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viernes, 8 de enero de 2021

"Un pequeño demonio", de Fiódor Sologub



    Al igual que Oblómov, la novela de Iván Goncharov (1812-1891), dio origen al término oblomovismo, esa estéril tibieza de empeñarse en no hacer nada, Un pequeño demonio, de Fiódor Sologub (1863-1927), ha dado nombre a otro pecado capital del alma rusa: el peredonovismo. Consiste esta enfermedad en instalarse permanentemente en una atmósfera de filisteísmo, mentira, vacío, hastío, vulgaridad, odio y rechazo egoísta de absolutamente todo. Sologub consiguió que el protagonista de su novela, Ardalion Borísich Perédonov, se convirtiese en un modelo de caracteres.

     Sologub, uno de los escritores simbolistas más representativos de la Edad de Plata de la literatura rusa, escribió esta novela entre 1892 y 1902 y la publicó en 1907. El éxito fue inmediato y en pocos años se sucedieron las ediciones hasta que a partir de la Revolución de 1917 la literatura simbolista y modernista dejó de considerarse eficaz para los intereses revolucionarios. Desde esa época, hasta su muerte, Sologub fue un escritor olvidado y su novela apenas se editó durante los años de comunismo y de imposición estética del realismo socialista. Sin embargo, la novela ha vuelto a reeditarse en las últimas décadas y se ha vuelto a destacar la eficaz radiografía que presenta de un estilo de vida muy asentado en las pequeñas ciudades de provincias. De hecho, la novela, que transcurre en una innominada ciudad, es un eficaz retrato de la vida de la burguesía en unos lugares estrechos, cerrados, donde todos se conocen y donde el mayor interés consiste en profesionalizarse en los cotilleos locales. 

    La novela, escrita con los cánones clásicos, aunque muy influenciada por el simbolismo, que supuso romper con las técnicas realistas convencionales, describe la vida del profesor de instituto Perendónov, obsesionado con ascender en el escalafón social y convertirse en inspector, un rango superior que le daría más poder y visibilidad. Para conseguir este ascenso, se sirve de la influencia de una prima y amante, Varvara, que trabajó para la Princesa Volchánskaya hace años y cuyo marido es una autoridad en la administración educativa. Varvara le comenta a su primo Perendónov que la princesa le ha dicho que solo si se casa con ella conseguirá el puesto de Inspector. 

    La novela se centra en esta pequeña trama, que el autor estira al máximo para ofrecer un retrato social de los miembros más destacados de una pequeña ciudad de provincias. Como telón de fondo, el interés de la mayoría de los personajes, especialmente Perendónov, por conseguir un matrimonio meritorio y cuidar al máximo las apariencias, para que los demás no hablen mal de uno. 

    En este muestrario sociológico brilla con luz propia Perendónov, que aparece descrito con rasgos degradantes. Es un profesor sin ningún prestigio, un dictador con sus alumnos, un pusilánime en las relaciones con los demás. A diferencia de sus amigos y vecinos, más condicionados por el trato social, solo vive para sí mismo, pues no le interesan nada los asuntos de los demás. No le gusta la gente, a no ser que pueda servirse de ellos y conseguir sus objetivos. Es un grosero, un maltratador, un mentiroso que a medida que avanza la novela –y este es su argumento- se hacen más preocupantes sus extravagancias y delirios, que denotan la multiplicación de trastornos mentales. 

    La preocupación por su prestigio y por alcanzar el puesto de Inspector le ha llevado al desquiciamiento mental y empieza a imaginarse a su alrededor constantes sospechas y maquinaciones, que él encarna en la intermitente y etérea figura de una sabandija y en la personificación de las figuras de una baraja de cartas. Piensa que todo lo que sucede a su alrededor es una conspiración contra él para rebajar su prestigio y que no pueda ser Inspector. 

