domingo, 30 de abril de 2017

“La guardia”, de Joydeep Roy-Bhattacharya


Joydeep Roy-Bhattacharya (India, 1971) suele escribir sobre asuntos bélicos del siglo XXI con el telón de fondo de los clásicos griegos (en sus anteriores novelas se ha inspirado en Sófocles y Esquilo). En su nueva novela se inspira en la tragedia Antígona, de Sófocles, para reflexionar sobre el sinsentido de la guerra y las cicatrices existenciales que provoca.
            La guardia, publicada en 2012, está ambientada en la guerra de Afganistán. Un grupo de soldados norteamericanos se encuentra desplazado en un cuartel próximo a las montañas donde se esconden los talibanes. Ya han tenido varios enfrentamientos, que se han saldado con muertos en los dos bandos.
            El detonante de la novela es la llegada de una joven pastuna, Nizam, a ese destacamento para reclamar a las autoridades norteamericanas el cadáver de su hermano Yusuf para enterrarle “según los principios de mi fe”. Desde bastante lejos, Nizam ha llegado hasta allí en un pequeño carro con el que consigue desplazarse, pues perdió las piernas por una bomba lanzada por los norteamericanos cuando regresaba de una boda. En el atentado perdieron la vida la mayoría de sus familiares. Su hermano es un reconocido héroe pastún, un muyehidin que lucha contra los americanos para vengar a su familia. Los americanos, sin embargo, no quieren entregarle a Nizam el cuerpo porque lo van a trasladar a la capital para que las autoridades lo puedan “mostrar” como una victoria militar.
            Ante la negativa y para seguir reclamando su derecho (como la heroína de Antígona), Nizam decide quedarse delante del cuartel, en un lugar inhóspito y árido, con un calor asfixiante durante el día y una penetrante y fría niebla por la noche. El paisaje es decepcionante, con las montañas como telón de fondo.
            La larga espera de Nizam no deja indiferente a nadie. Tal es así, que la vida entre los soldados y los mandos norteamericanos sufre un colapso, pues tienen constantemente delante de ellos a una víctima de “su” guerra, con una dramática historia personal a sus espaldas que puede interpretarse como una parábola del sinsentido de la presencia americana en aquellas tierras.
            A partir de ese momento, cada capítulo de la novela pasa a algunos de los personajes que intervienen en este asunto: un médico, el capitán, un sargento, el intérprete tayiko… Todos aportan diferentes perspectivas sobre el desarrollo de la guerra y la influencia en sus vidas y en el resto de sus compañeros de las duras experiencias que están viviendo. Lo que se cuenta tiene que ver con el presente –la lacerante presencia de Nizam frente al acuartelamiento- y el pasado, pues se relatan algunos episodios de sus vidas en Estados Unidos y justo antes de la llegada de Nizam, cuando tuvo lugar el enfrentamiento armado con los talibanes.
            El eco de la tragedia clásica añade profundidad y originalidad a lo que se está contando, aunque muchos momentos narrativos son los habituales de una guerra contada desde la perspectiva de quien no encuentra explicación. Los personajes se desahogan, muestran en carne viva sus pensamientos, sufren situaciones traumáticas, se sienten incomprendidos, recuerdan, pasan el tiempo escuchando música y leyendo, amenazados constantemente por un posible e inesperado ataque talibán. Sin embargo, la silenciosa y contundente presencia de Nizam trastoca totalmente  su escala de valores hasta plantearse existencialmente el sentido de su misión militar, a la vez que se multiplican sus dudas sobre la finalidad de una guerra donde todos son víctimas.


La guardia
Joydeep Roy-Bhattacharya
Sexto Piso. Madrid (2017)
312 págs. 23,90 €
T.o.: The Watch.
Traducción: Magdalena Palmer.

jueves, 20 de abril de 2017

“La librería”, de Penélope Fitzgerald


La librería es la novela más conocida y difundida de Penélope Fitzgerald (1916-2000), escritora que estudió en Oxford y que trabajó en la BBC, de la que ya se han publicado en nuestro país unas cuantas obras, la mayoría en la editorial Impedimenta. Fue una autora tardía (su primera novela la publicó a los 58 años), pero llegó a ser durante los años 80 una de las figuras más destacadas de la novela inglesa, con un estilo que la convierte, según algunos críticos, en la mejor heredera de Jane Austen. La directora Isabel Coixet estrenará próximamente la película “The Bookshop”, una adaptación de la novela de Fitzgerald.


La librería está ambientada en una pequeña localidad costera de Suffolk, Hardborough, a finales de la década de los 50 del pasado siglo. Fitzgerald tiene el acierto de describir minuciosamente el modo de vida de un pequeño mundo cerrado, que ve con suspicacia cualquier tipo de cambio y de novedad. Este es el principal tema de la obra. La autora disecciona este enrarecido ambiente y muestra, sin insistir, las estrategias y el poder de las opiniones de las personas más influyentes para conseguir que las cosas no se muevan absolutamente nada. Contra este muro choca una de sus vecinas, Florence Green, una viuda que toma la decisión decide abrir una pequeña librería.
Casi nadie ve con buenos ojos esta iniciativa, que levanta muchas sospechas. Algunos de sus vecinos incluso advierten a Florence del riesgo de su negocio y que lo mejor sería que invirtiese en otra cosa. Pero Florence está decidida a poner en marcha su librería, una manera de canalizar sus inquietudes y también su amor por los libros, tema éste muy abordado por la autora. Para la sede de la librería compra una casa abandonada, Old House, que cuenta hasta con su propio rapper, un legendario fantasma que a veces hace acto de presencia.
Pero desde el principio Florence se encuentra con la pertinaz oposición de los vecinos más influyentes, aunque también recibe inesperados apoyos que la animan a tirar hacia delante. La gota que colma el vaso es la decisión de Florence de vender en su librería Lolita, la polémica novela de Nabokov, lo que provoca un escándalo en Hardborough. A partir de ese momento, el negocio se resiente y el rechazo de la comunidad se hace más evidente.
Consciente de lo que la está ocurriendo y conocedora de sus fuerzas, Florence no cae en la tragedia. Más que el argumento, previsible en su desarrollo, le interesa a la autora la descripción del carácter de Florence, las pequeñas relaciones que mantiene con algunos vecinos (como con la niña Christine, que la ayuda en la librería), y la estúpida red que se tiende a su alrededor, pilotada por la señora Gamart.


