jueves, 2 de julio de 2026

30 propuestas de literatura para las vacaciones



    Las vacaciones de verano son un momento especialmente adecuado para lanzarse a esos libros que quizás querríamos haber leído durante el resto del año, pero no hemos tenido tiempo. Una buena intriga policiaca, un drama intimista, un libro de viajes… o quizás ese clásico al que tenemos tantas ganas.

    Para facilitar la tarea de dar con el título adecuado, ofrecemos más de una treintena de propuestas, divididas por temas o subgéneros. Para todos los gustos, y con certificado de calidad. Ver la lista en este ENLACE.


miércoles, 1 de julio de 2026

Notas para un diario: "Una canción de Nat King Cole"

 


Fue un cantante muy escuchado por toda una generación que se sabe de memoria sus canciones en inglés y en castellano. Nat King Cole es un cantante generacional, proclive hoy día a la nostalgia colectiva de gente ya mayor que asocia sus canciones a momentos muy concretos y felices de sus vidas ya gastadas. Suele pasar con casi todas sus canciones, pero hay una sorprendentemente distinta, especial, que poco, muy poco tiene que ver con “Cachito”, “Adelita”, “Las mañanitas”, “Arrivederci Roma”, “Ay, Cosita Linda”, “Perfidia”, “Yo vendo unos ojos negros”, “Quizás, quizás, quizás”… Se titula “Nadie me ama” y me gustaría saber si es una canción biográfica o no. Si lo es, el resto de sus canciones son pura mentira y una tomadura de pelo; si no lo es, ha dado en el clavo pues resulta un canto redondo a la desolación más absoluta y al irremisible fracaso vital. Suelo comentar que si tuviera que dar algún “curso de autoestima” (Dios no lo quiera), comenzaría con esta canción y con el análisis de su letra. 

A mi madre le gusta mucho Nat King Cole y siempre canta las canciones más famosas. Cuando comemos en casa de mi hermano A., suele poner estas canciones como hilo musical. Pero siempre empieza por la misma, la que quiero destacar ahora, “Nadie me ama”, que él considera el resumen de su biografía.

            «Nadie me ama / nadie me quiere / nadie me llama / nadie me es fiel». El principio es sublime: la constatación de que el desprecio que sufre su protagonista es radical, absoluto. No le quieren, ni le aman… Es un pingajo, un desecho, un cero a la izquierda. «Triste es mi vida / sin un cariño / lloro en silencio / mi desventura». Esto es una depresión de verdad, sin fisuras y sin hacerse el héroe ni el importante. Menos mal que se da cuenta y reconoce que nadie le hace ni puñetero caso y que su vida no es precisamente un parque de atracciones. Lo único que le queda es pegarse un tiro o llorar en silencio. Ha elegido llorar. 

Y todo esto, en la canción, se describe con el acompañamiento de un coro de menopáusicas que con sus lamentos subrayan todavía más la desolación de la letra. El cantante/protagonista/actante interviene ahora con fuerza en el estribillo: «Voy por el mundo cruel de fracaso en fracaso». Magnífico resumen de una existencia inútil. Sí, el mundo es cruel, lo diga o no Nat King Cole; pero a lo mejor él tampoco es la maravilla que creía ser. El adjetivo “cruel” añade aquí más dolor a su ya lacerante sufrimiento. Y el resumen de su vida es lo que quiere subrayar de modo reiterativo: “fracaso” y “fracaso”.



Oyendo esta canción uno reconoce que su vida, que piensa humillante, no lo es tanto y que, aunque cuesta ver los brotes de esperanza, alguno hay, siempre. Eso sí, nos va la tragedia y el melodrama y lloramos porque pensamos que nuestra vida es cruel hasta la extenuación. ¿Cruel? ¿De verdad? Al final, nos quejamos por auténticas chorradas. No como el protagonista de la canción, quien sigue sufriendo de lo lindo en las siguientes estrofas. Tanto sufre que busca un último refugio: «llamo a la puerta del cielo que nunca traspaso». Pero la respuesta es contundente: no le quieren ni en el cielo. Es un puñetero cenizo. Por eso, le pide a Dios que, por favor, se apiade de él. Pero ni siquiera el cielo escucha su dramática petición. 

