lunes, 10 de julio de 2023

Selección de narrativa para las vacaciones

   

 Como todos los veranos, hemos publicado en Aceprensa una selección de diez novelas que destacamos de entre las publicadas en los últimos meses. Hay de todo: novelas políticas, policiacas, sociales, ambientadas en la Segunda Guerra Mundial y las que abordan cuestiones humanas y también de máxima actualidad, como la cultura woke.

"La guerra del general Escobar", de José Luis Olaizola



    La editorial Biblioteca Online ha rescatado la obra ganadora del Premio Planeta en 1983, La guerra del General Escobar, escrita por José Luis Olaziola (San Sebastián, 1927), ya en aquellos años escritor de reconocido prestigio, autor hasta ese momento de una decena de novelas de gran calidad, como Planicio y El señor del huerto, trayectoria que ha ampliado después con nuevas novelas, biografías, libros infantiles y juveniles, diarios, reportajes y ensayos biográficos. La novela está inspirada en hechos y personajes, reales.

            Su narrador y protagonista es el propio general Escobar, quien ha decidido escribir sus memorias poco antes de su fusilamiento en el Castillo de Montjuic, que tuvo lugar el 8 de febrero de 1940, meses después de acabar la guerra civil española, en la que el general desempeñó importantes destinos en el ejército republicano, al que decidió ser fiel tras el levantamiento armado del 18 de julio de 1936. El propio general, en aquel año coronel de la Guardia Civil en Barcelona, intervino para sofocar el levantamiento militar y mostrar así su rechazo a aquellos sucesos. 

Desde ese momento, Escobar fue uno de los militares más fieles a la República. Posteriormente fue trasladado al frente de Madrid, donde sufrió una grave herida en una misión, y de nuevo a Barcelona, donde fue víctima de un atentado de los anarquistas, en los peores meses de la guerra civil en Cataluña. Tras su recuperación, fue nombrado General en Jefe del Ejército de Extremadura, cargó que desempeñó hasta que se rindió al ejército de Franco. Rechazó huir de España en una avioneta rumbo a Portugal; detenido, fue trasladado primero a la cárcel del Cisne, en Madrid, y después a Montjuic, donde se celebró el juicio que dictó su sentencia de muerte. En esos años se relacionó con los políticos y militares más importantes de la República, como Azaña, Companys, Negrín, Besteiro, Miaja, Rojo…

En las páginas finales, Olaizola explica sus intenciones con esta novela: “Este libro no contiene el relato de una guerra, sino la historia de un hombre que vivió una guerra”. Y la vivió en un bando concreto y en unas circunstancias concretas. Lo que se cuenta es su punto de vista, con el que se puede o no coincidir, pues el autor, un coherente y férreo militar, defendió la República desde el compromiso con su conciencia, que le dictó cumplir con el servicio para el que había sido designado, sin pensar en otras razones. 

Con su relato, intimista, cordial, nada beligerante, siempre buscando la paz, el orden y el bien común, Olaizola ofrece un original punto de vista sobre la guerra de alguien que estuvo implicada en ella hasta las últimas consecuencias. Pero conviene no olvidar que se trata de una novela y no de un libro de historia. Es cierto que, como explica al final, su relato está apoyado en diferentes testimonios de personas muy cercanas al general, a otras investigaciones históricas y a la realizada por el propio autor para que su narración fuese lo más verosímil posible. Este realismo es uno de los principales rasgos de esta novela, un testimonio más de los muchos que se han publicado sobre la guerra civil. 

A pesar del paso de los años desde su publicación en 1983, el relato, escrito con un estilo sencillo y pausado, nada pretencioso, se lee con agrado porque Olaizola ha tenido el acierto de no caer en el maniqueísmo. Escobar es un personaje que no resulta fácil de encasillar, pues al hecho de ser militar republicano sin tacha hay que sumar su condición de católico practicante, que no oculta en ningún momento, arriesgando incluso su vida en un contexto beligerante contra la práctica religiosa. Tampoco es un fanático ideológico que le impide reconocer con detalle la evolución del ritmo de la guerra, pues no
esconde que la situación en el bando republicano, en especial del ejército, no es la mejor ni la más profesional. A pesar de todo lo que ve durante una guerra fratricida, Escobar intenta actuar con rectitud, sin dejarse llevar por el odio y empleando una ejemplar y reconocida profesionalidad. 



La guerra del General Escobar

José Luis Olaizola

Biblioteca Online. Madrid (2023)

156 págs. 

