martes, 6 de septiembre de 2022

"No sufrirás", de Eduardo Gris

 


Tras una novela policiaca, Amar mal mata; otra juvenil, Los pilares del cielo, y la  publicación de su tesis doctoralLos poemas más antiguos del mundo, Eduardo Gris (Madrid, 1980), doctor en Literatura Comparada, se despacha ahora con un breve y demoledor ensayo dedicado a la cultura contemporánea. El libro se lee de un tirón y su autor entra de lleno en algunas polémicas culturales actuales que parecen intocables. No lo hace con las manos vacías: Eduardo observa el mundo desde su gran pasión por los libros (gran lector), desde su experiencia como investigador y crítico y, especialmente, gracias a su contacto con la realidad a través de sus lecturas, familia, medios de comunicación, numerosos amigos y el mundo de la enseñanza. 

            Como profesor, no es Eduardo un mensajero aséptico. Conoce bien a sus alumnos y sabe bien lo que piensan y cómo, desde diferentes vías, han penetrado en ellos, y en sus conocidos, una serie de mantras políticamente correctos que empapan todos los mensajes y conforman una ideología muy viva y contundente, que parece no admitir disensiones ni cuestionamientos.

            Pero a eso se dedica este ensayo, precisamente. Con buena pluma, con un estilo directo, entrando al trapo, aborda Eduardo Gris asuntos muy actuales que, sin embargo, para él van en contra del propio hombre y de la condición humana, o por lo menos no lo desarrollan convenientemente. En el proceso de creación de un nuevo paradigma ideológico, se arrincona el mensaje cristiano, al que se tergiversa y desconoce, y se ponen de moda soflamas y actitudes que el autor califica de adolescentes por su simplicidad emotiva. 

            Merece la pena leer este ensayo. No es de alguien que esté “enfadado” con el mundo moderno. No. Es el de alguien que, con inteligencia, agudeza y sentido del humor, señala las tonterías de turno, cuestiona idioteces, pone el dedo en la llaga de ideas que se nos han impuesto a través de diferentes canales. Claro y al grano. Con mucho sentido común, reivindica la identidad cristiana como la clave para devolver al hombre y a la mujer lo mejor de sí, y ayuda a los lectores a reflexionar con valentía sobre su propia vida, sus valores y qué peso tienen en su manera de entender el mundo. En este sentido, es uno de esos libroque, sin ser brusco en el estilo, te araña porque busca que pienses más y mejor sobre tu
existencia. 

            Nada complaciente, Eduardo Gris ataca sin piedad algunos de los tópicos que están plenamente instalados en la mente de muchas personas, especialmente de los jóvenes, a los que este ensayo puede ayudar a sembrar inquietudes e inseguridades con el fin de que revisen sus planteamientos, a menudo cómodos, y sus vidas, a menudo insustanciales y construidas en serie. 


No sufrirás

Eduardo Gris

Rialp. Madrid (2022)

94 págs. 12 €.

lunes, 25 de julio de 2022

"Carne misericordia", de Juan Meseguer



En el primer poema de este libro, Juan Meseguer (Madrid, 1981) escribe a propósito de los poetas: “Saben / que la hosquedad del mundo / es la tierra / donde crece el poema”. Estos versos –su carta de presentación– sirven para definir su poesía, que nace del contacto con una realidad contradictoria en la que conviven los momentos de luz y oscuridad.

Lo dice irónicamente en un poema donde juega con estas ideas, en una especie de diálogo con otros poetas o lectores. A la pregunta de si su libro es luminoso, el poeta responde: “Todo lo luminoso / que puede ser un libro / urdido entre las sombras / de esta vida”.

        Carne misericordia es el cuarto poemario del autor. Hasta ahora ha publicado Bancos de arena (2006), Un secreto temblor (2011) y Áspera nada (2014). El primero y el tercero recibieron un accésit del premio Adonáis; Un secreto temblor fue premio Arcipreste de Hita. Ocho años han transcurrido desde su anterior poemario, tiempo suficiente para madurar los poemas que forman parte de su nuevo libro.

         Como en los anteriores, el componente humano y social es muy importante. Así lo refleja la estructura del libro. En la primera parte (“El mundo, la identidad”) destaca la reflexión poética –a veces crítica e irónica, otras compasiva– sobre algunos aspectos de la cultura contemporánea y de la propia vida del poeta. La segunda (“La gracia, la luz”) habla de la presencia constante, directa o indirecta, de Dios, que añade densidad, profundidad y suave luminosidad. Y la tercera (“El amor, el hogar”) prolonga el tono íntimo y la búsqueda de sentido –“nos salvan la ternura, / la bondad, el perdón” –, con poemas de gran belleza, como “Los pilares de la tierra” y “El don más deseado”.

