viernes, 24 de julio de 2026

Mis clásicos: "Vida de Manolo", de Josep Pla


            En 1928, cuando se publica este libro, Josep Pla ya era un conocido escritor con una intensa actividad periodística y literaria a sus espaldas. Además, tenía la habilidad de transformar cualquier tema en materia para sus libros, como puede apreciarse en su magnífico diario El cuaderno gris, una de sus obras más importantes de los 45 volúmenes que componen sus obras completas. Junto con su diario, Vida de Manolo es otra de sus obras más valoradas. La publicó en 1928 en catalán y en 1930 en castellano y en ella cuenta la vida del escultor Manolo Hugué (1872-1925), al que conoció en 1919, en la tertulia que ambos frecuentaban en el café Lyon d’Or, de Barcelona. 

La vida y el carácter de Hugué son apasionantes. Tras una azarosa juventud, se trasladó a París, donde vivió una bohemia hambrienta, nada estilizada, hasta que consiguió abrirse camino como escultor. En París convivió con Picasso y otros muchos artistas españoles y extranjeros. Tras la Primera Guerra Mundial, regresó a Barcelona. Más que los hechos que se cuentan, interesantes, lo más que sobresale es la prosa de Pla, dúctil y de gran calidad. 


Vida de Manolo

Josep Pla

Libros del Asteroide. Barcelona (2008). 

168 págs. 16,95 €.

sábado, 18 de julio de 2026

Notas para un diario: "Mi agitada vida social"


        Mi vida social, como la de muchos de mi generación, se reduce cada vez más a los tanatorios y funerales (y las esporádicas visitas al médico). Tal es así que las bodas las ves como una inoportuna desgracia. He asimilado totalmente ir a los tanatorios; no consigo encajar bien las invitaciones a una boda. En mi familia solemos repetir que donde esté un buen tanatorio que se quite una boda. 

        Las bodas son caras, cursis, pretenciosas. Sacan el lado más viscoso de las personas. No me gustan los modelitos, ni las frasecitas, ni las fotos, ni la parafernalia. Me encuentro cómodo en la sobriedad y austeridad de los tanatorios. No hay que disfrazarse, no hay que soltar pasta, no hay que hacer el ridículo, no hay que decir mentiras («qué guapa y elegante estás») y no hay que aguantar las “originalidades” con las que algunos y algunas decoran sus bodas. Me da grima la horterada. Soy de las bodas de antes, de las que no había que hacer nada: dar un beso a todos los familiares y sentarse a comer y beber hasta perder el sentido. Y ya está. 

            En los tanatorios, es cierto, se pasa un poco mal, pero solamente los primeros minutos, cuando ves al viudo o la viuda, o a tus primos y primas, o a tu tío o tía, o a tus vecinos y vecinas, pero una vez superado el relato del fallecimiento y del inevitable “ha dejado de sufrir”, viene lo mejor: los inesperados encuentros con amigos que hace tiempo no veías, con familiares ocultos, con conocidos lejanos que tu memoria ya había borrado. Y, de pronto, aparecen los recuerdos, las risas, las anécdotas. Y a la media hora estás en el bar del tanatorio como si tal cosa, como si fuera una celebración más, poniéndote al día de nacimientos, enfermedades, trabajos, suicidios, cambios de domicilio, muertes, etc. Has ido, además, con la ropa de siempre, sin necesidad de comprarte una camisa y una corbata. Total naturalidad. No hay que disimular nada. Ni aparentar. No hay que impostar. Y no hay que bailar la conga. 

Si tienes suerte, encima te puedes llevar el último número de “Adiós”, la revista de los tanatorios, que informa sobre los últimos avances tecnológicos en necrología, los modelos más solicitados de urnas para las cenizas, epitafios históricos y cómicos, precios de entierros, cápsulas aéreas para que tus cenizas vayan al espacio, reportajes sobre cementerios famosos, qué hacían con sus muertos los sumerios… En fin, que donde esté un buen tanatorio…






viernes, 17 de julio de 2026

La novela española en el siglo XXI: Algunas señas de identidad (Parte I)


   

     Me publican en la web de la revista Nuestro Tiempo un artículo sobre la novela española en el siglo XXI. Se trata de una empresa complicada y difícil, pues a la cantidad inabarcable de autores que publican en España, no es fácil destacar unas visibles señas de identidad que se compartan. Menciono a muchos autores, pero seguro -segurísimo- que me he dejado otros muchos autores en el tintero. Pido perdón por no citarlos.

     En la primera parte del artículo, que es la que se ha publicado, destaco algunas señas de identidad (muy personales) y los géneros más de moda que frecuentan nuestros autores. En la segunda parte, que saldrá el mes de agosto, hablo, porque me parece que en el contexto actual es determinante, de lo que rodea el mundo literario: el peso de las editoriales y de la sociología.

VER ARTÍCULO.

sábado, 11 de julio de 2026

Mis clásicos: "Me voy con vosotros para siempre", de Fred Chappell.

