miércoles, 14 de septiembre de 2022

"El gulag chino", de Gulbahar Haitiwaji

 


Aunque existen interesantes reportajes en diferentes medios de comunicación y en Internet sobre la persecución que está padeciendo el pueblo uigur desde hace años, la propaganda china ha conseguido rebajar la presión internacional sobre este conflicto y lo que a todas luces parece ser un programado genocidio, se ha transformado en una iniciativa pedagógica de China para combatir el terrorismo islámico. 

            No es precisamente esto lo que cuenta Gulbahar Haitiwaji en El gulag chino, donde describe su experiencia en los campos de reeducación que se han extendido por toda la provincia de Xinjiang, al noroeste de China, en plena “Ruta de la Seda”. Gulbahar vivía desde 2006 con su marido y sus dos hijas en Francia; un viaje a Xinjiang en 2016 para solucionar un asunto burocrático fue el inicio de su detención y posterior condena a siete años en estos campos de trabajo secretos que se han extendido por esta provincia desde 2017. Varios investigadores han demostrado la existencia en todo Xinjiang de 1.200 “escuelas” (como las denominan las autoridades chinas) por las que ya han pasado más de un millón de uigures y de otras minorías éticas instaladas en esta zona: huis, kirguís, kazajos… 

            Los uigures son un pueblo de raíces túrcicas, con su propia lengua, que practican un islam moderado y que poseen costumbres y estilos de vida diferentes a los de los hanes, la étnica mayoritaria en China. Hay más de once millones de uigures, pero desde 2009, cuando estallaron violentas revueltas por todo el país, muchos han partido al exilio a la vez que en la provincia ha aumentado exponencialmente el número de chinos hanes, que son los que se han hecho con el poder y ocupan los principales puestos en la Administración, el Partido Comunista y en las empresas que explotan el petróleo de esta provincia. A partir de esta fecha, la persecución contra los uigures se ha incrementado a todos los niveles. Los campos de reeducación que se han multiplicado no buscan, como se lee en este libro biográfico escrito con la colaboración de la periodista francesa Rozenn Morgat, “castigar a la minoría extremista uigur, sino impulsar la desaparición de todo el grupo étnico”.

            Gulbahar fue detenida a su llegada a Karamay, una de las ciudades más grandes de Xinjiang. ¿El motivo? La policía china le enseñó una fotografía de una hija suya asistiendo en París a una manifestación en protesta de la represión que está sufriendo el pueblo uigur. Después de la celebración de un juicio farsa, Gulbahar describe lo que vivió en estos centros, dramática experiencia que recuerda a otras muchas que ya han sido contadas por víctimas de la antigua Unión Soviética y de sus países satélites. Y también a las que
aparecen en otros libros de autores chinos que hablan de temas parecidos, como los de Liao Yiwu, autor exiliado que ha publicado, entre otros, Por una canción, tres canciones y Dios es rojo.

            Y es que los campos de trabajo para los uigures no son una novedad en China. Con datos de la Laogai Research Foundation, se calcula que siguen recluidos en estos campos, los laogai, entre 3 y 5 millones de chinos que suelen ser utilizados además como mano de obra para negocios con importantes multinacionales, como denuncia también el libro de Harry Wu, Vientos amargos.

            En las reglas que figuraban en las prisiones donde estuvo detenida Gulbahar se remarcaba explícitamente que estaba terminantemente prohibido rezar y hablar en uigur. En estas “escuelas” aprenden chino y la cultura y costumbres chinas. Tienen once horas de clase. Al comenzar el día, todos los presos recitan una suerte de profesión de fe: “Gracias a nuestro gran país. Gracias a nuestro Partido. Gracias a nuestro presidente Xi Jinping”. Y al acabar el día recitan otros himnos parecidos. Y hay que sumar los cantos patrióticos que deben memorizar, como el que dice: “Sin el Partido Comunista no
existiría una China nueva. / El Partido Comunista trabaja duro por la nación. / El Partido Comunista con todo su corazón salva a China”. Gracias a sus familiares y a la presión internacional, sobre todo francesa, Gulbahar pudo conseguir la libertad y regresar a Francia no sin antes experimentar todas las maquiavélicas estrategias de la policía para conseguir su silencio y que sea considerada por su pueblo como una traidora. 



El gulag chino

Gulbahar Haitiwaji y Rozenn Morgat

Ariel. Barcelona (2022)

224 págs. 17,90 € (papel) / 10,99 € (digital).

T.o.: Rescapée du goulag chinais

Traducción: Julia Azaretto.

martes, 6 de septiembre de 2022

"No sufrirás", de Eduardo Gris

 


Tras una novela policiaca, Amar mal mata; otra juvenil, Los pilares del cielo, y la  publicación de su tesis doctoralLos poemas más antiguos del mundo, Eduardo Gris (Madrid, 1980), doctor en Literatura Comparada, se despacha ahora con un breve y demoledor ensayo dedicado a la cultura contemporánea. El libro se lee de un tirón y su autor entra de lleno en algunas polémicas culturales actuales que parecen intocables. No lo hace con las manos vacías: Eduardo observa el mundo desde su gran pasión por los libros (gran lector), desde su experiencia como investigador y crítico y, especialmente, gracias a su contacto con la realidad a través de sus lecturas, familia, medios de comunicación, numerosos amigos y el mundo de la enseñanza. 

            Como profesor, no es Eduardo un mensajero aséptico. Conoce bien a sus alumnos y sabe bien lo que piensan y cómo, desde diferentes vías, han penetrado en ellos, y en sus conocidos, una serie de mantras políticamente correctos que empapan todos los mensajes y conforman una ideología muy viva y contundente, que parece no admitir disensiones ni cuestionamientos.

            Pero a eso se dedica este ensayo, precisamente. Con buena pluma, con un estilo directo, entrando al trapo, aborda Eduardo Gris asuntos muy actuales que, sin embargo, para él van en contra del propio hombre y de la condición humana, o por lo menos no lo desarrollan convenientemente. En el proceso de creación de un nuevo paradigma ideológico, se arrincona el mensaje cristiano, al que se tergiversa y desconoce, y se ponen de moda soflamas y actitudes que el autor califica de adolescentes por su simplicidad emotiva. 