La librería
Penélope Fitzgerald
Impedimenta. Madrid (2010)
192 págs. 18,40 €.

sábado, 8 de abril de 2017

“La Revolución rusa”, de Rosa Luxemburgo



Rosa Luxemburgo (1871-1919) fue una de las figuras más destacadas del socialismo en las primeras décadas del siglo XX. Nacida en Polonia, sería más adelante en Alemania una de las fundadoras de la Liga Espartaquista y, después, del Partido Comunista. Murió en 1922, tras el fallido levantamiento revolucionario de la Liga Espartaquista, asesinada por los freikorps, las fuerzas paramilitares.
En 1918, cuando se encontraba en la cárcel de Breslau, comenzó a escribir un texto sobre la Revolución rusa con la intención de publicarlo en una revista. La propuesta fue rechazada, pero Rosa Luxemburgo escribió un borrador de artículo que entregó a su amigo Paul Levi. Cuando Levi fue expulsado del Partido Comunista en 1922, decidió dar a conocer este texto, inacabado, en el que la autora valora críticamente lo conseguido en los primeros instantes de la Revolución.
Por un lado, la autora destaca el papel del Partido de Lenin y Trotski en la Revolución de 1917. “Fue el elemento que impulsó la  revolución y, por consiguiente, el único partido que realmente aplicó una política socialista”. Gracias a su actitud y su estrategia, pudo desarrollarse la Revolución.
También reflexiona sobre las decisiones tomadas en los primeros meses en relación al proceso de paz (la firma del Tratado de Brest-Litovsk en 1918), el caótico reparto de tierras y el apoyo –que Luxemburgo rechaza- a los procesos de autodeterminación de muchos pueblos, que provocaron el auge de los nacionalismos y la desintegración de Rusia.
Pero la autora se muestra especialmente crítica en otros aspectos claves para la consolidación de la Revolución: la extensión del terror y la supresión de la democracia. La autora crítica duramente que la Revolución se haya apoyado en la generalización del gobierno del terror y haya eliminado las garantías democráticas y recortado al máximo la libertad de prensa y los derechos de asociación y reunión, con lo que “es totalmente inimaginable un gobierno por parte de las amplias masas del pueblo”.
Como escribe, “la libertad solo para los partidarios del Gobierno, solo para los miembros de un partido –por muy numerosos que estos sean- no es libertad en absoluto. La libertad es siempre y exclusivamente libertad para quien piensa de manera diferente. Y no a causa de ningún concepto fanático de la justicia, sino porque todo lo que es instructivo, saludable y purificador en el terreno de la libertad política depende de esta característica esencial y porque su efectividad desaparece tan pronto como la libertad se convierte en un privilegio especial”. Y continúa: “por la forma en la que Lenin y Trotski critican las instituciones democráticas, se diría que rechazan por principio la representación popular basada en el sufragio universal, y que solo quieren apoyarse en los sóviets”, o, lo que es lo mismo, “el socialismo será decretado por una docena de intelectuales desde unos cuantos escritorios oficiales”.
Los posteriores acontecimientos políticos en la URSS dieron la razón a estas palabras de Luxemburgo. Sus críticas nunca fueron bien recibidas, y aunque su dramática muerte provocó una mitificación de su figura revolucionaria, sus ideas heterodoxas sobre la implantación de la dictadura del proletariado provocaron ciertas fricciones que hicieron mella en su consideración como revolucionaria ejemplar. Y es que, viendo lo que sucedió en la URSS en las décadas posteriores, a los dirigentes comunistas les resultó imposible asimilar mensajes tan contundentes como el siguiente: “la vida pública de los países con libertad limitada es tan pobre, tan rígida y tan estéril precisamente porque, al convertir la democracia en algo excluyente, cierra las fuentes vivas de toda riqueza y progreso espirituales”.  