 


                Escrita como si se tratasen de los recuerdos infantiles del narrador, esta divertida novela cuenta la infancia de Jess en una granja de Carolina del Norte. Allí viven su padre, ocurrente y gamberro, su madre, que ejerce de maestra, y la abuela, que lleva el control de la granja. La última persona que se integra en la vida familiar es Johnson Gibbs, un adolescente huérfano que contratan como bracero. Jess describe la vida doméstica en la granja, salpicada de desternillantes y ocurrentes anécdotas protagonizadas por sus familiares. 

            Y es que la monotonía de la granja se rompe de vez en cuando con la llegada de tíos y tías, parientes de su madre, cada uno más extravagante que el anterior. El tío Luden es un inocente mujeriego; el tío Zeno, un contador de historias interminables; la barba del tío Gurton parece interminable; y el Tío Runkin viaja con su lúgubre ataúd buscando la frase perfecta para su epitafio. Ésta es la primera novela que se traduce de Fred Chappell (1936), considerado uno de los mejores escritores actuales del Sur de Estados Unidos.



Me voy con vosotros para siempre 

Fred Chappell

Libros del Asteroide. Barcelona (2008)

240 págs. 17,95 €.

jueves, 2 de julio de 2026

30 propuestas de literatura para las vacaciones



    Las vacaciones de verano son un momento especialmente adecuado para lanzarse a esos libros que quizás querríamos haber leído durante el resto del año, pero no hemos tenido tiempo. Una buena intriga policiaca, un drama intimista, un libro de viajes… o quizás ese clásico al que tenemos tantas ganas.

    Para facilitar la tarea de dar con el título adecuado, ofrecemos más de una treintena de propuestas, divididas por temas o subgéneros. Para todos los gustos, y con certificado de calidad. Ver la lista en este ENLACE.


miércoles, 1 de julio de 2026

Notas para un diario: "Una canción de Nat King Cole"

 


Fue un cantante muy escuchado por toda una generación que se sabe de memoria sus canciones en inglés y en castellano. Nat King Cole es un cantante generacional, proclive hoy día a la nostalgia colectiva de gente ya mayor que asocia sus canciones a momentos muy concretos y felices de sus vidas ya gastadas. Suele pasar con casi todas sus canciones, pero hay una sorprendentemente distinta, especial, que poco, muy poco tiene que ver con “Cachito”, “Adelita”, “Las mañanitas”, “Arrivederci Roma”, “Ay, Cosita Linda”, “Perfidia”, “Yo vendo unos ojos negros”, “Quizás, quizás, quizás”… Se titula “Nadie me ama” y me gustaría saber si es una canción biográfica o no. Si lo es, el resto de sus canciones son pura mentira y una tomadura de pelo; si no lo es, ha dado en el clavo pues resulta un canto redondo a la desolación más absoluta y al irremisible fracaso vital. Suelo comentar que si tuviera que dar algún “curso de autoestima” (Dios no lo quiera), comenzaría con esta canción y con el análisis de su letra. 

A mi madre le gusta mucho Nat King Cole y siempre canta las canciones más famosas. Cuando comemos en casa de mi hermano A., suele poner estas canciones como hilo musical. Pero siempre empieza por la misma, la que quiero destacar ahora, “Nadie me ama”, que él considera el resumen de su biografía.

            «Nadie me ama / nadie me quiere / nadie me llama / nadie me es fiel». El principio es sublime: la constatación de que el desprecio que sufre su protagonista es radical, absoluto. No le quieren, ni le aman… Es un pingajo, un desecho, un cero a la izquierda. «Triste es mi vida / sin un cariño / lloro en silencio / mi desventura». Esto es una depresión de verdad, sin fisuras y sin hacerse el héroe ni el importante. Menos mal que se da cuenta y reconoce que nadie le hace ni puñetero caso y que su vida no es precisamente un parque de atracciones. Lo único que le queda es pegarse un tiro o llorar en silencio. Ha elegido llorar. 

Y todo esto, en la canción, se describe con el acompañamiento de un coro de menopáusicas que con sus lamentos subrayan todavía más la desolación de la letra. El cantante/protagonista/actante interviene ahora con fuerza en el estribillo: «Voy por el mundo cruel de fracaso en fracaso». Magnífico resumen de una existencia inútil. Sí, el mundo es cruel, lo diga o no Nat King Cole; pero a lo mejor él tampoco es la maravilla que creía ser. El adjetivo “cruel” añade aquí más dolor a su ya lacerante sufrimiento. Y el resumen de su vida es lo que quiere subrayar de modo reiterativo: “fracaso” y “fracaso”.



Oyendo esta canción uno reconoce que su vida, que piensa humillante, no lo es tanto y que, aunque cuesta ver los brotes de esperanza, alguno hay, siempre. Eso sí, nos va la tragedia y el melodrama y lloramos porque pensamos que nuestra vida es cruel hasta la extenuación. ¿Cruel? ¿De verdad? Al final, nos quejamos por auténticas chorradas. No como el protagonista de la canción, quien sigue sufriendo de lo lindo en las siguientes estrofas. Tanto sufre que busca un último refugio: «llamo a la puerta del cielo que nunca traspaso». Pero la respuesta es contundente: no le quieren ni en el cielo. Es un puñetero cenizo. Por eso, le pide a Dios que, por favor, se apiade de él. Pero ni siquiera el cielo escucha su dramática petición. 