            Merece la pena leer este ensayo. No es de alguien que esté “enfadado” con el mundo moderno. No. Es el de alguien que, con inteligencia, agudeza y sentido del humor, señala las tonterías de turno, cuestiona idioteces, pone el dedo en la llaga de ideas que se nos han impuesto a través de diferentes canales. Claro y al grano. Con mucho sentido común, reivindica la identidad cristiana como la clave para devolver al hombre y a la mujer lo mejor de sí, y ayuda a los lectores a reflexionar con valentía sobre su propia vida, sus valores y qué peso tienen en su manera de entender el mundo. En este sentido, es uno de esos libroque, sin ser brusco en el estilo, te araña porque busca que pienses más y mejor sobre tu
existencia. 

            Nada complaciente, Eduardo Gris ataca sin piedad algunos de los tópicos que están plenamente instalados en la mente de muchas personas, especialmente de los jóvenes, a los que este ensayo puede ayudar a sembrar inquietudes e inseguridades con el fin de que revisen sus planteamientos, a menudo cómodos, y sus vidas, a menudo insustanciales y construidas en serie. 


No sufrirás

Eduardo Gris

Rialp. Madrid (2022)

94 págs. 12 €.

lunes, 25 de julio de 2022

"Carne misericordia", de Juan Meseguer



En el primer poema de este libro, Juan Meseguer (Madrid, 1981) escribe a propósito de los poetas: “Saben / que la hosquedad del mundo / es la tierra / donde crece el poema”. Estos versos –su carta de presentación– sirven para definir su poesía, que nace del contacto con una realidad contradictoria en la que conviven los momentos de luz y oscuridad.

Lo dice irónicamente en un poema donde juega con estas ideas, en una especie de diálogo con otros poetas o lectores. A la pregunta de si su libro es luminoso, el poeta responde: “Todo lo luminoso / que puede ser un libro / urdido entre las sombras / de esta vida”.

        Carne misericordia es el cuarto poemario del autor. Hasta ahora ha publicado Bancos de arena (2006), Un secreto temblor (2011) y Áspera nada (2014). El primero y el tercero recibieron un accésit del premio Adonáis; Un secreto temblor fue premio Arcipreste de Hita. Ocho años han transcurrido desde su anterior poemario, tiempo suficiente para madurar los poemas que forman parte de su nuevo libro.

         Como en los anteriores, el componente humano y social es muy importante. Así lo refleja la estructura del libro. En la primera parte (“El mundo, la identidad”) destaca la reflexión poética –a veces crítica e irónica, otras compasiva– sobre algunos aspectos de la cultura contemporánea y de la propia vida del poeta. La segunda (“La gracia, la luz”) habla de la presencia constante, directa o indirecta, de Dios, que añade densidad, profundidad y suave luminosidad. Y la tercera (“El amor, el hogar”) prolonga el tono íntimo y la búsqueda de sentido –“nos salvan la ternura, / la bondad, el perdón” –, con poemas de gran belleza, como “Los pilares de la tierra” y “El don más deseado”.

            A través de poemas breves, el autor transmite una atrayente y condensada carga de humanidad y espiritualidad, muy novedosa en la poesía última. Su poesía no es ni epidérmica ni efervescente, y tampoco da rodeos: apunta a verdades profundas, como cuando escribe en “Inocencia I”: “La palabra de Dios es el silencio. / Y el silencio / se hizo carne; / se hizo misericordia”. A Meseguer, la poesía le brinda la oportunidad de reflexionar sobre verdades esenciales. En sus poemas hay certeros análisis de algunas tendencias del mundo de hoy, pero resultan más rompedoras las personales respuestas que propone.

             “Reconoce la luz. / Persiste en el asombro” es el deseo que el poeta tiene para su hija, quizás porque él mismo admite que esa actitud es la clave para que su vida sea, poética y existencialmente, más profunda, auténtica y lograda. 

Carne misericordia

Juan Meseguer

Libros Canto y Cuento

Jerez (2022).

 78 págs. 15 €.

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jueves, 7 de julio de 2022

Selección de novelas para el Verano



    Como todos los veranos, en ACEPRENSA publicamos una selección de novelas de entre lo publicado en los últimos meses. Hay de todo: novedades que han llamado mucho la atención, reediciones, recuperaciones, novelas policiacas, novelas históricas y apuestas singulares.
    La idea es ofrecer un poco de todo con el fin de salirse también del guion de lo que está más de moda, que suelen ser best-seller con escasa calidad y mucho apoyo mediático.




"Dos hijas del gran terremoto", de Cristián Sahli Lecaros

 

        Tras La agonía de Julián Baraicoa (2019) y la novela juvenil El gran rompecabezas (2020), Cristián Sahli Lecaros (Santiago de Chile, 1975) publica Dos hijas del gran terremoto, novela en la que, como en las anteriores, realiza un buen y sugestivo análisis psicológico de las protagonistas, en este caso dos adolescentes, Amelia y Erika, cuyas vidas cambian radicalmente el 22 de mayo de 1960.

            Ese día, la ciudad de Valdivia, a casi 850 kilómetros de la capital, Santiago de Chile, sufrió el terremoto más grande los contabilizados hasta el momento: 9’5 en la escala Richter. Valdivia fue totalmente destruida y sufrió un devastador maremoto que acabó con la vida de muchos de sus habitantes.

            La novela comienza un par de días antes, lo que sirve de carta de presentación a las dos jóvenes, Amelia y Erika, pertenecientes a dos importantes familias de Valdivia. Amelia cumple dieciocho años y ha organizado una fiesta en la que estarán presentes sus mejores amigos, entre los que se encuentra Erika, una joven enamoradiza que acude a la fiesta con su última conquista, Antonio, un joven español que se encuentra trabajando en Valdivia. 

            Pero el terremoto trastoca las vidas de todos los habitantes de Valdivia. En la familia de Amelia solo se salva ella, y en el caso de Erika, agobiada por las circunstancias del terremoto y sin tener noticias de sus padres, decide apropiarse de las joyas y el dinero de su familia y emprender un larguísimo viaje con Antonio para regresar a España e instalarse allí.

          Las dos jóvenes reaccionan de manera muy distinta a la tragedia que están viviendo. Una, Amelia, asume la realidad y decide en la medida de sus posibilidades ayudar en todo lo que pueda; se convierte en voluntaria de la Cruz Roja y se dedica a cuidar a heridos y enfermos. Por su parte, Erika, que padece un ingenuo y compulsivo amor por Antonio y a quien desea acaparar de una manera infantil y enfermiza, decide comprometer su futuro al suyo, a pesar de no conocer apenas nada de la vida de él. Mientras que Amelia demuestra generosidad y preocupación por los demás, Erika solo piensa en ella, en su salvación y en sus caprichos. 