La Revolución rusa
Rosa Luxemburgo
Páginas Indómita. Barcelona (2017)
144 págs. 14,90 €
T.o.: Die russische Revolution.
Traducción: Antonio López y Roberto Ramos Fontecoba.


sábado, 1 de abril de 2017

“Ciudad conquistada”, de Victor Serge



En estos meses que tanto se está publicando sobre la Revolución Rusa, la editorial Páginas Indómita rescata una novela de Victor Serge (1890-1947), testigo directo de aquellos hechos. De Serge se ha publicado recientemente Medianoche en el siglo, novela con mucho de autobiografía publicada en 1939, uno de los primeros testimonios difundidos en Occidente sobre el Terror comunista. En Ciudad conquistada, publicada en Francia 1933, también con mucho apoyo biográfico, Serge describe la vida en Petrogrado en los primeros años de la Revolución, con el telón de fondo de los métodos totalitarios del nuevo régimen, encarnados en la Cheka, y la incipiente guerra civil contra los rusos blancos.
            Serge nació en 1890 en Bélgica de padres revolucionarios. Hasta 1918 participó en el movimiento anarquista en diferentes países. En 1918 se unió al Partido Comunista, se trasladó a Rusia y desempeñó puestos destacados en el régimen soviético. Fue compañero de Bujarin, Lenin, Trotski y otros grandes líderes comunistas, y de la mano de Zinoviev, colaboró en las actividades de la III Internacional. A partir de 1923, se opuso críticamente a los métodos empleados por Stalin para imponer sus ideas. Acusado de trotskista, fue expulsado en 1928 del Partido Comunista, relegado de sus actividades políticas y marginado como intelectual. Cuando en la década de los años 30 se activaron las purgas, Serge fue una de sus primeras víctimas, aunque no acabó sus días en el Gulag de milagro. En 1932 fue detenido por la GPU (antecedente del KGB) y tras pasar una larga temporada en las cárceles de Moscú fue deportado a Orenburg, en los Montes Urales. En 1936, gracias a una campaña internacional en su favor liderada por André Gide, consiguió abandonar la URSS. Luego vivió en España, Bruselas y París hasta 1940, año en que se trasladó a México, donde llevó una existencia precaria hasta su muerte en 1947.
            En los últimos años se han publicado en España varias obras suyas. La última, Medianoche en el siglo -que comenzó a escribir en el exilio y se publicó en Francia en 1939- cuenta el destino de un grupo de intelectuales exiliados por sus opiniones contrarias a los métodos de Stalin. Anteriormente, El caso Tuláyev, novela que apareció póstumamente en 1947 en México y que de manera novelada recrea el clima que se creó en la URSS con las purgas desatadas por Stalin contra históricos miembros del aparato comunista. Otro libro publicado ha sido Memorias de un revolucionario, escrito en México y en el que cuenta su agitada y nada convencional vida de revolucionario.


            Ciudad conquistada describe de manera fragmentada muchos sucesos relacionados con la instauración del régimen comunista en la ciudad de Petrogrado. La Revolución está dando sus primeros pasos, asediada por la miseria y la escasez de lo más elemental para poder sobrevivir. A la vez, los militares blancos comienzan su guerra civil contra el nuevo régimen, que atraviesa una situación desesperante, pues al caos que reina en la ciudad por el generalizado desabastecimiento hay que sumar la cada vez más activa presencia de la Cheka, encargada del orden en una ciudad difícil de controlar.
            Con escenas y personajes tomados de una realidad sin brillo, Serge escribe un retrato impresionista de la vida en Petrogrado. Salta de un personaje a otro, de una escena a otra, de un escenario a otro. La novela no se construye sobre un argumento rotundo sino sobre las minúsculas peripecias de un grupo de personajes muy secundarios en la vida de Petrogrado con los que el autor quiere presentar el vivo y dinámico devenir de una ciudad en crisis, con sus dosis de grandeza y de miseria, de heroicidades y de desolación.
            A lo largo de la narración se comprueba la dureza de la vida en Petrogrado, donde no hay nada para vivir y donde las escenas picarescas están a la orden del día. En este contexto desquiciado conviven idealistas de la revolución, materialistas funcionarios que se han arrimado al poder y seres primitivos lastrados por un egoísmo servil. De lo que se trata es de tirar para adelante utilizando la fuerza, la mentira o la retórica del poder.
            Serge escribió en esos años posrevolucionarios su libro Revolution in Danger, que contenía tres textos escritos entre 1919 y 1921. El último es un folleto político dirigido a los anarquistas para que se uniesen al Partido Comunista (como había hecho él). Los otros dos textos de este libro están formados por relatos personales y artículos que describen su vida en Petrogrado y que son la base de esta novela repleta de instantáneas reales y coloristas. La estructura de la novela, al no tener un hilo narrativo claro, puede resultar un tanto caótica, al limitarse a reproducir escenas sueltas a las que se echa en falta una acción más nítida y menos descriptiva y unos personajes con más desarrollo y peso en la narración.
            Serge conoce a la perfección cómo funcionan los mecanismos del poder, y más en ese régimen. El obsesivo control del Estado a través de consejos y organismos llega a todos los rincones de la población. Sorprende que en los inicios de la Revolución, que son los años que se novelan aquí, la Cheka sea ya una organización todopoderosa que no solamente elimina sin contemplaciones a los enemigos de la causa revolucionaria sino que ya es utilizada por los propios dirigentes comunistas para controlar el Partido y purgar a aquellos que pueden hacerles sombra.