    La trama incluye también una acción paralela que se refiere a los amores de Sasha, un alumno del instituto acusado de travestismo, y Liudmila, una de las cuatro hermanas de Rutílov, que se presentan también como pretendientes a Perendónov. 

    En el prólogo, Sologub escribe que “esta novela es un espejo artísticamente elaborado. Lo he estado puliendo durante mucho tiempo. He trabajado en él a conciencia”. Y añade, intentando explicar sus objetivos estéticos, que “lo monstruoso y lo bello se reflejan en él con igual precisión”. La novela es un elaborado y puntilloso retrato de la vida burguesa, de las pasiones y claudicaciones de la vida en sociedad y del matrimonio visto nada más que como elemento de superación social. 

    El argumento, en ocasiones, se alarga quizás innecesariamente y el desenlace resulta un tanto frustrado y previsible. Pero Sologub ha acertado en construir un personaje inmortal, mezquino, bruto, insensible, egoísta… que está muy presente en la sociedad, a pesar de que lo pueda disimular con otros objetivos.


Un pequeño demonio

Fiódor Sologub

Mármara. Madrid (2020)

486 págs. 24 €. 

T.o.: Melkij bes

Traducción: Manuel Abella.

sábado, 1 de septiembre de 2018

"Los juicios de Rumpole", de John Mortimer


John Mortimer (1923-2009) escribió más de cien historias protagonizadas por Horace Rumpole, abogado sesentón, fumador de puritos, ocasional bebedor de “crianza de garrafón” y propenso a citar a Shakespeare y otros poetas clásicos ingleses. Está casado con Hilda, a la que llama “La que Ha de Ser Obedecida”. Impedimenta ya ha publicado un volumen anterior con algunas de estas historias, Los casos de Horace Rumpole, abogado, que recibió buenas críticas.
            Rumpole es un personaje netamente británico en sus reacciones, costumbres y carácter. Aunque bebe de las fuentes clásicas del género policiaco (reeditado y revitalizado en algunas recientes colecciones españolas, como la de Siruela), la ambientación de estos casos es bastante contemporánea, lo que provoca una notable diferencia con las novelas clásicas. Rumpole es más cínico, descreído, sarcástico, mordaz. Sus historias y comentarios a veces pierden ingenuidad por sus intenciones punzantes, aunque todo se mantiene dentro de la cortesía británica. 
            Al igual que en el volumen anterior, el interés de los casos se divide casi al cincuenta por ciento en las peculiaridades de los delitos cometidos y sus protagonistas y las disquisiciones familiares, domésticas y profesionales de Rumpole: los problemas del despacho, la relación con otros abogados, sus visitas a diferentes tascas y bares, los constantes debates con su mujer… 


Los juicios de Rumpole
John Mortimer
Impedimenta. Madrid (2018)
304 págs. 21,95 €.
T.o.: The Trials of Rumole
Traducción: Sara Lekanda Teijeiro.

domingo, 29 de abril de 2018

“Breviario de escolios”, de Nicolás Gómez Dávila


         La misma editorial, Atalanta, publicó en un volumen en 2009 la edición completa, Escolios a un texto implícito,con todos los aforismos del escritor colombiano Nicolás Gómez Dávila (1913-1994). El autor fue un eminente intelectual con una cultura enciclopédica que canalizó a través del género aforístico, para el que se nutrió de los 30.000 volúmenes de su biblioteca de libros en latín, griego, francés, inglés y alemán que leía en su idioma original. Gómez Dávila se define como un filósofo antimoderno, profundamente católico, que practica una estética de la resistencia frente a las imposiciones ideológicas del progresismo y lo políticamente correcto.
            Este volumen contiene una selección de los más de 10.000 aforismos que publicó. La han realizado José Miguel Serrano Ruiz-Calderón y Gonzalo Muñoz, los dos expertos en la obra del escritor colombiano y entusiastas de la lucidez intelectual de un escritor minoritario, exigente, que vivió alejado de los cenáculos literarios y que tuvo contadas relaciones sociales. 
            Esta selección contiene lo mejor del espíritu de Gómez Dávila. Aparece su aguda e irónica crítica a la modernidad, a la técnica y al progreso. Es un hombre con una delicada sabiduría y una profunda humanidad que traspasa los numerosos temas que aborda en sus aforismos. Los autores de la selección mencionan algunos temas que se repiten en sus aforismos: la crítica a las instituciones, a las ansias de igualdad, a las convenciones académicas, la crítica del halago a la contracultura, a la vulgarización de los gustos y a la infantilización de las mentes y actitudes… 
“El individualismo degenera en beatificación del antojo”, escribió. Y “La imbecilidad muda de tema en cada época para que no la conozcamos”. Este es el tono y el estilo de sus inteligentes y certeros aforismos. 


