que le permite más libertad a la hora de opinar). Hay también literatura de viajes (Ceuta, Cuenca, Pontevedra…), y acertados aforismos: “En la arquitectura de Madrid lo falso parece bueno, y lo original parece falso”, “Los cuadros, libros o casas que no son más que propiedades no son nada”. Capítulo aparte en estos diarios son sus frecuentes visitas al Rastro madrileño (al que ha dedicado un reciente libro), donde se mezclan retratos y escenas realistas.
            El otro rasgo sobresaliente que merece la pena destacarse de estos diarios es la solidez y seguridad del autor protagonista, que se mueve como pez en el agua en todos estos registros, aportando su ironía, descreimiento, hipocondría y personal punto de vista en todas las cosas que le van sucediendo, la mayoría próximas a su vida familiar y su trabajo como escritor. Porque “la literatura –escribe- sirve para la vida, nos enseña a mirarla, a comprenderla”.     


Diligencias
Andrés Trapiello
Pero-Textos. Valencia (2019)
512 págs. 30 €.

jueves, 31 de enero de 2019

"Un país en crisis. Crónicas españolas de los años 30". Edición de Sergi Doria


En los últimos años se ha recuperado el trabajo periodístico de importantes figuras de la prensa escrita de los años 30. Los escritos de estos periodistas, ahora famosos, como Manuel Chaves Nogales, han demostrado la calidad que existía en los medios de comunicación de esos años, con tiradas pujantes y con ideas muy innovadoras. Las crónicas que ha seleccionado para este volumen Sergi Doria, escritor, cronista cultural y profesor de Periodismo, demuestran esta capacidad de innovación, con las posibilidades que abre el fotoperiodismo y la proliferación de semanarios, que permiten reportajes más extensos que la prensa diaria. A imitación de lo que estaba sucediendo en Francia, Alemania y en Inglaterra, aparecieron en España un conjunto de iniciativas periodísticas rompedoras, que incorporaron nuevas técnicas de redacción, algunas de ellas contaminadas por la influencia del lenguaje cinematográfico. En este sentido, hay que destacar el papel de publicaciones como Estampa, Ahora, La Libertad, La Vanguardia, La Esfera, Blanco y Negro, Nuevo Mundo, Mundo Gráfico… Todas ellas, algunas con tiradas que superaban los cien mil ejemplares, demostraban la buena salud de la prensa no solo en lo que se refiere a negocio sino también a la renovación que trajo consigo al mundo del periodismo.
            Las crónicas que aparecen en este volumen, de autores muy diversos, están escritas a partir de 1929, después de la crisis financiera que tuvo réplicas en todo el mundo occidental. En España, la crisis afectó de lleno a las clases medias, protagonistas de muchas de estas crónicas. La selección resulta muy atinada para reflejar la realidad española en un momento convulso en lo económico y en lo político-social, con las consecuencias de la crisis y la proclamación de la Segunda República. Sergi Doria intenta abarcar el mayor número posible de temas, pero con una intención muy clara de mostrar especialmente el mundo de los desheredados y de los marginados.
            Sorprenden los riesgos que corren muchos de los periodistas que escribieron estas crónicas. Pusieron en práctica un periodismo de inmersión que les llevó a compartir las desgracias y la vida de grupos sociales con los que querían describir mundos desconocidos para los lectores. Por ejemplo, una de las crónicas cuenta el viaje en autobús de uno de estos periodistas con un grupo ilegal de trabajadores murcianos que se trasladaban a Barcelona a buscar trabajo; otro reportaje cuenta desde dentro el mundo de los vagabundos y la vida que llevaban; en otro, la periodista comparte la experiencia de frecuentar los comedores sociales. Y una periodista de renombre, Josefina Carabias, se hace pasar por una de las chicas de servir que trabajan en el Hotel Palace para escribir un famosos reportaje. 
            Otra crónica describe un viaje a Las Hurdes (antes de que Luis Buñuel rodase su polémico y tramposo documental, Tierra sin pan), o la vida en el barrio chino de Barcelona, o una visita del cómico Buster Keaton a Barcelona; o la vida de la hija de Rasputín. Hay también reportajes más políticos, como el que escribió Agustin de Foxá a las checas del SIM; o el reportaje de Luis González Linares con las tropas que entraron en Oviedo tras la derrota de los sublevados en Asturias en el 34; o el reportaje de Gaziel (seudónimo de Agustín Calvet, posteriormente director de La Vanguardia) sobre los peligrosos movimientos políticos del presidente catalán Companys en 1934; hay también un reportaje de Ramón J. Sender continuación de los que escribió sobre la matanza de Casas Viejas. La nómina de periodistas es larga, unos muy conocidos –como Josep Pla, Gaziel, Josefina Carabias, Ramón J. Sender, Agustin de Foxá, César González Ruano, etc.- y otros menos conocidos pero que acertaron con los objetivos del periodismo de inmersión, como Ignacio Corral, Rosa María Arquimbau, Magda Donato, Carles Sentís, Gabriel Trillas, Vicente Sánchez Ocaña, Paulino Masip…
            Estas crónicas permiten conocer a más periodistas de esos años, todos muy buenos, que renovaron el periodismo gracias a la influencia del fotoperiodismo, la radio y el cine. 