Ciudad conquistada
Victor Serge
Página Indómita. Barcelona (2017)
256 págs. 19,95 €
T.o.: Ville conquise.
Traducción: Luis González Castro.

sábado, 25 de marzo de 2017

“Manual de exilio”, de Velibor Colic


Nacido en Modrica, Bosnia, en 1964, Velibor Colic fue reclutado como soldado en una guerra que destrozó su familia, su casa y su país; desertó del ejército bosnio en 1992 y se exilió posteriormente en Francia, donde sigue viviendo (y escribiendo, en francés). En 1993, escribió Los bosnios (en España apareció en 2013), libro de relatos donde contó su experiencia en la Guerra de los Balcanes con ironía y mucha originalidad, aunque el contenido del libro reflejaba acertadamente la magnitud de la tragedia que estaba ocurriendo. Después, también en Francia, publicó otros libros que lo han convertido en un escritor de reconocido prestigio internacional.
            Su experiencia como escritor está marcada por el exilio, y este es el tema de su último libro memorialístico, Manual de exilio. Colic comienza su relato con su llegada en 1992 a la estación de Rennes, en Francia. “Soy un viajero sin rostro marcado por un frío metálico, el último grado de la soledad, del cansancio y de la tristeza. Sin emociones, sin miedo ni vergüenza”. Durante una temporada, reside en un centro de acogida, empieza a estudiar francés y “a entrenarme para olvidar” el pasado. Desde la distancia, ve cómo su país “se quema y se desangra”.
            Pero reconstruir su vida en Francia no le resulta nada fácil. Colic aborda su nueva situación con un humor irónico, que se refleja en el subtítulo del libro: “Cómo aprobar su exilio en treinta y cinco lecciones”. Su obsesión es convertirse en escritor, pero antes debe sobrevivir. Así, se define como “un poeta exiliado y hambriento, un hombre tenebroso y delgado, una especie de dandy superior y cínico”.
            De manera fragmentaria, recuerda su proceso de adaptación a la nueva situación, los lugares que frecuenta, los amigos que hace, los problemas que tiene que superar. Sus opiniones son muy sarcásticas, sin que se escape casi nadie, incluso la religión. En su proceso de recuperar la normalidad, busca la compañía femenina con encuentros que en alguna ocasión se reducen al mero sexo.
            Años después, en 1997, el Parlamento de Escritores le facilita las cosas. Se traslada a Estrasburgo, donde puede dedicarse más intensamente a escribir. Y también realiza algunos largos viajes a Budapest y Praga. Es consciente de que, en ese momento, por la guerra, “mi país y yo estamos de moda ahora, y en unos días, semanas o meses, seremos olvidados”.
            El libro es una indagación en las condiciones de vida del exiliado y en las sensaciones que esta situación provocan en un autor que vive todas estas experiencias con una especial sensibilidad. El relato, que huye del tono lastimero, muestra la complejidad de empezar una nueva vida y, a la vez, asumir el trágico pasado que, por otra parte, es lo que da auténtico sentido al presente que está viviendo el autor.


Manual de exilio
Velibor Colic
Periférica. Cáceres (2017)
240 págs. 18,40 €.
T.o.: Manuel d’exil. Comment réussir son exil en trente-cinq leçons.
Traducción: Laura Salas Rodríguez.

“Unos españoles en la corte del Rey Fado”, de Ángel García Prieto y Miguel Ángel Fernández


Fiel a su cita anual, el escritor Ángel García Prieto esta vez en colaboración con el crítico musical Miguel Ángel Fernández (con quien ya publicó hace años otro libro de manera conjunta), publica un nuevo libro sobre Portugal, en esta ocasión dedicado exclusivamente al mundo del Fado. El anterior, La región del Minho, describía los pueblos y costumbres del norte de Portugal. El objetivo del nuevo libro es dar a conocer a los lectores españoles la historia, el sentido, los temas, ingredientes y los principales intérpretes del Fado, música que simboliza las esencias más auténticas de Portugal.


            Es, como escribe Ángel García Prieto, un estado del espíritu. Y desarrolla esta idea con numerosos ejemplos que proceden de letras fadistas que se han dedicado a reflexionar sobre qué es el fado y qué representa. Aunque hay una amplia variedad de temas, más de los que uno se pueda imaginar, domina sin embargo un sentimiento fatalista de la existencia, en consonancia con una filosofía vital que se ancla en una saudade existencial, nada superficial. Sobre estas ideas profundizan muchos letristas populares y también las letras de poetas consagrados que también han contribuido a reflexionar sobre la clave de un identitario sentimiento individual y colectivo.


            El libro tiene una interesante dimensión divulgativa, que permite a los amantes del Fado saber mucho más sobre sus ingredientes y a los neófitos, introducirse en un mundo apasionante, una auténtica filosofía musical y vital, totalmente integrada en la vida portuguesa, como se puede apreciar visitando los locales y restaurantes donde se canta el Fado, tanto en los emblemáticos barrios de Lisboa, cuna del Fado, como en otros lugares que también aparecen en este libro, como en Porto, Ribatejo y Coimbra, donde se canta un Fado especial, con otra estética.


            Ángel García Prieto explica sus orígenes populares, su posterior desarrollo, los ingredientes básicos, el significado de las letras y el exclusivo papel de las guitarras. Señala la necesaria escenografía que debe estar presente (genuina y envolvente) para facilitar la creación de un clima auténtico donde pueda vivirse una experiencia estética muy especial. Y habla también de los fadistas más famosos de su historia, donde brilla con luz propia la gran Amália Rodrigues, la más popular de todos, junto con Alfredo Marceneiro y María Teresa de Noronha.


