jueves, 12 de octubre de 2017

“Oficio”, de Serguéi Dovlátov


Segunda novela que publica la editorial Fulgencio Pimentel de Serguéi Dovlátov (1941-1990), escritor ruso que está siendo redescubierto en Rusia, donde no consiguió publicar nada, y en Estados Unidos, donde vivió a partir de 1978, cuando se exilió.
Al igual que en Retiro –y en otras novelas publicadas con anterioridad como El compromiso, Los nuestros, La maleta y La extranjera-, la materia narrativa procede de la ajetreada y complicada vida personal y profesional del autor en la URSS y en Estados Unidos.
Oficio está compuesta de dos partes: la primera, El libro invisible, cuenta su vida como escritor en la URSS; la segunda, El periódico invisible, ya en Estados Unidos, relata su participación en un periódico para emigrados rusos.
“¿A quién pueden interesar las confidencias de un literato fracasado?”. Así comienza Dovlátov la narración de sus desgracias como escritor problemático en la URSS. Lo hace de una manera irónica, con mucho sentido del humor, sin recurrir, como él mismo dice, a la tragedia. De manera acelerada cuenta detalles de su formación académica y de sus primeros pasos como escritor. También de sus contactos con otros escritores que, como él, no aspiraban a someterse a la literatura oficial. Como escribe hablando de su participación en el denominado Grupo Ciudadanos: “Mis amigos eran adictos a las verdades claras. Hablábamos de libertad, de creación, de derecho a la información, de respeto por la dignidad humana. Nos dominaba el escepticismo con respecto al Estado”. Pero si en esos años no se contaba con las simpatías de ese Estado todopoderoso, resultaba muy difícil publicar, como va comprobando el autor, que es ninguneado por “los innumerables organismos, personalidades e instituciones”.
Sus escritos son sistemáticamente rechazados, aunque “el desprecio oficial se compensaba con una soberbia enfermiza”. En algunas redacciones le animan a que escriba sobre “la industria. Tú has trabajado en el boletín de una fábrica”. Reproduce algunos informes oficiales sobre cómo, hasta qué punto, el régimen soviético controlaba la literatura y a los escritores. Vetado en Leningrado, se traslada a Tallin para trabajar de periodista en el periódico “Juventud Estonia” (experiencia que se convirtió en el argumento de El compromiso). Allí le pasa absolutamente lo mismo: tras tres años, regresó a Leningrado. “Me iba con una hermosa aureola de perseguido político”.
La segunda parte transcurre en Nueva York, destino de su exilio en 1978. Con su habitual ironía, comenta cómo fueron sus inicios: “Mi vida en América comenzó en el mayor de los sosiegos. Como corresponde a un literato ruso, pasé unos seis meses tumbado en el sofá”. Dovlátov se codea con personas que proceden del exilio artístico: “somos gente con inclinaciones creativas” que salieron de la URSS “buscando libertad de creación”. Pero en Estados Unidos tampoco lo tienen fácil. Gracias a un patrocinador judío, ponen en marcha un periódico para emigrados rusos, El Nuevo Americano, en el que, a diferencia de los discursos habituales de este tipo de publicaciones para exiliados, se permitían las bromas, la ironía y la risa. El futuro, sin embargo, no parece muy claro pues a pesar del prestigio, las ventas y la publicidad, no consiguen despegar. A la vez, Dovlátov ve cómo sus relatos, avalados por Joseph Brodsky, con el que había coincidido en Leningrado, se publican en las mejores revistas norteamericanas.
            Oficio, con sus peculiaridades, puede servir también como las memorias literarias de Dovlátov en la URSS y en Estados Unidos. Su estilo elegante, ligero, rápido y satírico aleja sus historias y sus personajes, a menudo disparatadas y extravagantes, de la grandilocuencia de la tragedia rusa.


Oficio
Serguéi Dovlátov
Fulgencio Pimentel. Logroño (2017)
320 págs. 21,85 €.
T.o.: Remeslo: Povest’v dvukh chastyakh.
Traducción: Tania Mikhelson y Alfonso Martínez Galilea.