Breviario de escolios
Nicolás Gómez Dávila
Atalanta. Girona (2018)
292 págs. 21,60 €.

jueves, 12 de octubre de 2017

“Oficio”, de Serguéi Dovlátov


Segunda novela que publica la editorial Fulgencio Pimentel de Serguéi Dovlátov (1941-1990), escritor ruso que está siendo redescubierto en Rusia, donde no consiguió publicar nada, y en Estados Unidos, donde vivió a partir de 1978, cuando se exilió.
Al igual que en Retiro –y en otras novelas publicadas con anterioridad como El compromiso, Los nuestros, La maleta y La extranjera-, la materia narrativa procede de la ajetreada y complicada vida personal y profesional del autor en la URSS y en Estados Unidos.
Oficio está compuesta de dos partes: la primera, El libro invisible, cuenta su vida como escritor en la URSS; la segunda, El periódico invisible, ya en Estados Unidos, relata su participación en un periódico para emigrados rusos.
“¿A quién pueden interesar las confidencias de un literato fracasado?”. Así comienza Dovlátov la narración de sus desgracias como escritor problemático en la URSS. Lo hace de una manera irónica, con mucho sentido del humor, sin recurrir, como él mismo dice, a la tragedia. De manera acelerada cuenta detalles de su formación académica y de sus primeros pasos como escritor. También de sus contactos con otros escritores que, como él, no aspiraban a someterse a la literatura oficial. Como escribe hablando de su participación en el denominado Grupo Ciudadanos: “Mis amigos eran adictos a las verdades claras. Hablábamos de libertad, de creación, de derecho a la información, de respeto por la dignidad humana. Nos dominaba el escepticismo con respecto al Estado”. Pero si en esos años no se contaba con las simpatías de ese Estado todopoderoso, resultaba muy difícil publicar, como va comprobando el autor, que es ninguneado por “los innumerables organismos, personalidades e instituciones”.
Sus escritos son sistemáticamente rechazados, aunque “el desprecio oficial se compensaba con una soberbia enfermiza”. En algunas redacciones le animan a que escriba sobre “la industria. Tú has trabajado en el boletín de una fábrica”. Reproduce algunos informes oficiales sobre cómo, hasta qué punto, el régimen soviético controlaba la literatura y a los escritores. Vetado en Leningrado, se traslada a Tallin para trabajar de periodista en el periódico “Juventud Estonia” (experiencia que se convirtió en el argumento de El compromiso). Allí le pasa absolutamente lo mismo: tras tres años, regresó a Leningrado. “Me iba con una hermosa aureola de perseguido político”.
La segunda parte transcurre en Nueva York, destino de su exilio en 1978. Con su habitual ironía, comenta cómo fueron sus inicios: “Mi vida en América comenzó en el mayor de los sosiegos. Como corresponde a un literato ruso, pasé unos seis meses tumbado en el sofá”. Dovlátov se codea con personas que proceden del exilio artístico: “somos gente con inclinaciones creativas” que salieron de la URSS “buscando libertad de creación”. Pero en Estados Unidos tampoco lo tienen fácil. Gracias a un patrocinador judío, ponen en marcha un periódico para emigrados rusos, El Nuevo Americano, en el que, a diferencia de los discursos habituales de este tipo de publicaciones para exiliados, se permitían las bromas, la ironía y la risa. El futuro, sin embargo, no parece muy claro pues a pesar del prestigio, las ventas y la publicidad, no consiguen despegar. A la vez, Dovlátov ve cómo sus relatos, avalados por Joseph Brodsky, con el que había coincidido en Leningrado, se publican en las mejores revistas norteamericanas.
            Oficio, con sus peculiaridades, puede servir también como las memorias literarias de Dovlátov en la URSS y en Estados Unidos. Su estilo elegante, ligero, rápido y satírico aleja sus historias y sus personajes, a menudo disparatadas y extravagantes, de la grandilocuencia de la tragedia rusa.