15 € (papel) / 4,99 € (digital).

jueves, 6 de julio de 2023

"De mis muñecas", de Juan Antonio Cebrián

 

        De mis muñecas es la continuación de Entre ratones (2022), un diario del autor que recoge anotaciones de los años 2000 al 2012 reelaboradas para esta edición. El género que emplea Cebrián encaja bien en lo que es hoy día el diario literario: un cajón de sastre en el que se almacenan recuerdos familiares, estampas costumbristas, reflexiones sobre lecturas, impresiones sobre sucesos, relatos de algunos acontecimientos que han quedado grabados en la memoria del autor, rememoraciones de amigos y viajes, muchos viajes profesionales que el autor, Doctor en Geografía por la Universidad Complutense de Madrid, ha realizado para impartir seminarios y conferencias relacionados con su especialidad: el Análisis Geográfico de las Migraciones Internacionales Contemporáneas. Cebrián es autor también de varios libros de poesía como Billete de ida y vueltaSi Garcilaso volvieraChiloé, entre otros.

            En la reseña que escribí en este blog de su anterior libro, Entre ratones, comentaba que muchas de las entradas de este diario se asemejan a poemas. En estos textos, el autor condensa el estilo y el mensaje, yendo al cogollo, a lo esencial. También muchos textos se asemejan a instantáneas, a fotografías en las que se ha captado un trozo significativo pero aislado de la realidad, sin que conozcamos muchos detalles ni del antes ni del después y sin que transcurra un relato cronológico de lo que se cuenta, como bien ha captado el autor de la portada y de las ilustraciones que acompañan al libro. Esta deliberada manera de contar las cosas, un tanto caótica, como suelen ser los recuerdos automáticos, hace que vayamos saltando de entrada en entrada a recuerdos y sucesos que han quedado grabados en la memoria del autor. Poco a poco, vamos así conociendo más cosas del autor, que también de manera deliberada vuelca sus narraciones hacia el exterior, mostrando las cualidades de amigos y de los lugares que ha recorrido.

            Pero de vez en cuando sale la intimidad del autor. Y, en esos momentos, pocos, lo que cuenta adquiere un valor muy especial. Avanzamos en una personal “topografía de las sensaciones”, en las que se aprecia la sensibilidad del autor para escribir sobre su mundo y su manera de estar en esa realidad. También son escasas las referencias al presente, pero en ellas puede estar la clave de esa mirada descriptiva y cariñosa del pasado. 

            Hay entradas en las que se aprecia su amor por la literatura, con referencias a la influencia que ha tenido en su vida como lector y escritor los libros de Albert Camus. También su agudeza musical, con alusiones a músicos con los que ha conectado especialmente, como Antoine Brumel. Son emotivos los recuerdos familiares sobre su madre. Menciona la aceptación de la enfermedad. En esta segunda parte de sus diarios, el título hace referencia a la abundante presencia de personajes femeninos, que aparecen en estas páginas de manera amable y cordial.

            “No sé consolar con palabras, solo puedo ofrecer, en suspenso (…), el tacto”, escribe a propósito de su deseo de llegar a los demás. Y aunque piense que lo que escribe son, sin más, “líneas de polvo”, hay en estas instantáneas jirones de mucho sentimiento y de mucha vida, compartida con los amigos y familiares. Hay, además, un deseo de profundidad, de esquivar lo epidérmico e ir a lo esencial.

            Echo de menos en algunos pasajes y momentos que el autor saque a pasear más a menudo su intimidad. Y algunas de las entradas necesitan también un poco más de contexto para entender mejor las observaciones del autor. Se nota mucho en estos textos su filiación poética. Esta mirada lírica sobre lo que le rodea, auténtica y personal, añade individualidad y personalidad a este diario. 



De mis muñecas

Juan Antonio Cebrián

Ediciones del Orto. Madrid (2023).

186 págs. 12 €.

Ver web.

 

martes, 20 de junio de 2023

"Ucrania, encrucijada de culturas", de Karl Schlögel

 


        Profesor de Historia del Este en la Universidad Europea de Viadrina (Fráncfort del Óder), Karl Schlögel (1948) es una de las voces más autorizadas en lo que a conocimiento de la historia contemporánea de la URSS y de Rusia se refiere. En España se han publicado dos de sus mejores obras, Terror y utopía (2015), sobre lo sucedido en la URSS en los peores años del estalinismo, y El siglo soviético (2021), una original recreación de muchos de los ingredientes que formaron parte de la cultura y la sociedad soviéticas. Ucrania, encrucijada de culturas reúne textos del autor escritos en diferentes momentos sobre ocho ciudades ucranianas con los que quiere explicar la compleja situación que ha vivido Ucrania a lo largo de la historia, un país multicultural sometido a los numerosos cambios geopolíticos que se han dado en la zona.