El patético resumen de su vida vuelve a aparecer en la siguiente estrofa: «Triste es mi vida… Lloro en silencio mi desventura». No es para menos. Púdrete. Húndete. Solo ante el peligro de una vida atroz, sin ni siquiera un poquito de azúcar para pasar el trago. Para rematar las sensaciones, el estribillo vuelve a atravesarte: se convierte en una puñalada trapera para que el protagonista no levante la cabeza. Porque es evidente que estamos ante un fracasado, un pelele, una mierda, un inútil. Por eso es mejor que no haga nada y que sepa que nadie se va a apiadar de él, tampoco Dios. Si nadie quiere saber nada de él puede ser porque es un ser maltratado, pero también hay que pensar que a lo mejor es un redomado plasta. 

La canción concluye con el lamento musical que encierra su tragedia, que ha quedado clara desde el principio: «Nadie me ama, nadie me quiere». Y se acabó. La canción es ejemplar, un resumen de tantas y tantas biografías que, para disimular, parecen disfrutar de su fracaso con teorías de lo que sea. Aquí no. Nat King Cole ha hecho un monumento a la sinceridad. No eres nadie, a nadie le importas y, encima, tu vida no merece ni que se le llame tragedia. Esta canción hay que meditarla de vez en cuando. 

miércoles, 24 de junio de 2026

Literatura y fútbol, al contraataque

 


         En lo que a literatura deportiva se refiere, también el fútbol es el deporte rey. En los últimos años no paran de publicarse libros que lo abordan desde perspectivas variadas. Dentro de este peculiar género, quizás los títulos más conseguidos son los que mezclan la pasión futbolística con la sociología, algo de costumbrismo y buenas dosis de antropología.

    Con motivo del Mundial de Fútbol, he publicado un artículo en Aceprensa sobre la relación entre fútbol y literatura que podéis leer en este enlace

sábado, 13 de junio de 2026

Notas para un diario: "Se buscan extras"


            Publica la prensa una noticia divertida y dramática a la vez. Se trata de un anuncio de un autor/a que buscaba veinte extras para asistir a la presentación de su libro. Serían recompensados económicamente. Hasta ahora, habíamos visto estas tácticas, más disimuladas, en la asistencia a manifestaciones (viaje y bocadillos gratis) y en los actos multitudinarios de ciertos políticos. En este terreno, también la sofisticación tecnológica ha entrado a tope y ya circulan por ahí algunos ejemplos de cómo algunos dictadores de hoy mismo hacen simulacros de actuaciones sin público porque los técnicos ya se encargarán después de meterlo al antojo de los jefes de campaña. Patético. Populismo barato. Consagración de la mentira. Dictadores de pacotilla.

Pues bien, volviendo al anuncio, he intentado asistir como extra a esa presentación pero me ha sido imposible contactar con los responsables. Hubiese ido encantado y hasta gratis para acompañar de manera entusiasta al autor/a a ese momento tan especial. Aunque se trate de una estrategia triste, confirma que el autor/a no es tonto/a. Por desgracia, he estado en algunas presentaciones en las que estábamos cuatro gatos y la sensación era de desolación absoluta, como en un tanatorio. 

Los extras, en las presentaciones, conferencias y también en los tanatorios, dan color, brillo y humanidad. De todas maneras, y lo digo por experiencia, la mejor táctica para llenar una presentación es anunciar siempre que al final habrá un vino español. Sé de profesionales de estos eventos que suelen ir a merendar gratis casi todos los días. Ya se conocen las rutas y los lugares más codiciados. Saben dónde ponerse para tener a mano las bebidas y los canapés. En Madrid, la oferta es variada y hasta exótica. 

jueves, 28 de mayo de 2026

Libros para la Feria

 


Hemos publicado en Aceprensa una selección de libros que pueden venir bien para la Feria del Libro de Madrid. Son, sobre todo, novedades de los últimos meses. En la selección se ha intentado que aparezcan cuantos más géneros literarios, mejor. Hay de todo. Y, como pasa siempre, faltan muchos.

VER ARTÍCULO.

sábado, 23 de mayo de 2026

Mis clásicos: "El baile", de Irène Némirovski

 


            La publicación en Francia de Suite francesa, a comienzos del siglo XXI, provocó un auténtico boom literario que colocó a la escritora de origen ruso Irène Némirovky, asesinada en Auschwitz en 1942 en la primera línea de las recuperaciones editoriales. Pronto apareció otra de sus grandes novelas, El baile, que la autora publicó en Francia en 1930, donde su familia había fijado su residencia después de la Revolución rusa. En España, la editorial Salamandra ha publicado la gran mayoría de sus obras. 

            Al parecer, la historia que se cuenta en El baile tiene su origen, en parte, en la propia biografía de la autora, que mantuvo durante toda su vida unas relaciones muy difíciles con su madre, quien educó a su hija a distancia. El bailecuenta la sibilina venganza de una hija hacia su madre. Antoinette tiene catorce años y tampoco se lleva muy bien con su madre. Ésta ha organizado un majestuoso baile para presentarse a la alta sociedad parisina. El matrimonio Kampf son unos nuevos ricos que, gracias a un golpe de suerte, han conseguido hacerse millonarios. Rosine, la madre de Antoninette, oculta como puede un pasado que no se corresponde con el ritmo de vida que ahora lleva, basado en el culto a las apariencias y la ostentación de las riquezas. 