“Amar mal mata”, de Eduardo Gris Romero


Con esta novela, Amar mal mata. Eduardo Gris Romero (pseudónimo literario de Eduardo Pérez Díaz) ha conseguido el premio “A sangre fría” de Novela Negra 2017 que concede Ediciones Ápeiron. Eduardo Gris/Pérez es Doctor en Literatura Comparada y todo un experto en poesía amatoria, sobre la que ha publicado numerosas traducciones y comentarios (que puedes leer en su blog eduardogris.com) y sobre la que redactó su tesis doctoral: Las raíces de la lírica amorosa: Estudio comparado de sus primeras manifestaciones (Súmer, Egipto, China, Grecia, Israel e India). Esta pasión por la literatura clásica relacionada con el amor está también detrás de su original novela policiaca.
            Conviene advertirlo: no estamos ante la típica novela policiaca, con una clara presentación de la intriga, el desarrollo de las pesquisas y el diáfano desenlace, a ser posible con un culpable. Eduardo Gris ha concebido un original puzzle del que forman parte diferentes personajes y materiales. Aunque en ocasiones parezca que el argumento se aleja y que algunos pasajes secundarios toman un protagonismo desmedido, todo en esta novela está calculado y, además, todo está al servicio de un hilo conductor.
            La novela es, sobre todo, la investigación que realiza el periodista Pierre Simón sobre el policía Alejandro lobo, que ha aparecido muerto en extrañas circunstancias, aunque todo apunta hacia un suicidio. A través de la reproducción de notas, descripciones, transcripciones, descripción de fotografías, entrevistas, etc., nos vamos acercando más al personaje que es motivo de investigación. También ayudan los capítulos en los que Simon habla con uno de los mejores amigos de Alejandro, el cuto y cínico Alberto Puentegrueso, vecino suyo en una pequeña localidad donde vive.
            Pero el argumento no avanza de manera lineal. Vamos conociendo más cosas de Alejandro a trompicones. Descubrimos su vida íntima. Su enamoramiento de Eva. Algunos de los casos en los que se vio implicado (robos de piezas arqueológicas y el asesino de los neonatos, casi una novela corta dentro de esta singular novela policiaca). Todo ello nos acerca a un personaje que se nos escapa por su dimensión intelectual y literaria. Eduardo Gris introduce en la trama el tema amoroso, con la reproducción de algunos famosos poemas que esconden o transmiten parte de la compleja interioridad de Alejandro.
            Novela erudita, muy bien escrita, con ingeniosos y trabajados pasajes sociológicos (como la reproducción de la comunicación en un chat) que ensancha los límites de la novela policiaca tradicional. Asistimos, pues, a la muerte de un policía distinto y a la investigación que el periodista Simón realiza sobre las posibles y sorprendentes causas de esa muerte.


Amar mal mata
Eduardo Gris Romero
Ápeiron Ediciones. Madrid (2017)
134 págs.

"Roderas", de Almudena Molina Madrid


El primer poemario de Almudena Molina, estudiante de Filosofía y Filología en la Universidad de Navarra, sintetiza bastante bien sus inquietudes intelectuales y personales: hay en sus poemas un apasionado y profundo amor a las palabras y un trabajo por trascender la realidad y entender mejor el sentido del mundo. Además, este poemario refleja también la madurez de una escritora tras años de escribir y escribir. Se nota una intención estética, un sentido, una unidad. Como escribe Mariaje Ruiz en la contracubierta del libro, los versos de Almudena Molina “revelan un profundo mundo interior y una intensidad que sin duda nace de lo más hondo”.
            No estamos ante una poeta joven que se haya dejado llevar por algunos tics que vemos en cierta poesía actual: no hay un radical y social y prefabricado enfrentamiento con el mundo, no hay emotividad a raudales ni hay tampoco una preferencia por ese estilo declamativo que recurre a previsibles efectos sintácticos y gramaticales con una finalidad meramente atmosférica. Almudena Molina (Madrid, 1996) confiesa sin dudarlo sus preferencias poéticas, que van del clasicismo espiritualista de San Juan de la Cruz a la poesía  existencial y terrestre de Blas de Otero pasando por la poesía de lo cotidiano y la normalidad de José Hierro.
             Se nota, pues, en Almudena Molina una inquietud por aferrarse cariñosamente a la realidad en la que vive, comprender bien sus múltiples sentidos y estrujar al máximo esa realidad para encontrar un algo más, un sentido oculto que es el que da sentido a todas las cosas. Lo hace desde la individualidad poética, buceando en su interioridad para encontrar expresiones ajustadas a esas inquietudes. Lo vemos de manera muy directa en sus primeros poemas, donde una y otra vez muestra su deseo para que las palabras sean vivas y no muertas, sentidas y no tópicas, esenciales y no decorativas. En estos primeros poemas, hay intensidad, concentración, esencialidad, reforzada con ingeniosas imágenes: “espejo de silencio”, “pólvora en los pulmones”, aunque a veces estas imágenes se fuercen en exceso, como en “beber veneno del cielo, / y centellear tu sangre”.
            La mirada al mundo exterior actual es cariñosa y, a la vez, crítica, como en su poema “Vuelve Narciso”. Y, partiendo de ahí, se da el salto hacia el sentido último y amoroso: “Ya estás otra vez, Señor, / probando mi corazón”. Como en San Juan de la Cruz, hay una emoción contenida para que el yo sea transformado, reconociendo los límites personales: “Mi corazón / es de papel de periódico / mojado”.
            El título del libro, tomado de uno de sus poemas, es una acertada imagen, algo irónica, para explicar este camino, ya transitado pero contemporáneo: las imágenes que las ruedas del coche van dejando en la carretera del paso del tiempo; como dice Molina, “lo nuestro es un amor viejo,/ amor remolcado, de carretera”. Y sacando partido a la imagen, concluye con una declaración de intenciones más que existencial: “soy amante de neumáticos desgastados / y de roderas sobre asfalto. / Dentro de poco nos veremos; / ya sabes que soy cliente / en tus gasolineras / más concurridas”.