El patético resumen de su vida vuelve a aparecer en la siguiente estrofa: «Triste es mi vida… Lloro en silencio mi desventura». No es para menos. Púdrete. Húndete. Solo ante el peligro de una vida atroz, sin ni siquiera un poquito de azúcar para pasar el trago. Para rematar las sensaciones, el estribillo vuelve a atravesarte: se convierte en una puñalada trapera para que el protagonista no levante la cabeza. Porque es evidente que estamos ante un fracasado, un pelele, una mierda, un inútil. Por eso es mejor que no haga nada y que sepa que nadie se va a apiadar de él, tampoco Dios. Si nadie quiere saber nada de él puede ser porque es un ser maltratado, pero también hay que pensar que a lo mejor es un redomado plasta. 

La canción concluye con el lamento musical que encierra su tragedia, que ha quedado clara desde el principio: «Nadie me ama, nadie me quiere». Y se acabó. La canción es ejemplar, un resumen de tantas y tantas biografías que, para disimular, parecen disfrutar de su fracaso con teorías de lo que sea. Aquí no. Nat King Cole ha hecho un monumento a la sinceridad. No eres nadie, a nadie le importas y, encima, tu vida no merece ni que se le llame tragedia. Esta canción hay que meditarla de vez en cuando. 

miércoles, 24 de junio de 2026

Literatura y fútbol, al contraataque

 


         En lo que a literatura deportiva se refiere, también el fútbol es el deporte rey. En los últimos años no paran de publicarse libros que lo abordan desde perspectivas variadas. Dentro de este peculiar género, quizás los títulos más conseguidos son los que mezclan la pasión futbolística con la sociología, algo de costumbrismo y buenas dosis de antropología.

    Con motivo del Mundial de Fútbol, he publicado un artículo en Aceprensa sobre la relación entre fútbol y literatura que podéis leer en este enlace

sábado, 13 de junio de 2026

Notas para un diario: "Se buscan extras"


            Publica la prensa una noticia divertida y dramática a la vez. Se trata de un anuncio de un autor/a que buscaba veinte extras para asistir a la presentación de su libro. Serían recompensados económicamente. Hasta ahora, habíamos visto estas tácticas, más disimuladas, en la asistencia a manifestaciones (viaje y bocadillos gratis) y en los actos multitudinarios de ciertos políticos. En este terreno, también la sofisticación tecnológica ha entrado a tope y ya circulan por ahí algunos ejemplos de cómo algunos dictadores de hoy mismo hacen simulacros de actuaciones sin público porque los técnicos ya se encargarán después de meterlo al antojo de los jefes de campaña. Patético. Populismo barato. Consagración de la mentira. Dictadores de pacotilla.

Pues bien, volviendo al anuncio, he intentado asistir como extra a esa presentación pero me ha sido imposible contactar con los responsables. Hubiese ido encantado y hasta gratis para acompañar de manera entusiasta al autor/a a ese momento tan especial. Aunque se trate de una estrategia triste, confirma que el autor/a no es tonto/a. Por desgracia, he estado en algunas presentaciones en las que estábamos cuatro gatos y la sensación era de desolación absoluta, como en un tanatorio. 

Los extras, en las presentaciones, conferencias y también en los tanatorios, dan color, brillo y humanidad. De todas maneras, y lo digo por experiencia, la mejor táctica para llenar una presentación es anunciar siempre que al final habrá un vino español. Sé de profesionales de estos eventos que suelen ir a merendar gratis casi todos los días. Ya se conocen las rutas y los lugares más codiciados. Saben dónde ponerse para tener a mano las bebidas y los canapés. En Madrid, la oferta es variada y hasta exótica. 

jueves, 28 de mayo de 2026

Libros para la Feria

 


Hemos publicado en Aceprensa una selección de libros que pueden venir bien para la Feria del Libro de Madrid. Son, sobre todo, novedades de los últimos meses. En la selección se ha intentado que aparezcan cuantos más géneros literarios, mejor. Hay de todo. Y, como pasa siempre, faltan muchos.

VER ARTÍCULO.

sábado, 23 de mayo de 2026

Mis clásicos: "El baile", de Irène Némirovski

 


            La publicación en Francia de Suite francesa, a comienzos del siglo XXI, provocó un auténtico boom literario que colocó a la escritora de origen ruso Irène Némirovky, asesinada en Auschwitz en 1942 en la primera línea de las recuperaciones editoriales. Pronto apareció otra de sus grandes novelas, El baile, que la autora publicó en Francia en 1930, donde su familia había fijado su residencia después de la Revolución rusa. En España, la editorial Salamandra ha publicado la gran mayoría de sus obras. 