           La novela cuenta la posterior evolución de los personajes después del trágico maremoto. Las dos irán madurando, cada una a su manera, y la vida les pondrá delante de las decisiones que han ido tomando. 

        Novela realista y sencilla que muestra con acierto el mundo interior de las dos jóvenes protagonistas y su manera de enfrentarse a problemas que les exceden y que cambian radicalmente sus cómodas vidas. En su planteamiento, la novela contiene una previsible moralina que, quizás, no debería haber sido tan explícita. Pero sirve para mostrar la libertad de cada una de ellas y la base de unas decisiones arriesgadas que recibirán distintas recompensas. 



Dos hijas del gran terremoto

Cristián Sahli Lecaros

Didaskalos. Madrid (2021)

440 págs. 22 €.

sábado, 21 de mayo de 2022

"Un aire inglés", de Ignacio Peyró


            Después de la publicación de Pompa y circunstancia (2015), Ignacio Peyró (Madrid, 1980) se ha convertido en una referencia en todo lo que tiene que ver con la cultura y la política británicas, a las que sigue dedicando numerosas páginas, algunas de ellas recogidas en este volumen que lleva como subtítulo “Ensayos hispano-británicos”.  

            Peyró ha reunido en él sus colaboraciones en diferentes medios de comunicación: Nueva Revista, El Mundo, ABC, La Vanguardia, Ínsula, etc. También aparecen algunas reseñas y los prólogos que ha escrito a algunas obras de Rudyard Kipling, del norteamericano Louis Auchincloss y del periodista español Augusto Assía, para Peyró “el príncipe de los corresponsales españoles de todo tiempo”. Todos los textos reunidos tienen como hilo conductor la realidad británica, que el autor sigue muy de cerca. Desde 2017 es el director del Instituto Cervantes de Londres.

            “A veces el asunto será de actualidad, a veces será de historia”, escribe el autor en el prólogo. Y en Un aire inglésfiguran interesantes retratos de personalidades británicas vinculadas a una manera de entender todo lo inglés, como lord Leighton, James Lees-Milne, William Morris, Francis Chichester. Peyró realiza estupendos retratos de escritores británicos muy consolidados, como Evelyn Waufh Rudyard Kipling y John Galsworthy, el autor de La saga de los Forsyte. Son constantes las referencias a destacados pensadores británicos, como Edmund Burke, John Ruskin, John Lukacs, Walter Bagehot, Michael Oakeshott y Roger Scruton, entre otros. 

          Muy certeros e interesantes resultan los artículos en los que el autor analiza el contexto político del Brexit, asunto que no se puede despachar con el recurso a los tópicos. También merecen mencionarse sus observaciones sobre la época victoriana, Winston Churchill, el conservadurismo, la reina Isabel II, la pervivencia o no de los gentleman… 

         Conviene destacar también de este volumen, además del conocimiento enciclopédico de la cultura británica y española del autor (como se puede demostrar en su breve ensayo “Una literatura confortable. Josep Pla en la tradición anglófila”), la consolidada y contrastada calidad de su estilo, que se desparrama con fluidez, agilidad y humor en sus escritos y que lo convierten en uno de los mejores articulistas contemporáneos. Peyró es también autor de un diario, Ya sentarás cabeza y un volumen dedicado a su pasión por la gastronomía, Comimos y bebimos, también presente en este volumen que comentamos. 



Un aire inglés

Ignacio Peyró

Fórcola. Madrid (2021)

400 págs. 25,50 €.

 

lunes, 9 de mayo de 2022

"Páginas de vuelta a casa", de Alexander Wolff

 


            Alexander Wolff es hijo y nieto de exiliados alemanes. Nació en Estados Unidos y se ha dedicado al periodismo. Este libro –“una historia que abarca la vida de mi abuelo y mi padre”- es fruto de un inmenso trabajo de investigación para seguir el paso, con detalle, de la vida de sus antepasados, tanto en Alemania como en Estados Unidos. Para ello, se ha entrevistado con muchos familiares, ha leído diarios inéditos y cartas íntimas, ha acudido a libros de historia, a periódicos, ensayos y a fotografías de los álbumes familiares, ha viajado a Alemania y ha buceado en los archivos familiares para conocer al dedillo la trayectoria de su familia desde mediados del siglo XIX hasta la actualidad. 

            Wolff sigue especialmente las vicisitudes de su abuelo, Kurt Wolff (1887-1963), un editor de fama internacional en las primeras décadas del siglo XX. Procedente de una familia germano-judía muy culta, fundó en 1913 su propia editorial, que cerró en 1930. En ella publicaron autores muy innovadores en aquellos años, como Kafka, Joseph Roth, Heinrich Mann, Karl Kraus, Franz Werfel…, autores que sirven de ejemplo para mostrar su alto concepto de la literatura y del trabajo de editor, que ha quedado también materializado en el volumen Autores, libros, aventuras, que reúne textos de diferente factura donde Kurt Wolff reflexiona sobre el mundo de la edición. Así definía su trabajo como editor: “Yo solo quiero publicar libros de los que no me avergüence en mi lecho de muerte”.

            Tras el ascenso de Hitler al poder y a medida que se complicó su situación en Alemania, perseguido por sus ideas, decidió abandonar el país con su segunda mujer, Helen Mosel, también editora, y tras sufrir muchas vicisitudes y contrariedades se instalaron primero en Francia e Italia hasta su traslado a Nueva York, donde reanudó su actividad editorial con la fundación de Pantheon Books. 

            En Alemania se quedaron sus dos hijos con su madre, cuya familia era propietaria del imperio farmacéutico Merck, que ya había emprendido una nueva relación sentimental. A pesar de ascendencia judía, Niko, el padre del autor, nacido en 1921, fue alistado por el ejército nazi y participó en diferentes frentes en la Segunda Guerra Mundial. Al acabar, pudo trasladarse con su padre a Estados Unidos, donde continuó sus estudios universitarios, rehízo su vida y asumió el peso de su pasado.