Roderas
Almudena Molina Madrid
Seleer. Madrid (2017)
72 págs. 11 €.
www.editorialseleer.com

domingo, 8 de octubre de 2017

John Reed, “Diez días que sacudieron el mundo”


En las primeras décadas del siglo XX, John Reed (1887-1920) se convirtió en  un periodista de prestigio internacional. Su intensa actividad periodística corrió pareja a su activismo político. Hijo de una familia burguesa, estudió en Harvard y al acabar sus estudios se dedicó al periodismo. Primero fue corresponsal en México, en momentos de mucha tensión revolucionaria. Como uno más, conviviendo con sus soldados, acompañó a Pancho Villa por el norte del país. Reunió sus crónicas en un libro, México insurgente, en el que el autor, como hará a partir de ahora, se implica en la narración de los hechos, siempre desde una perspectiva de izquierdas. Lo hizo también en los reportajes que escribió sobre las huelgas de los mineros de Colorado en 1911. Después, fue enviado a Europa para cubrir la información sobre el desarrollo de la Primera Guerra Mundial, artículos que aparecieron en La guerra en el este de Europa. Es en esos años cuando conoce Rusia y descubre la efervescencia revolucionaria que se está incumbando en un país abatido por los problemas internos y por las consecuencias que estaba teniendo su participación en la Gran Guerra.
            Con su mujer Louise Bryant, se trasladó a Petrogrado en 1917 para informar en directo sobre la marcha de los acontecimientos y escribir Diez días que sacudieron el mundo[1]. Reed conoció a Lenin (es el autor de la introducción del libro que publicaría en 1919), se entrevistó con políticos de todos los colores y describió el creciente ambiente revolucionario que se estaba apoderando de todos los espacios. Eso sí, cuando llegó a Petrogrado ya eran conocidas sus simpatías políticas hacia el Partido Bolchevique, fascinado por la radicalidad del mensaje revolucionario de sus líderes, de manera especial por Lenin. Como cuenta la periodista Helen Rappaport en Atrapados en la Revolución rusa, libro del que también hablaremos sobre cómo vivieron los extranjeros de Petrogrado aquellos convulsos días, algunos colegas consideban a John Reed “un juguete en manos de la máquina propagandística bolchevique”.
            Para Lenin, el testimonio que describe Reed “ofrece una verídica y muy vívida exposición de los hechos que son tan importantes para comprender debidamente lo que es la revolución proletaria y la dictadura del proletariado”, palabras que demuestran que lo que cuenta Reed están muy en sintonía con el mensaje propagandístico del Partido Bolchevique. Para Reed, su libro “no pretende ser más que el relato detallado de la Revolución de Noviembre, cuando los bolcheviques, al frente de los trabajadores y soldados, tomaron el poder estatal ruso y lo pusieron en manos de los sóviets”.
            Llama la atención de su estilo la pasión y la inmediatez a la hora de narrar los hechos y que lo que cuenta lo vivió en primera persona, lo que da a sus narraciones una sobredosis de autenticidad. Y en fecha tan temprana también sorprende que Reed tuviera la clara conciencia de la trascendencia de estos hechos: “Al margen de lo que se piense sobre el bolchevismo, es innegable que la Revolución rusa es uno de los grandes acontecimientos de la historia humana, y el surgimiento de los los bolcheviques, un fenómeno de importancia mundial  “.