El baile es para ella su carta de presentación en sociedad y, también, la orgullosa manera de decir a toda su familia y antigua amigas que ahora está en un nivel distinto. 

            La novela es breve pero muy intensa. Némirovsky acierta en la descripción de los personajes, en especial de la histérica Rosine, una arribista con sueños de grandeza. Todo en la historia está muy medido. Más que la sorpresa del argumento, que se ve venir, sorprende la habilidad de la autora para describir la psicología de un taimado, pero cruel enfrentamiento entre una madre enferma de éxito y una hija adolescente que sabe dónde herir a su caprichosa madre.




El baile

Iréne Némirovsky

Salamandra. Barcelona (2006)

94 págs. 

14 € (papel) / 5.99 € (digital)

viernes, 15 de mayo de 2026

Notas para un diario: "El zurullo vikingo"

 


No me lo pensé dos veces cuando me invitaron a ver una exposición que habían abierto en el llamado Huerto del Retiro, un espacio adaptado para actos culturales en una de las esquinas del parque del Retiro, cercano a la Plaza del Ángel Caído. La exposición se titulaba “Excreta”. Y en ella, como se dice en la publicidad, “no pretendemos que cambies tus hábitos higiénicos, pero sí esperamos que tengas una percepción diferente de tus excretas y de las que te rodean”. 

Y con esa sana y aperturista intención empezamos el recorrido por una exposición que llevaba por subtítulo “(in)odora, (in)colora e (in)sípida”, quizás lo más vanguardista de todo lo que vimos allí, que fue explícito, obvio y racionalista, pues al final, de una manera o de otra, la exposición consistía en reflexionar sobre diferentes aspectos de algo que nombramos en nuestro rico y variado argot con diferentes escatopalabras: caca, cagada, catalina, chorizo, ñorda, plasta, truño, boñiga, pino, zurullo, mojón, popó, zurraspa, moñigo... Estaba organizada por el Museo Nacional de Ciencias Naturales, que lleva el CSIC, y el fin era estudiar la variedad de residuos metabólicos que emanamos los humanos, los animales y las plantas. 

En el caso de los humanos, no se concentra la exposición –aunque sí ocupa un lugar primordial- solamente en los excrementos; también se habla de la orina, el sudor, las ventosidades, la caspa, el cerumen, los estornudos, las lágrimas, los granos, las costras… Analizan los aspectos médicos, históricos, científicos y culturales que tienen que ver con cosas que, parafraseando el folleto, tienen en la vida color marrón. 

Todo en la exposición estaba muy bien pensado y habían participado en su elaboración diferentes científicos y expertos en diseño, maquetas, dibujos, montajes y producción gráfica (enhorabuena por el trabajo realizado). El resultado es digno de admiración y suscribo su intención, que en mi caso lo han conseguido: “queremos que al finalizar el recorrido puedas tratar este asunto de una forma natural. Nos gustaría que te lleves una idea clara de la información que te puede aportar sobre tu salud, comportamiento y el papel que juega en el entorno natural y en nuestra cultura”. 



La exposición comenzaba ampliando el marco personal que podemos tener de todo este asunto escatológico. Y para ello no se centraban de entrada solamente en nuestras excretas sino en las de otros animales, como las ballenas. Dedicaban una atención especial a la codiciada excreta de los moluscos, las perlas, y también la del cachalote, que algunos llaman “ámbar gris”, muy valorada por la industria de los perfumes. En la exposición aparece una foto de una excreta ámbar gris que llegó a pesar 454 kg. Ahí es nada. Luego venían unas apetecibles explicaciones sobre la coprofagia y su relación con algunos animales, entre los que destaca el escarabajo pelotero. Y, de pronto, algo que me fascinó: la existencia de los coprolitos, “excrementos fosilizados que proporcionan pistas sobre los tiempos geológicos pasados”. 

En esta sección, la exposición habla del famoso “Zurullo vikingo”, coprolito que ha provocado que esté preparando un próximo viaje a York, al Reino Unido, para visitar el Museo Vikingo de esta ciudad que tiene como máxima atracción el zurullo que el vikingo Magnus Agnarsson dejó de regalo en un bosque en 1235 y que fue encontrado en el año 1972 en perfecto estado de mineralización. Es una lástima que no pueda reproducir aquí la imagen de este espléndido ejemplar, que estoy deseando ver en directo. 