            Alexander escribe sobre su abuelo y su padre e, indirectamente, también sobre las raíces de su propia biografía. Pero el libro, ”una amalgama de historia, periodismo y memorias”, va más allá del recuento pormenorizado de las vidas de estos protagonistas. Wolff entra en contacto con los gérmenes de la dictadura nazi, con la actitud de tantas y tantas personas que apoyaron y justificaron ese régimen, muchos de ellos familiares suyos, dolorosas historias que ha descubierto investigando para escribir este libro. 

Por eso, Páginas de vuelta a casa, junto con el relato de la vida de un editor tan importante como fue su abuelo, se convierte también en una interesante reflexión sobre el pasado familiar, la memoria, los orígenes y cómo ha afectado todo esto a las generaciones futuras y a él mismo. Alexander se muestra preocupado por el aumento de los populismos tanto en Europa como en Estados Unidos, que pueden adulterar la memoria colectiva sobre lo acontecido en aquellos dramáticos años de antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial. Su libro, repleto de historias y personajes, es un buen ejemplo de cómo aquellos sucesos destrozaron países y vidas concretas como la de su abuelo y su padre. 


 

Páginas de vuelta a casa

Alexander Wolff

Crítica. Barcelona (2022)

424 págs. 23,90 €. 

T.o.: Endpapers. A Family Story of Books, War, Escape, and Home

Traducción: Efrén del Valle.

sábado, 2 de abril de 2022

"La alegría del exceso", de Samuel Pepys

 


Samuel Pepys (Londres, 1633-1703) es el autor de uno de los diarios más importantes de la historia de la literatura. Lo empezó a escribir con 27 años y lo mantuvo durante diez, pero lo tuvo que abandonar por sus problemas con la vista. Aunque lo escribió en el siglo XVII, su diario no se difundió hasta el siglo XIX, cuando en 1825 se consiguió transcribir, pues Pepys lo había escrito en un complicado sistema encriptado de tipografía. 

Al saber que nadie de su círculo iba a leer sus diarios, Pepys escribió con bastante libertad y con mucho atrevimiento sobre muchas de las circunstancias de su vida. Eso sí, su diario, como era frecuente en su tiempo, tenía una exclusiva finalidad de dejar constancia y contabilidad de lo que había hecho cada día, sin más pretensiones literarias. Por eso, muchas entradas son muy parecidas y se limitan a contar de manera directa y breve sus inmediatas relaciones y problemas laborales y familiares. 

A pesar de su reiterativa rigidez, encontramos en sus diarios momentos de una radical sinceridad, de ahí su novedad si comparamos su diario con los de sus contemporáneos. Pepys anotó frecuentemente sus debilidades relacionadas con su trato con familias, amigos, algunas mujeres y su voracidad gastronómica, que acabó pasando factura a su salud. Aunque en todos los diarios hay un componente vanidoso, en el caso de Pepys hay más variedad de lo habitual.




            Este volumen, que lleva por subtítulo “Diarios gastronómicos”, contiene una selección de entradas que tienen que ver especialmente con su afición a la comida y a la bebida. Así comienza esta selección: “A casa desde la oficina y luego a la residencia de milord, donde mi esposa había preparado una comida excelente, a saber: un plato de huesos con tuétano, una pierna de cordero, un lomo de ternera, un plato de pollo, tres gallinas y dos docenas de alondras, todas en una fuente, una gran empanada, una lengua de vaca, un plato de anchoas, otro de gambas y queso…”. 

Pepys, un exquisito gourmet, menciona las comidas que tiene en su casa con su mujer, con sus amigos y familiares, comidas protocolarias y sociales en diferentes estancias y, las más de las veces, sus vistas con su mujer o con compañeros de trabajo a las tabernas de Londres: Taberna del Cielo, Renana, La Cabeza del Toro, del Sol, de las Plumas, de Will, Globo, Cabeza del Rey, La Corona… En sus comidas, a pesar de los deseos de controlarse y ser más comedido que insinúa en alguna ocasión, no hay lugar para la moderación y en todas lo que se busca es la apoteosis del exceso. 



La lista de platos que menciona es inabarcable, además de ser una buena muestra sociológica de lo que comían en Londres los burgueses y altos funcionarios de su tiempo: pecho de carnero, pierna de venado, caballa, costillas asadas, paletilla de cordero, barril de ostras (no pocas veces), espinazo de ternera, redondo de jabalí, carpas estofadas, cangrejo, cecina, gachas con ciruela, guiso de cordero y conejo, ganso salvaje, asadura de cerdo, entrañas de venado, anguilas, lamprea, fricandó de conejo y pollo y, para no agotar, unos pajarillos. Todo ello acompañado de los mejores vinos, que también en esto se nota el buen paladar de Pepys, preocupado por tener una buena bodega con los mejores caldos nacionales e internacionales y suficientes contactos para adquirir siempre los mejores productos.

Después de entregarse a tanto exceso, son frecuentes las molestias estomacales, las noches en blanco y los numerosos estados de embriaguez: “Toda la noche y toda la mañana con dolor de cabeza por los excesos de ayer”. Además, esas comidas abundantes le provocan algunos problemas de salud, que afectan sobre todo a sus deposiciones, una de sus principales inquietudes y a las que dedica algún comentario, como cuando escribe en una entrada de su diario las que deben ser las principales reglas para su salud, entre las que destaca “ya sea mediante un purgante, una lavativa, o ambos, ventosear y lograr una deposición fácil y abundante”. 



También son frecuentes los problemas de conciencia que le provoca su entrega desmedida a la comida y a la bebida. En alguna ocasión menciona que ha comenzado la Cuaresma, momento de penitencia y sobriedad, pero lo normal es que concluya este tiempo sin haber cambiado nada sus hábitos: “Hoy es el primer día de Cuaresma. A ver si soy capaz de respetarla”, para después escribir: “Es la única vez que hemos comido de vigilia en toda la Cuaresma”. También es consciente de que se pasa muchos pueblos bebiendo y que debe de tener cuidado. En ocasiones se muestra arrepentido: “Por la mañana el señor Mills pronunció el mejor sermón que he oído en mi vida sobre la embriaguez”, lo que no quita para que a los pocos días anote: “Estaba tan borracho que no me atreví a leer mis oraciones” o “Bebí tanto que no estaba en condiciones de trabajar” o “Me acosté muy achispado”. Algunas observaciones sobre la bebida son muy divertidas. Por ejemplo, cuando habla de la señora Shippman: “nunca en mi vida he visto a una mujer pimplar así”.