            Su libro comienza situando la Revolución como la histórica respuesta del pueblo a una negativa cadena de acontecimientos. Explica los antecedentes y detalla los errores que se tomaron y que agravaron la situación económica, social y política. Luego, abrumado y extasiado por lo que ve, escribe unas crónicas vivas, documentadas y exaltadas (“A su alrededor y en todas partes, la gran Rusia estaba de parto, alumbrando un mundo nuevo”) en las que de manera cronológica describe los avances revolucionarios. Entrevista, como hemos dicho, a muchos de sus protagonistas, como a Lev Kamenev, uno de los líderes revolucionarios, “un hombre de barba pelirroja y puntiaguda y gustos afrancesados”, con quien Reed habló en los pasillos del Instituto Smoly. Consigue transmitir dinamismo al formar él mismo parte activa de los hechos: “Cuando llegamos –escribe en el capítulo “La caída del Gobierno provisional”-, la enorme fachada del Smolny resplandecía y una oleada de formas borrosas emergía en la penumbra desde todas las calles”. Reed reproduce artículos de prensa, documentos oficiales, declaraciones, discursos, comunicados, proclamas, con las que va confirmando el rápido y diario avance de los hechos. Y todo con un ritmo rápido, pues la Revolución se hace a toda velocidad: “Entramos en la gran sala de reuniones, abriéndonos paso entre el gentío vociferante agolpado en la puerta. En las filas de asientos, bajo las lámparas blancas, inmóviles y apretujados en los pasillos y a los lados, encaramados en cualquier alféizar y hasta en el borde del estrado, los representantes de los obreros y soldados de toda Rusia esperaban con angustiado silencio o enorme expectación el toque de campanilla del presidente. En la sala no había más calefacción que el calor sofocante de los cuerpos desaseados”.
Su relato tiene, en ocasiones, un tono propagandístico, como cuando escribe: “El torbellino de la insurrección se extendía por toda Rusia con una rapidez que superaba cualquier capacidad humana (…). La inmensa Rusia se estaba desintegrando. El proceso había empezado en 1905. La Revolución de Marzo simplemente lo había acelerado y había engendrado una especie de anticipo del nuevo orden, pero había acabado perpetuando la estructura hueca del antiguo régimen. Sin embargo, los bolcheviques habían desbaratado esa estructura en una sola noche, como si fuera humo. La vieja Rusia ya no existía. La sociedad humana se había fundido en un fuego primigenio, y del agitado mar de llamas emergía la lucha de clases, rigurosa e implacable, y la frágil corteza de los nuevos planetas, que iba enfriándose poco a poco”.
Junto con el relato de la constitución del Estado revolucionario aparecen también algunos síntomas de debilidad, propiciados por la contrarrevolución, los kadetes y los mencheviques, que anticipan lo que será el posterior enfrentamiento armado. También Reed acompaña a los revolucionarios a Moscú, donde “íbamos a conocer los verdaderos sentimientos del pueblo ruso hacia la revolución. La vida allí era más intensa”. Y sigue introduciendo en el relato valoraciones personales que alaban los fines de los revolución: “De pronto, comprendí que el devoto pueblo ruso ya no necesitaba curas para llegar al cielo, porque estaba construyendo en la tierra un reino más esplendoroso que cualquier cielo, un reino por el cual era glorioso morir”.
Reed permaneció en Petrogrado hasta que la Revolución se estabilizó. A su regreso a Estados Unidos, publicó su famoso libro y fundó el Partido Comunista. Sin embargo, acusado de espionaje, se vio forzado a abandonar su país y regresar a Rusia, donde murió de manera inesperada en 1920 cuando estaba escribiendo un nuevo libro: De Kornilov a Brest-Livosk.
Basándose en Diez días que sacudieron el mundo, Warren Beatty dirigió la película Rojos, de 1981, interpretada por el propio Beatty y Diane Keaton en el papel de la también periodista Lousie Bryant, mujer de Reed. También de 1981 es la película Campanas rojas, en la que se cuenta su vida en dos partes: la primera, México en llamas, sobre su estancia en la revolución mexicana, fue dirigida por el mexicano Paul Leduc; la segunda, Rusia 1917, centrada en la vida de Reed en Rusia, la dirigió Sergei Bondarchuk.




