lunes, 9 de mayo de 2022

"Páginas de vuelta a casa", de Alexander Wolff

 


            Alexander Wolff es hijo y nieto de exiliados alemanes. Nació en Estados Unidos y se ha dedicado al periodismo. Este libro –“una historia que abarca la vida de mi abuelo y mi padre”- es fruto de un inmenso trabajo de investigación para seguir el paso, con detalle, de la vida de sus antepasados, tanto en Alemania como en Estados Unidos. Para ello, se ha entrevistado con muchos familiares, ha leído diarios inéditos y cartas íntimas, ha acudido a libros de historia, a periódicos, ensayos y a fotografías de los álbumes familiares, ha viajado a Alemania y ha buceado en los archivos familiares para conocer al dedillo la trayectoria de su familia desde mediados del siglo XIX hasta la actualidad. 

            Wolff sigue especialmente las vicisitudes de su abuelo, Kurt Wolff (1887-1963), un editor de fama internacional en las primeras décadas del siglo XX. Procedente de una familia germano-judía muy culta, fundó en 1913 su propia editorial, que cerró en 1930. En ella publicaron autores muy innovadores en aquellos años, como Kafka, Joseph Roth, Heinrich Mann, Karl Kraus, Franz Werfel…, autores que sirven de ejemplo para mostrar su alto concepto de la literatura y del trabajo de editor, que ha quedado también materializado en el volumen Autores, libros, aventuras, que reúne textos de diferente factura donde Kurt Wolff reflexiona sobre el mundo de la edición. Así definía su trabajo como editor: “Yo solo quiero publicar libros de los que no me avergüence en mi lecho de muerte”.

            Tras el ascenso de Hitler al poder y a medida que se complicó su situación en Alemania, perseguido por sus ideas, decidió abandonar el país con su segunda mujer, Helen Mosel, también editora, y tras sufrir muchas vicisitudes y contrariedades se instalaron primero en Francia e Italia hasta su traslado a Nueva York, donde reanudó su actividad editorial con la fundación de Pantheon Books. 

            En Alemania se quedaron sus dos hijos con su madre, cuya familia era propietaria del imperio farmacéutico Merck, que ya había emprendido una nueva relación sentimental. A pesar de ascendencia judía, Niko, el padre del autor, nacido en 1921, fue alistado por el ejército nazi y participó en diferentes frentes en la Segunda Guerra Mundial. Al acabar, pudo trasladarse con su padre a Estados Unidos, donde continuó sus estudios universitarios, rehízo su vida y asumió el peso de su pasado.

            Alexander escribe sobre su abuelo y su padre e, indirectamente, también sobre las raíces de su propia biografía. Pero el libro, ”una amalgama de historia, periodismo y memorias”, va más allá del recuento pormenorizado de las vidas de estos protagonistas. Wolff entra en contacto con los gérmenes de la dictadura nazi, con la actitud de tantas y tantas personas que apoyaron y justificaron ese régimen, muchos de ellos familiares suyos, dolorosas historias que ha descubierto investigando para escribir este libro. 

Por eso, Páginas de vuelta a casa, junto con el relato de la vida de un editor tan importante como fue su abuelo, se convierte también en una interesante reflexión sobre el pasado familiar, la memoria, los orígenes y cómo ha afectado todo esto a las generaciones futuras y a él mismo. Alexander se muestra preocupado por el aumento de los populismos tanto en Europa como en Estados Unidos, que pueden adulterar la memoria colectiva sobre lo acontecido en aquellos dramáticos años de antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial. Su libro, repleto de historias y personajes, es un buen ejemplo de cómo aquellos sucesos destrozaron países y vidas concretas como la de su abuelo y su padre. 


 

Páginas de vuelta a casa

Alexander Wolff

Crítica. Barcelona (2022)

424 págs. 23,90 €. 

T.o.: Endpapers. A Family Story of Books, War, Escape, and Home

Traducción: Efrén del Valle.

sábado, 2 de abril de 2022

"La alegría del exceso", de Samuel Pepys

 


Samuel Pepys (Londres, 1633-1703) es el autor de uno de los diarios más importantes de la historia de la literatura. Lo empezó a escribir con 27 años y lo mantuvo durante diez, pero lo tuvo que abandonar por sus problemas con la vista. Aunque lo escribió en el siglo XVII, su diario no se difundió hasta el siglo XIX, cuando en 1825 se consiguió transcribir, pues Pepys lo había escrito en un complicado sistema encriptado de tipografía. 

Al saber que nadie de su círculo iba a leer sus diarios, Pepys escribió con bastante libertad y con mucho atrevimiento sobre muchas de las circunstancias de su vida. Eso sí, su diario, como era frecuente en su tiempo, tenía una exclusiva finalidad de dejar constancia y contabilidad de lo que había hecho cada día, sin más pretensiones literarias. Por eso, muchas entradas son muy parecidas y se limitan a contar de manera directa y breve sus inmediatas relaciones y problemas laborales y familiares. 

A pesar de su reiterativa rigidez, encontramos en sus diarios momentos de una radical sinceridad, de ahí su novedad si comparamos su diario con los de sus contemporáneos. Pepys anotó frecuentemente sus debilidades relacionadas con su trato con familias, amigos, algunas mujeres y su voracidad gastronómica, que acabó pasando factura a su salud. Aunque en todos los diarios hay un componente vanidoso, en el caso de Pepys hay más variedad de lo habitual.




            Este volumen, que lleva por subtítulo “Diarios gastronómicos”, contiene una selección de entradas que tienen que ver especialmente con su afición a la comida y a la bebida. Así comienza esta selección: “A casa desde la oficina y luego a la residencia de milord, donde mi esposa había preparado una comida excelente, a saber: un plato de huesos con tuétano, una pierna de cordero, un lomo de ternera, un plato de pollo, tres gallinas y dos docenas de alondras, todas en una fuente, una gran empanada, una lengua de vaca, un plato de anchoas, otro de gambas y queso…”. 

Pepys, un exquisito gourmet, menciona las comidas que tiene en su casa con su mujer, con sus amigos y familiares, comidas protocolarias y sociales en diferentes estancias y, las más de las veces, sus vistas con su mujer o con compañeros de trabajo a las tabernas de Londres: Taberna del Cielo, Renana, La Cabeza del Toro, del Sol, de las Plumas, de Will, Globo, Cabeza del Rey, La Corona… En sus comidas, a pesar de los deseos de controlarse y ser más comedido que insinúa en alguna ocasión, no hay lugar para la moderación y en todas lo que se busca es la apoteosis del exceso. 