            A la vez que menciona todas estas cosas, habla además de su matrimonio, problemas domésticos, los criados, sucesos familiares (algunos trágicos, como la muerte de su hermano), viajes, cuestiones laborales y, más bien de pasada, alude también al pavoroso incendio que sufrió Londres en esos años y de los estragos que provocó la peste. Samuel Pepys llegó a ser un reputado escritor, fue miembro del Parlamento británico y presidente de la Royal Society.

Esta selección quizás defina de manera injusta al personaje, pues aparece exclusivamente obsesionado con los placeres de la comida y la bebida, aunque también se hable mínimamente de su afición a la poesía y a la música (sale cantando frecuentemente y tocando algún instrumento). El resultado de esta edición, a cargo de Robert Latham y William Matthews, es una entretenida radiografía de los gustos culinarios de la época y de la ambición y pequeños placeres de un personaje frívolo, orgulloso, superficial que sigue siendo tan actual y que siempre tiene hambre.




Samuel Pepys

La alegría del exceso

Nórdica. Madrid (2022)

118 págs. 

16,50 € (papel) / 7,99 € (digital).

T.o.: The Joys of Excess

Traducción: Íñigo Jáuregui. 

domingo, 20 de marzo de 2022

"El mal del chamán", de Jacek Hugo-Bader

 


No se entiende El mal del chamán (1), el nuevo libro del periodista Jacek Hugo-Bader (Polonia, 1957), sin conocer sus libros anteriores, de manera especial los tres que ha dedicado a describir las ruinas de la antigua URSS, de la que es todo un especialista, tres espléndidos libros (El delirio blancoDiarios de KolimáEn el valle del paraíso) que reúnen reportajes muy variados todos ellos con un mismo hilo conductor: las huellas del comunismo en personas la mayoría anónimas que han sido trágicas víctimas de un utopismo delirante. Hugo-Bader escribe en el diario polaco Gazeta Wyborcza.

 

Una realidad marcada por el pasado

 

El primero, El delirio blanco (2016), publicado en España por la editorial Dioptrías, cuenta cómo se imaginaban en 1957 algunos escritores y analistas soviéticos que sería la URSS en el siglo XXI; el “mundo perfecto” y distópico que ellos creían con la férrea fe comunista en el progreso, dio paso cincuenta años después a una realidad rota y a un mundo fracasado. Para demostrarlo, Hugo-Bader viaja en 2007 por Rusia, desde Moscú a Vladivostok, en un Citroën 4x4 y describe una sociedad con múltiples y visibles lacras personales y colectivas, entre las que destaca el alcoholismo y la locura. 

En Diarios de Kolimá (2018), publicado ya en La Caja Books, Hugo-Bader vuelve a viajar a la antigua URSS para recorrer en 2011, ahora en autostop, los 2.025 kilómetros de la llamada Autopista de Kolimá, una ruta que comunica Magadán, la capital, con Yakutsk, y en donde se calcula que hubo más de 160 campos de concentración donde murieron más de tres millones de personas de los más de 30 millones que fueron deportados a los gulag de Siberia. El autor cuenta en este libro un viaje plagado de encuentros con todo tipo de personas y al hilo de estas conversaciones sale a relucir el doloroso pasado de esta tierra. Pero el libro atiende al presente, a los modos de vida actuales, a la capacidad de sobrevivir en circunstancias tan extremas.


 

Entrevistando por todo el país

 

El tercer volumen, En el valle del paraíso, publicado en España en 2021 también en La Caja Books, contiene un conjunto de reportajes de sus viajes desde 1990 hasta el año 2000. Lo que les une es mostrar las persistentes huellas del comunismo y, de manera especial, las cicatrices que todavía son bien visibles en la manera de funcionar tanto en la vida política y social como en las relaciones humanas. Salen tártaros anónimos que fueron perseguidos a partir del año 1945; mujeres chechenas que buscan a sus hijos desaparecidos en la guerra; generales soviéticos que fracasaron en Afganistán; judíos que fueron deportados a Jabarovski del Amur…

Entrevista también al camarada Kaláshnikov, un comunista férreo que no admite ninguna duda en su irracional patriotismo. Lo mismo le pasa con Alexandr Lebed, antiguo Secretario de Seguridad de Rusia, quien afirma que “quien no añora la URSS no tiene corazón”. Viaja también a la sede de Grazpon, en la ciudad de Yámburg; a Kirguistán, donde conoce en directo el tráfico de drogas. En Kazajistán, comprueba las consecuencias de las más de 400 explosiones nucleares que se llevaron a cabo entre 1949 y 1989; y viaja a Vorkutá, en la República de Komi, 160 kilómetros más allá del círculo polar.


Heredero de Kapuscinski

 

Los tres volúmenes citados tienen en común una misma técnica periodística, similar a la que emplea la premio Nobel de literatura Svetlana Alexiévich, por ejemplo en uno de sus libros más difundidos, El fin del “Homo sovieticus”(2015, ver Aceprensa 20 Enero 2016). Como ella, Hugo-Bader construye sus reportajes con conversaciones con infinidad de gente anónima; no son entrevistas convencionales sino una selección de momentos especiales de las largas conversaciones que ha mantenido con ellos. Es la misma técnica que también emplea otra periodista polaca de reconocido prestigio, Margo Rejmer (Varsovia, 1985), autora de Bucarest. Polvo y sangre (2019) y Barro más dulce que la miel (2020), este último dedicado a la Albania comunista. 

En su último libro, El mal del chamán, aparecido en Polonia en 2020, recurre a esta misma manera de contar, que ya empleó en tantas obras el periodista y viajero polaco Ryszard Kapuscinski (1932-2007), a quien Hugo-Bader considera su maestro. Como afirma en un pasaje concreto de este libro, a la pregunta de qué clase de libros escribe, contesta: libros “que no me los invento, que tengo que ver, oír o, mejor todavía, probar, participar, apuntarlo todo, grabarlo, fotografiarlo”. Para escribir este libro, que transcurre en diferentes repúblicas y ciudades de Siberia, “recorrió en tren, autobús y autostop nueve mil setecientos kilómetros”. El periodista polaco no hace un periodismo intelectual, reforzado y ampliado por un abundante aparato bibliográfico de los sitios que recorre y los temas que frecuenta; al contrario, intenta no leer apenas nada para no perder “energía y curiosidad” en sus entrevistas y en su acercamiento al mundo que ha elegido. 

