sábado, 12 de septiembre de 2015

“El Quijote”, adaptación de Andrés Trapiello



Esta nueva edición del Quijote, “puesto en castellano actual íntegra y fielmente por Andrés Trapiello”, ha levantado no poca polémica pues hay quien piensa que el Quijote hay que leerlo tal y como fue escrito, y que no necesita de ningún lavado de cara para hacerlo más asequible al lector actual. La polémica, desde mi punto de vista, me parece gratuita y muy exagerada, pues la intención de Trapiello no ha sido en ningún momento la de sustituir la versión original sino facilitar su lectura a muchos lectores que, como escribe el académico Mario Vargas Llosa en el prólogo, se encuentran “abrumados o desalentados por la dificultad del castellano” que emplea Cervantes.
Cuando se publicó, el lenguaje del Quijote no era ni culto ni rebuscado; al contrario, la lengua de Cervantes estaba muy próxima al habla coloquial, de ahí su aceptación popular. Sin embargo, después de cuatro siglos, el castellano del siglo XVII se ha quedado detenido en el tiempo, mientras que la lengua castellana, como un ser vivo, ha cambiado y se ha trasformado, de tal manera que, como escribe Trapiello en unas palabras introductorias, ese castellano ya ni lo hablamos “ni a menudo entendemos cuando lo leemos”. Por eso es normal, y necesario, que las ediciones del Quijote, y las hay muy buenas, como la de Francisco Rico, vayan acompañadas de un enriquecedor aparato crítico repleto de aclaratorias notas a pie de página que si bien enriquecen la lectura a un lector culto e interesado, se convierten en una rémora para aquellos lectores con menos capacidad o interés.
            Lo que ha hecho Trapiello con el Quijote es, con palabras de Vargas Llosa, rejuvenecerlo y actualizarlo pensando en esos lectores que, a la mínima de cambio, por las dificultades que su lectura comporta, abandonan su lectura y no consiguen disfrutar con la novela más importante de la literatura en lengua castellana.
            “Yo sé que es muy difícil –escribe Trapiello- poner el Quijote en castellano actual al gusto de todos sus lectores, porque cada uno de nosotros trae un Quijote y un castellano propios en la cabeza”. Pero su intención, digo yo, es loable, meritoria y muy útil, pues esta edición puede ser la puerta de entrada al universo cervantino para muchos lectores. Trapiello ha hecho una edición con un castellano que se lee “de manera fluida y sin tropiezos”. Ha actualizado numerosos refranes, giros y locuciones populares que ya han perdido su sentido y que se convertían en un problema léxico para muchos lectores. Ha adaptado las preposiciones, los hipérbaton y los tiempos verbales a los usos actuales. Ha traducido numerosas palabras y expresiones arcaicas, y las ha sustituido por expresiones equivalentes contemporáneas.
            Para mí, se trata de un excelente trabajo literario que va a contribuir a rejuvenecer el Quijote, como por otra parte suelen hacer las traducciones que de esta obra se realizan, buscando que el lector actual lo entienda mejor y disfrute de su lectura. “Quiero creer –escribe Trapiello- que miles de lectores podrán venir por fin a encontrarse en este libro con el talante libérrimo y valiente de don Quijote, la socarronería y buen juicio de Sancho, la compasión con la que Cervantes miraba a todo el mundo y la discreción con la que todos ellos tratan de mejorarse y mejorarnos”.
            Catorce años ha tardado Trapiello en preparar esta edición. También es conocida la devoción que tiene por el clásico más universal de nuestras letras. Trapiello es autor de Las vidas de Miguel de Cervantes (1993), una original biografía del autor del Quijote. Pero, además, ha publicado dos novelas totalmente cervantinas, escritas por alguien absolutamente empapado del mundo de Cervantes y que, para mí, son de lo mejor de todo lo que ha escrito Trapiello (junto con los volúmenes de sus diarios que llevan por título Salón de pasos perdidos). La primera, Al morir don Quijote, la publicó en 2005, y es la continuación de los personajes del Quijote tras la muerte de éste, centrándose especialmente en la vida de Sancho en su aldea; la segunda es El final de Sancho Panza y otras suertes (2014), todavía más lograda, donde Trapiello cuenta la vida de la sobrina del Quijote, del Bachiller Sansón Carrasco y de Sancho, que han tomado la decisión de abandonar el pueblo y trasladarse a Sevilla para viajar después rumbo a América. Estos libros imitan el estilo de Cervantes y se han convertido en uno de los mejores homenajes que se han hecho del Quijote. No estamos, pues, ante un escritor que haya tenido un contacto más o menos tangencial con esta obra, sino ante nuestro escritor más cervantino, alguien que lleva muchos años leyendo y estudiando una obra de la que es uno de sus mejores abanderados.


Don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes
Destino. Barcelona (2015)
1.038 págs. 23,50 €.
Adaptación de Andrés Trapiello

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