            A través de poemas breves, el autor transmite una atrayente y condensada carga de humanidad y espiritualidad, muy novedosa en la poesía última. Su poesía no es ni epidérmica ni efervescente, y tampoco da rodeos: apunta a verdades profundas, como cuando escribe en “Inocencia I”: “La palabra de Dios es el silencio. / Y el silencio / se hizo carne; / se hizo misericordia”. A Meseguer, la poesía le brinda la oportunidad de reflexionar sobre verdades esenciales. En sus poemas hay certeros análisis de algunas tendencias del mundo de hoy, pero resultan más rompedoras las personales respuestas que propone.

             “Reconoce la luz. / Persiste en el asombro” es el deseo que el poeta tiene para su hija, quizás porque él mismo admite que esa actitud es la clave para que su vida sea, poética y existencialmente, más profunda, auténtica y lograda. 

Carne misericordia

Juan Meseguer

Libros Canto y Cuento

Jerez (2022).

 78 págs. 15 €.

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jueves, 7 de julio de 2022

Selección de novelas para el Verano



    Como todos los veranos, en ACEPRENSA publicamos una selección de novelas de entre lo publicado en los últimos meses. Hay de todo: novedades que han llamado mucho la atención, reediciones, recuperaciones, novelas policiacas, novelas históricas y apuestas singulares.
    La idea es ofrecer un poco de todo con el fin de salirse también del guion de lo que está más de moda, que suelen ser best-seller con escasa calidad y mucho apoyo mediático.




"Dos hijas del gran terremoto", de Cristián Sahli Lecaros

 

        Tras La agonía de Julián Baraicoa (2019) y la novela juvenil El gran rompecabezas (2020), Cristián Sahli Lecaros (Santiago de Chile, 1975) publica Dos hijas del gran terremoto, novela en la que, como en las anteriores, realiza un buen y sugestivo análisis psicológico de las protagonistas, en este caso dos adolescentes, Amelia y Erika, cuyas vidas cambian radicalmente el 22 de mayo de 1960.

            Ese día, la ciudad de Valdivia, a casi 850 kilómetros de la capital, Santiago de Chile, sufrió el terremoto más grande los contabilizados hasta el momento: 9’5 en la escala Richter. Valdivia fue totalmente destruida y sufrió un devastador maremoto que acabó con la vida de muchos de sus habitantes.

            La novela comienza un par de días antes, lo que sirve de carta de presentación a las dos jóvenes, Amelia y Erika, pertenecientes a dos importantes familias de Valdivia. Amelia cumple dieciocho años y ha organizado una fiesta en la que estarán presentes sus mejores amigos, entre los que se encuentra Erika, una joven enamoradiza que acude a la fiesta con su última conquista, Antonio, un joven español que se encuentra trabajando en Valdivia. 

            Pero el terremoto trastoca las vidas de todos los habitantes de Valdivia. En la familia de Amelia solo se salva ella, y en el caso de Erika, agobiada por las circunstancias del terremoto y sin tener noticias de sus padres, decide apropiarse de las joyas y el dinero de su familia y emprender un larguísimo viaje con Antonio para regresar a España e instalarse allí.

          Las dos jóvenes reaccionan de manera muy distinta a la tragedia que están viviendo. Una, Amelia, asume la realidad y decide en la medida de sus posibilidades ayudar en todo lo que pueda; se convierte en voluntaria de la Cruz Roja y se dedica a cuidar a heridos y enfermos. Por su parte, Erika, que padece un ingenuo y compulsivo amor por Antonio y a quien desea acaparar de una manera infantil y enfermiza, decide comprometer su futuro al suyo, a pesar de no conocer apenas nada de la vida de él. Mientras que Amelia demuestra generosidad y preocupación por los demás, Erika solo piensa en ella, en su salvación y en sus caprichos. 

           La novela cuenta la posterior evolución de los personajes después del trágico maremoto. Las dos irán madurando, cada una a su manera, y la vida les pondrá delante de las decisiones que han ido tomando. 