            Schlögel publicó este libro en Alemania en 2015, meses después de la anexión de Crimea en 2014 y la ocupación del Dombás, dando origen a una guerra soterrada que se ha mantenido durante años hasta la invasión de Ucrania en febrero de 2022. La parte final contiene algunos escritos del autor publicados después de los sucesos de febrero de 2022. En el libro, son muy importantes tanto los primeros capítulos como los últimos, donde el autor alemán realiza una reflexión sobre las causas de las guerras de 2014 y la actual y una disección de la cultura ucraniana y su relación con Rusia y con Europa. 



En estos textos, Karl Schlögel no oculta su decidido posicionamiento político a favor de la independencia de Ucrania y en contra de los deseos imperialistas de Putin. Para explicar su postura, nada oportunista, recurre a su exhaustivo conocimiento de la realidad de Ucrania, país que recorrió durante décadas y que, como demuestra en los capítulos del libro dedicados a las ciudades más importantes, conoce a la perfección.

            En el prólogo, denuncia Schlögel el desconocimiento de lo sucedido en Ucrania en los últimos años por parte de los países occidentales, que han aceptado en muchas ocasiones los posicionamientos y la propaganda de Rusia, como los clichés sobre el nazismo y el antisemitismo. En su crítica a la postura imperialista de la Rusia de Putin, reproduce unas palabras de la escritora rusa Liudmila Ulítskaia, ahora exiliada: “Se ha violado de un modo grosero el derecho internacional y se han destruido los principios de la seguridad y la estabilidad europea (…). Mi país está enfermo de incultura agresiva, de nacionalismo y de megalomanía imperial”.

            El libro de Schlögel no es una nueva historia de Ucrania. El autor emplea un método histórico que ya ha utilizado en otras obras: “las topografías históricas”. Para él, “en el espacio leemos el tiempo” y por eso es posible “leer las ciudades”, “descifrarlas como textura y palimpsestos” con el fin de “sacar a la luz sus estratos en una suerte de arqueología urbana que invita a hablar del pasado”. En este sentido, para Schlögel, las ciudades son “puntos de máxima condensación de los espacios y la experiencia histórica”.



    Con estos presupuestos, el historiador alemán introduce a los lectores en la historia y la evolución de las ocho ciudades que ha visitado y “leído”: Kiev, Odesa, Yalta, Járkov, Dnipropetrovsk, Donetsk, Czernowitz y Lvov, con un capítulo en las páginas finales dedicada a la matanza de Babi Yar. Cada una a su manera, todas son testigo de la complicada evolución histórica de Ucrania, de su intermitente relación con los imperios de la época, de las amables y en ocasiones tensas relaciones con Occidente, de invasiones de todo tipo, de fronteras movedizas... 


    

    En sus diferentes recorridos históricos, todas unen sus destinos con el terremoto de la Revolución soviética, la guerra civil, la victoria de los bolcheviques, la implantación de un severo estalinismo que provocó, como sucedió con el Holodomor, millones de muertos y la invasión de los nazis con la Segunda Guerra Mundial. A partir de la caída del comunismo en 1989, Ucrania logra su independencia y se inicia en estas ciudades, cada una con un estilo distinto y su propia “geografía cultural”, un proceso de reconstrucción histórica y democrática, siempre con la sospechosa actitud de los rusos, que no asimilaron ni su independencia ni su viraje hacia Occidente.





Ucrania, encrucijada de culturas

Karl Schlögel

Acantilado. Barcelona (2023).

448 págs. 32 € 

T.o.: Entscheidung in Kiew

Traducción: José Aníbal Campos.

viernes, 9 de junio de 2023

"Novelas que dejan huella", de Hilario Mendo

 

Es tal el volumen de novedades que aparecen en las librerías periódicamente que resulta difícil escoger y fijar la atención entre tanta oferta. Además, suelen ser los best-sellers y las novelas que buscan entretenimiento al por mayor las que se llevan la atención de la crítica literaria y las que ocupan los primeros puestos en las listas de libros más vendidos y en las selecciones que hacen los medios de comunicación y las propias librerías. Hoy más que nunca, resulta indispensable la labor de buenos lectores con prestigio y críticos literarios independientes que sepan distinguir el grano de la paja. No resulta fácil realizar esta tarea teniendo en cuenta el peso de las grandes editoriales, la fuerza de la publicidad y la velocidad a la que se suceden las novedades, lo que provoca que novelas originales, interesantes, exigentes, de calidad, pasen sin pena ni gloria y a las pocas semanas sean víctimas del olvido.