Un país en crisis. Crónicas españolas de los años 30
Edición de Sergi Doria
Edhasa. Barcelona (2018)
320 págs. 19 €.


lunes, 7 de enero de 2019

"La Dulce Ciencia", de A. J. Liebling


La “Dulce Ciencia” es el nombre con el que los anglosajones designan al boxeo. Este volumen reúne las colaboraciones que entre 1951 y 1955, el periodista norteamericano A. J. Liebling (1904-1963) publicó en The New Yorker, donde comenzó a escribir en 1935 y en el que también aparecieron sus reportajes y artículos cuando fue corresponsal durante la Segunda Guerra Mundial en África, Inglaterra y Francia (describió en directo el desembarco de Normandía). A su regreso a Estados Unidos publicó una columna en la que analizaba la prensa americana. Fue un admirador de las carreras de caballos, del boxeo y de la buena comida. 
            Liebling se considera un discípulo del inglés Pierce Egan (1772-1849), que reunió en Boxianasus artículos sobre el mundo del boxeo que aparecieron en sucesivas ediciones: la primera es de 1812 y luego aparecieron en 1818, 1821, 1824 y 1828. De Egan (a quien califica como “el Edward Gibbon y Thomas Malory de los viejos cuadriláteros de Londres”) procede el nombre de Dulce Ciencia (“¡la Dulce Ciencia de los Moratones!”) y de él toma también la idea de ver el boxeo como “un pedazo jugoso de la vida”. Sus referencias a Egan son constantes en este volumen.
            Para Liebling, estos artículos son como unas memorias que “comprenden lo que pudiera ser el último ciclo heroico en mucho tiempo. La Segunda Guerra Mundial, que comenzó a afectar al boxeo estadounidense en 1940, con la llamada a filas, detuvo el desarrollo de nuevos talentos. Esto permitió a boxeadores previos a la guerra y ya entrados en años,. Como Joe Louis y Joe Walcott, mantener un dominio más largo del que cabría esperar en circunstancias normales”. Aunque en el volumen aparecen muchos boxeadores hoy olvidados, algunos de ellos, a los que dedica Liebling magníficos artículos, son hoy día leyendas del boxeo, como el citado Joe Louis, Sugar Ray Robinson, Rocky Marciano, Archie Moore, Ezzard Charles.


            Liebling vive intensamente los días de boxeo. Asiste a los pesajes, come en restaurantes frecuentados por boxeadores y aficionados, describe el ambiente de las veladas, habla con los sparring y con los entrenadores, conoce a los propios protagonistas en sus gimnasios, suele tomarse una copa después de las veladas con otros aficionados… En sus crónicas no se trata de describir sin más y de manera técnica el desarrollo de los combates sino que Liebling reflexiona sobre el boxeo como metáfora de muchas cosas. A la vez, critica el auge de la televisión y las consecuencias que esto puede tener para el futuro del boxeo. En sus crónicas, escritas en primera persona, incluye siempre el lado humano de los boxeadores, sus aficiones, algo de su historia personal… 
            Este libro ha sido valorado como el mejor libro de deportes de todos los tiempos por la revista Sports Ilustrateden 2002. El mundo del boxeo ha sido siempre muy literario y son muchos los escritores que han escrito sobre combates y boxeadores inmortales (como Jack London, Hemingway, Gay Talese…). Liebling es considerado un maestro del periodismo, que se convirtió en el mejor cronista de la época dorada del boxeo estadounidense. 


La Dulce Ciencia
J. Liebling
Capitán Swing. Madrid (2018)
 368 págs. 20 €. 
T.o.: The Sweet Science
Traducción: Enrique Maldonado.