        Novela realista y sencilla que muestra con acierto el mundo interior de las dos jóvenes protagonistas y su manera de enfrentarse a problemas que les exceden y que cambian radicalmente sus cómodas vidas. En su planteamiento, la novela contiene una previsible moralina que, quizás, no debería haber sido tan explícita. Pero sirve para mostrar la libertad de cada una de ellas y la base de unas decisiones arriesgadas que recibirán distintas recompensas. 



Dos hijas del gran terremoto

Cristián Sahli Lecaros

Didaskalos. Madrid (2021)

440 págs. 22 €.

sábado, 21 de mayo de 2022

"Un aire inglés", de Ignacio Peyró


            Después de la publicación de Pompa y circunstancia (2015), Ignacio Peyró (Madrid, 1980) se ha convertido en una referencia en todo lo que tiene que ver con la cultura y la política británicas, a las que sigue dedicando numerosas páginas, algunas de ellas recogidas en este volumen que lleva como subtítulo “Ensayos hispano-británicos”.  

            Peyró ha reunido en él sus colaboraciones en diferentes medios de comunicación: Nueva Revista, El Mundo, ABC, La Vanguardia, Ínsula, etc. También aparecen algunas reseñas y los prólogos que ha escrito a algunas obras de Rudyard Kipling, del norteamericano Louis Auchincloss y del periodista español Augusto Assía, para Peyró “el príncipe de los corresponsales españoles de todo tiempo”. Todos los textos reunidos tienen como hilo conductor la realidad británica, que el autor sigue muy de cerca. Desde 2017 es el director del Instituto Cervantes de Londres.

            “A veces el asunto será de actualidad, a veces será de historia”, escribe el autor en el prólogo. Y en Un aire inglésfiguran interesantes retratos de personalidades británicas vinculadas a una manera de entender todo lo inglés, como lord Leighton, James Lees-Milne, William Morris, Francis Chichester. Peyró realiza estupendos retratos de escritores británicos muy consolidados, como Evelyn Waufh Rudyard Kipling y John Galsworthy, el autor de La saga de los Forsyte. Son constantes las referencias a destacados pensadores británicos, como Edmund Burke, John Ruskin, John Lukacs, Walter Bagehot, Michael Oakeshott y Roger Scruton, entre otros. 

          Muy certeros e interesantes resultan los artículos en los que el autor analiza el contexto político del Brexit, asunto que no se puede despachar con el recurso a los tópicos. También merecen mencionarse sus observaciones sobre la época victoriana, Winston Churchill, el conservadurismo, la reina Isabel II, la pervivencia o no de los gentleman… 

         Conviene destacar también de este volumen, además del conocimiento enciclopédico de la cultura británica y española del autor (como se puede demostrar en su breve ensayo “Una literatura confortable. Josep Pla en la tradición anglófila”), la consolidada y contrastada calidad de su estilo, que se desparrama con fluidez, agilidad y humor en sus escritos y que lo convierten en uno de los mejores articulistas contemporáneos. Peyró es también autor de un diario, Ya sentarás cabeza y un volumen dedicado a su pasión por la gastronomía, Comimos y bebimos, también presente en este volumen que comentamos. 



Un aire inglés

Ignacio Peyró

Fórcola. Madrid (2021)

400 págs. 25,50 €.

 

lunes, 9 de mayo de 2022

"Páginas de vuelta a casa", de Alexander Wolff

 


            Alexander Wolff es hijo y nieto de exiliados alemanes. Nació en Estados Unidos y se ha dedicado al periodismo. Este libro –“una historia que abarca la vida de mi abuelo y mi padre”- es fruto de un inmenso trabajo de investigación para seguir el paso, con detalle, de la vida de sus antepasados, tanto en Alemania como en Estados Unidos. Para ello, se ha entrevistado con muchos familiares, ha leído diarios inéditos y cartas íntimas, ha acudido a libros de historia, a periódicos, ensayos y a fotografías de los álbumes familiares, ha viajado a Alemania y ha buceado en los archivos familiares para conocer al dedillo la trayectoria de su familia desde mediados del siglo XIX hasta la actualidad. 

            Wolff sigue especialmente las vicisitudes de su abuelo, Kurt Wolff (1887-1963), un editor de fama internacional en las primeras décadas del siglo XX. Procedente de una familia germano-judía muy culta, fundó en 1913 su propia editorial, que cerró en 1930. En ella publicaron autores muy innovadores en aquellos años, como Kafka, Joseph Roth, Heinrich Mann, Karl Kraus, Franz Werfel…, autores que sirven de ejemplo para mostrar su alto concepto de la literatura y del trabajo de editor, que ha quedado también materializado en el volumen Autores, libros, aventuras, que reúne textos de diferente factura donde Kurt Wolff reflexiona sobre el mundo de la edición. Así definía su trabajo como editor: “Yo solo quiero publicar libros de los que no me avergüence en mi lecho de muerte”.