            Por eso hacen falta libros como este, Novelas que dejan huella, en el que el autor, experimentado crítico y riguroso lector, realiza una selección de “mis novelas preferidas de este siglo tan aburrido”. Hilario Mendo (Madrid, 1948) es también autor de otro volumen de características similares, Mis libros inolvidables (2006), en el que escribió sobre sus libros favoritos de los últimos decenios del siglo XX. Conviene aclarar que no estamos ante un libro académico ni un estudio sobre la literatura contemporánea actual. El autor mantiene una conversación con sus lectores en la que, como suele hacer de manera habitual en diferentes contextos, recomienda libros que le han gustado y llamado la atención. Eso sí, con unos criterios claros: “las ficciones de calidad, aunque escasean, mantienen todavía un nivel por encima de los productos culturales de esta sociedad del hiperconsumismo”. 

Basta con echar un vistazo al índice –e incluso a la lista de libros que figura en las páginas finales- para comprobar cómo Hilario Mendo tiene un sentido elevado de las posibilidades de la lectura como vehículo positivo de transformación humana, personal y hasta espiritual, sin reducir la misión de la literatura al mero pasatiempo. Libros, pues, que abordan muchas cuestiones de la condición humana desde perspectivas diferentes, con un sentido muy abierto de la cultura y sin reducir los mensajes literarios a solamente los “positivos”, pues en muchas ocasiones muchos de los libros seleccionados muestran las cicatrices, las dudas, las incertidumbres, los errores del hombre contemporáneo, siempre contados, eso sí, con elegancia y una sobresaliente calidad literaria. 

            De los cincuenta libros elegidos, menciona brevemente el lugar que ocupa en la trayectoria del autor, selecciona algunos pasajes significativos y analiza tanto sus contenidos literarios como sus mensajes de fondo, incorporando el autor en sus comentarios algunas reflexiones personales que interpelan a los lectores y que tienen que ver con aspectos culturales y existenciales de actualidad en el pensamiento contemporáneo.

            Sorprende la intuición de Hilario Mendo para descubrir títulos a los que apenas se les ha prestado atención, como Preparación para la próxima vida, de Atticus Lish, “novela descarnada y conmovedora, que ha tocado mis fibras más sensibles como pocas ficciones lo han hecho en las últimas décadas”. O En islas extrañas, de Amy Lyptrot, obra “de gran crudeza y honestidad” y “profundamente humana”. También merece destacarse su agudeza para rescatar Brooklyn, de Colm Tóibin; Paz, de Richard Bausch; La mujer de un solo hombre, de A.S.A. Harrison; Ahora me rindo y eso es todo, de Álvaro Enrigue; Tallo de hierro, de William Kennedy; Un tiempo para callar, de Patrick Leigh Fermor; Capital, de John Lanchester, y otros títulos muy interesantes.

            Abundan los autores norteamericanos (Raymond Carver, Tobías Wolff, Saul Bellow, William Saroyan, Wallace Stegner, Edgar L. Doctorow, Cormac McCarthy, Lucia Berlin…). Alaba las mejores novelas de un grupo de autores judíos, como Isaac Bashevis Singer, Abraham B. Yehoshúa, Israel Joshua Singer. Entre los españoles, aparecen autores de hace décadas (como Arturo Barea, de quien el autor rescata La forja de un rebelde) y otros contemporáneos como Javier Marías, Jesús Carrasco, Fernando Aramburu, Andrés Barba y Natalia Sanmartín. Entre los autores hispanoamericanos, destaca La fiesta del chivo, de Vargas Llosa, y El hombre que amaba a los perros, de Leonardo Padura. Y el autor escribe también sobre autores europeos clásicos y modernos, como Antonio Tabucchi, Ian McEwan, Stefan Zweig, Vasili Grossman, Carlo Levi, Siri Hustved...