Oficio
Serguéi Dovlátov
Fulgencio Pimentel. Logroño (2017)
320 págs. 21,85 €.
T.o.: Remeslo: Povest’v dvukh chastyakh.
Traducción: Tania Mikhelson y Alfonso Martínez Galilea.

sábado, 9 de enero de 2016

“La Zona de Interés”, de Martin Amis


Que a Martin Amis (Swansea, 1949), uno de los grandes escritores de la literatura inglesa actual, le gusta la polémica no es noticia. Basta con leer su anterior novela, Lionel Asbo, una mordaz radiografía sobre la sociedad británica actual, o su ensayo dedicado a Stalin, Koba,el Temible, o sus declaraciones en la prensa, siempre provocadoras y a contracorriente del pensamiento dominante.
            Así, se ha fabricado una máscara de escritor corrosivo al que le gusta frecuentar terrenos pantanosos. Con su nueva novela, La Zona de Interés, ha vuelto a pasar. Esta novela tiene como tema el holocausto nazi, tema que ya abordó en La flecha del tiempo. Algunos, no entiendo por qué, han llegado a decir que Amis se ha atrevido a frivolizar con un tema tan serio. Incluso sus editores habituales de Francia y Alemania se han negado a publicar esta novela con estos argumentos. La Zona de Interés está ambientada en un Campo de Exterminio alemán, pero Amis no escribe sobre las víctimas, que son el telón de fondo de esta cruda, interesante y difícil novela, sino sobre los alemanes que estaban llevando a cabo estas matanzas, sus relaciones familiares, sus ideas, su mundo.
            Amis selecciona tres narradores que, en primera persona, de manera alternativa, cuentan sus impresiones sobre la vida en el campo. El más constante, y el más interesante de los narradores, es Angelos Thomsen, Golo, el sobrino de un jerarca nazi, quien es trasladado a ese Campos de Exterminio para poner en marcha una fábrica en la que trabajarán esclavos judíos. Golo es un mujeriego y un seductor y su única obsesión en el Campo es conocer a cuantas más mujeres mejor. Tiene sucesivas amantes, a las que despacha con desdén. Hasta que se enamora de Hannah Doll, la esposa de Paul Doll, el comandante del Campo, a la que se plantea en principio conquistar como un ambicioso reto pero de la que acaba enamorado por su inaccesibilidad.
Paul es el segundo narrador. Se trata del prototipo de nazi, a pesar de un pasado intelectual en el que flirteo con el comunismo (lo mismo que Hannah). Luego se entregó completamente a la causa, que apoya sin fisuras. Paul es violento, alcohólico, impulsivo, inhumano… a quien está haciendo mella la compulsiva dedicación del campo al exterminio sistemático y la tirante y cada vez más complicada relación que tiene con su mujer, uno de los pocos personajes que, a su manera, se rebelan contra lo que está pasando. El tercer narrador, que interviene poco en la novela, es la significativa voz de Szmul, un judío que colabora con los nazis en los trabajos del campo, siempre amenazado por Paul, quien intuye que no hay que fiarse de él porque en cualquier momento se puede tomar la justicia por su mano.
            Golo, aparentemente frívolo, ni reflexiona ni cuestiona los cometidos del campo, que conoce a la perfección, aunque su postura es cada vez menos comprometida; eso sí, le interesa guardar las formas (sobre todo con su tío). Sin embargo, el contacto que tiene con otros mandos del campo le sirve al autor para mostrar el clima de inhumanidad y de inmoralidad de los alemanes que viven en el campo, describir diferentes maneras de adherirse al nazismo y los problemas domésticos y militares que agobiaban a esos militares, alejados de la tragedia del campo. Los hechos tienen lugar entre 1942 y 1943, cuando empieza a cundir el desánimo entre las tropas, sobre todo tras la derrota del ejército alemán en Rusia.
            Amis realiza una original y destructiva descripción de la banalización del mal. La postura adoptada, centrarse casi exclusivamente en los nazis, resulta novedosa, pues le permite esquivar el fácil moralismo y un cómodo maniqueísmo que se repite hasta la saciedad en novelas y películas. Con estos mimbres, en un espacio cerrado y agobiante, con unos personajes condicionados por el asesinato y el terror, Amis ha escrito una novela sobre el amor y los celos que es, sobre todo, una ácida y amoral parábola de la condición humana en situaciones tan extremas como las que aparecen en esta novela. Amis se escapa del tópico con una novela complicada en su estructura, forma y estilo, bien ambientada y trabajada, nada complaciente con el lector (ni siquiera en el desarrollo de la novela) y repleta de una descarnada ironía con la que Amis deja crudamente al descubierto la escasa categoría moral de estos personajes y de todas sus ambiciones políticas.