[1] John Reed. Diez días que sacudieron el mundo. Nórdica. Madrid (2017). 440 págs. T.o.: Ten days that shook the world. Traducción: Iñigo Jáuregui. Ilustrado por Fernando Vicente.

sábado, 30 de septiembre de 2017

"Historia de la Pequeña Rusia (Puente de Vallecas, 1936-1939)", de Francisco Fernández-García


Historiador y Máster en Gestión de Patrimonio Histórico y Cultural, Francisco Fernández-García (1969) es también autor del libro La Guerra Civil en el valle del Porma. Sobre la Guerra Civil va también su nuevo libro, Historia de la Pequeña Rusia, en el que describe cómo se desarrolló la Guerra Civil en el Puente de Vallecas (Madrid).
            Lo primero que hay que resaltar de este libro es su minuciosa documentación. Todo lo que se dice está suficientemente contrastado en documentos, archivos, informes, estudios, referencias a periódicos, etc. Fernández-García realiza un trabajo muy útil para conocer tanto la vida cotidiana en los años de la Guerra Civil en un barrio tan populoso como Vallecas (aunque en esos años era independiente de la capital) como la actuación de los diferentes grupos políticos de izquierda.
            Los primeros capítulos explican con mucho detalle las circunstancias económicas, sociales y geográficas del barrio de Vallecas, al que había ido a parar a comienzos de siglo mucha inmigración procedente de Andalucía y de Castilla-La Mancha que se habían asentado en Vallecas en unas condiciones miserables. Este fue en gran parte el caldo de cultivo de una gran presencia de movimientos políticos de izquierda y anarquistas en el barrio, que ya se hicieron notar en las elecciones del año 31. También, en la participación de estos colectivos en la Revolución de Octubre, intentona fallida en 1934 que tuvo su repercusión en Asturias, donde consiguió el poder durante un par de semanas, en el País Vasco, en Cataluña y de manera muy limitada en algunas zonas de Madrid,  una de ellas Vallecas.
            El autor explica también la importancia de la posición estratégica de Vallecas en el comienzo de la Guerra y en el desarrollo de los primeros meses, pues la Avenida de la Albufera era la vía de comunicación más fluida de la República, sobre todo en su conexión con Valencia, a donde se trasladó el Gobierno republicano. Estudia después el autor el inicio de la Guerra, que cogió a muchos vallecanos asistiendo a las numerosas proyecciones cinematográficas que se celebraban en los cines de verano del barrio.
            Al igual que sucedió en otros muchos sitios, los primeros meses fueron de caos y descontrol. Los diferentes grupos de izquierda se hicieron con el control militar e  impartieron “justicia” en las checas que se crearon a imitación de las de la capital y de otros muchos lugares. A partir de diciembre, el Gobierno se hizo con el control militar y también el jurídico, y desapareció la justicia arbitraria que se realizó en locales que el autor detalla muy bien en su libro. Dentro de la represión que se dio en Vallecas destaca el autor el fusilamiento de más de doscientos presos que procedían de un tren de Jaén. Y también sobresale por su sentido ético la figura de su alcalde, Amós Acero, que hizo todo lo posible, en primer lugar, para mejorar el nivel educativo de los habitantes del barrio, y, también, para controlar a los grupos más radicales durante los peores momentos de la Guerra, salvando con su actuación a muchas posibles víctimas.
            Cada vez son más precisos los estudios parciales que se están haciendo de la Guerra Civil, donde se reproducen en pequeños lugares los mismos mecanismos que se dieron en las grandes ciudades. El libro de Fernández-García es un buen ejemplo de esta micro-historia, donde se ponen nombres a las tragedias y donde se hacen más humanos y cercanos los grandes datos y las grandes estadísticas.



Historia de la Pequeña Rusia (Puente de Vallecas, 1936-1939)
Francisco Fernández-García
Entrelíneas. Madrid (2017)
204 págs. 21 €.

miércoles, 19 de julio de 2017

“Dentro del secreto. Un viaje por Corea del Norte”, de José Luís Peixoto


Con cuentagotas, se han publicado en los últimos años algunos testimonios sobre la vida en Corea del Norte. En unos casos, se trata de testimonios personales de norcoreanos que han conseguido escapar de su país, como es el caso de La chica de los siete nombres, de Hyeonseo Lee, que cuenta su exilio a China y luego a Corea del Sur, y Evasión del campo 14, de Blaine Harden, que recoge el testimonio de Shin Dong-hyuk, un preso nacido en un campo de concentración y que consiguió evadirse el 2 de enero de 2005. También hay testimonios literarios, como el libro La  acusación, de Bandi, un escritor de nombre desconocido que consiguió sacar del país en 2013 estos relatos que describen  la vida en Corea en la década de los 90, antes y después de la muerte del Gran Líder Kim Il-sung en 1994.
A estos libros hay que sumar los reportajes periodísticos y documentales que se han difundido sobre la vida en Corea del Norte. Uno de ellos es este, Dentro del secreto, del escritor portugués José Luís Peixoto (Galveias, 1974), que consiguió viajar a Corea del Norte en 2012, en un viaje organizado desde Pekín para turistas occidentales con motivo de la celebración del primer centenario del nacimiento del Gran Líder Kim Il-sung, efeméride que se vivió todavía bajo la conmoción en el país por la muerte del hijo del Líder Eterno, Kim Jong-il, que fue sucedido por su hijo Kim Jung-un, el Gran Sucesor. El viaje estaba concebido como un signo aperturista del país y recorrería monumentos, lugares y ciudades que apenas habían sido visitadas por extranjeros desde hace muchas décadas.
Peixoto, Licenciado en Lenguas Modernas por la Universidade Nova de Lisboa, es un escritor de reconocido prestigio en su país y en el extranjero, autor de un puñado de novelas que han cosechado importantes premios y que han recibido buena atención por parte de la crítica. Suele escribir sobre Portugal, sobre el mundo rural (por ejemplo, su novela Galveias) y sobre algunos sucesos familiares (como su libro Te me moriste, recientemente reeditado por Minúscula, donde evoca a su padre fallecido). Como él dice en Dentro del secreto, está interesado por las sociedades cerradas y los sistemas políticos totalitarios. Antes de Corea del Norte, dedicó especial atención a la vida en Bielorrusia, país que también vive sumergido en una dictadura radicalmente totalitaria. Luego, se dedicó a leer libros de Corea del Norte hasta que surgió la oportunidad de realizar este viaje.
Su libro es una crónica muy personal donde su punto de vista de escritor y sus opiniones subjetivas comparten protagonismo con el relato de la experiencia de turista occidental de visita en el país más hermético del mundo. Nada más entrar en Corea les requisan el móvil –que les devolverán cuando abandone el país- y el grupo en el que viaja es atendido por dos guías, el señor Kim y la señora Kim, que les acompañarán en todo momento y son los encargados de controlar sus movimientos.