La lista de platos que menciona es inabarcable, además de ser una buena muestra sociológica de lo que comían en Londres los burgueses y altos funcionarios de su tiempo: pecho de carnero, pierna de venado, caballa, costillas asadas, paletilla de cordero, barril de ostras (no pocas veces), espinazo de ternera, redondo de jabalí, carpas estofadas, cangrejo, cecina, gachas con ciruela, guiso de cordero y conejo, ganso salvaje, asadura de cerdo, entrañas de venado, anguilas, lamprea, fricandó de conejo y pollo y, para no agotar, unos pajarillos. Todo ello acompañado de los mejores vinos, que también en esto se nota el buen paladar de Pepys, preocupado por tener una buena bodega con los mejores caldos nacionales e internacionales y suficientes contactos para adquirir siempre los mejores productos.

Después de entregarse a tanto exceso, son frecuentes las molestias estomacales, las noches en blanco y los numerosos estados de embriaguez: “Toda la noche y toda la mañana con dolor de cabeza por los excesos de ayer”. Además, esas comidas abundantes le provocan algunos problemas de salud, que afectan sobre todo a sus deposiciones, una de sus principales inquietudes y a las que dedica algún comentario, como cuando escribe en una entrada de su diario las que deben ser las principales reglas para su salud, entre las que destaca “ya sea mediante un purgante, una lavativa, o ambos, ventosear y lograr una deposición fácil y abundante”. 



También son frecuentes los problemas de conciencia que le provoca su entrega desmedida a la comida y a la bebida. En alguna ocasión menciona que ha comenzado la Cuaresma, momento de penitencia y sobriedad, pero lo normal es que concluya este tiempo sin haber cambiado nada sus hábitos: “Hoy es el primer día de Cuaresma. A ver si soy capaz de respetarla”, para después escribir: “Es la única vez que hemos comido de vigilia en toda la Cuaresma”. También es consciente de que se pasa muchos pueblos bebiendo y que debe de tener cuidado. En ocasiones se muestra arrepentido: “Por la mañana el señor Mills pronunció el mejor sermón que he oído en mi vida sobre la embriaguez”, lo que no quita para que a los pocos días anote: “Estaba tan borracho que no me atreví a leer mis oraciones” o “Bebí tanto que no estaba en condiciones de trabajar” o “Me acosté muy achispado”. Algunas observaciones sobre la bebida son muy divertidas. Por ejemplo, cuando habla de la señora Shippman: “nunca en mi vida he visto a una mujer pimplar así”.



            A la vez que menciona todas estas cosas, habla además de su matrimonio, problemas domésticos, los criados, sucesos familiares (algunos trágicos, como la muerte de su hermano), viajes, cuestiones laborales y, más bien de pasada, alude también al pavoroso incendio que sufrió Londres en esos años y de los estragos que provocó la peste. Samuel Pepys llegó a ser un reputado escritor, fue miembro del Parlamento británico y presidente de la Royal Society.

Esta selección quizás defina de manera injusta al personaje, pues aparece exclusivamente obsesionado con los placeres de la comida y la bebida, aunque también se hable mínimamente de su afición a la poesía y a la música (sale cantando frecuentemente y tocando algún instrumento). El resultado de esta edición, a cargo de Robert Latham y William Matthews, es una entretenida radiografía de los gustos culinarios de la época y de la ambición y pequeños placeres de un personaje frívolo, orgulloso, superficial que sigue siendo tan actual y que siempre tiene hambre.




Samuel Pepys

La alegría del exceso

Nórdica. Madrid (2022)

118 págs. 

16,50 € (papel) / 7,99 € (digital).

T.o.: The Joys of Excess

Traducción: Íñigo Jáuregui. 

domingo, 20 de marzo de 2022

"El mal del chamán", de Jacek Hugo-Bader

 


No se entiende El mal del chamán (1), el nuevo libro del periodista Jacek Hugo-Bader (Polonia, 1957), sin conocer sus libros anteriores, de manera especial los tres que ha dedicado a describir las ruinas de la antigua URSS, de la que es todo un especialista, tres espléndidos libros (El delirio blancoDiarios de KolimáEn el valle del paraíso) que reúnen reportajes muy variados todos ellos con un mismo hilo conductor: las huellas del comunismo en personas la mayoría anónimas que han sido trágicas víctimas de un utopismo delirante. Hugo-Bader escribe en el diario polaco Gazeta Wyborcza.

 

Una realidad marcada por el pasado

 

El primero, El delirio blanco (2016), publicado en España por la editorial Dioptrías, cuenta cómo se imaginaban en 1957 algunos escritores y analistas soviéticos que sería la URSS en el siglo XXI; el “mundo perfecto” y distópico que ellos creían con la férrea fe comunista en el progreso, dio paso cincuenta años después a una realidad rota y a un mundo fracasado. Para demostrarlo, Hugo-Bader viaja en 2007 por Rusia, desde Moscú a Vladivostok, en un Citroën 4x4 y describe una sociedad con múltiples y visibles lacras personales y colectivas, entre las que destaca el alcoholismo y la locura. 

En Diarios de Kolimá (2018), publicado ya en La Caja Books, Hugo-Bader vuelve a viajar a la antigua URSS para recorrer en 2011, ahora en autostop, los 2.025 kilómetros de la llamada Autopista de Kolimá, una ruta que comunica Magadán, la capital, con Yakutsk, y en donde se calcula que hubo más de 160 campos de concentración donde murieron más de tres millones de personas de los más de 30 millones que fueron deportados a los gulag de Siberia. El autor cuenta en este libro un viaje plagado de encuentros con todo tipo de personas y al hilo de estas conversaciones sale a relucir el doloroso pasado de esta tierra. Pero el libro atiende al presente, a los modos de vida actuales, a la capacidad de sobrevivir en circunstancias tan extremas.