            Por su parte, Miguel Ángel Fernández dedica un capítulo a hablar del “Nuevo fado internacional”, señalando cómo el Fado es, actualmente, “uno de los grandes negocios de la industria cultural” de Portugal. Y en otro capítulo, muy útil para los que quieran seguir las huellas del Fado en el presente, habla de los fadistas actuales más representativos y novedosos. Son muchos los nombres que destaca, lo que sirve para comprobar la vitalidad de un género que cuenta con miles de adeptos tanto en Portugal como en otros muchos países. Pongo algunos nombres sin querer avasallar, mencionando también fadistas muy consagrados: Mísia, Mariza, Camané, Cristina Branco, Ana Moura, Ricardo Ribeiro, Raquel Tavares, Carminho, António Zambujo, Gisela Joao, Aldina Duarte, Helder Moutinho, Marco Rodrigues, Maria Emilia Reis, Katia Guerrero, Joana Amendoeira…


            El libro finaliza de manera muy original. Incorpora los breves testimonios de españoles que han descubierto el Fado y, gracias a él, Portugal. La mayoría pertenecen a la Asociación de Amigos del Fado de Asturias, de la que también son los autores de este libro, y que tantas actividades organiza en el Principado de Asturias para dar a conocer el Fado en España. Como se dice en “Destino marcado”, uno de los populares fados que se reproducen en este ameno libro, “el fado tiene no sé qué / que prende la vida de la gente / un nada que no se ve / un todo que la gente siente”.


Unos españoles en la corte del Rey Fado
Ángel García Prieto y Miguel Ángel Fernández
Dg Ediçoes. Linda-a-Velha (Portugal) (2017)
176 págs.

“Senior Service. Biografía de un editor”, de Carlo Feltrinelli


Publicada en 1999 en Italia y reeditada ahora en español, Carlo Feltrinelli ha escrito la pormenorizada biografía de su padre, el editor, escritor y político Giangiacomo Feltrinelli (1926-1972), figura clave de la edición en Europa en la década de los sesenta del siglo XX. Carlo Feltrinelli es consejero delegado del grupo que fundó su padre, que en la actualidad cuenta con una red de librerías por toda Italia, una editorial, una cadena de televisión y ramificaciones también en España, donde posee la editorial Anagrama y una importante participación en la cadena de librerías La Central. Además, también son los promotores de la Fundación Feltrinelli, un centro internacional de investigación dedicado a la historia de los movimientos sociales y políticos. Senior service (se refiere a la marca de cigarrillos preferida por el editor) es una exhaustiva investigación sobre la agitada vida de un personaje que encarnó, de manera radical, muchas de las causas políticas y culturales que aparecieron después de la Segunda Guerra Mundial.
            Giangiacomo era el heredero de una rica familia que poseía un importante imperio económico. Esta biografía dedica los primeros capítulos a los or, de topardola or fue la publicacisa Aceprensa en del archivo familiar del editor.graflos escritores italianoa y estranjeros conígenes de la saga. Luego se centra en la infancia de Giangiacomo, educado de manera distante por unos padres ausentes. Al acabar la Segunda Guerra Mundial, ingresa en el Partido Comunista. En 1948, funda el Instituto Feltrinelli, que se transformará con el paso de los años en Biblioteca y Fundación. En el PCI se dedica a labores de propaganda. En 1954 funda la editorial, que él siempre concibe como una prolongación de su actividad política, idea que es clave para entender su filosofía editorial y el estilo de los libros que promovía y publicaba.
            Quizá sea ésta la etapa más interesante de su vida, pues Feltrinelli pone en marcha un interesante modelo editorial en un momento de cambios radicales en la vida política y cultural italianas. Sumergido en la órbita del marxismo más ortodoxo, Feltrinelli abre su editorial a las nuevas corrientes de pensamiento y a los escritores italianos y extranjeros más innovadores del momento (siempre que coincidiesen con sus postulados políticos). La editorial financia también numerosas actividades culturales, en conexión con las actividades políticas del Partido Comunista. Su modelo editorial influye mucho en otros editores europeos.


            En 1957 publica su gran éxito editorial, la primera traducción de la novela de Boris Pasternak, Doctor Zhivago, que se convierte en un fenómeno de ventas por su calidad literaria y por las repercusiones políticas que tiene la publicación de este libro, considerado anticomunista por las autoridades soviéticas. Como consecuencia de esta publicación, Feltrinelli fue expulsado del Partido Comunista. Todos los problemas políticos y editoriales que llevó la edición de este libro –manuscritos, traducciones, intervención de los servicios secretos soviéticos y de la CIA, derechos de autor, etc. (que ha explicado de manera detallada recientemente Iván Tolstói en su libro La novela blanqueada, ver Aceprensa 2 Mayo 2014)- aparecen muy bien tratados en esta biografía, que incorpora cartas y documentos que proceden del archivo personal del editor. Otro de sus grandes éxitos fue la publicación en 1958 de la novela El gatopardo, de Lampedusa, que pronto se convirtió en todo un clásico de la literatura italiana.