           Estamos, pues, ante un libro muy personal, no una mera guía, que puede servir a muchos lectores inquietos e interesados en la literatura actual para descubrir lecturas que “dejan huella”, como dice su título. Y también a salir de lo establecido, lo más vendido, lo que más se lee, etc., muchas veces lecturas insustanciales y sin alma. Merece la pena dejarse aconsejar por el autor: tiene un buen ojo clínico para descubrir novelas y ficciones que muestran los variados y contradictorios intereses del ser humano actual. 



Novelas que dejan huella

Hilario Mendo

Digital Reasons. Madrid (2023)

316 págs. 18 €.

lunes, 29 de mayo de 2023

Presentación de “Libro de familia”

      

Durante meses, he estado preparando un libro sobre mi familia que contiene recuerdos, anécdotas, historias y muchas fotografías. Lo he titulado Libro de familia. Me lo ha maquetado, diseñado y editado Pablo, compañero de trabajo, con su proverbial profesionalidad. Se trata de un libro doméstico, familiar, que sólo tiene recorrido entre mi familia, vecinos y amigos. 

Cuando lo preparé, con la colaboración de algunos de mis hermanos, decidimos mantener en secreto el proyecto y pensar en la presentación, que tendría que ser original y muy familiar. Porque este es un libro sobre todo para la presentación. Si conseguíamos reunir en un sencillo acto a toda la gente que conocía bien a nuestra familia, el trabajo habría merecido la pena.

La presentación fue el 19 de mayo, viernes.

El escenario, como nos han dicho tantos de los que acudieron, fue lo mejor. Por un lado, la fachada decadente, las ventanas de las casas, la ropa tendida, las escaleras que dan acceso al patio; en frente, la valla que recorre todo el patio y los edificios visibles de los vecinos de la calle de atrás, Rodríguez Espinosa. Cuando concretamos la fecha de la presentación, nos pusimos manos a la obra con los preparativos. Una presentación en toda regla, con el boato justo, pues de lo que se trataba era de vivir una fiesta cálida y familiar. Alquilamos unas sillas, encargamos una merienda y, en los últimos días, tuvimos la idea de invitar también a un grupo de música para que amenizase el acto con un popurrí de canciones de los años sesenta y setenta. 



Le dimos también vueltas a quién podía presentar el libro. Rechazamos a la primera que lo presentase alguien de renombre o un experto aséptico que no nos conocía de nada. Se lo propusimos a cuatro amigos de la familia: nuestra vecina de toda la vida, Carmen; Camacho, amigo de Ricardo y también de todos nosotros; Quique, vecino de Toñín pero que ya forma parte de nuestra familia, como sus hijos Rocío y Quique; y Pili, la gran Pili, amiga de toda la vida de Loli, que nos ha acompañado a todos desde siempre en los buenos momentos y en los malos. La elección estuvo muy acertada, pues los cuatro, en sus intervenciones, se ajustaron a lo que queríamos: una sencilla, emotiva y nostálgica evocación de su relación con nuestra familia, los Torrecilla Molinuevo.


Presentó el acto mi sobrina Andrea, a la que ya lié también para que se encargase de coordinar la presentación en Tajamar de La suerte de conocerte, mi libro anterior, unos diarios en los que también aparece mucho mi familia y que son el origen de este nuevo libro. Andrea lo hizo muy bien, dando a sus intervenciones el tono humano necesario, pues no estábamos en una presentación oficial. Andrea es también la autora del prólogo de Libro de Familia, que ha titulado  “La vida diaria en clave de humor” y del que destaco estas líneas: “En este libro encontraréis historias de una familia de Vallecas que se podría considerar, juzgando las mismas, de todo menos normal. La vida diaria contada en clave de humor, porque así es como nos hemos enseñado los unos a los otros a vivir. Dramas familiares que pierden todo el dramatismo al ser recordadas porque prima en ellos cualquier situación surrealista protagonizada por alguno de sus miembros, bien sea el sorpresivo ingreso en urgencias de un hospital, una prueba médica convertida en el epicentro de todos los chistes o un tanatorio siendo escenario de un auténtico “planazo” (…). Siete hermanos, y sus múltiples amigos, protagonistas de una vida digna de ser contada, de historias que dan incluso para escribir un libro”.