Más curiosidades que aparecen en la exposición. Por ejemplo, para los aztecas, el oro, teocuitlatl, significa el excremento de los dioses. Y el budismo tibetano nombra de esta manera las deposiciones del Gran Lama: “La Gran Fragancia”, excrementos sólidos, y “La Pequeña Fragancia”, a la orina; por su estilo versallesco, parecen los nombres de un perfume francés. Paso por alto las secciones en las que se hablan de las enfermedades y los riesgos relacionados con las diferentes excretas, quizás sus aspectos más conocidos. Justo a continuación, encontré algo que llamó poderosamente mi atención. Se trata de “la escala de heces de Bristol”, ideada por los investigadores Heaton y Lewis de la Universidad de esa ciudad inglesa, clasificación que divide las heces en siete categorías, agrupadas en tres bloques: “estreñimiento”, “heces ideales” y “diarrea”. Las ilustraciones son esclarecedoras y muy útiles, de verdad. Es una lástima que sobre este asunto no hubiese más contenidos en la exposición. También me va a resultar muy útil la tabla de los colores más habituales de las heces, condicionados por el funcionamiento de nuestro tracto digestivo y lo que comemos. 

Después, un poco de cultura general: la “parcopresis” es la incapacidad para utilizar inodoros que no sean el propio, enfermedad que pasé sin saberlo durante la mili. Y la “paruresis”, también llamada vejiga tímida, que es la dificultad o imposibilidad de orinar en presencia de otros que, menos mal, no padecí durante la mili. De la exposición, quizás lo menor interesante es la sección sobre el humor negro, pues contiene mucho tópico sin gracia, aunque en uno de los paneles descubrí cómo Mozart practicaba el humor escatológico en Difficile lectu, canción que estoy utilizando como música de fondo mientras escribo estos recuerdos. 

También eché en falta un hueco para algunos refranes. Por ejemplo, el que me contó José Carlos G. en el trabajo el otro día: “Quien al campo va a cagar y no lleva una piedra al puesto, la habrá de ir a buscar con los tres ojos abiertos”; este refrán popular vino acompañada de alguna anécdota sobre la facilidad de depositar pinos ilustres que tenía un chaval de su pueblo, Hinojosa del Campo, en Soria, y una divertida anécdota del sublime cagarro de una gitana a la entrada de un colegio en Barcelona. 

A continuación, en una sección que gustaría mucho a uno de mis hermanos, hay algunas disquisiciones muy interesantes sobre las posibilidades musicales de las ventosidades, como hizo el artista francés Joseph Pujol, un auténtico crack y sobre el que se ha rodado incluso una película que estoy esperando a que repongan en la Filmoteca. Y algunas anécdotas curiosas: en 2010 se utilizaron en todo el mundo unas 28.300 toneladas de papel higiénico; el 19 de noviembre es el Día Mundial del Retrete (fiesta que ya he señalado en marrón en mi calendario); y Bill Gates ha financiado un invento de Omni Processor que convierte nuestras deposiciones en agua potable y electricidad (y tú sin saberlo).  

Acaba la exposición, que se me pasó volando, con una inteligente referencia culturalista, pues reproduce el famoso “Poema al pedo” que escribió Francisco de Quevedo, capaz de los versos más idílicos y, a la vez, de arrebatos líricos procaces. Como homenaje a Quevedo y a los científicos responsables de esta exposición, reproduzco unos cuantos versos de esta inmortal obra: “hay pedos cultos e ignorantes / los hay adultos, también infantes, / hay pedos gordos, hay pedos flacos, / según el diámetro de los tacos / hay pedos tristes, los hay risueños / según el gusto que tiene el dueño”. 

La exposición me abrió el hambre y estuve después tomando el aperitivo en un bar de la glorieta de Atocha.

 

domingo, 3 de mayo de 2026

Notas para un diario: "¿Periodismo cultural?"

 


A menudo pienso que una buena salida profesional habría sido dedicarme al “periodismo cultural”. Estar, por ejemplo, en un medio de comunicación o en una revista cultural y atender, visitar, comentar y difundir la numerosísima agenda de actos culturales que hay en una ciudad como Madrid. Hoy, inauguración de una exposición temporal en el Museo del Prado; por la noche, concierto en el Wiki Center; mañana, presentación de un libro en el Palace o una conferencia en la Fundación Juan March…, recitales, óperas y zarzuelas, exposiciones de fotografía y de arte, estrenos de cine, congresos, etc. Sí, estaría bien; visto así, sin más, tiene buena pinta; pero el periodismo llamado cultural tiene también una tétrica cara B que César S., que trabaja en la sección de cultura de una revista importante, se ha encargado de contarme enviándome unos sencillos correos electrónicos con los que me ha quedado suficientemente claro que no todo el monte es orégano.

            El primero de ellos ya me ha dejado noqueado. Se trata de un correo que explica el contenido y los participantes de la Cumbre Magdala, que tendrá lugar en Madrid y en la que se analizará la figura de María Magdalena, “del mito a la Historia”. Como especifican los organizadores, se trata de un acercamiento “no eclesiástico” que intentará dar respuestas a preguntas tan acuciantes como esta: ¿María Magdalena echó en realidad siete demonios o fueron siete chacras? La respuesta da para un Congreso. 