            Su abandono del Partido Comunista radicaliza su pensamiento político. En 1964 conoce a Fidel Castro, con el que mantendrá una larga amistad. En esos años establece contactos con líderes izquierdistas radicales de Hispanoamérica y el Tercer Mundo. Publica numerosos panfletos políticos revolucionarios. Como consecuencia del Mayo del 68, todavía se radicaliza más. Crea en 1970 el Gruppi di Azione Partigiana (GAP), un movimiento que comparte muchos fines y medios con las Brigadas Rojas. Feltrinelli vive en la clandestinidad hasta que el 15 de marzo de 1972 su cadáver es encontrado cuando intentaba cometer un fallido atentado terrorista con explosivos contra una línea de alta tensión cerca de Milán. Su hijo deja caer en la biografía que su muerte no está del todo resuelta, pues a lo mejor su padre fue víctima de una trampa de los servicios secretos italianos.
            Sin lugar a dudas, se trata de una vida novelesca que, además, reúne mucho morbo. Rico, elegante, excéntrico, mujeriego… Fletrinelli abandonó el mundo empresarial y de lujo que le esperaba para intentar transformar el mundo, primero desde la cultura comunista y después como guerrillero y terrorista político. Cada vez más, la política condicionó su vida, su pensamiento, sus relaciones familiares y sociales… Todo lo que hacía estaba traspasado de ideas cada vez más revolucionarias. Su final fue visto como una liberación tanto para la derecha italiana –blanco de sus numerosos ataques y escritos- como para sus excompañeros de viaje comunistas –que no compartían su deriva de radicalismo político-.
            El trabajo que ha realizado su hijo es digno de elogio: ha acudido a numerosas fuentes familiares y se ha entrevistado personalmente con muchos testigos de todos estos hechos para aclarar muchas cosas y conocer de primera mano las actuaciones de su padre. Eso sí, como sucede con tantas biografías, quizás se idealice en exceso la trayectoria personal, editorial y política de Giangacomo, que rompió con su familia y con lo que se esperaba de él para entregarse, de manera absorbente y radical, a unos ideales revolucionarios para los que puso a su disposición muchos medios económicos y sus iniciativas culturales.
Puede ser un buen complemento de esta biografía la lectura de la reciente novela Muerte de un hombre feliz, del italiano Giorgio Fontana, en la que el autor convierte en protagonista a un fiscal encargado de investigar a los culpables de sucesivos atentados terroristas cometidos por la izquierda radical en la Italia de los años setenta. El fiscal Giacomo Colnaghi se pregunta en numerosas ocasiones qué es lo que lleva a tantas personas a justificar la violencia y el asesinato como parte de su lucha política. Las mismas preguntas se hace uno leyendo esta biografía de un protagonista excepcional, para lo bueno y lo malo, de aquellos convulsos años.


Senior Service. Biografía de un editor
Carlo Feltrinelli
Anagrama. Barcelona (2016)
472 págs. 24,90 €
T.o.: Senior Service.
Traducción: Mercedes Corral.

sábado, 18 de marzo de 2017

“Retiro”, de Serguéi Dovlátov


La editorial Fulgenio Pimentel inicia con Retiro la publicación de las obras del escritor ruso Sergué Dovlátov (1941-1990). Nació en la localidad de Ufa (en los Urales), aunque se educó en Leningrado. Su padre, judío, fue director de teatro y su madre, armenia, fue actriz. Dovlátov estudió en una Escuela de Arte, trabajó en una imprenta y se matriculó en la Facultad Estatal de Leningrado para estudiar finés. Estuvo apenas dos años en esa facultad, de la que fue expulsado; a continuación, fue llamado a filas. Estuvo tres años de soldado, uno de ellos como guardián de un campo de prisioneros en la República de Komi (experiencia que sería la base autobiográfica para su novela La zona). En 1965, vive en San Petersburgo y ya ha decidido ser escritor. Son años de bohemia y precariedad, de múltiples empleos ocasionales. Ha decidido, además, sobrevivir –como escribe Lino González Veiguela en el ensayo biográfico que acompaña esta edición- en los márgenes del sistema, evitando la confrontación directa con el régimen pero sin plegarse a sus imposiciones artísticas e ideológicas”. A la vez, comienza también su autodestructiva relación con el alcohol.
            A pesar de ser un escritor de reconocido prestigio, no recibe la autorización para que se publiquen ninguna de sus obras. Como no estaba afiliado al Partido Comunista, era un escritor sospechoso y disidente. Sus obras circulan clandestinamente en samizdat., también en el extranjero. En 1971, se divorcia de su mujer, con la que ha tenido una hija, Katia. Para ganarse la vida, se traslada a Estonia para trabajar como periodista (este es el tema de su divertidísima novela El compromiso, “un alegato contra la estupidez”, en palabras de Pedro de Miguel, autor de la reseña publicada en Aceprensa). Allí está a punto de publicar algunos de sus relatos, pero el KGB interviene y prohíbe su publicación. Cuando es despedido, regresa a Leningrado, donde siente muy cerca la persecución del KGB. Para poner tierra de por medio, decide trasladarse una temporada para trabajar como guía en el museo Pushkin, argumento de esta novela.
            En 1977 se exilian a Estados Unidos su exmujer y su hija. Poco tiempo después, es detenido por el KGB. Gracias a una campaña de apoyo en Occidente, pudo abandonar la URSS a finales de 1978. Tras seis meses en Viena, se reunió en Nueva York con su exmujer, su hija y con el escritor también exiliado Joseph Brodsky, amigo suyo, quien le facilitó que el prestigioso The New Yorker publicase algunos de sus relatos. Murió en 1990 de un ataque al corazón.
            En España se habían publicado ya algunas de sus obras, como Los nuestros, La maleta, El compromiso y La extranjera. A pesar de recibir elogiosas críticas, y aunque su prestigio no para de crecer, sigue siendo un escritor muy minoritario. Confiemos en que la reedición de sus obras en esta editorial de Logroño sirva para que Dovlátov ocupe el lugar que se merece en la literatura rusa contemporánea. Su obra, de gran calidad literaria, entronca con lo mejor de Pushkin y Chéjov y conecta con la larga tradición de escritores satíricos rusos: Nikolái Gógol, Iván Goncharov, Ilf y Petrov, Mijaíl Zóschenko, Isaak Bábel, Mijaíl Bulgákov y, entre otros, Vladímir Voinóvich. Dovlátov optó por la ironía y el sarcasmo para enfrentarse con la realidad.
            En Retiro, como en la mayoría de sus obras, se inspira en su propia vida. Como hemos dicho, Dovlátov trabajó durante unos meses en el museo Pushkin como guía, un lugar a donde Pushkin tuvo que exiliarse durante dos años por orden del zar Alejandro I, entre 1824 y 1826, como condena por haber escrito unos versos satíricos. En su novela, su protagonista, Borís Alijánov, álter ego del autor y protagonista también de una novela anterior, La zona, cuenta las peripecias vitales para encontrar este trabajo y para vivir en una zona muy apartada, donde esperaba ahorrar algo de dinero y, también, interrumpir su entrega obsesiva al alcohol (lo que no consigue). El relato de sus días en este apacible museo se interrumpe con la llegada de su mujer, que le cuenta que ha decidido emigrar a Estados Unidos.
            La peripecia narrativa es mínima, pero suficiente para que se desplieguen las habilidades narrativas de Dovlátov; lo mejor es el estilo, diáfano y familiar, totalmente despojado de la habitual retórica comunista, que había creado un estilo paraliterario, muy presente en la literatura del realismo socialista. También hay que destacar su sentido del humor y sarcasmo para retratar a personajes que proceden de la realidad sociológica de su país, donde son bien visibles las huellas del comunismo más rancio. Para Dovlátov, “el horror del estalinismo no es tanto que millones de personas fueran asesinadas. El horror del estalinismo consiste sobre todo en el hecho de que una nación entera fuera corrompida moralmente”.  
            Dovlátov quiso en esta novela, escribió a su editor,  “representar a un personaje literario cuyos problemas son similares a los que tuvo Pushkin: el dinero, su mujer, el trabajo creativo y el Estado”.