La Zona de Interés
Martin Amis
Anagrama. Barcelona (2015)
312 págs. 19,90 €.
T.o.: The Zone of Interest.
Traducción: Jesús Zulaika.

miércoles, 3 de junio de 2015

“Sumisión”, de Michel Houellebecq


Desde hace ya años, las novelas que publica el francés Michel Houellebecq (La Reunión, 1956) vienen acompañadas de encendidas polémicas que van más allá de lo literario, polémicas que salpican y contaminan las valoraciones literarias que pueden hacerse de unas novelas en las que los ingredientes extraliterarios tienen un considerable valor, como sucede en las más conocidas -Las partículas elementales (1998), Plataforma (2003) y, entre otras, El mapa y el territorio (2010)-. Le ha sucedido con la mayoría de ellas, recibidas de manera entusiasta por unos y vapuleadas sin contemplaciones por otros. Y es que cada nueva novela de Houellebecq provoca acalorados debates y hasta escándalos. Con mucho cinismo y un agudo sentido de la provocación, sus libros se convierten en un espectáculo mediático que salpica la vida social y política francesa (y no sólo francesa). En Sumisión ha dado incluso otra vuelta de tuerca a este afán iconoclasta al utilizar directamente el islamismo como el argumento de su novela.
            El narrador y protagonista es François, un profesor de literatura de la Universidad París III-Sorbona, de cuarenta y cuatro años y experto en la obra de Joris-Karl Huysmans (1848-1907), escritor al que dedicó su tesis y del que recibe incluso el encargo de preparar la edición de sus obras para la editorial Plèyade. Su vida y la de Huysmans, referente constante también de su vida, tienen muchos paralelismos, como escribe François: “mi vida, por su previsible uniformidad y banalidad, seguía pareciéndose a la de Huysmans un siglo y medio atrás”. A la misma edad, Huysmans se convirtió al catolicismo y se refugió en la abadía de Ligugé, en Poitiers, lugar al que viajará el autor en un momento de crisis con el fin de encontrar un sentido a todo lo que está sucediendo a su alrededor, aunque François, soltero empedernido, no tiene ni el más mínimo interés por la religión. Su vida intelectual está en dique seco y su vida amorosa, con frecuentes y esporádicas relaciones amorosas, se encuentra en crisis tras su ruptura con Myriam, una joven judía que con su familia, y ante el devenir de los acontecimientos políticos en Francia, han decidido trasladarse a vivir a Israel. Pero el sexo ocupa un lugar importante en la vida de François, por encima de otros intereses, y se vuelca en su afición a la pornografía y los prostíbulos, experiencias que el autor describe ampliamente en la novela.
            Sumisión transcurre en 2022 en pleno proceso de elecciones presidenciales. El Frente Nacional es el partido más votado en la primera ronda; el segundo, el partido de los Hermanos Musulmanes, que ante el declive de la civilización occidental de las últimas décadas, ha ocupado un privilegiado espacio político, social y religioso en Francia y en otros países europeos. La alianza entre el Partido Socialista y los Hermanos Musulmanes provoca que en la segunda ronda el candidato musulmán, el moderado Mohammed Ben Abbes, se convierta en presidente de la República, que gobernará con los socialistas. Los cambios no se hacen esperar y de manera normal, sin grandes traumas, comienza el proceso de transformación de Francia hacia los valores musulmanes.