Andrea comenzó explicando algo el contenido del libro y resaltando que, en definitiva, este libro era un sentido homenaje que hacíamos nuestra familia a nuestra madre, sentada en las primeras sillas. Andrea leyó algunos pasajes del libro que hacen referencia a mi madre, que escuchó de manera muy atenta, incluso llevando la contraria a Andrea en alguna afirmación (como que a veces hacía trampas a las cartas). Copio un breve párrafo de lo que leyó Andrea: “La “señora Estupenda” [así la llamamos en clave de humor] hace todo lo que esté al alcance de su mano para que nosotros, sus hijos, no nos preocupemos por nada. «Dile a tus hermanos que estoy muy bien, que como bien, que duermo bien. Que estoy muy contenta y que aquí me tratan muy bien. Estoy estupendamente». «Y si no –dice a la vez que señala su bastón–, aquí tengo yo esto para poner la cosas en su sitio». Siempre saca el lado bueno de todo y siempre manifiesta una actitud abierta a disfrutar de lo que sea –un baile, una partida de cartas, el dominó, un bingo, etc.– porque de lo que se trata es de pasarlo bien, adaptarse a lo que venga y no dar la brasa. (…) Nunca fue una madre posesiva ni agonías, tampoco con las necesidades económicas que teníamos, que no eran pocas. Todos pusimos de nuestra parte para que cada uno fuera encontrando su sitio y facilitar las cosas a mi madre. Y ella llevó todo esto con ese carácter que tiene, despreocupado y viendo el lado positivo de todo”.






Al acabar este pequeño homenaje a mi madre, le entregamos un ramo de flores y un regalo que viene repitiéndose de manera sorpresiva en mi familia desde hace ya muchas décadas, más de treinta, una puñetera pistola que aparece siempre escondida en los sitios más insospechados (por ejemplo, a mi hermano Alberto, en su boda, antes del tradicional vals, los camareros le acercaron con mucha pompa una bandeja donde estaba la dichosa pistola). Una broma familiar con la que mi madre, que no se la esperaba, se rio bastante.


Luego, tuvo lugar la primera actuación musical del grupo de chavales. En este primer bloque, interpretaron canciones de Ducan Dhu, Nino Bravo, la canción de Heidi, una de Julio Iglesias, otra de Raphael y también de Mocedades. A continuación, Andrea presentó a cada uno de los intervinientes. Comenzó Carmen y después Camacho. En ese momento, el grupo musical volvió a entrar en escena con otra breve actuación, ahora con canciones de Palito Ortega, Fórmula V, Los Brincos, Luis Aguilé y, cómo no, no podía faltar el gran Georgie Dann con su ya mítica “La barbacoa”, coreada por todos los asistentes, como el resto de las canciones. Al acabar, intervino Quique y finalizaron las intervenciones con Pili. 


Hay que destacar el ánimo con el que los cuatro aceptaron el marrón de preparar un texto que, reconozco, no es nada fácil de escribir  pues se trataba de decir algo del libro y de la familia con un tono entre serio y divertido. Como colofón, Andrea les entregó a cada uno un regalo que, muy bien envueltos, escondían una broma para cada uno de ellos. Unas brevas para la Carmen (ella siempre llamaba a mi madre doña Higo y mi madre la trataba de doña Breva), una fotografía enmarcada y dedicada de Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, para Camacho, atlético y antimadridista; a Quique, una lata de callos, uno de sus platos preferidos; y a Pili, muy bien camuflados, unos polvorones que, como la pistola, aparecen en los sitios más descabellados como sorprendente regalo. 

Antes de la clausura, yo dije unas palabras para agradecer a todas las personas que habían hecho posible este acto y el libro que empezaríamos a repartir al finalizar. Pero la clausura también tuvo su momento musical, pues los músicos nos animaron a ponernos a todos de pie para cantar de manera encendida el himno del Rayo Vallecano, el equipo de nuestro barrio.




Luego empezaron a circular los botellines. Gracias a la profesionalidad de María Alejandra y su equipo, disfrutamos de una generosa merienda, variada y muy bien preparada. A la merienda se añadieron unos cien filetes rusos que había traído mi hermana Mari Carmen sabiendo la debilidad que tenemos todos en la familia por este plato (y mas si los filetes los ha hecho ella).



Vinieron gente muy, muy querida y apreciada, como mi tía Inés, mi primo Carlos y también Isabel, su vecina de toda la vida, gran amiga también de mi madre. Mis primos Silvia y Pedrín que nos echaron un capote con los preparativos (en casa de Silvi nos fuimos a tomar algo después de recoger todas las cosas) y mi prima Mari Carmen, una de las hijas de mi tía Carmen. Apareció Jacinto, el camarero de toda la vida del bar Dones, ya jubilado, muy apreciado por todos nosotros. La Sole, muy amiga de todos, y que llevaba La Boutique del Pan, una tienda que hay justo enfrente del portal de mi casa. Muchos vecinos e hijos de los vecinos, como José Luis y su hermana Yoli, Lauri, Tere y Juan, su marido, las hijas de Carmen y Marcos, Elisabet y Elena, y Carmen, la mujer de Cuevas, otra vecina de toda la vida. 