 

Entrevistando por todo el país

 

El tercer volumen, En el valle del paraíso, publicado en España en 2021 también en La Caja Books, contiene un conjunto de reportajes de sus viajes desde 1990 hasta el año 2000. Lo que les une es mostrar las persistentes huellas del comunismo y, de manera especial, las cicatrices que todavía son bien visibles en la manera de funcionar tanto en la vida política y social como en las relaciones humanas. Salen tártaros anónimos que fueron perseguidos a partir del año 1945; mujeres chechenas que buscan a sus hijos desaparecidos en la guerra; generales soviéticos que fracasaron en Afganistán; judíos que fueron deportados a Jabarovski del Amur…

Entrevista también al camarada Kaláshnikov, un comunista férreo que no admite ninguna duda en su irracional patriotismo. Lo mismo le pasa con Alexandr Lebed, antiguo Secretario de Seguridad de Rusia, quien afirma que “quien no añora la URSS no tiene corazón”. Viaja también a la sede de Grazpon, en la ciudad de Yámburg; a Kirguistán, donde conoce en directo el tráfico de drogas. En Kazajistán, comprueba las consecuencias de las más de 400 explosiones nucleares que se llevaron a cabo entre 1949 y 1989; y viaja a Vorkutá, en la República de Komi, 160 kilómetros más allá del círculo polar.


Heredero de Kapuscinski

 

Los tres volúmenes citados tienen en común una misma técnica periodística, similar a la que emplea la premio Nobel de literatura Svetlana Alexiévich, por ejemplo en uno de sus libros más difundidos, El fin del “Homo sovieticus”(2015, ver Aceprensa 20 Enero 2016). Como ella, Hugo-Bader construye sus reportajes con conversaciones con infinidad de gente anónima; no son entrevistas convencionales sino una selección de momentos especiales de las largas conversaciones que ha mantenido con ellos. Es la misma técnica que también emplea otra periodista polaca de reconocido prestigio, Margo Rejmer (Varsovia, 1985), autora de Bucarest. Polvo y sangre (2019) y Barro más dulce que la miel (2020), este último dedicado a la Albania comunista. 

En su último libro, El mal del chamán, aparecido en Polonia en 2020, recurre a esta misma manera de contar, que ya empleó en tantas obras el periodista y viajero polaco Ryszard Kapuscinski (1932-2007), a quien Hugo-Bader considera su maestro. Como afirma en un pasaje concreto de este libro, a la pregunta de qué clase de libros escribe, contesta: libros “que no me los invento, que tengo que ver, oír o, mejor todavía, probar, participar, apuntarlo todo, grabarlo, fotografiarlo”. Para escribir este libro, que transcurre en diferentes repúblicas y ciudades de Siberia, “recorrió en tren, autobús y autostop nueve mil setecientos kilómetros”. El periodista polaco no hace un periodismo intelectual, reforzado y ampliado por un abundante aparato bibliográfico de los sitios que recorre y los temas que frecuenta; al contrario, intenta no leer apenas nada para no perder “energía y curiosidad” en sus entrevistas y en su acercamiento al mundo que ha elegido. 

 

Auge de los servicios mágicos en Rusia

 

A diferencia de los otros libros, de contenido más amplio, El mal del chamán está centrado exclusivamente en los chamanes, figuras muy populares en toda la antigua URSS, pero de manera especial en las repúblicas siberianas de Yakutia, Jakasia, Altái, Tuvá y Buriatia. Hugo-Bader entra en contacto con personas vinculadas con el chamanismo: pacientes, familiares, curiosos, los propios chamanes o estudiosos del tema. Su manera de contar es la descripción concreta de lo que hacen y dicen sus interlocutores, sin aportar, salvo casos aislados, mucho contexto teórico al tema. Se trata de mostrar la presencia de los chamanes y el papel que desempeñan en la sociedad actual. Tras el largo paréntesis del comunismo, donde el chamanismo fue perseguido (lo mismo que otras religiones), existe hoy día un deseo especial de volver a las raíces y recuperar las creencias antiguas de pueblos que habitaron estos territorios.


 

Sin lugar a dudas, lo que Hugo-Bader llama “servicios mágicos” –donde se incluye el chamanismo y los videntes, brujos, quirománticos, esotéricos, astrólogos, ocultistas, espiritistas…- vive un momento de
esplendor en Rusia. Si en toda la Federación de Rusia trabajan más de 640.000 médicos, los que se dedican a estas artes “extrasensoriales” son más de 800.000 mil. En Siberia, los chamanes, a los que se llama tengristas (porque dan culto al dios Tengri, el soberano del mundo superior), están intentando que se les apruebe como la quinta religión, lo que les está llevando a organizarse en diferentes federaciones, algo insólito en la larga historia del chamanismo. 

Hugo-Bader critica esta tendencia del chamanismo de querer aparecer como una religión “oficial”: “el chamanismo –escribe-, cuando pretende demostrar que es una religión, se vuelve increíblemente chillón, vulgar y desordenado, muchas veces directamente sucio. Cuando intentan hacer algo monumental, les sale una grotesca Disneylandia de plástico al estilo chino”. Como se aprecia en este libro, no hay entre los chamanes ni liturgia, ni jerarquías, ni dioses, ni teología…, aunque algunos están intentando recientemente dar al chamanismo un cuerpo doctrinal y espiritual y practicarlo hasta en lugares específicos.

 

El caftán y el tambor

 

Vistas las posibilidades de negocio, que lo hay (como pasa en todo el mundo con los fenómenos esotéricos), últimamente hay personas que se presentan como chamanes sin haber sido estrictamente “elegidos”. Y es que el chamán no se hace así mismo sino que, en un momento concreto de sus vidas, reciben lo que ellos denominan “el mal del chamán”, una señal de que han sido elegidos. Desde entonces, no pueden dar la espalda a este destino y asumen su condición de ser una referencia y una ayuda para su gente, sus vecinos y compatriotas. Y no se convierte uno en chamán porque posea una trayectoria vital intachable y virtuosa. Al contrario, la mayoría reciben la llamada después de vidas azarosas, con problemas con la ley, las drogas y el alcohol, como se puede comprobar en los numerosos testimonios de estos reportajes. 


De pronto hay en ellos una transformación “mágica” de sus vidas, y desde ese momento son capaces de provocar alteraciones en su estado de conciencia y con la ayuda de unos ritos más o menos parecidos, por lo menos en Siberia (los  inevitables caftanes repletos de cintas y lazos, el omnipresente tambor, las velas, las ofrendas, los cánticos…), descubren las claves de las vidas de los pacientes que acuden a sus consultas, que lo hacen por motivos muy variados (como se acude a los videntes en las sociedades europeas): por una catástrofe vital o sentimental, enfermedades, problemas matrimoniales, dificultades con los hijos, depresiones, etc. Con estos pacientes también tiene el periodista polaco increíbles conversaciones.