 

Auge de los servicios mágicos en Rusia

 

A diferencia de los otros libros, de contenido más amplio, El mal del chamán está centrado exclusivamente en los chamanes, figuras muy populares en toda la antigua URSS, pero de manera especial en las repúblicas siberianas de Yakutia, Jakasia, Altái, Tuvá y Buriatia. Hugo-Bader entra en contacto con personas vinculadas con el chamanismo: pacientes, familiares, curiosos, los propios chamanes o estudiosos del tema. Su manera de contar es la descripción concreta de lo que hacen y dicen sus interlocutores, sin aportar, salvo casos aislados, mucho contexto teórico al tema. Se trata de mostrar la presencia de los chamanes y el papel que desempeñan en la sociedad actual. Tras el largo paréntesis del comunismo, donde el chamanismo fue perseguido (lo mismo que otras religiones), existe hoy día un deseo especial de volver a las raíces y recuperar las creencias antiguas de pueblos que habitaron estos territorios.


 

Sin lugar a dudas, lo que Hugo-Bader llama “servicios mágicos” –donde se incluye el chamanismo y los videntes, brujos, quirománticos, esotéricos, astrólogos, ocultistas, espiritistas…- vive un momento de
esplendor en Rusia. Si en toda la Federación de Rusia trabajan más de 640.000 médicos, los que se dedican a estas artes “extrasensoriales” son más de 800.000 mil. En Siberia, los chamanes, a los que se llama tengristas (porque dan culto al dios Tengri, el soberano del mundo superior), están intentando que se les apruebe como la quinta religión, lo que les está llevando a organizarse en diferentes federaciones, algo insólito en la larga historia del chamanismo. 

Hugo-Bader critica esta tendencia del chamanismo de querer aparecer como una religión “oficial”: “el chamanismo –escribe-, cuando pretende demostrar que es una religión, se vuelve increíblemente chillón, vulgar y desordenado, muchas veces directamente sucio. Cuando intentan hacer algo monumental, les sale una grotesca Disneylandia de plástico al estilo chino”. Como se aprecia en este libro, no hay entre los chamanes ni liturgia, ni jerarquías, ni dioses, ni teología…, aunque algunos están intentando recientemente dar al chamanismo un cuerpo doctrinal y espiritual y practicarlo hasta en lugares específicos.

 

El caftán y el tambor

 

Vistas las posibilidades de negocio, que lo hay (como pasa en todo el mundo con los fenómenos esotéricos), últimamente hay personas que se presentan como chamanes sin haber sido estrictamente “elegidos”. Y es que el chamán no se hace así mismo sino que, en un momento concreto de sus vidas, reciben lo que ellos denominan “el mal del chamán”, una señal de que han sido elegidos. Desde entonces, no pueden dar la espalda a este destino y asumen su condición de ser una referencia y una ayuda para su gente, sus vecinos y compatriotas. Y no se convierte uno en chamán porque posea una trayectoria vital intachable y virtuosa. Al contrario, la mayoría reciben la llamada después de vidas azarosas, con problemas con la ley, las drogas y el alcohol, como se puede comprobar en los numerosos testimonios de estos reportajes. 


De pronto hay en ellos una transformación “mágica” de sus vidas, y desde ese momento son capaces de provocar alteraciones en su estado de conciencia y con la ayuda de unos ritos más o menos parecidos, por lo menos en Siberia (los  inevitables caftanes repletos de cintas y lazos, el omnipresente tambor, las velas, las ofrendas, los cánticos…), descubren las claves de las vidas de los pacientes que acuden a sus consultas, que lo hacen por motivos muy variados (como se acude a los videntes en las sociedades europeas): por una catástrofe vital o sentimental, enfermedades, problemas matrimoniales, dificultades con los hijos, depresiones, etc. Con estos pacientes también tiene el periodista polaco increíbles conversaciones.

 

Mostrar una realidad viva y omnipresente

 

Como decía, no hay teorías, ni valoraciones en estos reportajes. No es la intención de Hugo-Bader desenmascarar a nadie, ni discutir sus contradicciones, ni cuestionar sus peregrinas ocurrencias: por ejemplo, para el chamán Artiom Ignatenko, “no se debe dejar en la peluquería el pelo cortado, porque primero se queda en el suelo, donde todo el mundo lo pisa, y luego va a parar a la basura. Debéis tener en cuenta que es parte de vuestro cuerpo. Hay que llevárselo y quemarlo”. Otro chamán organizó una surrealista y famosa caravana rumbo a Moscú para expulsar a Putin del Kremlin, procesión a la que se sumó Hugo-Bader durante unas jornadas. 

Él se dedica sin más a recopilar informaciones y a mostrar de manera objetiva esta presencia activa y bien visible de los chamanes en todas las capas sociales de Siberia, en unas repúblicas y ciudades más que en otras. Aaunque el chamanismo tiene cada vez más presencia en las ciudades, es sobre todo un fenómeno rural que requiere de los chamanes un asiduo contacto con la naturaleza, en su caso la taiga, lugar donde viven o a donde se retiran algunos de los que circulan por este libro. 

 

Nada es casual

 

Para el chamanismo, no hay casualidades. Todo tiene un sentido y una explicación. El pasado se mezcla con el presente y los espíritus con los vivos y los muertos. Cada criatura del mundo vegetal y animal tiene su propia alma. Los mundos paralelos se entremezclan. Hace falta alguien que se ponga en contacto con las otras realidades e interprete los hechos. A eso se dedican los chamanes, a librar al mundo del mal. Suelen alternar sus consejos (muchas veces, repletos de imágenes y conceptos nebulosos o apocalípticos) con la elaboración de ancestrales recetas medicinales, como las que recomienda el chamán Antoni Ondar, entre las que se incluye grasa de tejón para la tos, bilis de oso para las úlceras de estómago y lo que llama el castóreo, que es la secreción de las glándulas anales del castor, líquido que se puede untar por las piernas o beberlo, dependiendo de la enfermedad.  

 

La antítesis del ateísmo

 

En El mal del chamán, Hugo-Bader realiza un detallista y exhaustivo trabajo de campo con el fin de dar voz a unos personajes que son los que tienen la palabra y el protagonismo.

