lunes, 26 de marzo de 2018

“Dzhan”, de Andréi Platónov


Como otros muchos escritores soviéticos, Andréi Platónov (1899-1951) tuvo serios problemas con las autoridades para que se publicasen sus obras. A partir de 1927 se traslada a Moscú (había estudiado Ingeniería Electrotécnica y había trabajado en diferentes proyectos en la Rusia central) con el fin de dedicarse a la literatura. En la época final de la NEP (Nueva Política Económica), que trajo apertura a todos los ámbitos, también el literario, Platónov escribió dos de sus obras más importantes, Chevengur y El faro, que sin embargo no recibieron la oportuna autorización para ser publicadas (de hecho, Chevengur no se publicó de manera completa en la URSS hasta 1988). La persecución contra Platónov, por orden de Stalin, fue especialmente fuerte a partir de 1931, aunque se relajó durante la Segunda Guerra Mundial (pudo ser corresponsal de guerra) y después consiguió publicar algunos relatos, aunque nuevamente fue censurado hasta su muerte en 1951. Su conflictiva relación con el régimen y las represalias que tuvo que padecer las cuenta muy bien Vitali Shentalinski en su libro La palabra arrestada (Galaxia Gutenberg, 2018), volumen dedicado precisamente a las persecuciones que sufrieron destacados escritores soviéticos, todos de la talla de Platónov.
            La editorial Fulgencio Pimentel recupera en esta edición la versión íntegra y original de Dzhan, que escribió en 1935 y cuya publicación tuvo un azaroso periplo, pues en vida del autor solo se publicó un fragmento en una revista en 1938. La novela recorrió diferentes revistas y Platónov fue haciendo cambios con el fin de adaptar su obra al pensamiento literario de la época y recibiese así su aprobación para ser publicada. Así, añadió algunos capítulos y alteró incluso el final de la novela. Ni así se publicó. La primera vez que se editó en la URSS apareció en una revista de Kazajistán en 1964, aunque los editores incluyeron numerosos cortes y alteraciones arbitrarios. Las sucesivas ediciones de la obra aparecieron con los añadidos y cambios de esta edición, incluso en las obras completas del autor. Hasta 1999 no se restituyó el texto original, que ahora es el que se traduce al castellano, aunque como apéndice se incluyen los capítulos añadidos que figuran en otras ediciones (como las que se habían hecho en España con anterioridad).
            La novela cuenta el viaje que hace Nazar Chagatáyev a su tierra natal después de haber abandonado a su familia hace quince años. Nazar ha finalizado recientemente sus estudios en el Instituto de Economía de Moscú. En una fiesta de despedida de sus años como universitario, conoce a Vera, licenciada en Química, con la que contrae matrimonio a pesar de ella estar embarazada y tener también una hija adolescente, Knesia, de un matrimonio anterior. Nadar recibe el encargo del Partido de viajar de nuevo a su pueblo con el fin de introducirlo en el socialismo. Abandona a Vera y viaja hasta Taskent, y de allí se dirige a la región de Sariqamish, a Ust-Urt y al delta del Amu Daria donde puede encontrarse el pueblo nómada del que él procede.
            Se trata de un pueblo sin nombre al que sus habitantes llaman Dzhan, que puede significar, como señala la traductora, “alma que busca la felicidad”, “una de las abundantes expresiones persas adoptadas por las lenguas túrquicas de Asia Central”. Para Nazar, son “gente que había huido, huérfanos de todas partes y esclavos viejos y enfermos, a los que habían echado (…) También vivían hombres que no conocían a Dios, que se burlaban del mundo”. Dhzhan es un miserable pueblo nómada de diferentes nacionalidades: karakalpakos, uzbekos, kazajos, persas, kurdos, balichis y “gente que había olvidado de dónde era”.
            Nazar se reencuentra con ellos y su madre, Gulchatái, y se plantea conducirlos hacia el socialismo. Como le han dicho sus jefes del Partido, “tu pueblo ya ha estado en el infierno, que viva ahora en el paraíso”. Pero lo que viene a continuación no es precisamente, de entrada, el ingreso de este pueblo en la sociedad del bienestar comunista. Nazar los acompaña por un periplo que es toda una pesadilla existencial. Recorren desiertos sin agua y sin alimento, sobreviviendo de milagro, con imágenes y escenas absolutamente desquiciadas y oníricas, pues la miseria de vida y el sentido nómada del pueblo hacen casi imposible tomar decisiones. Al final, sin embargo, consiguen una cierta estabilidad gracias a la ayuda de las autoridades y Nazar decide regresar a Moscú.
            Con este relato, Platónov pretendía fundir el mundo oriental y occidental. El viaje que realizó a Turkmenistán en 1934, antes de escribir esta novela, le dejó totalmente fascinado por el paisaje que vio y las vidas de sus habitantes, alejadas de la uniformidad de otros pueblos soviéticos. A diferencia de la literatura oficial, que juzgaba estos pueblos como despojos inservibles para el socialismo, Platónov ve en ellos una esencia difícil de abarcar y encerrar en una novela. Y también intenta –era la mentalidad oficial de aquellos años, imposible de no tener en cuenta- fundir estos pueblos con los anhelos socialistas, como sucede en la novela, que se pone al servicio de Stalin, aunque de una manera tan sui generis que las autoridades recelaron del mensaje de esta novela.
            Lo más interesante es ese viaje a ninguna parte por caminos inhóspitos; la relación del protagonista con su madre y otros miembros de este pequeño pueblo nómada; el estilo sonámbulo de unas vidas despojadas de dignidad; las escenas delirantes y primitivas de hambre y sed y de pobreza absoluta; la actitud ataráxica de este pueblo, que acepta la desolación como escenario vital. Nazar les lleva el socialismo, que en la novela es sinónimo de felicidad, pero no parece que sea un anhelo de este pueblo, que prefiere mantener su identidad nómada y miserable.


Dzhan
Andréi Platónov
Fulgencio Pimentel. Logroño (2018)
250 págs. 19,95 €.
Traducción: Amaya Lacasa.

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