 

Mostrar una realidad viva y omnipresente

 

Como decía, no hay teorías, ni valoraciones en estos reportajes. No es la intención de Hugo-Bader desenmascarar a nadie, ni discutir sus contradicciones, ni cuestionar sus peregrinas ocurrencias: por ejemplo, para el chamán Artiom Ignatenko, “no se debe dejar en la peluquería el pelo cortado, porque primero se queda en el suelo, donde todo el mundo lo pisa, y luego va a parar a la basura. Debéis tener en cuenta que es parte de vuestro cuerpo. Hay que llevárselo y quemarlo”. Otro chamán organizó una surrealista y famosa caravana rumbo a Moscú para expulsar a Putin del Kremlin, procesión a la que se sumó Hugo-Bader durante unas jornadas. 

Él se dedica sin más a recopilar informaciones y a mostrar de manera objetiva esta presencia activa y bien visible de los chamanes en todas las capas sociales de Siberia, en unas repúblicas y ciudades más que en otras. Aaunque el chamanismo tiene cada vez más presencia en las ciudades, es sobre todo un fenómeno rural que requiere de los chamanes un asiduo contacto con la naturaleza, en su caso la taiga, lugar donde viven o a donde se retiran algunos de los que circulan por este libro. 

 

Nada es casual

 

Para el chamanismo, no hay casualidades. Todo tiene un sentido y una explicación. El pasado se mezcla con el presente y los espíritus con los vivos y los muertos. Cada criatura del mundo vegetal y animal tiene su propia alma. Los mundos paralelos se entremezclan. Hace falta alguien que se ponga en contacto con las otras realidades e interprete los hechos. A eso se dedican los chamanes, a librar al mundo del mal. Suelen alternar sus consejos (muchas veces, repletos de imágenes y conceptos nebulosos o apocalípticos) con la elaboración de ancestrales recetas medicinales, como las que recomienda el chamán Antoni Ondar, entre las que se incluye grasa de tejón para la tos, bilis de oso para las úlceras de estómago y lo que llama el castóreo, que es la secreción de las glándulas anales del castor, líquido que se puede untar por las piernas o beberlo, dependiendo de la enfermedad.  

 

La antítesis del ateísmo

 

En El mal del chamán, Hugo-Bader realiza un detallista y exhaustivo trabajo de campo con el fin de dar voz a unos personajes que son los que tienen la palabra y el protagonismo.

Libro muy ameno, a veces un tanto reiterativo (salvo excepciones, el discurso de los chamanes suele ser muy parecido) que presenta una consolidada realidad antropológica que sirve para visualizar cómo una parte de la sociedad siberiana se enfrenta hoy día a los problemas y dificultades que les sobrepasan y que no tienen una fácil y rápida solución. El recurso a este singular animismo que practican los chamanes es también una reacción a tantos años de una educación soviética que imponía el ateísmo y el culto a la ciencia. 


            

(1) El mal del chamán. Jacek Hugo-Bader. La Caja Books. Valencia (2022). 364 págs. 21,90 € (papel) / 9,99 €. T.o.: Szamanska choroba. Traducción: Ernesto Rubio y Agata Orzeszek.

 

"Cadenas y terror", de Ioan Ploscaru

 

           

            Son muchos los testimonios de la persecución en los países comunistas contra los considerados enemigos del pueblo”, categoría en la que entraba de todo, pues las denuncias solían repetir acusaciones parecidas, todas ellas arbitrarias y ambiguas: espionaje, vínculos con el extranjero, traición a la patria, etc. Lo que demuestran estos testimonios, muy numerosos, es que cualquiera podía convertirse de la noche a la mañana en enemigo del pueblo y acabar sus días en un campo de trabajo (en los temidos Gulag) o fusilado en los sótanos de la Lubianka, la sede del KGB en Moscú. Técnicas parecidas de control las exportó la URSS a los países del Telón de Acero y al resto de países convertidos a la causa comunista.

 

Persecuciones religiosas generalizadas

 

            Dentro del género literario de las memorias de represaliados por el comunismo destaca el de las víctimas de las persecuciones religiosas. No fueron casos aislados sino que se dieron, primero, en toda la URSS, donde se llevaron a cabo innumerables detenciones y asesinatos. Posteriormente, se llevaron a cabo también en los países del Telón de Acero. Y, por poner otros ejemplos, hay que mencionar la represión religiosa en China y Vietnam. 

De la URSS destaco las memorias del sacerdote norteamericano de origen polaco Walter J. Ciszek, Caminando por valles oscuros (Palabra), en las que describe su estancia en varias cárceles soviéticas tras ser detenido en 1941 por ser sacerdote. Del historiador Didier Rance, exdirector de Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN), destaco dos libros dedicados a recopilar testimonios concretos sobre la represión religiosa en los países del Telón de Acero. El primer es La gran prueba, fruto de los viajes que realizó el autor tras la caída del Muro de Berlín para entrevistarse con numerosas víctimas. Este volumen reúne diez de estos testimonios, que proceden de Albania, Bielorrusia, Bulgaria, Lituania, Rumanía, Eslovaquia, Chequia y Ucrania. Sus protagonistas son religiosos, sacerdotes, obispos y laicos. 

El segundo es El beato Mark Çuni y los mártires de Albania, publicado en la colección “Mártires del siglo XX” de Ediciones Encuentro, volumen en el que vuelve a reunir un conjunto de breves biografías dedicadas a un grupo de mártires albaneses durante la dictadura comunista de Enver Hoxa. Cuando se conoció con detalle la persecución religiosa que tuvo lugar en Albania, el papa Juan Pablo II afirmó en 1993, poco después de la caída del régimen comunista: “Nunca antes había conocido la historia algo como lo
acontecido en Albania”. El libro describe las vidas de un buen grupo de mártires que fueron ejecutados o padecieron persecución en los diferentes campos de concentración que se crearon en Albania imitando los Gulag soviéticos. Uno de estos casos fue el de Mark Çuni, joven seminarista que fue acusado con otros colegas de pertenecer a una inexistente organización clandestina que preparaba un golpe de estado. Las condenas, con sus dosis de espectáculo, fueron sumarísimas.

De China menciono los libros del exiliado Liao Yiwu, de manera especial Dios es rojo, libro formado por entrevistas con las que muestra, por un lado, la pujanza del cristianismo en muchas zonas de China, y, por otro, las persecuciones violentas que tuvieron lugar a partir de 1955. Otro libro que merece destacarse es Encadenados. Diarios de mártires en la China de Mao, de Gerolamo Fazzini, que contiene los testimonios de católicos que fueron perseguidos y encerrados en los campos de concentración chinos, los laogai, de 1948 a 1978. Del mismo autor, y en la misma línea, es El libro rojo de los mártires chinos.