Libro muy ameno, a veces un tanto reiterativo (salvo excepciones, el discurso de los chamanes suele ser muy parecido) que presenta una consolidada realidad antropológica que sirve para visualizar cómo una parte de la sociedad siberiana se enfrenta hoy día a los problemas y dificultades que les sobrepasan y que no tienen una fácil y rápida solución. El recurso a este singular animismo que practican los chamanes es también una reacción a tantos años de una educación soviética que imponía el ateísmo y el culto a la ciencia. 


            

(1) El mal del chamán. Jacek Hugo-Bader. La Caja Books. Valencia (2022). 364 págs. 21,90 € (papel) / 9,99 €. T.o.: Szamanska choroba. Traducción: Ernesto Rubio y Agata Orzeszek.

 

"Cadenas y terror", de Ioan Ploscaru

 

           

            Son muchos los testimonios de la persecución en los países comunistas contra los considerados enemigos del pueblo”, categoría en la que entraba de todo, pues las denuncias solían repetir acusaciones parecidas, todas ellas arbitrarias y ambiguas: espionaje, vínculos con el extranjero, traición a la patria, etc. Lo que demuestran estos testimonios, muy numerosos, es que cualquiera podía convertirse de la noche a la mañana en enemigo del pueblo y acabar sus días en un campo de trabajo (en los temidos Gulag) o fusilado en los sótanos de la Lubianka, la sede del KGB en Moscú. Técnicas parecidas de control las exportó la URSS a los países del Telón de Acero y al resto de países convertidos a la causa comunista.

 

Persecuciones religiosas generalizadas

 

            Dentro del género literario de las memorias de represaliados por el comunismo destaca el de las víctimas de las persecuciones religiosas. No fueron casos aislados sino que se dieron, primero, en toda la URSS, donde se llevaron a cabo innumerables detenciones y asesinatos. Posteriormente, se llevaron a cabo también en los países del Telón de Acero. Y, por poner otros ejemplos, hay que mencionar la represión religiosa en China y Vietnam. 

De la URSS destaco las memorias del sacerdote norteamericano de origen polaco Walter J. Ciszek, Caminando por valles oscuros (Palabra), en las que describe su estancia en varias cárceles soviéticas tras ser detenido en 1941 por ser sacerdote. Del historiador Didier Rance, exdirector de Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN), destaco dos libros dedicados a recopilar testimonios concretos sobre la represión religiosa en los países del Telón de Acero. El primer es La gran prueba, fruto de los viajes que realizó el autor tras la caída del Muro de Berlín para entrevistarse con numerosas víctimas. Este volumen reúne diez de estos testimonios, que proceden de Albania, Bielorrusia, Bulgaria, Lituania, Rumanía, Eslovaquia, Chequia y Ucrania. Sus protagonistas son religiosos, sacerdotes, obispos y laicos. 

El segundo es El beato Mark Çuni y los mártires de Albania, publicado en la colección “Mártires del siglo XX” de Ediciones Encuentro, volumen en el que vuelve a reunir un conjunto de breves biografías dedicadas a un grupo de mártires albaneses durante la dictadura comunista de Enver Hoxa. Cuando se conoció con detalle la persecución religiosa que tuvo lugar en Albania, el papa Juan Pablo II afirmó en 1993, poco después de la caída del régimen comunista: “Nunca antes había conocido la historia algo como lo
acontecido en Albania”. El libro describe las vidas de un buen grupo de mártires que fueron ejecutados o padecieron persecución en los diferentes campos de concentración que se crearon en Albania imitando los Gulag soviéticos. Uno de estos casos fue el de Mark Çuni, joven seminarista que fue acusado con otros colegas de pertenecer a una inexistente organización clandestina que preparaba un golpe de estado. Las condenas, con sus dosis de espectáculo, fueron sumarísimas.

De China menciono los libros del exiliado Liao Yiwu, de manera especial Dios es rojo, libro formado por entrevistas con las que muestra, por un lado, la pujanza del cristianismo en muchas zonas de China, y, por otro, las persecuciones violentas que tuvieron lugar a partir de 1955. Otro libro que merece destacarse es Encadenados. Diarios de mártires en la China de Mao, de Gerolamo Fazzini, que contiene los testimonios de católicos que fueron perseguidos y encerrados en los campos de concentración chinos, los laogai, de 1948 a 1978. Del mismo autor, y en la misma línea, es El libro rojo de los mártires chinos.

De Vietnam brilla la dramática experiencia del cardenal Van Thuan, autor de varios libros, como Cinco panes y dos peces, en los que su forzado confinamiento en diferentes prisiones es el camino para incrementar su relación con Dios; sobre Van Thuan merece citarse también la biografía de Miguel Ángel Velasco, La luz brilla en las tinieblas, y la novela basada en su vida de Teresa Gutiérrez de Cabiedes, Van Thuan. Libre entre rejas. De algunos de estos libros hablo en Cien años de literatura a la sombra del Gulag

En esta misma línea de describir la persecución de miembros de la Iglesia hay que destacar Cadenas y terror (1), del obispo rumano Ioan Ploscaru, que acaba de editar la BAC, libro que como El diario de la felicidad, del filósofo y religioso Nicolae Steinhardt, describe la vida en las cárceles rumanas durante décadas de comunismo. 

 

Obispo clandestino

 

Ioan Ploscaru (1911-1998) nació en la ciudad rumana de Cluj y posteriormente amplió estudios en la ciudad francesa de Estrasburgo; fue ordenado sacerdote en 1933. Al poco de iniciarse las persecuciones contra la Iglesia greco-católica que se cuentan en este libro, fue ordenado clandestinamente obispo de una de las eparquías, la de Lugoj. Tras acabar la Segunda Guerra Mundial, las tropas soviéticas se hicieron con el control político en Rumanía, que se transformó en un país comunista más ya en 1947. A partir de ese momento, las autoridades soviéticas dirigieron el destino de Rumanía, donde se reprodujeron las mismas políticas de control absoluto y totalitario de la población y la metódica persecución de la disidencia, con el papel protagonista de la Securitate, la polícía secreta. Desde que el comunismo se instaló en su país, Ploscaru sabía que su destino estaba ya marcado, pues conocía muy bien las persecuciones religiosas que se habían dado en la URSS. 