Otro correo contiene la presentación de una artista psicodélica, A., “una cantante compositora y entrepreneur que fusiona la música mainstream popular, la neurociencia y la física cuántica. [No me he columpiado: es lo que pone en el correo: física cuántica]. Mi objetivo es darle a la música mainstream un enfoque nuevo que sirva para mejorar el bienestar de los oyentes a través de la reprogramación mental. No son mantras sino canciones en géneros populares como pop, latin pop, etc.”. Más adelante habla de que ha creado una fundación para difundir su música, que define así: “Fusiono el genero de música popular mainstream y la neurociencia para ayudar a los oyentes a alcanzar su potencial de vida a través de afirmaciones y metacognición, utilizando el efecto de la INMI (Imaginación Musical Involuntaria) para crear nuevas conexiones neuronales (un nuevo estado de ser), prestando atención e intención a las pegadizas letras de afirmación durante el día”. [Estoy probando sus efectos escuchando con esa intensidad las canciones de Georgie Dann].

            Hay también correos que dan a conocer los resultados de informes, como el elaborado por MSC Cruceros, en el que intenta trazar la I Radiografía del Viajero actual y responder a la palpitante cuestión de si existe o no la procrastinación vacacional. Otro estudio da a conocer “las cosas que más robamos en hoteles”, aunque sus resultados no son muy sorprendentes: por este orden, robamos toallas, jaboneras y cajas de pañuelos. 

            Las novedades de libros ocupan un lugar muy importante en esta tarea cultural. El innovador libro de Gabrielle Blair, Eyaculación responsable, con increíbles teorías que no voy a detallar aquí. Otra novedad es Terapia para uno mismo, escrito por Vikrampal, una obra sobre “la meditación a través del kundalini yoga”. Se trata de una obra rigurosa y honesta que contiene 42 kriyas de kundalini yoga y 11 con gong. Lo que da más valor al libro es que su autor, licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales, es un “referente mundial en el uso del gong como instrumento de meditación y terapia”. 



            También le llega la noticia de la exposición “Orgullo y Prejuicio”, en la que buscan desafiar los estereotipos que existen dentro del colectivo LGTBIQ+, como la gordofobia, la plumofobia o la transfobia.  A través del arte, se busca revertirlos para fomentar la cohesión y la inclusión. Una nota de prensa informa de la presentación del centro de entrenamiento Wemov, que cuenta con unas revolucionarias bicicletas de aire especialmente diseñadas para combatir la celulitis. En otro correo hay una invitación para acudir a una conferencia sobre uno de esos temas que nos suele quitar el sueño: “¿Qué es el hipnoparto?”.

            Alucinado me he quedado con el Festival de Literatura de Jaipur, celebrado en Valladolid. Se trata, aunque no tenéis ni idea, lo sé, del festival literario más importante de Asia. Más de veinte ponentes hablaron sobre la pujanza de la literatura de la India y sus estrechas relaciones con la literatura hispana e inglesa. Durante el evento, hubo diferentes espectáculos, sesiones de yoga y talleres literarios. En Valladolid, ojo.

             Estos actos son sólo una mínima muestra, me ha contado César, de la amplitud de temas que entran dentro de “su” “periodismo cultural”. Si antes tenía idealizado este trabajo, ahora veo que, como todos, es un suplicio y un soberano coñazo.

miércoles, 29 de abril de 2026

Mis clásicos: "Prosa y obra gráfica", de Miguel Mihura

 


            Pocas, muy pocas veces el escritor Miguel Mihura (1905-1977) se dedicó a reflexionar en serio sobre qué entiende por humor. En una de ellas, escribió “El humor verdadero no se propone enseñar o corregir, porque no es ésta su misión (...). El humor es verle la trampa a todo, a darse cuenta de por dónde cojean las cosas; comprender que todo tiene un revés, que todas las cosas pueden ser de otra manera”. Y así fue el humor que practicó en su teatro y en sus numerosos textos en prosa. Su obra dramática resulta muy conocida y algunas de sus obras, en especial Tres sombreros de copa, mantienen su vigencia en la cartelera teatral y su prestigio en la historia de la literatura. 

Pero hoy día es menos conocida su faceta como prosista, desperdigada en revistas cómicas como Gutiérrez, La ametralladora y La codorniz, mítica revista de humor de la que fue fundador y director. Es cierto que el paso del tiempo ha hecho mella en toda su literatura y que muchos golpes y situaciones no dicen nada al lector contemporáneo (ya se sabe que el sentido del humor es lo más cambiante y opinable); pero también es verdad que hoy muchos lectores, si lo leyesen, conectarían con el humor francamente disparatado de Mihura, donde no hay pies ni cabeza sino sólo afán de entretener con situaciones imaginativas, desternillantes y paródicas. 

Gracias a la editorial Cátedra, no hay que volverse loco para leer sus narraciones y relatos. En un solo volumen ha agrupado toda su obra gráfica y en prosa (y también escritos misceláneos y numerosas entrevistas que sirven para conocer mejor a un autor tan especial), un meritorio trabajo editorial. 