De Vietnam brilla la dramática experiencia del cardenal Van Thuan, autor de varios libros, como Cinco panes y dos peces, en los que su forzado confinamiento en diferentes prisiones es el camino para incrementar su relación con Dios; sobre Van Thuan merece citarse también la biografía de Miguel Ángel Velasco, La luz brilla en las tinieblas, y la novela basada en su vida de Teresa Gutiérrez de Cabiedes, Van Thuan. Libre entre rejas. De algunos de estos libros hablo en Cien años de literatura a la sombra del Gulag

En esta misma línea de describir la persecución de miembros de la Iglesia hay que destacar Cadenas y terror (1), del obispo rumano Ioan Ploscaru, que acaba de editar la BAC, libro que como El diario de la felicidad, del filósofo y religioso Nicolae Steinhardt, describe la vida en las cárceles rumanas durante décadas de comunismo. 

 

Obispo clandestino

 

Ioan Ploscaru (1911-1998) nació en la ciudad rumana de Cluj y posteriormente amplió estudios en la ciudad francesa de Estrasburgo; fue ordenado sacerdote en 1933. Al poco de iniciarse las persecuciones contra la Iglesia greco-católica que se cuentan en este libro, fue ordenado clandestinamente obispo de una de las eparquías, la de Lugoj. Tras acabar la Segunda Guerra Mundial, las tropas soviéticas se hicieron con el control político en Rumanía, que se transformó en un país comunista más ya en 1947. A partir de ese momento, las autoridades soviéticas dirigieron el destino de Rumanía, donde se reprodujeron las mismas políticas de control absoluto y totalitario de la población y la metódica persecución de la disidencia, con el papel protagonista de la Securitate, la polícía secreta. Desde que el comunismo se instaló en su país, Ploscaru sabía que su destino estaba ya marcado, pues conocía muy bien las persecuciones religiosas que se habían dado en la URSS. 



Después de la Segunda Guerra Mundial, los dirigentes comunistas permitieron a la Iglesia ortodoxa que continuase con sus actividades, eso sí, todas ellas bajo control de las autoridades. Pero no pasó lo mismo con otras confesiones ni con la Iglesia católica de rito romano ni con la Iglesia Greco-Católica, a la que pertenecía Ploscaru y que que contaba en Rumanía con una destacada presencia. Como temía Ploscaru (“no nos quedaba más que prepararnos con tenacidad para el martirio”), en 1948, en diciembre, se aprobó un Decreto que prohibió la Iglesia Greco-Católica y obligó a los obispos, sacerdotes y fieles a ingresar en la Iglesia ortodoxa, que se hizo cargo también de sus bienes y posesiones. Acusados de espías de Roma y de Estados Unidos, se inició una programada persecución contra los miembros de la Iglesia greco-católica.

De los 1.800 sacerdotes que había, 430 decidieron hacerse ortodoxos; el resto, abandonaron el ministerio sacerdotal o acabaron en las cárceles comunistas, donde fallecieron seis obispos greco-latinos a los que el Papa Francisco, en junio de 2019, ha beatificado. De todos ellos, que pasaron como el autor largas temporadas en prisión, se habla en este libro, que rinde también homenaje a sus vidas. 

 

Un carrusel de prisiones

 

Ioan Ploscaru fue arrestado en Lugoj el 29 de agosto de 1949. “Estuve en la cárcel durante 15 años, cuatro de ellos aislado. Liberado en el 1964, he sido continuamente vigilado, acechado, perseguido y otra vez interrogado; he sufrido arrestos domiciliarios; he tenido a veces miedo en los años sucesivos. Y han sido 25 años”. Su trayectoria está contada en estos recuerdos, que comenzó a escribir en 1956, cuando abandonó la prisión por unos meses, y que retoma en diferentes momentos de su vida hasta su definitiva publicación en 1993. 



Que la narración sea intermitente afecta en algunas ocasiones al ritmo de la narración, a su estructura y a algunas reiteraciones. También influye en la narración que el autor interrumpa de vez en cuando su relato personal para escribir minibiografías de los obispos greco-católicos que perdieron la vida en las cárceles. Y es una lástima que el libro no se haya revisado convenientemente, pues su edición contiene errores y faltas tipográficas más abundantes de lo normal y la traducción deje mucho que desear en algunas expresiones y pasajes. 

Ploscaru fue detenido en Lugoj, donde ejercía su ministerio sacerdotal, por oponerse al decreto de unión con la Iglesia ortodoxa. Pero en ningún momento se inició contra él ningún proceso judicial ni recibió ninguna condena. Su periplo le llevó a recorrer numerosas cárceles y prisiones, como las de Timisoara, Bucarest, Jilava, Gherla, Dej, Zarka… y las temidas Sighet y Pitesti. En Sighet, escribe Ploscaru, “el régimen disciplinario era deshumanizante. Todo estaba destinado a destruir el sentido de la dignidad individual y a destruir la moral para capitular”. En Siguet tiene en la actualidad su sede el Museo Memorial de las Víctimas del Comunismo en Rumanía, una iniciativa promovida por el escritor Romulus Rusan y la poetisa de fama internacional Ana Blandiana.

 

Apoteosis de la deshumanización

 

Pitesti ocupa un lugar muy especial en la historia de las cárceles comunistas. En ella tuvo lugar uno de los peores experimentos, pues los carceleros convirtieron a los detenidos, para salvar sus vidas, en los verdugos de sus compañeros. Para el historiador Stéphane Courtois, uno de los autores de El Libro negro del comunismo, se trata del peor ensayo y el más deshumanizado que se dio en todas las prisiones del Gulag, donde había para elegir muchas y crueles modalidades de deshacerse de los enemigos. Los dramas que se vivieron en Pitesti también aparece en un libro que cuenta la represión comunista en Rumanía, La tortura del silencio, escrito por el periodista y activista Guido Barella, que entrevistó a intelectuales, políticos y al arzobispo Alexandru Todea, que consiguió sobrevivir de 16 años en prisión y 27 de arresto domiciliario. 

  


En 1957, tras un juicio farsa, como era habitual, Ploscaru fue condenado a otros 15 años de prisión acusado de “instigación al crimen de traición a la patria” y “conspiración contra el orden social”, aunque fue liberado en 1964. Después, fue sometido a constantes interrogatorios y confinamientos, que duraron hasta el fin del comunismo en Rumanía, en 1989. 