Estuvieron César y Rafa, a quien tanto quiere toda mi familia. Rafa es el autor del epílogo, del que reproduzco un par de párrafos: “Conocí a la familia Torrecilla hace más de cuarenta años. (…) Era, es, una familia de lo que me gusta llamar el pueblo-pueblo, la gente que no va de nada, que se amolda a las grietas de la vida, agradables unas, dolorosas otras, pero siempre sin alzar el grito ni la pena. (…) Cuando existe esa felicidad que no se nombra nunca como tal, el primer resultado es la alegría y el buen humor. Y, como en un círculo virtuoso, ese buen humor contribuye a la felicidad. Ese era el ambiente que yo vi en aquellas veces que fui a comer a casa de Adolfo. Ese es el ambiente en el que me siento a gusto, con la naturalidad de la vida sin más, sin falsas cortesías, sin remilgos”.

           También estuvieron amigos de mi hermano Antonio (el Ruda, Rocío, Cristina, Antonio, Marta, Eduardo, Merche, Javi, Manuel y Óscar); amigas de mi hermana Loli, como María José,  Milagros y Daniel, su marido, a quienes hacía tiempo que no veía; Sonia y Samuel, la mujer y el hijo de Camacho; los hermanos y cuñados de José, quien, por el trabajo, llegó a la presentación casi al final: Mari, Fede, Antonio y Conchi. Y también Isra y Cris. Me dio mucha alegría ver a José Félix con su mujer Belén y Lorenzo, su hijo. Lo mismo que ver a Fernando, Alberto, Goyo, Pedro, José Luis, Enrique y a Arturo, que nos solucionó antes de empezar algunos problemas con los altavoces. Y mis compañeros de trabajo: Antonio (y su hijo Dani, buen amigo), Paco y Ana Isabel, Pablo y Miriam y Cristina. A todos estos hay que sumar algunos amigos de mi hermano Alberto, Jaime (vecino del 24), mis sobrinos (Álvaro, Candela, Rubén), Elisa, mi cuñada, David, el novio de Andrea (que hizo de cámara), y Mila, su madre. Dos vallecanos de pro, incondicionales en estas presentaciones, como son Carlos y Nano (el Percha). También Luis, mi vecino. Y dos personajes muy excepcionales, que hacía tiempo que no veíamos: Jorge y Merche, vecinos de toda la vida: Jorge era un asiduo a la San Silvestre vallecana en Dones y es el protagonista de las coplas que cantábamos en el bar cuando ya la carrera había finalizado, momento que sale en Libro de Familia.






Y dejo para el final a algunas personas que ocuparon un lugar muy especial en esta presentación: Rosa, la novia de mi hermano Ángel (ya fallecido hace muchos años): de los dos hablo en el libro; mis hermanos Mari Carmen, Antonio, Alberto, Loli y Ricardo (que me han ayudado en todos los preparativos) y, por supuesto, mi madre, a la que se veía subida en una nube y feliz, y más todavía cuando descubrió que la habíamos llevado también sus bollos preferidos. 

Nos lo pasamos muy bien, todo hay que decirlo, a lo que sin duda contribuyeron los botellines de Mahou que nos tomamos. Solo por la presentación, ha merecido la pena escribir este libro de recuerdos, historias, anécdotas. Me lo he pasado muy bien escribiendo muchos capítulos, aunque con otros los sentimientos han estado más a flor de piel, como los capítulos que dedico a mi padre y a mi hermano Ángel.