            Para comprobar la originalidad de su sentido del humor recomiendo leer los numerosos relatos que escribió para la revista Gutiérrez, verdadera escuela de toda una generación de humoristas: K-Hito, Edgar Neville, López Rubio, Jardiel Poncela... “Yo me hice en Gutiérrez como escritor y como dibujante”. Más o menos todos escribieron después en las mismas revistas de humor. En Gutiérrez está el nacimiento de un sentido del humor donde lo que se busca, si se busca algo, es atacar la cursilería, la tontería, los tópicos sociales... lo que ahora llamaríamos lo políticamente correcto

Hay relatos tronchantes: el matrimonio de Getafe que tiene ocho hijos noruegos, la costumbre de abandonar niños en los portales, el transportista de pianos, el hombre que compra los ocasos del sol, el pueblo que se especializa en mendigos (“De aquel viejo pueblecito de a provincia de Ávila salían los mejores mendigos del mundo”), etc. También son irónicas las críticas que vierte a la idiosincrasia de algunas ciudades y regiones (“Como su padre tenía una barbería en Sevilla, Currito no tuvo más remedio que dedicarse a torero. Si se hubiese dedicado a vendedor de alfombras turcas, todo el barrio le hubiese despreciado cruelmente. La vida es así de triste y emocionante”). Mihura, que era muy vago, volvió sobre estos textos una y otra vez y los fusiló de diferentes maneras en La ametralladora y en La Codorniz, y los reunió también en un libro sorprendente, Mis memorias, también incluido en el volumen de Cátedra, una delirante sucesión de ingeniosas y disparatadas narraciones a las que cuesta poner calificativos.




Prosa y obra gráfica

Miguel Mihura

Cátedra. Madrid

1.533 págs. 35 €

miércoles, 22 de abril de 2026

"El príncipe escondido", de Tessa Afshar

 

“Sobrevivimos a la espada de Nabucodonosor, a los fuegos de la guerra, al mordisco del hambre, a las olas de pestilencia. Solo para ser llevados cautivos a Babilonia”, escribe Keren, hija de judíos deportados y la joven protagonista de esta novela de aventuras que, con un trasfondo bíblico, se desarrolla en los reinos de Babilonia, Media y Persia.

Keren tiene catorce años. Lleva con su familia ya diez años en Babilonia, a donde fueron desterrados con otras muchas familias del reino de Judá. La familia atraviesa muchos problemas económicos y Keren comienza a trabajar en casa del gobernador de Babilonia, Daniel, cuya fama de profeta y buen gobernante se ha extendido por todo el país.  Keren no encaja en ninguna de las labores domésticas que le proponen, hasta que Daniel descubre su habilidad como escriba. Su abuelo había sido escriba real en Judá y enseñó a Keren el aprecio por la cultura, por las lenguas, por la escritura y por las tabletas de arcilla. 

Daniel convierte a Keren en su escriba personal y la incorpora como una más a la vida y actividades de su casa. Daniel se preocupa también por su educación y se incorpora a las clases que reciben sus hijos, Abel y Yojanán, y un amigo de ellos, Yared, el otro gran protagonista de esta novela. Un accidente en unos ejercicios de esgrima provoca la caída en desgracia de Keren, cuya vida corre peligro por el deseo de venganza del padre de Yared, Janamel, que pide que se aplique contra ella el código de Hammurabi. 

Gracias a los hijos de Daniel, Keren consigue escapar del castigo, pero se ve forzada a huir de Babilonia. Se establece en Ecbatana, la capital del reino de Media, y entra a formar parte de la casa de Harpago, un noble, quien pronto reconoce las habilidades de Keren para la escritura y la enseñanza. 

Harpago le encomienda una misión peligrosa: educar al niño Artadates, que cuenta con un secreto y misterioso origen que, más adelante, provocará la huida de Keren, Yared (que había acudido a visitar a Keren desde Babilonia) y Artadates a Anshan, la capital de reino de Persia.

La novela combina ingredientes muy interesantes, que ensanchan el desarrollo narrativo de la novela. Con cierto apoyo en los hechos de la Biblia y bastantes elementos de ficción, como explica la autora en una nota final, la novela tiene momentos de mucha acción, de constantes peligros que se ciernen sobre los protagonistas; también sus dosis de romance y un trasfondo religioso que pone en relación lo que están viviendo con algunas profecías que afectan al joven Artadates y al futuro del pueblo de Judá.

La intriga está bien ensamblada. Resulta muy interesante el fuerte carácter de Keren, la narradora principal de la novela, que afronta las continuas complicaciones de su vida como una misión al servicio del Dios de los judíos. El trasfondo histórico, bien trabajado, sin abrumar, añade exotismo.

La autora, originaria de Oriente Medio y convertida al cristianismo, vive en la actualidad en Estados Unidos. Es una prestigiosa autora de novelas juveniles que han recibido numerosos premios literarios; su especialidad es la ficción histórica y bíblica. El príncipe escondido es una buena muestra de su literatura.


El príncipe escondido

Tessa Afshar

Rialp. Madrid (2026). 

416 págs. 19,90 € (papel) / 9,99 € (digital).

T.o.: The Hidden Prince

Traducción: Teresa Gómez.

martes, 14 de abril de 2026

Notas para un diario: "Proctología y efectos especiales"

     

            Hacía años que le había perdido la pista. Le di clases un año, en Bachillerato, y luego me lo fui encontrando de manera intermitente en el Metro cuando estudiaba Medicina en la Complutense. Recuerdo que en las asignaturas de Letras era un alumno del montón, con muy poco entusiasmo por las cuestiones humanísticas. Pero tampoco era un lince en las de Ciencias, que pasaba con más pena que gloria. Que al final le diese la nota para Medicina fue para mí una sorpresa. Y hace dos semanas me lo encontré en uno de los pasillos del Hospital R., justo al lado de la sala a la que había ido para acompañar a mi hermana a una prueba muy rara. Me dijo que estaba de médico ahí, pero no me contó mucho más. Para ponernos al día, le di mi teléfono para quedar un día de estos.