Los cambios afectan también a la Universidad en la que trabaja François. Ahora se llama Universidad Islámica París III-Sorbona. Gracias al dinero procedente de Arabia Saudí, las condiciones materiales y salariales de los docentes han mejorado, pero se les exige su conversión al islam. François rechaza en principio esa conversión y decide anticipar la jubilación, aunque recibe jugosas ofertas que le hacen dudar.
            Lo más interesante de la novela, a mi juicio, es cómo la novela refleja la crisis a la que ha llegado la civilización occidental, sobre todo en Francia, que ha renegado de sus principios identitarios para entregarse a un capitalismo consumista y laicista repleto de experiencias vitales light. En este sentido, las referencias al escritor francés Huysmans, a su cansancio y hastío de la vida moderna y a su refugio en los valores espirituales, resultan muy acertadas para describir el clima moral de Francia que sienten algunas personas, sobre todo católicos, aunque el narrador no se identifica con ellos. Los únicos que han combatido estos modos de vida han sido los judíos, los católicos y los musulmanes. Para Houellebecq, no sin ironía, son los musulmanes los que han final han sido más coherentes y prácticos y han acabado por hacerse con las riendas del mundo.
            En el análisis de la situación política y social que hace el autor hay mucho, lo hemos dicho, de provocación, pues su diagnóstico narrativo es simplista, lo mismo que los efectos de los cambios y resultados. Su distopía no se plantea en un futuro muy lejano sino dentro de pocos años, con lo que su novela gana en eficacia y en inmediatez, pues tanto los protagonistas de la vida política y social son reconocibles.
Sumisión es, pues, una novela de circunstancias que aprovecha el actual debate apocalíptico sobre el futuro de la civilización occidental y el auge del terrorismo islámico para reflexionar, de manera superficial pero con inquietantes aciertos, sobre la realidad actual. Con un calculado pesimismo, Houellebecq muestra el agotamiento de unos valores (también los del “mayo del 68”, blanco de sus muchas críticas), el vacío de una sociedad cada vez más hedonista, el desencanto de la política y el desgaste de unos modelos políticos y existenciales que parecían perdurables.


Sumisión
Michel Houellebecq
Anagrama. Barcelona (2015)
288 págs. 19,90 €.
T.o.: Soumission
Traducción: Joan Riambau.

domingo, 10 de febrero de 2013

“Solo yo me salvo y otros relatos del tiempo sobrante”, de Carlos Villar Flor


 
Hace unos meses, Carlos Villar Flor (Santander, 1966) publicó su segunda novela, Mientras ella sea clara, una entretenida, exagerada y enrevesada historia amorosa con la que este autor, doctor en Filología Inglesa, traductor, profesor y director de la revista literaria Fábula, volvía a demostrar su buen oficio como escritor y su inteligente sentido del humor.
Solo yo me salvo y otros relatos del tiempo sobrante está compuesto por una novela corta, Solo yo me salvo, y una colección de relatos que el autor ha escrito en los últimos años con los que ha ganado algunos premios literarios y que han sido publicados en revistas. Tanto en la novela corta, que ocupa la mitad del libro, como en los relatos demuestra Villar una aguda capacidad para analizar, con mucha ironía y humor, algunas obsesiones contemporáneas.