 

Un confinamiento volcado en la oración

 

En las cárceles vio de todo, lo mismo que en los interrogatorios. Por ejemplo, a los enfermos terminales los encerraban aislados en una celda hasta que murieran de hambre, como sucedió con algunos de los obispos y sacerdotes que fallecieron. Fue testigo de palizas, delaciones, acusaciones falsas, brutales interrogatorios. Las condiciones higiénicas y alimenticias de la prisión pasaron factura a su salud. Estuvo catorce años sin poder leer un libro y solo en los últimos años, en prisiones de reeducación, les dejaban leer la prensa para empaparse del mensaje comunista. Cuando describe estos métodos “reeducativos”, cuenta con humor un chiste que circulaba sobre la prensa comunista: “se decía que en los periódicos hay tres tipos de noticias: ciertas, probables y falsas. Cierto es el título y la fecha; probable es la previsión del tiempo, el resto es falso”.



Sobrevivió gracias a su vida interior. Desde el primer momento, se unió a Cristo y llevó una vida de oración, sacrificio y entrega, que contagió además a los presidiarios que coincidieron con él. Intentó en todo momento dedicar muchas horas a la oración y vivió su experiencia como un martirio en vida. De todo
ello son buen testimonio las poesías que compuso y memorizó en prisión y que aparecen en este libro, en las que además de contar la monotonía de su vida en prisión, incluye jugosas consideraciones que muestran su finura espiritual y la radical entrega de este obispo rumano. 

El libro concluye con un capítulo que explica de manera resumida la historia de la Iglesia Rumana Unida desde que en 1700 decidieron unirse a Roma, manteniendo el rito greco-católico. Sin lugar a dudas, estamos ante un impresionante testimonio del sufrimiento y de las persecuciones que tuvo que padecer la Iglesia católica rumana durante los años de un deshumanizado comunismo.

 


(1) Ioan Ploscaru, Cadenas y terror. Un obispo greco-latino clandestino en la persecución comunista en Rumanía. BAC. Madrid (2021). 480 págs. Edición española basada en la edición italiana Catene e terrore. Traducción: Daniel Lazar. 

"El eterno femenino", de Rafael Gómez Pérez


                  En El eterno femenino, Rafael Gómez Pérez, Doctor en Filosofía y en Derecho, vuelve a recurrir a la literatura para explicar cuestiones relacionadas con la antropología, la psicología y las constantes humanas a lo largo de la historia. Lo hizo recientemente, por ejemplo, en su libro De Homero a Kafka, una selección de pasajes literarios con la que hacía un recorrido por la historia de la literatura y la cultura. De manera más profunda y desarrollada, los grandes hitos literarios están presentes en su libro Breve historia de la cultura europea. Y en Memoria del futuro hace una espléndida selección de obras claves de la literatura universal para entender mejor al hombre y sus problemas. 

              En su nuevo libro selecciona “cincuenta mujeres de libro”, es decir, una amplia muestra de personajes femeninos que pueblan la historia de la literatura. La lista está hecha por orden alfabético y comienza con Ana Karenina, la protagonista de la novela homónima de Tolstói, y finaliza con Zerlina, de la ópera de Mozart Don Giovanni, basada en un libreto de Lorenzo da Ponte. Entre medias, Ofelia, Isolda, Electra, Dulcinea, doña Inés, la Regenta, Jane Eyre, Madame Bovary, Melibea, Morgana, Rebeca… 

            Después de comentar brevemente la obra en la que aparece, de cada personaje destaca sus notas más características, sus virtudes o sus defectos, que en muchos casos han servido para dar forma a “lo eterno femenino”. Escribe el autor, con bastante fundamento, que “ha correspondido a la literatura, más que a la filosofía o a la psicología, describir la geografía de la condición femenina y de ser mujer”. Estos personajes representan, por ejemplo, la compasión (como es el caso de Benigna, inmortal personaje de Misericordia, de Galdós), la inocencia, la duda, la ambigüedad, la fortaleza, la crueldad (aquí se cita a Medea), el sacrificio, la entrega, el amor perdurable (Beatriz, de Dante). Los comentarios son certeros, amenos y suelen iluminar los rasgos destacados de cada personaje femenino. 


Me ha llamado la atención lo bien que está definido el carácter de Scarlett O’Hara, quien “no está dotada para el amor”. Y ha sido todo un descubrimiento la protagonista de la novela de Stephen Crane, Maggie, una muchacha de la calle, de quien el autor comenta que Maggie es “una víctima de un ambiente social en el que no existe ni una sombra de justicia. A través de mujeres como Maggie se puede entender la crueldad de los tiempos del capitalismo salvaje, donde los que quedaban en la cuneta de la pobreza veían con frecuencia la muerte como una liberación”. 


El libro es, también, un apasionado recorrido por la historia de la literatura de todas las épocas, pues hay muestras de la tragedia clásica, de la mitología, de la novela medieval, de las narraciones del ciclo artúrico y del resto de periodos históricos. Como escribe el autor, estamos ante un grupo de “mujeres que no han sido reales, pero a las que tratamos con más familiaridad y profundidad que a muchas que sí lo son”. 



El eterno femenino

Rafael Gómez Pérez

Rialp. Madrid (2022)

202 págs. 14 € (papel) / 7,49 € (digital).

lunes, 14 de marzo de 2022

"Los poemas de amor más antiguos del mundo", de Eduardo Gris Romero

 

    Eduardo Gris Romero es doctor en Literatura Comparada y experto en poesía amatoria antigua. Además, es autor de una novela policiaca, Amar mal mata (inteligente y recomendable) y una espléndida novela, Los pilares del cielo, que está teniendo una excepcional acogida entre los lectores más jóvenes (soy testigo de ello). Es, también, un lector consumado y entusiasta. 

            Este libro es fruto de sus años de investigación cuando redactó su tesis doctoral. Su proceso lo cuenta en una introducción que se lee casi como una novela de aventuras, pues en ella vamos viendo cómo Eduardo, después de elegir el tema de su estudio, empezó a buscar de manera compulsiva los textos poéticos necesarios para validar su tesis. De pronto, se le abrió un panorama más amplio del que él contaba, pues a medida que avanzan sus lecturas empieza a descubrir nuevos tesoros poéticos de otras épocas. El objetivo de su tesis era analizar los motivos y temas recurrentes en la poesía amatoria antigua, temas que siguen estando presentes, por ejemplo, en la lírica popular de todas las literaturas occidentales y, como repite en diferentes ocasiones, también hasta el presente más actual. Son impresionantes esas constantes humanas y poéticas que acercan el corazón del hombre actual a la sensibilidad de las épocas antiguas. Para mí, ha sido de las cosas que más me han gustado de este libro.