Peixoto, como escribe, vive una experiencia surrealista y deprimente. Acompañado por El Quijote, su única lectura durante esos días, asiste al espectáculo de un país absolutamente militarizado que vive sumergido en un ridículo culto a la personalidad que invade todos los lugares, acontecimientos, monumentos y explicaciones del país. Todo gira en torno a lo que el autor define como “nacionalismo xenófobo” disfrazado de estalinismo de cartón piedra y de un comunismo rancio. Aparentemente, Peixoto y su grupo son testigos de la vida cotidiana en Corea del Norte y de sus logros en el campo de la ciencia y la política; pero todo, absolutamente todo lo que contemplan, es falso, pues se trata de escenificaciones programadas y preparadas especialmente para los turistas. Para Peixoto, el curso a la personalidad excede lo que uno se pueda imaginar. Por ejemplo, en una escuela visitan las aulas donde se imparten las asignaturas de “Historia de las Actividades Revolucionarias de Kim Il-song” e “Historia de las Actividades Revolucionarias de Kim Jung-il”.
El libro resulta muy ameno por la intromisión de las cuitas del autor en la narración: echa de menos a sus hijos, cuestiona el guión oficial, tiene problemas de salud, intenta tener contacto directo con algunos coreanos… Esta mezcla beneficia al contenido del libro, que adquiere así también un interés literario, pues la visita que realiza no admite improvisaciones ni cambio de planes: todo está absolutamente previsto.


Dentro del secreto. Un viaje por Corea del Norte
José Luís Peixoto
Xordica. Zaragoza (2016)
248 págs. 18,95 €.
T.o.: Dentro do Segredo. Una viagem na Coreia do Norte.
Traducción: Pedro L. Cuadrado y Luis Leal.

“El triunfo”, de Francisco Casavella


Fallecido inesperadamente en 2008, Francisco Casavella (1963-2008) dejó una breve pero intensa y reconocible trayectoria literaria que sigue en pie con el paso de los años, como demuestra la constante reedición de sus obras, de las que destaco la trilogía El día del Watusi (2002 y 2003) y las novelas El triunfo (1990) –con la que consiguió el Premio Tigre Juan-, Un enano español se suicida en Las Vegas (1997) y El secreto de las fiestas (1997), que se publicó primero como novela juvenil.
Casavella ambienta sus novelas en algunos barrios populares y cutres de Barcelona, con tendencia a los escenarios sórdidos. En este ambiente de extremados fracasos, sus personajes luchan por salir adelante en un contexto brutal y cordial. El autor pasa revista a la Barcelona de los años setenta y ochenta, con sus mitos y claudicaciones, más todavía si se trata de un barrio que convive de manera asidua con la delincuencia.
El triunfo contiene la larga confesión que hace Palito de la tragedia que vive en su barrio. Palito es un aficionado a las rumbas y se mueve solamente en su barrio (el Paralelo y el Raval). Describe la amistad que tiene con el Topo y el Tostao, con los que suele cantar en fiestas y celebraciones. A la vez, es testigo directo de los tejemanejes que se dan en el barrio entre bandas rivales. Él y sus amigos hacen chapuzas para el Gandhi, el jefe de una de ellas. Y asiste en directo al enfrentamiento entre el Gandhi (excelente personaje, que recibe un trato literario especial) y el hijo de la Chata, el Nen, al que se le ha subido el prestigio a la cabeza y que va de víctima por el trato que el Gandhi a dado a su padre, el Guacho, antigua estrella de la canción. A la vez, también aparecen los enfrentamientos violentos con los moros y los africanos, grupos que han comenzado a tener mucha presencia en el barrio y que están provocando una lucha de poder.
Son los años setenta y ochenta. Casavella se mueve como pez en el agua en este territorio, el habitual de sus otras novelas. Retrata desde cerca el mundo del hampa, de la marginación. Un mundo de gitanos, rumberos… que compiten con los moros y los africanos. Todo está contado desde dentro y con el lenguaje propio del lumpen en el que transcurre la acción. Casavella tiene un oído especial para recrear este lenguaje con verosimilitud; lo hace auténtico, nada recargado ni impostado. Pienso que este manejo del lenguaje es uno de sus mejores valores literarios.
Casavella sobresale por la soltura de su estilo, por la conexión con la cultura popular, por el realismo de bastantes escenas, por el tratamiento de los personajes y por esa ternura crítica, lumpen y humorística con la que describe estas tristes vidas y su contexto social, gris y miserable.