Un libro, quiero subrayarlo, sin pretensiones de nada, con el que lo único que he buscado ha sido pasar un buen rato para reconstruir un modelo y un estilo de vida familiar que se encuentra, quizás, en vías de extinción. Como escribo en el prólogo: “Intento no caer en la nostalgia, pero sé que no lo he conseguido. No resulta fácil esquivar estos sentimientos cuando uno regresa a su infancia y recupera muchos momentos del pasado, un pasado que no va a volver y que se agranda a medida que el futuro mengua. Sí, nos estamos haciendo mayores”.
























sábado, 27 de mayo de 2023

"Réquiem por un campesino español", de Ramón J. Sender

   

     Nacido en 1901 en Chalamera de Cinca (Huesca), Ramón J. Sender se trasladó muy joven a Madrid para ejercer como periodista, muy beligerante y politizado en sus inicios tanto en el contenido de sus colaboraciones como en las formas. Durante la dictadura de Primo de Rivera, pasó unos meses en la cárcel por la virulencia de sus artículos, que empezó a publicar en El Sol y que, más tarde, con su progresiva radicalización política, aparecieron en La Libertad y en Solidaridad Obrera. Sender comenzó su actividad periodística vinculado al anarquismo, que abandonó para ingresar en el Partido Comunista. Durante la Guerra Civil española, en la que mataron a su mujer y a un hermano, combatió al lado de Enrique Líster y fue miembro del Alto Estado Mayor del Ejército Republicano. 

En la Guerra, se distanció de los comunistas, lo que le provocó algún problema en su posterior exilio, primero en México hasta 1942 y luego en Estados Unidos, donde fue profesor en diferentes universidades. A partir de la década de los sesenta, comenzó a viajar a España periódicamente. Incluso en 1969 obtuvo el Premio Planeta con su novela En la vida de Ignacio Morel. Murió en San Diego (EEUU), en 1982.

            Durante los años veinte y treinta compaginó su actividad periodística con la literatura, siempre con una marcada finalidad política. Seguidor en la manera de novelar de Galdós y Baroja, Sender incluye en las novelas que escribió en esos años un fuerte mensaje político, como se puede apreciar en Imán Mr. Witt en el Cantón. Aunque siempre suele haber en sus obras un componente social, después de la Guerra rebajó este mensaje. Fue un escritor muy prolífico, con obras muy variadas y diferentes. En su larga trayectoria encontramos obras políticas, sociales, alegóricas de intenciones satíricas, filosóficas, poéticas, obras históricas, autobiográficas, libros de relatos y narraciones misceláneas. 

Sus libros más populares han sido la serie La crónica del alba (nueve novelas que empieza a publicar en 1942), La tesis de Nancy (1962) –y sus posteriores secuelas-, La aventura equinoccial de Lope de Aguirre (1964, ver Aceprensa 22 Abril 1998), ambientada en la conquista de América, y El bandido adolescente (1965), sobre la vida de Billy el Niño. En buena parte de su producción existe la inquietud
sobre el presente y el futuro del hombre concreto en su devenir histórico, social y existencial. 

            En 1953, ya en el exilio norteamericano, publicó la novela que le ha dado más fama y popularidad, Réquiem por un campesino español, que en su primera edición llevaba el título de Mosén Millán y que Sender decidió cambiar en 1960 para subrayar así el protagonismo del componente social y campesino. Se trata de una obra muy breve, directa, alegórica y también poética. Sender va directamente al grano y su contundencia y sencillez estilística da fuerza a la novela, de las mejores de su autor. 

La novela está ambientada en un pequeño pueblo aragonés que ha sufrido de manera directa la brutalidad de la guerra. El párroco del pueblo está a punto de comenzar un funeral por Paco el del Molino, fusilado un año antes por miembros exaltados del bando nacional durante la Guerra. Mosén Millán, mientras espera a que dé comienzo la ceremonia, recuerda su intensa relación con Paco, su nacimiento, bautizo, los años de monaguillo, la separación de las prácticas religiosas durante la adolescencia, cuando Paco comienza a interesarse más por lo social; su acercamiento a los partidos de izquierda en las elecciones durante la Segunda República y su directa participación en las revueltas sociales que tuvieron lugar en el pueblo con el fin de acabar con los privilegios de los terratenientes de la zona. Al final, el bando nacional se hizo con violencia con el control del pueblo, hubo fuertes represalias y sirviéndose de la 
ingenuidad del cura, le utilizaron para que Paco se entregase pensando que iba a tener un juicio justo.            

        El libro, partidista en su intención moral y política, es comedido sin embargo en sus valoraciones y sus juicios. Aunque el autor, con el comportamiento de Mosén Millán, juzga también negativamente la actitud de la Iglesia durante la Guerra, no se trata de una denuncia virulenta ni tópica, pues el personaje del párroco tiene sus matices, sus sentimientos y sus argumentos para demostrar que el asesinato de Paco no fue culpa suya, aunque un año después persisten los remordimientos.


Réquiem por un campesino español

Ramón J. Sender

Austral. 

Barcelona (2023). 

128 págs. 11,95 €.