           Eduardo Gris comienza por recopilar los poemas amatorios de la época de Mesopotamia, Egipto, China. Grecia, Israel… Cuando tenía muy encarrilado su estudio, su director de tesis le habló de la poesía amorosa de la India: “no me imaginaba yo entonces –escribe-, ni por lo más remoto, la joya que iba a descubrir”. 

La panorámica que ofrece esta selección es muy completa y está pensada para que los lectores no especializados puedan descubrir la calidad de una poesía que, en principio, puede parecer exótica y muy alejada de los intereses contemporáneos (pronto se darán cuenta de todo lo contrario). El libro contiene los poemas que ha considerado más “hermosos, interesantes e ilustrativos” para el lector de hoy. Y para su mejor comprensión, ofrece unos breves comentarios que ayudan a entender su significado y algunas claves culturales. Estos comentarios no están hechos con una finalidad académica sino divulgativa.

            “Querido de mi corazón, amado mío, / tu encanto es dulce, dulce como la miel”. Así comienza uno de los poemas sumerios más conocidos, que tienen como contexto la celebración de las bodas entre Inama, diosa sumeria del amor y la fertilidad, y Dumuzi, el dios-pastor. Los dos dioses son protagonistas de un conjunto de poesías que se encontraron en unas excavaciones arqueológicas en Mesopotamia, unas tablillas con textos con caracteres cuneiformes. Son poemas que frecuentemente –será algo habitual en la poesía amatoria antigua- están puestos en boca de una mujer y lo más seguro es que fueran cantados o recitados durante la celebración de ceremonias litúrgicas relacionadas con estos dioses. En ellos, los más antiguos de todos, aparecen personajes, temas y motivos que se repetirán en todas las culturas.


        

         Siguiendo el hilo cronológico de la historia, analiza a continuación los poemas amorosos que se han conservado de la literatura egipcia. Los textos proceden de tres papiros y también se encontraron sobre la superficie de una vasija cuyos fragmentos han ido recuperándose en sucesivas campañas arqueológicas. “Tu voz es para mí como el vino: / oírla me reconforta. / Verte con cada mirada / me alimenta más que la comida y la bebida”. En estos poemas encontramos imágenes muy conseguidas, atrevidas, arriesgadas y hasta divertidas. Como en toda la literatura antigua, hay también poemas con un explícito erotismo a la hora de abordar las relaciones entre los amantes. Hasta en esto no somos tan modernos.

            Características similares, con sus peculiaridades, aparecen en la poesía china, llena de “delicada elegancia, de embriagadora cadencia, de fecunda sobriedad”. Todo un descubrimiento. Magníficas poesías que insisten, además, en temas clásicos a la hora de hablar del amor: el lamento femenino por la juventud perdida y la pena que sufre la enamorada por la ausencia del amado. 

            “Entre los siglos VII y V a.C., entre los grandes poemas épicos de Homero y el apogeo del teatro clásico, el género central de la literatura griega es la lírica”. Con la lírica arcaica griega –que, por desgracia, ha llegado muy mutilada- aparecen cambios trascendentales que marcarán la pauta de la posterior poesía: la personalidad del poeta irrumpe de manera decidida en los poemas. Se reproducen en este capítulo algunos poemas de Arquíloco, Safo, Íbico, Teognis de Mégara y Anacreonte, poeta con una vida complicada que, sin embargo, exalta en sus poesías “la vida cómoda y la bebida”.

             El siguiente capítulo está dedicado a la literatura hebrea, en concreto al Cantar de los Cantares. Su redacción final es de los siglos IV y III a.C. y admite diferentes lecturas, también la alegórica. Resultan muy interesantes los pasajes seleccionados y las claves de interpretación que se ofrecen de unas poesías que han marcado a tantos poetas (como San Juan de la Cruz). Es un fantástico libro.

           Y, por último, Eduardo Gris habla de la desconocida poesía de la India. Su análisis se centra El Sattasai, una colección de poemas que fueron compuestos entre los siglos III y VI d.C. Son poemas muy breves, muy directos, muy eficaces: “Felices aquellas / que ven al amado en sueños. / Yo no puedo dormir sin él: / ¿cómo voy a soñar?”. En su mayoría –hay una generosa selección- reflejan las relaciones amorosas de los campesinos. Están escritas en páncrito, “una imitación literaria del idioma que hablaban las gentes humildes”, en contraposición al sánscrito, que era el idioma de la alta cultura. Para Gris Romero, en estas poesías vuelven a encontrarse los mismos temas que ya aparecían en la poesía sumeria y repiten el resto de culturas: el planto femenino por la ausencia del amado, la presencia de la madre de los enamorados y, entre otros temas, el amor como fenómeno violento y arrebatado.

            Los poemas de amor más antiguos del mundo ofrece un insólito viaje poético, ameno y muy completo, a las raíces de nuestra poesía amatoria. La selección de poemas presenta las diferentes maneras de abordar este tema, un clásico, a lo largo de la historia antigua, con las características propias de cada cultura. Pero si algo demuestra el libro es la universalidad de unos mismos sentimientos humanos y la fuerza del amor como tema lírico por excelencia. En muchos momentos, aunque uno estaba leyendo poemas de la civilización mesopotámica o china o de la India, la sensación era de una sintonía afectiva cercana, actual y moderna. Y es que no hemos cambiado tanto, por lo menos a la hora de hablar del amor.  



Los poemas de amor más antiguos del mundo

Eduardo Gris Romero

Pre-Textos. Valencia (2022)

260 págs. 25 €.

martes, 1 de marzo de 2022

Un año ya de “La suerte de conocerte”

 






En estos días se cumple un año del lanzamiento de mi libro La suerte de conocerte, unos diarios que recogen mis experiencias desde 2018 a 2020. Tengo que reconocer que no se ha cumplido mi principal objetivo: hacerme millonario. Yo quería hacer la competencia a Dan Brown, Ken Follett o María Dueñas, pero no ha sido posible. Lo volveré a intentar con el siguiente.

Pero sí tengo que reconocer que ha sido una experiencia gratificante, que me ha permitido reírme mucho, conocer a gente muy interesante y reencontrarme con antiguos amigos, con los que he compartido unas cervezas y muchos recuerdos. 