El triunfo
Francisco Casavella
Anagrama. Barcelona (2017)
166 págs. 16,90 €.

“Todo fluye”, de Vasili Grossman


Galaxia Gutenberg publica una nueva edición de uno de los libros capitales del escritor soviético Vasili Grossman (1905-1964), autor de Vida y destino, una de las obras fundamentales de la literatura europea del siglo XX. Formado en el periodismo, Grossman fue un escritor muy popular en la URSS hasta que empezó a tener problemas con las autoridades soviéticas. Terminó de escribir Vida y destino en 1960, pero sus intentos por publicarla fueron totalmente infructuosos. Esta novela trajo muchos problemas a Grossman, pues fue señalado por las autoridades, represaliado y perseguido.
Cuando tuvo la seguridad de que su obra no iba a ser publicada nunca en la URSS, con la ayuda de unos amigos hizo lo posible para enviarla al extranjero (donde se publicó años después, en la década de los ochenta). Pero esta seguridad de que ya era un escritor marginado, le dio la necesaria libertad para afrontar la redacción de esta novela, Todo fluye, donde aparecen sin ninguna censura todas sus opiniones políticas sobre el totalitarismo comunista. Tampoco esta novela pudo publicarse en la URSS hasta finales de la década de los ochenta.
            La novela tiene similitudes con Vida y destino. Su protagonista es también un eminente científico que fue represaliado en los años treinta, en la época de las grandes purgas. ¿Su delito?: defender la libertad en una intervención en la universidad. “declaró que la libertad era un bien igual a la vida misma, que la restricción de la libertad mutilaba a los hombres igual que los golpes de hacha, que cortan dedos y orejas, y que la destrucción de la libertad equivalía al asesinato”. Después de aquel discurso, Iván fue expulsado de la universidad y deportado por tres años a la región de Semilpalatinsk, aunque sucesivas condenas le obligaron a permanecer treinta años en Siberia en diferentes campos de concentración. Como recordaba años después, “había recorrido todos los círculos del infierno de las prisiones y todos los campos, y no había muerto porque el fuego de la fe, que desde la adolescencia ardía en sus entrañas, lo había protegido de los cuarenta grados bajo cero, del intenso frío nocturno y del viento despiadado, de la distrofia y del escorbuto”.
Años después de la muerte de Stalin en 1953, consigue la libertad y regresa a Moscú. Así comienza la novela, con el viaje a Moscú en tren tras recuperar la libertad. La primera parte de la novela describe el complejo proceso de adaptación del protagonista a esa vida, el reencuentro con amigos y compañeros en Moscú y en Leningrado, la visita a los lugares más importantes de su vida… El peso de la memoria resulta lacerante, y más todavía la constatación de la dificultad de ubicarse en ese nuevo mundo, donde todo le recuerda su perdida vida anterior. Los años pasados en los campos de concentración le han dado otra visión del mundo y de las necesidades vitales marcada por la desconfianza y el escepticismo. Iván vive como puede en esta nueva realidad sabiendo que su vida es ya un fracaso y que, como otros tantos miles de víctimas, deberá soportar una existencia marginal, pues le seguirán rechazando en todos sitios y trabajos ya que su presencia es un mazazo para la conciencia de los demás y levanta en ellos sospechosos recuerdos. Como se lamenta en una ocasión, “es cierto, es espantoso vivir en libertad”.
            Pero en la segunda parte Grossman cambia casi completamente de registro. Desaparecen los elementos novelescos, la evolución del argumento pasa a un plano secundario y el libro se convierte en un ensayo, siempre con la vida de Iván como telón de fondo. La voz del narrador se hace ahora más analítica y directa, y Grossman se dedica a reflexionar y mostrar los males del comunismo, la extensión del terror como sistema político, la denuncia de la ausencia de las libertades más necesarias y la evolución histórica del comunismo hasta la obscena unión entre los intereses del Partido y del Estado. Grossman critica a Lenin, a Stalin y a otros grandes líderes soviéticos. Denuncia abiertamente la generalización de la represión y la extensión de los gulag. Y la falta de libertad, aspecto que Grossman subraya en muchos momentos en esta obra: “Antes creía –dice en una ocasión- que la libertad era libertad de palabra, de prensa, de conciencia. Pero la libertad se extiende a la vida de todos los hombres. La libertad es el derecho a sembrar lo que uno quiera, a confeccionar zapatos y abrigos, a hacer pan con el grano que uno ha sembrado, y a venderlo o no venderlo, lo que uno quiera. Y tanto si uno es cerrajero como fundidor de acero o artista, la libertad es el derecho a vivir como uno prefiera y no como le ordenen”.
Estamos ante una acusación al sistema comunista sin paliativos. Y aunque es cierto que la obra en estas páginas finales pierde fuelle e interés novelesco, no deja de sobrecoger a los lectores el implacable tono de denuncia.


