sábado, 2 de marzo de 2019

"Hija de revolucionarios", de Laurence Debray


“Cuanto más se ama a alguien menos debe adulársele; el verdadero amor es el que nada perdona”. Esta cita de Molière que abre este ensayo explica en parte la intención de la autora, Laurence Debray (París, 1976), hija de dos intelectuales muy famosos comprometidos con la izquierda revolucionaria. Como se describe en este libro, las relaciones de la hija con sus padres fueron distantes y nada convencionales, y en algunos momentos llegaron a ser casi inexistentes. Tanto su padre como su madre se entregaron totalmente a la política revolucionaria y encarnan el compromiso político de una izquierda que alardeaba de anticapitalista, antiamericana y de posicionarse en contra de todos los dogmas tradicionales, familia y religión incluidos. 
Aunque los dos procedían de entornos burgueses (y capitalistas), siendo muy jóvenes se implicaron en la política. Elizabeth Burgos, venezolana, comenzó a militar a los 15 años en el Partido Comunista; por su parte, Régis Debray se ganó a comienzos de los sesenta prestigio como periodista revolucionario. Se conocieron en Venezuela, a donde Régis había ido a filmar un documental. En París, los dos entraron en contacto con otros intelectuales que vivían extasiados ante las causas revolucionarias de izquierdas, especialmente en América Latina (el fervor por el comunismo soviético se estaba extinguiendo poco a poco en Europa Occidental). 
Pronto conocieron a Fidel Castro y mantuvieron una estrechísima relación con él. Tanto, que el propio Régis fue nombrado teórico del régimen (publicó numerosos ensayos sobre el castrismo), además de ser uno de sus hombres de confianza. En 1967, recibió el encargo de Fidel de incorporarse a la guerrilla boliviana. Allí se reencontró con el Che Guevara. En una escaramuza, Régis fue detenido por los militares y durante el juicio que le acabó condenando a treinta años de prisión conoció la noticia de que el Che había muerto. Fue liberado en 1970, cuando se cumplían cuatro años de su detención. 
Regresó a París convertido en un mito, en el icono del intelectual comprometido. En esos años, nació su hija. En París, trabajaron activamente por la izquierda revolucionaria de América Latina hasta que en 1981, con la victoria socialista, aceptaron cargos de confianza del presidente Mitterrand.
            Laurence realiza un emocionante examen de la vida compartida con sus padres, victimas quizá de una generación que abrazó todas las causas revolucionarias. “Aquella generación de universitarios –escribe la autora-, que no habían hecho la guerra y que rechazaban el ideal de coche y nevera, se aferraron al proyecto revolucionario para dar sentido a su vida (…) El lirismo político del marxismo, y todas sus variantes, les hacía vibrar”. En el mundo construido por sus padres en torno a la política, ella no pintaba nada. Con el paso de los años la distancia fue agrandándose y la autora reconoce que nunca entendió nada, “ni sobre su compromiso político ni sobre su vida disoluta (…) Eran –y siguen siendo- incomprensibles”. “¿Son héroes o renegados? –se pregunta-. Supervivientes en todo caso. Pertenecen a una época en la que las estrellas no eran los presentadores de televisión o los futbolistas, sino los intelectuales comprometidos”. 
            A la vez que cuenta la evolución revolucionaria de sus padres, Laurence Debray describe su propia vida. Destaca los cuatro años que pasó en España, en Sevilla, en los que el socialista Alfonso Guerra “se convirtió para mí en un padre suplementario, comprensivo y atento”. A su regreso a París, optó por el periodismo. Luego se trasladó a Venezuela, donde vivió la deriva revolucionaria de Chávez; amplió estudios en Londres y Nueva York. Es autora de un libro sobre el papel desempeñado por el rey Juan Carlos I durante los años de la Transición, la consolidación democrática en España y su posterior abdicación. El ejemplo revolucionario de sus padres le ha convertido en “hermética a las utopías”. 
Interesante, pues, ajuste de cuentas de una hija de intelectuales revolucionarios que ha sido víctima de la entrega de sus padres a un modo radical de entender la política que no entendía de sentimientos y emociones y que renegaba hasta de las relaciones familiares. Este libro es un doloroso ejercicio de búsqueda de su identidad. 

Hija de revolucionarios
Laurence Debray
Anagrama. Barcelona (2018)
288 págs. 18,90 € (papel) / 9,99 € (digital).
T.o.: Fille de révolutionnaires
Traducción: Cristina Zelich.

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