Os pongo un enlace con un vídeo que pusimos el día de la presentación de mi libro, el pasado mes de septiembre, en el que daba las gracias a todos los lectores por los buenos ratos que habíamos vivido. La presentación estuvo, además, muy bien y fue una magnífica ocasión para volver a saludar a tanta gente que tengo y he tenido la suerte de conocer. Y lo digo de verdad.

lunes, 28 de febrero de 2022

"Las cerezas del cementerio", de Gabriel Miró



Interesante apuesta la de la editorial Drácena de recuperar la primera novela extensa de Gabriel Miró (1879-1930), novelista que no ha acabado de encontrar su sitio en la historia de la literatura española, quizás por su originalidad estilística, que lo emparenta con los modernistas y con la “generación del 14” más que con los autores de la Generación del 98, aunque sí tiene muchos puntos en común con el también alicantino Azorín, al que se le suele asociar por su voluntad de estilo. 

            Pero la editorial Drácena, en su deseo de poner el foco en la prosa de Gabriel Miró, ensancha bastante su marco literario. Donde hay que buscar maneras de escribir similares a Miró, que deja en un segundo plano los acontecimientos y los sucesos, es en la literatura europea de Marcel Proust y hasta de Virginia Woolf, escritores que pusieron el acento de sus libros no en los argumentos ni en las ficciones sino en la memoria íntima de sus protagonistas y su conflictiva relación con la realidad.

            Siempre me ha sorprendido la literatura de Miró, especialmente después de leer Figuras de la Pasión del Señor (1916), donde uno se queda absolutamente atrapado por el despliegue de voluptuosidad estilística repleta de aromas, luces, colores, sonidos, sabores…, en este caso con el telón de  fondo de los últimos momentos de la vida de Jesús en Palestina. También conviene destacar otros libros suyos, como Nuestro Padre San Daniel (1921), El obispo leproso (1926) y Libro de Sigüenza (1917). En todos ellos destaca el trabajo estilístico, repleto de una gran riqueza plástica, un vocabulario exuberante y una adjetivación ciertamente sorprendente. Esto hace mella en su manera de novelar, más cercana por su sentido de la belleza al poema que a la prosa pura y dura. Sus relatos y novelas son, muchas veces, “poemas descriptivo-narrativos” (como ha señalado Eugenio de Nora), donde lo lírico y sensitivo tienen más fuerza que los ingredientes narrativos.

            Estas mismas características se encuentran en Las cerezas del cementerio, que Miró publicó en 1910 y que se trata de un hito en su trayectoria, pues se trata de su primera novela más trabajada y larga, después de libros leves y de relatos. En ella, se cuenta el drama de Félix de Valdivia, que, reclamado por su padre, regresa de Barcelona, donde estudia ingeniería, a su tierra natal, la inventada y mediterránea Almina. En el barco, coincide con dos mujeres con las que entabla una intensa relación de amistad, Beatriz, casada con un comerciante inglés, y su hija Julia. Entre Beatriz y Félix se desata una pasión amorosa y romántica que va a ser el hilo conductor de esta novela.

            Félix es un personaje fuera de lo normal. No se identifica para nada con la tierra de sus padres y sus ancestros y le ahoga la estrecha vida que llevan sus familiares, dominada por las convenciones sociales y una tenebrosa manera de vivir la religión (tema que será habitual en la literatura de Miró). Además, Félix tiene una exacerbada sensualidad, que contrasta con la aridez de sus paisanos y que le lleva a disfrutar visiblemente de emociones y sentimientos relacionados con la vida, el amor, el paisaje…, con expresiones que delatan que se encuentra fuera de la realidad. Pero Félix ve a su alrededor lo que nadie descubre, lo que le convierte en un personaje decadente, romántico, extraño, de frágil sensibilidad y a su mira complejo, pues también siente atracción por las emociones crueles y salvajes, como aparece en la novela en repetidas ocasiones. Su manera de ser atrae a las mujeres que, por lo general, por contraste con el adusto carácter de sus novios o maridos, se sienten fascinadas por él (o eso es lo que piensa Félix).

            Pero la vida de Félix, de Beatriz y de sus familias está marcada por un suceso anterior: Beatriz fue la amante del tío de Félix, Guillermo, muerto en extrañas circunstancias. Para todo el mundo, Félix es el vivo retrato de los gustos y del carácter especial de su tío. Junto con la alegría espumosa, externa y superficial, propia de los dos, se esconde también una atracción por el dolor y la tragedia romántica y modernista.

            La novela avanza a golpe de escenas que describen la vida de Félix en los pueblos que visita y de los familiares con los que se encuentra. También, por los reencuentros con Beatriz, censurados por la familia de Félix, que avivan su voluptuosidad.

            Como en toda la trayectoria de Miró, lo importante no va a ser el desarrollo del argumento, en parte previsible, aunque con un final quizás demasiado tajante y radical. Lo que sobresale es, en todas sus páginas, su férrea y trabajada voluntad de estilo, de sacar brillo a todas las escenas, de insinuar más que contar. Como escribió Miró, “la palabra es la misma idea hecha carne, es la idea viva transparentándose gozosa, palpitante, porque ha sido poseída”. Esto lo intenta hacer realidad en la novela, con un estilo plástico y sensorial, atento a los minúsculos detalles. 

            Pongo un ejemplo, de la descripción que hace el autor del valle de Posuna, escenario de una de las excursiones que realiza Félix: “Traspuesto el collado de Almudeles, ofrecíase todo el valle de Posuna, ancho, gozoso de abundancia y de luz; en lo más hondo y llano, por tierras pradeñas y almarjales, pasaba un amplio río, de aguas lentas, calladas y resplandecientes, espejo de chopos y salgueros que, en el confín, se desvanecían entre nieblas azules. El sol se acostaba en la tierna pastura y encima de las frondas, tan frescas, tan viciosas, que daba deseo de abrazarlas, de apretarlas para que se fundiesen en jugos olorosos de vida y beberlos. Estaban las cumbres llenas de claridad y parecían nuevas, jovencitas, y que el cielo bajase a descansar y reclinarse en los montes”.

            Poco tiene, es cierto, esta impresionista manera de novelar con la que se estila ahora, funcional y narrativa. Pero leer a Miró siempre es un espectáculo para los sentidos, un derroche de las posibilidades estilísticas de la literatura. Un escritor revolucionario en lo formal y en su manera de captar la realidad, que se merece redescubrir.



Las cerezas del cementerio

Gabriel Miró

Drácena. Madrid (2022)

210 págs. 15,95 €.