            Tras el ascenso de Hitler al poder y a medida que se complicó su situación en Alemania, perseguido por sus ideas, decidió abandonar el país con su segunda mujer, Helen Mosel, también editora, y tras sufrir muchas vicisitudes y contrariedades se instalaron primero en Francia e Italia hasta su traslado a Nueva York, donde reanudó su actividad editorial con la fundación de Pantheon Books. 

            En Alemania se quedaron sus dos hijos con su madre, cuya familia era propietaria del imperio farmacéutico Merck, que ya había emprendido una nueva relación sentimental. A pesar de ascendencia judía, Niko, el padre del autor, nacido en 1921, fue alistado por el ejército nazi y participó en diferentes frentes en la Segunda Guerra Mundial. Al acabar, pudo trasladarse con su padre a Estados Unidos, donde continuó sus estudios universitarios, rehízo su vida y asumió el peso de su pasado.

            Alexander escribe sobre su abuelo y su padre e, indirectamente, también sobre las raíces de su propia biografía. Pero el libro, ”una amalgama de historia, periodismo y memorias”, va más allá del recuento pormenorizado de las vidas de estos protagonistas. Wolff entra en contacto con los gérmenes de la dictadura nazi, con la actitud de tantas y tantas personas que apoyaron y justificaron ese régimen, muchos de ellos familiares suyos, dolorosas historias que ha descubierto investigando para escribir este libro. 

Por eso, Páginas de vuelta a casa, junto con el relato de la vida de un editor tan importante como fue su abuelo, se convierte también en una interesante reflexión sobre el pasado familiar, la memoria, los orígenes y cómo ha afectado todo esto a las generaciones futuras y a él mismo. Alexander se muestra preocupado por el aumento de los populismos tanto en Europa como en Estados Unidos, que pueden adulterar la memoria colectiva sobre lo acontecido en aquellos dramáticos años de antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial. Su libro, repleto de historias y personajes, es un buen ejemplo de cómo aquellos sucesos destrozaron países y vidas concretas como la de su abuelo y su padre. 


 

Páginas de vuelta a casa

Alexander Wolff

Crítica. Barcelona (2022)

424 págs. 23,90 €. 

T.o.: Endpapers. A Family Story of Books, War, Escape, and Home

Traducción: Efrén del Valle.

sábado, 2 de abril de 2022

"La alegría del exceso", de Samuel Pepys

 


Samuel Pepys (Londres, 1633-1703) es el autor de uno de los diarios más importantes de la historia de la literatura. Lo empezó a escribir con 27 años y lo mantuvo durante diez, pero lo tuvo que abandonar por sus problemas con la vista. Aunque lo escribió en el siglo XVII, su diario no se difundió hasta el siglo XIX, cuando en 1825 se consiguió transcribir, pues Pepys lo había escrito en un complicado sistema encriptado de tipografía. 

Al saber que nadie de su círculo iba a leer sus diarios, Pepys escribió con bastante libertad y con mucho atrevimiento sobre muchas de las circunstancias de su vida. Eso sí, su diario, como era frecuente en su tiempo, tenía una exclusiva finalidad de dejar constancia y contabilidad de lo que había hecho cada día, sin más pretensiones literarias. Por eso, muchas entradas son muy parecidas y se limitan a contar de manera directa y breve sus inmediatas relaciones y problemas laborales y familiares. 

A pesar de su reiterativa rigidez, encontramos en sus diarios momentos de una radical sinceridad, de ahí su novedad si comparamos su diario con los de sus contemporáneos. Pepys anotó frecuentemente sus debilidades relacionadas con su trato con familias, amigos, algunas mujeres y su voracidad gastronómica, que acabó pasando factura a su salud. Aunque en todos los diarios hay un componente vanidoso, en el caso de Pepys hay más variedad de lo habitual.




            Este volumen, que lleva por subtítulo “Diarios gastronómicos”, contiene una selección de entradas que tienen que ver especialmente con su afición a la comida y a la bebida. Así comienza esta selección: “A casa desde la oficina y luego a la residencia de milord, donde mi esposa había preparado una comida excelente, a saber: un plato de huesos con tuétano, una pierna de cordero, un lomo de ternera, un plato de pollo, tres gallinas y dos docenas de alondras, todas en una fuente, una gran empanada, una lengua de vaca, un plato de anchoas, otro de gambas y queso…”. 