Todo fluye
Vasili Grossman
Galaxia Gutenberg. Barcelona (2017)
280 págs. 20 €
T.o.: Vsio techiot.
Traducción: Marta Rebón.

viernes, 7 de julio de 2017

“La sustancia del mal”, de Luca D'Andrea


Con esta su primera novela para adultos (antes había publicado libros juveniles), Luca D'Andrea (Italia, 1979) está cosechando un espectacular éxito internacional. En poco tiempo, ya se ha traducido a 35 idiomas y ya se ha hecho incluso una serie televisiva.
            La novela está concebida como un thriller y como una investigación pseudopoliciaca. Su protagonista es el norteamericano Jeremiah Salinger, famoso guionista de documentales, casado con Annelise, una joven de origen italiano con la que tiene una hija, Clara. El matrimonio tiene un papel muy importante en el desarrollo de la novela.
            Tras la buena aceptación de algunos de sus documentales, la familia decide pasar un año sabático en Italia. Se trasladan al pueblo de donde es su mujer, Siebenhoch, en el Alto Adigio, en el Tirol del Sur, una zona de los Alpes italianos fronteriza con Austria donde la mayoría de la gente habla alemán. Allí vive Werner, el padre de Annelise. Ahora es un lugar muy turístico, con hoteles y museos para los visitantes, pero hace décadas era un lugar muy pobre y aislado, lo que determinaba el carácter y las posibilidades laborales de sus habitantes. Aunque Salinger está de vacaciones, no puede olvidar su trabajo como guionista y entusiasmado por el trabajo que realiza el Socorro Alpino de los Dolomitas, decide hacer sobre ellos un documental. Sin embargo, en una de las acciones de este grupo, cuando iban a rescatar a una turista en una zona peligrosa  se produce un accidente en el que fallecen unos cuantos miembros del Socorro Alpino y en el que Salinger, testigo directo de los hechos, consigue salvarse.
            La experiencia de la imprevisible fuerza de la naturaleza en esas montañas le deja marcado. Sufre una profunda crisis de la que sale adelante gracias a su mujer, su hija Clara y su suegro Werner. Pero en pleno proceso de recuperación, conoce otro trágico suceso de esa localidad, de 1985, que acabó en una masacre en la que estuvieron implicados su suegro y otros vecinos de esa pequeña localidad.
            Salinger empieza a conocer los pormenores de aquellos sucesos sobre los que nadie quiere hablar y que se convierten en el nudo de esta novela. Sin embargo, poco a poco, descubre detalles que le abren algunas puertas que cambian la interpretación oficial. Sabe que nadie le quiere contar la verdad e intuye que se está metiendo en un avispero que salpica negativamente a su matrimonio y a la relación con sus vecinos. Conocer qué es lo que pasó en aquel trágico suceso, que acabó con la apocalíptica muerte de unos jóvenes, se convierte en una peligrosa obsesión.
            D’Andrea ha acertado con el personaje de Salinger, un original protagonista, muy alejado de los habituales protagonistas de los thriller psicológicos y terroríficos. Salinger implica a su familia en la investigación que realiza, poniendo en  peligro el futuro del matrimonio, condicionado a la resolución del caso, no sin fuertes crisis ni agudos problemas. La novela avanza a golpe de pequeñas revelaciones que amplían y a la vez enmarañan las posibilidades de encontrar al auténtico culpable de aquella masacre. En el desarrollo de los hechos, que acontecen en la zona montañosa de Bletterbach, hoy convertida en un parque temático para turistas, tiene mucha importancia la naturaleza y las leyendas antiguas que todavía persisten en las creencias de sus habitantes.
            Escrita en primera persona por el propio Salinger, la técnica elegida (el autor reconoce la influencia de Stephen King) y el estilo son muy cercanos a los lectores, que acompañan al protagonista en sus numerosas dudas, avances y obsesiones. Todo se complica con naturalidad, aunque el autor amplifique de manera artificial la intriga y exagere algunos ingredientes novelescos.


La sustancia del mal
Luca D'Andrea
Alfaguara. Barcelona (2017)
472 págs. 20,90 €.
 T.o.: La sostanza del male.
Traducción: Xavier González Rovira.