            Al parecer, la historia que se cuenta en El baile tiene su origen, en parte, en la propia biografía de la autora, que mantuvo durante toda su vida unas relaciones muy difíciles con su madre, quien educó a su hija a distancia. El bailecuenta la sibilina venganza de una hija hacia su madre. Antoinette tiene catorce años y tampoco se lleva muy bien con su madre. Ésta ha organizado un majestuoso baile para presentarse a la alta sociedad parisina. El matrimonio Kampf son unos nuevos ricos que, gracias a un golpe de suerte, han conseguido hacerse millonarios. Rosine, la madre de Antoninette, oculta como puede un pasado que no se corresponde con el ritmo de vida que ahora lleva, basado en el culto a las apariencias y la ostentación de las riquezas. 

El baile es para ella su carta de presentación en sociedad y, también, la orgullosa manera de decir a toda su familia y antigua amigas que ahora está en un nivel distinto. 

            La novela es breve pero muy intensa. Némirovsky acierta en la descripción de los personajes, en especial de la histérica Rosine, una arribista con sueños de grandeza. Todo en la historia está muy medido. Más que la sorpresa del argumento, que se ve venir, sorprende la habilidad de la autora para describir la psicología de un taimado, pero cruel enfrentamiento entre una madre enferma de éxito y una hija adolescente que sabe dónde herir a su caprichosa madre.




El baile

Iréne Némirovsky

Salamandra. Barcelona (2006)

94 págs. 

14 € (papel) / 5.99 € (digital)

viernes, 15 de mayo de 2026

Notas para un diario: "El zurullo vikingo"

 


No me lo pensé dos veces cuando me invitaron a ver una exposición que habían abierto en el llamado Huerto del Retiro, un espacio adaptado para actos culturales en una de las esquinas del parque del Retiro, cercano a la Plaza del Ángel Caído. La exposición se titulaba “Excreta”. Y en ella, como se dice en la publicidad, “no pretendemos que cambies tus hábitos higiénicos, pero sí esperamos que tengas una percepción diferente de tus excretas y de las que te rodean”. 

Y con esa sana y aperturista intención empezamos el recorrido por una exposición que llevaba por subtítulo “(in)odora, (in)colora e (in)sípida”, quizás lo más vanguardista de todo lo que vimos allí, que fue explícito, obvio y racionalista, pues al final, de una manera o de otra, la exposición consistía en reflexionar sobre diferentes aspectos de algo que nombramos en nuestro rico y variado argot con diferentes escatopalabras: caca, cagada, catalina, chorizo, ñorda, plasta, truño, boñiga, pino, zurullo, mojón, popó, zurraspa, moñigo... Estaba organizada por el Museo Nacional de Ciencias Naturales, que lleva el CSIC, y el fin era estudiar la variedad de residuos metabólicos que emanamos los humanos, los animales y las plantas. 

En el caso de los humanos, no se concentra la exposición –aunque sí ocupa un lugar primordial- solamente en los excrementos; también se habla de la orina, el sudor, las ventosidades, la caspa, el cerumen, los estornudos, las lágrimas, los granos, las costras… Analizan los aspectos médicos, históricos, científicos y culturales que tienen que ver con cosas que, parafraseando el folleto, tienen en la vida color marrón. 

Todo en la exposición estaba muy bien pensado y habían participado en su elaboración diferentes científicos y expertos en diseño, maquetas, dibujos, montajes y producción gráfica (enhorabuena por el trabajo realizado). El resultado es digno de admiración y suscribo su intención, que en mi caso lo han conseguido: “queremos que al finalizar el recorrido puedas tratar este asunto de una forma natural. Nos gustaría que te lleves una idea clara de la información que te puede aportar sobre tu salud, comportamiento y el papel que juega en el entorno natural y en nuestra cultura”. 



La exposición comenzaba ampliando el marco personal que podemos tener de todo este asunto escatológico. Y para ello no se centraban de entrada solamente en nuestras excretas sino en las de otros animales, como las ballenas. Dedicaban una atención especial a la codiciada excreta de los moluscos, las perlas, y también la del cachalote, que algunos llaman “ámbar gris”, muy valorada por la industria de los perfumes. En la exposición aparece una foto de una excreta ámbar gris que llegó a pesar 454 kg. Ahí es nada. Luego venían unas apetecibles explicaciones sobre la coprofagia y su relación con algunos animales, entre los que destaca el escarabajo pelotero. Y, de pronto, algo que me fascinó: la existencia de los coprolitos, “excrementos fosilizados que proporcionan pistas sobre los tiempos geológicos pasados”. 