Pepys, un exquisito gourmet, menciona las comidas que tiene en su casa con su mujer, con sus amigos y familiares, comidas protocolarias y sociales en diferentes estancias y, las más de las veces, sus vistas con su mujer o con compañeros de trabajo a las tabernas de Londres: Taberna del Cielo, Renana, La Cabeza del Toro, del Sol, de las Plumas, de Will, Globo, Cabeza del Rey, La Corona… En sus comidas, a pesar de los deseos de controlarse y ser más comedido que insinúa en alguna ocasión, no hay lugar para la moderación y en todas lo que se busca es la apoteosis del exceso. 



La lista de platos que menciona es inabarcable, además de ser una buena muestra sociológica de lo que comían en Londres los burgueses y altos funcionarios de su tiempo: pecho de carnero, pierna de venado, caballa, costillas asadas, paletilla de cordero, barril de ostras (no pocas veces), espinazo de ternera, redondo de jabalí, carpas estofadas, cangrejo, cecina, gachas con ciruela, guiso de cordero y conejo, ganso salvaje, asadura de cerdo, entrañas de venado, anguilas, lamprea, fricandó de conejo y pollo y, para no agotar, unos pajarillos. Todo ello acompañado de los mejores vinos, que también en esto se nota el buen paladar de Pepys, preocupado por tener una buena bodega con los mejores caldos nacionales e internacionales y suficientes contactos para adquirir siempre los mejores productos.

Después de entregarse a tanto exceso, son frecuentes las molestias estomacales, las noches en blanco y los numerosos estados de embriaguez: “Toda la noche y toda la mañana con dolor de cabeza por los excesos de ayer”. Además, esas comidas abundantes le provocan algunos problemas de salud, que afectan sobre todo a sus deposiciones, una de sus principales inquietudes y a las que dedica algún comentario, como cuando escribe en una entrada de su diario las que deben ser las principales reglas para su salud, entre las que destaca “ya sea mediante un purgante, una lavativa, o ambos, ventosear y lograr una deposición fácil y abundante”. 



También son frecuentes los problemas de conciencia que le provoca su entrega desmedida a la comida y a la bebida. En alguna ocasión menciona que ha comenzado la Cuaresma, momento de penitencia y sobriedad, pero lo normal es que concluya este tiempo sin haber cambiado nada sus hábitos: “Hoy es el primer día de Cuaresma. A ver si soy capaz de respetarla”, para después escribir: “Es la única vez que hemos comido de vigilia en toda la Cuaresma”. También es consciente de que se pasa muchos pueblos bebiendo y que debe de tener cuidado. En ocasiones se muestra arrepentido: “Por la mañana el señor Mills pronunció el mejor sermón que he oído en mi vida sobre la embriaguez”, lo que no quita para que a los pocos días anote: “Estaba tan borracho que no me atreví a leer mis oraciones” o “Bebí tanto que no estaba en condiciones de trabajar” o “Me acosté muy achispado”. Algunas observaciones sobre la bebida son muy divertidas. Por ejemplo, cuando habla de la señora Shippman: “nunca en mi vida he visto a una mujer pimplar así”.



            A la vez que menciona todas estas cosas, habla además de su matrimonio, problemas domésticos, los criados, sucesos familiares (algunos trágicos, como la muerte de su hermano), viajes, cuestiones laborales y, más bien de pasada, alude también al pavoroso incendio que sufrió Londres en esos años y de los estragos que provocó la peste. Samuel Pepys llegó a ser un reputado escritor, fue miembro del Parlamento británico y presidente de la Royal Society.

Esta selección quizás defina de manera injusta al personaje, pues aparece exclusivamente obsesionado con los placeres de la comida y la bebida, aunque también se hable mínimamente de su afición a la poesía y a la música (sale cantando frecuentemente y tocando algún instrumento). El resultado de esta edición, a cargo de Robert Latham y William Matthews, es una entretenida radiografía de los gustos culinarios de la época y de la ambición y pequeños placeres de un personaje frívolo, orgulloso, superficial que sigue siendo tan actual y que siempre tiene hambre.




Samuel Pepys

La alegría del exceso

Nórdica. Madrid (2022)

118 págs. 

16,50 € (papel) / 7,99 € (digital).

T.o.: The Joys of Excess

Traducción: Íñigo Jáuregui.