Solo yo me salvo tiene un argumento ciertamente divertido. La novela está ambientada en una futura España –que ya no se llama así sino República Tolerante de España, con capital en Logroño- donde han cristalizado todas las reivindicaciones políticamente correctas de la sociedad actual, convertidas ahora en mandamientos inamovibles que marcan el ritmo de una sociedad moderna basada en los principios radicales de la tolerancia y la libertad absoluta. En esta sociedad futurista aparece de pronto un monje, Malaquías Winkle, que ha vivido recluido en su monasterio durante los últimos años, olvidado del mundo y de las nuevas leyes que marcan el camino de la República Tolerante. Este monje no ha cumplido con su obligación de reclamar la eutanasia activa a los 71 años, cuando se ha decidido que los ciudadanos pongan fin a su vida de manera voluntaria y optimista. La irrupción de Malaquías levanta todas las alarmas en esta sociedad, pues nadie se había saltado las normas, y menos una persona “ultrarreligiosa” que representa lo peor del pasado.

A Malaquías le hacen un juicio rápido para que cumpla con sus obligaciones como ciudadano y es condenado a la eutanasia. Pero antes de morir, vive una serie de experiencias con las que el autor, con un sarcasmo muy agudo, crítica el absurdo y el ridículo de muchos tics de la sociedad actual, empeñada en violentar a la naturaleza o imponer por la fuerza de la tolerancia una serie de modos de vida contrarios a la condición humana.

Todo esto lo hace el autor con mucho sentido del humor, la mejor arma para dejar en evidencia los errores educativos actuales, el igualitarismo radical en el lenguaje, los excesos de la ideología de género, el ridículo de la sexualidad a la carta, la desaparición de la religión (menos los islamistas, dueños de la situación) y los equilibrios de los políticos para huir de cualquier toma de posición que parezca sectaria. En una novela de estas características y con estas pretensiones, lo difícil es mantener el tono y el interés. Y Villar lo consigue con mucha imaginación, poniendo el dedo en la llaga de la inconsistencia de muchas de estas reivindicaciones.

En el resto de los relatos salen también temas muy actuales, críticas a determinadas formas de vida, sorpresas argumentales y relatos arriesgados en su planteamiento, como “La ballena de Jonás”, donde vuelve a utilizar el humor para abordar cuestiones de más peso.

 
Solo yo me salvo y otros relatos del tiempo sobrante
Carlos Villar Flor
Valnera. Villanueva de Villaescusa (Cantabria) (2012)
192 págs. 18 €.