Retiro
Serguéi Dovlátov
Fulgenio Pimentel. Logroño (2017)
218 págs. 19,90 €
T.o.: Zapovednik.
Traducción: Tania Mikhelson y Alfonso Martínez Galilea.

sábado, 11 de marzo de 2017

“Atrapados en la Revolución rusa”, de Helen Rappaport


La escritora inglesa Helen Rappaport (1947), especialista en la Inglaterra victoriana y en la historia de Rusia (uno de sus últimos libros publicados ha sido Las hermanas Romanov, Taurus, 2015), describe los meses transcurridos desde la Revolución de Febrero a la Revolución de Octubre, centrándose en los testimonios de un buen grupo de extranjeros (especialmente ingleses y norteamericanos) que vivían en Petrogrado, la capital por entonces del imperio zarista, donde tuvieron lugar unos hechos históricos que, con palabras del periodista norteamericano John Reed, uno de estos testigos, “estremecieron al mundo”.
            Para escribir este minucioso ensayo, la autora ha realizado un importante trabajo de investigación, acudiendo a las fuentes personales -diarios, cartas, libros de memorias, fotografías, películas…- que se conservan de esta colonia de extranjeros formada por  periodistas, diplomáticos, hombres de negocios, banqueros, institutrices, enfermeras y socialistas expatriados. Consigue así Rappaport presentar en las páginas de este libro una imagen poliédrica de aquellos sucesos, con los que supera las impresiones parciales de un solo individuo, a menudo condicionado por sus opiniones ideológicas. Es lo que piensa la autora de uno de los testimonios más populares sobre la Revolución, el que publicó el periodista John Reed en 1919 y que tanta influencia tuvo y ha tenido, Diez días que estremecieron al mundo, escrito desde la mirada izquierdista del autor, al que algunos colegas consideraron “un juguete en manos de la máquina propagandística bolchevique”.
            Tras la entrada de Rusia en la Primera Guerra Mundial, la colonia autrohúngara y alemana abandonó el país en 1914. En Petrogrado, era muy numerosa la presencia de ingleses, franceses y, en menor medida, de norteamericanos. Los ingleses, por ejemplo, eran propietarios de numerosas industrias importantes desde hace varias generaciones. Vivían en residencias y clubes exclusivos, participando activamente en la espumosa vida social y diplomática, que lideraban el embajador francés, Maurice Paléologue, el inglés, George Buchanan, y el norteamericano, David R. Francis.


Aunque se mantenía una vida disipada en estos reducidos círculos, ya se palpaba en la ciudad, a lo largo de 1916, un generalizado ambiente de desolación. Las dramáticas consecuencias de la negativa marcha de la guerra eran bien visibles en las condiciones de vida de la mayoría de la población. El desabastecimiento provocaba numerosas colas para poder recoger los escasos alimentos disponibles. Este ambiente de descontento incendió un clima revolucionario en los barrios obreros que se incrementó a medida que pasaban los meses por las consecuencias del hambre, las huelgas, las bajas temperaturas… y la agobiante represión de la policía zarista. Como escribe la autora, “la llama de la revolución había prendido entre los manifestantes hambrientos de la avenida Nevski y los huelguistas”. Y reproduce una de las pancartas de estas manifestaciones: “Os pedimos pan y nos disteis balas”.
            La situación comenzó ya a ser insostenible. Proliferaron las acciones violentas y los enfrentamientos en las calles, auspiciados por los grupos de izquierda, que multiplicaron su actividad en esas semanas claves. La radicalización política, especialmente entre los miembros del Soviet, fue a más. Los extranjeros –sobre quien apoya su relato la autora- vivieron aquella situación confusos, atemorizados, escondidos en sus viviendas, intranquilos. El zar parecía ausente y desbordado, más preocupado por la marcha de la guerra que por la creciente e interna inestabilidad política. Al final, todo estalló y el zar se vio abocado a la abdicación. La Revolución de Febrero, más violenta de lo que algunos comentaron, había culminado con un repentino cambio de gobierno que, a pesar de las advertencias, cogió por sorpresa a los más destacados representantes de la diplomacia.