Después de la Segunda Guerra Mundial, los dirigentes comunistas permitieron a la Iglesia ortodoxa que continuase con sus actividades, eso sí, todas ellas bajo control de las autoridades. Pero no pasó lo mismo con otras confesiones ni con la Iglesia católica de rito romano ni con la Iglesia Greco-Católica, a la que pertenecía Ploscaru y que que contaba en Rumanía con una destacada presencia. Como temía Ploscaru (“no nos quedaba más que prepararnos con tenacidad para el martirio”), en 1948, en diciembre, se aprobó un Decreto que prohibió la Iglesia Greco-Católica y obligó a los obispos, sacerdotes y fieles a ingresar en la Iglesia ortodoxa, que se hizo cargo también de sus bienes y posesiones. Acusados de espías de Roma y de Estados Unidos, se inició una programada persecución contra los miembros de la Iglesia greco-católica.

De los 1.800 sacerdotes que había, 430 decidieron hacerse ortodoxos; el resto, abandonaron el ministerio sacerdotal o acabaron en las cárceles comunistas, donde fallecieron seis obispos greco-latinos a los que el Papa Francisco, en junio de 2019, ha beatificado. De todos ellos, que pasaron como el autor largas temporadas en prisión, se habla en este libro, que rinde también homenaje a sus vidas. 

 

Un carrusel de prisiones

 

Ioan Ploscaru fue arrestado en Lugoj el 29 de agosto de 1949. “Estuve en la cárcel durante 15 años, cuatro de ellos aislado. Liberado en el 1964, he sido continuamente vigilado, acechado, perseguido y otra vez interrogado; he sufrido arrestos domiciliarios; he tenido a veces miedo en los años sucesivos. Y han sido 25 años”. Su trayectoria está contada en estos recuerdos, que comenzó a escribir en 1956, cuando abandonó la prisión por unos meses, y que retoma en diferentes momentos de su vida hasta su definitiva publicación en 1993. 



Que la narración sea intermitente afecta en algunas ocasiones al ritmo de la narración, a su estructura y a algunas reiteraciones. También influye en la narración que el autor interrumpa de vez en cuando su relato personal para escribir minibiografías de los obispos greco-católicos que perdieron la vida en las cárceles. Y es una lástima que el libro no se haya revisado convenientemente, pues su edición contiene errores y faltas tipográficas más abundantes de lo normal y la traducción deje mucho que desear en algunas expresiones y pasajes. 

Ploscaru fue detenido en Lugoj, donde ejercía su ministerio sacerdotal, por oponerse al decreto de unión con la Iglesia ortodoxa. Pero en ningún momento se inició contra él ningún proceso judicial ni recibió ninguna condena. Su periplo le llevó a recorrer numerosas cárceles y prisiones, como las de Timisoara, Bucarest, Jilava, Gherla, Dej, Zarka… y las temidas Sighet y Pitesti. En Sighet, escribe Ploscaru, “el régimen disciplinario era deshumanizante. Todo estaba destinado a destruir el sentido de la dignidad individual y a destruir la moral para capitular”. En Siguet tiene en la actualidad su sede el Museo Memorial de las Víctimas del Comunismo en Rumanía, una iniciativa promovida por el escritor Romulus Rusan y la poetisa de fama internacional Ana Blandiana.

 

Apoteosis de la deshumanización

 

Pitesti ocupa un lugar muy especial en la historia de las cárceles comunistas. En ella tuvo lugar uno de los peores experimentos, pues los carceleros convirtieron a los detenidos, para salvar sus vidas, en los verdugos de sus compañeros. Para el historiador Stéphane Courtois, uno de los autores de El Libro negro del comunismo, se trata del peor ensayo y el más deshumanizado que se dio en todas las prisiones del Gulag, donde había para elegir muchas y crueles modalidades de deshacerse de los enemigos. Los dramas que se vivieron en Pitesti también aparece en un libro que cuenta la represión comunista en Rumanía, La tortura del silencio, escrito por el periodista y activista Guido Barella, que entrevistó a intelectuales, políticos y al arzobispo Alexandru Todea, que consiguió sobrevivir de 16 años en prisión y 27 de arresto domiciliario. 

  


En 1957, tras un juicio farsa, como era habitual, Ploscaru fue condenado a otros 15 años de prisión acusado de “instigación al crimen de traición a la patria” y “conspiración contra el orden social”, aunque fue liberado en 1964. Después, fue sometido a constantes interrogatorios y confinamientos, que duraron hasta el fin del comunismo en Rumanía, en 1989. 

 

Un confinamiento volcado en la oración

 

En las cárceles vio de todo, lo mismo que en los interrogatorios. Por ejemplo, a los enfermos terminales los encerraban aislados en una celda hasta que murieran de hambre, como sucedió con algunos de los obispos y sacerdotes que fallecieron. Fue testigo de palizas, delaciones, acusaciones falsas, brutales interrogatorios. Las condiciones higiénicas y alimenticias de la prisión pasaron factura a su salud. Estuvo catorce años sin poder leer un libro y solo en los últimos años, en prisiones de reeducación, les dejaban leer la prensa para empaparse del mensaje comunista. Cuando describe estos métodos “reeducativos”, cuenta con humor un chiste que circulaba sobre la prensa comunista: “se decía que en los periódicos hay tres tipos de noticias: ciertas, probables y falsas. Cierto es el título y la fecha; probable es la previsión del tiempo, el resto es falso”.



Sobrevivió gracias a su vida interior. Desde el primer momento, se unió a Cristo y llevó una vida de oración, sacrificio y entrega, que contagió además a los presidiarios que coincidieron con él. Intentó en todo momento dedicar muchas horas a la oración y vivió su experiencia como un martirio en vida. De todo
ello son buen testimonio las poesías que compuso y memorizó en prisión y que aparecen en este libro, en las que además de contar la monotonía de su vida en prisión, incluye jugosas consideraciones que muestran su finura espiritual y la radical entrega de este obispo rumano. 

El libro concluye con un capítulo que explica de manera resumida la historia de la Iglesia Rumana Unida desde que en 1700 decidieron unirse a Roma, manteniendo el rito greco-católico. Sin lugar a dudas, estamos ante un impresionante testimonio del sufrimiento y de las persecuciones que tuvo que padecer la Iglesia católica rumana durante los años de un deshumanizado comunismo.

 


(1) Ioan Ploscaru, Cadenas y terror. Un obispo greco-latino clandestino en la persecución comunista en Rumanía. BAC. Madrid (2021). 480 págs. Edición española basada en la edición italiana Catene e terrore. Traducción: Daniel Lazar.