sábado, 25 de agosto de 2012

"Mis páginas mejores", de Julio Camba




El paso de los años y la lenta despolitización de la vida literaria española del siglo XX está propiciando que se reconozcan hoy más que nunca los méritos literarios y periodísticos del gallego Julio Camba (1884-1962), uno de los mejores periodistas de la primera mitad del pasado siglo XX y a quien muchos otros periodistas, como Josep Pla, César González Ruano y Francisco Umbral, consideraban un maestro. Su obra, que contiene novelas, libros de viajes y recopilaciones de sus excelentes reportajes, está siendo hoy editada por un puñado de editoriales.
Ahora, en Pepitas de Calabaza, una editorial de Logroño, se publica la antología que el propio Camba preparó de sus artículos periodísticos, una excelente muestra de su categoría como columnista y periodista, con unas crónicas muy personales en las que mezcla el periodismo y la literatura. La misma editorial anuncia la próxima publicación de El Rebelde, los artículos que Camba escribió al principio de su carrera como periodista, cuando puso su pluma al servicio de la causa anarquista.
En 1903 se instaló en Madrid, tras una agitada estancia en Argentina, de donde fue echado por revolucionario, tema que forma parte del argumento de la novela El Destierro. A su regreso a España, muy joven todavía, comenzó a colaborar en la prensa más radical; incluso fundó su propia revista anarquista, El Rebelde. Al poco tiempo ya era un periodista famoso de Madrid. Escribió en El País, El Mundo, La Correspondencia de España, La Tribuna, ABC, El Sol... Para muchos de ellos ejerció también como corresponsal en el extranjero: Estambul, París, Londres, Berlín, Estados Unidos..., escribiendo unas crónicas que llaman la atención por la calidad literaria y por el original punto de vista con que retrata la vida en estas ciudades y países, como se puede apreciar en esta antología, que contiene una buena muestra de estos artículos.
Camba fue uno de los periodistas más respetados y codiciados de su tiempo, pues sus crónicas, magníficas, muy entretenidas, eran muy leídas por todo tipo de lectores, que se identificaban con su estilo ligero y leve, su humor inteligente (a lo Chesterton) y su fina y sana ironía. Para López García, su biógrafo, Camba era “culto sin pedantería y ameno sin frivolidad”. Él se consideraba discípulo de Azorín y de Pío Baroja, escritores con los que mantuvo una intensa amistad, lo mismo que con Valle-Inclán, Rubén Darío (con el que coincidió en París) y Ortega y Gasset. Su anarquismo inicial derivó posteriormente en un individualismo aristocrático y egoísta que cultivó durante toda su vida.




Apoyó la II República, aunque pronto se sintió defraudado. Sin que fuese un escritor descaradamente político, defendió la intervención del bando nacional, lo que le ha acabado pasando factura en la historia del periodismo, como confiesa Manuel Jabois, autor del prólogo de esta edición. Amante de la buena mesa, se dijo de él que tenía mejor despensa que biblioteca. Con mucho humor, Camba declaró: “Creo que el amor, en la amistad y en el arroz a la valenciana”.
Sus artículos están escritos, al principio, imitando el estilo de Azorín, su declarado maestro. Luego, poco a poco fueron ganando en originalidad, humor e intensidad literaria. Durante la primera mitad del siglo XX fue reconocido como uno de los mejores cronistas de la contradictoria realidad española e internacional, aunque sus artículos tienen la habilidad de escapar del significado estrictamente político para convertirse en una mezcla de artículo de costumbres, de crítica, de política y de humor. Y es que Camba aborda todo tipo de asuntos con una desganada ligereza, con un estilo aparentemente leve e intrascendente y con un toque irónico con el que describe sin gravedad un conjunto de impresiones personales sobre la sociedad de su tiempo. Sus observaciones resultan muy agudas y en sus impresiones costumbristas y antropológicas, nunca sesudas, suele dar en el clavo.
En estos artículos aparece, pues, lo mejor de Camba, su fina ironía, su sutil inteligencia, su tono levemente superficial y anecdótico, y su asombrosa capacidad para, partiendo de una intrascendente anécdota, mostrar aspectos divertidos, insólitos y clarificadores sobre la realidad que le tocó vivir. Aunque, insistimos, no es Camba un periodista que utilice el periodismo para hacer política.
Poco a poco, pues, Julio Camba empieza a ocupar el lugar que se merece en la historia del periodismo español. Y es que leyendo estos artículos resulta indudable su magisterio sobre varias generaciones de columnistas, que aprendieron de Camba a rebajar el tono grandilocuente y apocalíptico y a utilizar la ironía, el humor y el desenfado para enfrentarse a la temida realidad.

Mis páginas mejores
Julio Camba
Pepitas de Calabaza. Logroño (2012). 303 págs. 19 €.