En esta sección, la exposición habla del famoso “Zurullo vikingo”, coprolito que ha provocado que esté preparando un próximo viaje a York, al Reino Unido, para visitar el Museo Vikingo de esta ciudad que tiene como máxima atracción el zurullo que el vikingo Magnus Agnarsson dejó de regalo en un bosque en 1235 y que fue encontrado en el año 1972 en perfecto estado de mineralización. Es una lástima que no pueda reproducir aquí la imagen de este espléndido ejemplar, que estoy deseando ver en directo. 




Más curiosidades que aparecen en la exposición. Por ejemplo, para los aztecas, el oro, teocuitlatl, significa el excremento de los dioses. Y el budismo tibetano nombra de esta manera las deposiciones del Gran Lama: “La Gran Fragancia”, excrementos sólidos, y “La Pequeña Fragancia”, a la orina; por su estilo versallesco, parecen los nombres de un perfume francés. Paso por alto las secciones en las que se hablan de las enfermedades y los riesgos relacionados con las diferentes excretas, quizás sus aspectos más conocidos. Justo a continuación, encontré algo que llamó poderosamente mi atención. Se trata de “la escala de heces de Bristol”, ideada por los investigadores Heaton y Lewis de la Universidad de esa ciudad inglesa, clasificación que divide las heces en siete categorías, agrupadas en tres bloques: “estreñimiento”, “heces ideales” y “diarrea”. Las ilustraciones son esclarecedoras y muy útiles, de verdad. Es una lástima que sobre este asunto no hubiese más contenidos en la exposición. También me va a resultar muy útil la tabla de los colores más habituales de las heces, condicionados por el funcionamiento de nuestro tracto digestivo y lo que comemos. 

Después, un poco de cultura general: la “parcopresis” es la incapacidad para utilizar inodoros que no sean el propio, enfermedad que pasé sin saberlo durante la mili. Y la “paruresis”, también llamada vejiga tímida, que es la dificultad o imposibilidad de orinar en presencia de otros que, menos mal, no padecí durante la mili. De la exposición, quizás lo menor interesante es la sección sobre el humor negro, pues contiene mucho tópico sin gracia, aunque en uno de los paneles descubrí cómo Mozart practicaba el humor escatológico en Difficile lectu, canción que estoy utilizando como música de fondo mientras escribo estos recuerdos. 

También eché en falta un hueco para algunos refranes. Por ejemplo, el que me contó José Carlos G. en el trabajo el otro día: “Quien al campo va a cagar y no lleva una piedra al puesto, la habrá de ir a buscar con los tres ojos abiertos”; este refrán popular vino acompañada de alguna anécdota sobre la facilidad de depositar pinos ilustres que tenía un chaval de su pueblo, Hinojosa del Campo, en Soria, y una divertida anécdota del sublime cagarro de una gitana a la entrada de un colegio en Barcelona. 

A continuación, en una sección que gustaría mucho a uno de mis hermanos, hay algunas disquisiciones muy interesantes sobre las posibilidades musicales de las ventosidades, como hizo el artista francés Joseph Pujol, un auténtico crack y sobre el que se ha rodado incluso una película que estoy esperando a que repongan en la Filmoteca. Y algunas anécdotas curiosas: en 2010 se utilizaron en todo el mundo unas 28.300 toneladas de papel higiénico; el 19 de noviembre es el Día Mundial del Retrete (fiesta que ya he señalado en marrón en mi calendario); y Bill Gates ha financiado un invento de Omni Processor que convierte nuestras deposiciones en agua potable y electricidad (y tú sin saberlo).  

Acaba la exposición, que se me pasó volando, con una inteligente referencia culturalista, pues reproduce el famoso “Poema al pedo” que escribió Francisco de Quevedo, capaz de los versos más idílicos y, a la vez, de arrebatos líricos procaces. Como homenaje a Quevedo y a los científicos responsables de esta exposición, reproduzco unos cuantos versos de esta inmortal obra: “hay pedos cultos e ignorantes / los hay adultos, también infantes, / hay pedos gordos, hay pedos flacos, / según el diámetro de los tacos / hay pedos tristes, los hay risueños / según el gusto que tiene el dueño”. 

La exposición me abrió el hambre y estuve después tomando el aperitivo en un bar de la glorieta de Atocha.