            Pero los observadores políticos intuían que el clima revolucionario no se calmaría sino que se iniciaba a partir de ese momento un proceso todavía más peligroso. El nuevo régimen propició el regreso de miles de exiliados, unos desde Siberia y otros, como Lenin y tantos políticos de extrema izquierda, desde Europa. La llegada de Lenin (su viaje fue financiado por el Estado Mayor alemán) impulsó el papel del partido bolchevique, “una minoría compacta” –no la más numerosa- que mostraba un programa político bien definido, al contrario que el resto de partidos con presencia en una Duma cada vez más sobrepasada por los acontecimientos.
Tras meses en los que Aleksandr Kerenski intentó dominar los acontecimientos para evitar una nueva Revolución, el Gobierno Provisional fue depuesto por los bolcheviques, que se hicieron con el poder por la fuerza. La autora finaliza su libro con la descripción de los primeros meses del nuevo Gobierno: firmó el armisticio con los alemanes, aprobó la abolición de la propiedad privada y, de un plumazo, suprimió la incómoda libertad de expresión, además de crear en el mes de diciembre la policía política de la Cheka (sucesora de la Ojrana, la policía secreta zarista), que instauró un régimen de terror contra aquellos que fueron considerados enemigos del partido bolchevique.
            Con muchísimos detalles, citas, impresiones, valoraciones… que proceden de la numerosa documentación empleada, la autora reconstruye aquellos momentos desde la variada perspectiva crítica de unos ciudadanos extranjeros que vieron cómo muchos de ellos perdieron absolutamente todo en la Revolución y que pasaron en poco tiempo de fieles aliados a convertirse, salvo excepciones, en enemigos perseguidos por el poder bolchevique.


Atrapados en la Revolución rusa
Helen Rappaport
Palabra. Madrid (2017)
480 págs. 24,50 €
T.o.: Caught in the Revolution: Petrograd, Rusia, 1917.
Traducción: Diego Pereda.

domingo, 5 de marzo de 2017

“Un largo etcétera”, de Enrique García-Máiquez


Profesor, articulista y poeta, Enrique García-Máiquez (1969) es también autor de varios volúmenes de diarios y de libros de aforismos (como Palomas y serpientes). En Un largo etcétera vuelve a reunir las entradas de su blog “Rayos y truenos” que van desde 2011 hasta 2016. En este sentido, esta nueva entrega es una continuación del estilo y de los principales temas de sus volúmenes anteriores, Lo que ha llovido y El pábilo vacilante.
Mantener un blog literario supone constancia y periodicidad. También inmediatez y actualidad. A diferencia de otros autores que también utilizan asiduamente el diario como vehículo de comunicación, Enrique García-Máiquez ofrece una imagen más poliédrica, pues se opta descaradamente por la transparencia. Más aún: el autor tiene una especial predilección por los pormenores de su vida doméstica, su ocupación más obstinada y perseverante. Podía haber utilizado estos diarios solamente para hablar de libros y de literatura, que también lo hace, pero si solamente hubiese hablado de cuestiones eruditas hubiese proporcionado una imagen irreal de su persona, nos hubiésemos topado con una máscara. Al contrario, la imagen que quiere ofrecer de sí mismo es más amplia, más humana y más real. Esta característica le convierte en un escritor próximo, con el que resulta fácil identificarse por la cercanía de las preocupaciones y acciones que transmite.
Con pasmosa naturalidad, García-Máiquez muestra cómo es y lo que hace. Es profesor en un Instituto, donde en los últimos años ejerce de Jefe de Estudios. En su diario habla sin avasallar, de algunas anécdotas de sus alumnos, de la marcha de las clases, de cuestiones burocráticas… El tono –y es lo normal en estos diarios- es siempre positivo, sin lamerse las heridas, sin ofender, sin destacar solamente los asuntos más turbios o negativos. La misma sensación tenemos cuando habla de su vida social y de sus numerosas actividades literarias: lecturas, viajes, presentaciones de libros, conferencias… No vemos en el autor un afán por descuartizar a otros escritores ni al mundo literario en general. También aparecen en estos diarios fragmentos y poesías, aforismos, haikus de su cosecha… y citas oportunas de sus autores preferidos, que, como las composiciones que reproduce, tienen su origen en el devenir de la propia vida. También son constantes las referencias a su visión religiosa de la vida, que no es algo decorativo o superfluo sino que impregna su actividad cotidiana.
Los temas que más aborda en estos diarios son los familiares. García-Máiquez no quiere perderse ninguna reacción ni respuesta de sus dos hijos pequeños, y son constantes las referencias a las palabras de sus hijos a preguntas, sucesos, anécdotas a las que el autor sabe sacar punta literaria y familiar. También aparecen emotivos recuerdos de sus padres y constantes referencias a su mujer. Todo ello aderezado de bastante sentido común y del humor. Por su naturalidad y normalidad, estos diarios, vitales y optimistas, resultan muy novedosos, pues son la antítesis de lo que en muchas ocasiones se acaba convirtiendo la literatura memorialística: en el engolado y atormentado recuento de la frustración, la derrota, el desastre…, temas ya explotados hasta la extenuación.
  

Un largo etcétera
Enrique García-Máiquez
Númenor. Sevilla (2016)
180 págs. 15 €