            Y ayer nos volvimos a ver. Quedamos en la calle Goya, en la cafetería de un hotel que está cerca de El Corte Inglés. Un sitio cómodo, amplio, en el que se puede hablar bien, siempre que no coincidas con un grupo de empresarios serbios, como la última vez que estuve, todos con una buena cogorza y montando un numerito que tuvieron que solucionar los servicios de seguridad del hotel.

            Andrés pidió un whisky y yo un gin-tonic. Al rato, se estaba tomando un segundo, y a los diez minutos estaba encargando el tercero. Mientras, yo comía lentamente unos frutos secos y saboreaba mi gin-tonic. Le puse al día de mi vida en cinco minutos, pues en mi caso hay poco que resaltar. A él se le veía con ganas de contarme con detalle su vida.

            Tras contarme algunas cosas familiares, me habló de sus primeros trabajos ya como médico. Consiguió aprobar el MIR, pero con una de esas notas mediocres que no le permitirían elegir nada de nada. A él siempre le había gustado la neurocirugía, la especialidad que más le apasionaba, pero resultaba vetada para su media. 

Conoció a una enfermera de La Paz. Tienen dos hijos. Otro whisky. A partir de ese momento, el tono de la conversación se hizo más pausado, íntimo y descarnado. Me dijo que con su miserable expediente no le quedó más remedio que aceptar un trabajo temporal, una sustitución, en un hospital privado para consagrarse… (en ese momento vi que miraba nervioso para todos los lados, para que nadie le escuchase) al análisis clínico de esputos. Con pelos y señales me explicó en qué consistía su trabajo y el asco inmenso que le dio, especialmente los primeros días. Pero es lo que había y no pudo renunciar a ello. 

Cuando la persona a la que sustituía se reincorporó tras una baja, sufrió una profunda crisis. Le dejaron todavía en el hospital otros quince días más, mientras iniciaba las gestiones para buscar otro trabajo. Pero, de pronto, sonó la flauta, también en el mismo hospital. De manera inesperada se produjo una vacante y se la ofrecieron a él. Tendría un contrato indefinido, unas condiciones laborales y económicas superiores al trabajo anterior y mejores perspectivas para su carrera médica.          



            Llevaba ya cinco años en esa especialidad. Las cosas le habían ido muy, muy bien. Se había hecho con un nombre, asistía a congresos internacionales, daba ponencias y se había convertido, además, en un reconocido precursor al introducir las nuevas tecnologías de manera radical en su trabajo diario. De los esputos pasó a las heces. Y otra vez me sometió a una pormenorizada explicación de los cometidos clínicos de la proctología o coloproctología, que es como se llamaba su departamento, y que se dedicaba, de manera amplia, al diagnóstico de todas las enfermedades que afecta al ano, el recto y el colon: hemorroides, fisura y fístula anal, abcesos rectales, estreñimiento, colitis ulcerosa, condilomas, incontinencia fecal, prolapso de recto, divertículos de colon, enfermedad inflamatoria intestinal, pólipos de colon y recto, cáncer colorrectal, etc. Aunque, y me insistió mucho en esto, él se había centrado en el análisis y estudio de las heces y todo lo que las rodea, una subespecialidad en la que España ocupaba un lugar muy puntero en la medicina internacional. 

            Sí, el día que nos encontramos en el hospital él era el responsable de la prueba de mi hermana. Una videodefecografía. Y me explicó de manera puntillosa y detallista en qué consistía la prueba. Me comentó con una sinceridad nada impostada que le había pillado el gustillo. Que se pasaba horas y horas haciendo vídeos y analizándolos con detenimiento profesional. Que se había permitido el lujo de incorporar algunos avances técnicos muy revolucionarios. Que en su departamento le llamaban “el Valerio Lazarov de la Defecografía”, un nuevo Spielberg por su facilidad para realizar planos únicos, clarividentes y categóricos. Estaba orgulloso del prestigio que había adquirido. 

Ese día, me dijo, había demostrado en una prueba una pericia fuera de lo normal y está convencido de que el vídeo que ha grabado será la sensación en el próximo Congreso de Defecografía que se celebrará en Bolonia. Ha conseguido unos encuadres inéditos y espectaculares. Dice que el paciente también ha aportado lo suyo para el éxito de la prueba y que no había encontrado a nadie con esa pasmosa habilidad para que el resultado fuese tan espectacular. Me dijo que el paciente era un frutero de Móstoles.



Estaba tan lanzado y emocionado que incluso me mostró una copia del vídeo, que llevaba en el móvil. “Fíjate, fíjate. Aquí he metido una profundidad de campo que permite romper el desarrollo con un sorprendente primer plano. Qué soltura. Qué naturalidad en el deslizamiento. Qué bueno es el frutero. Mira aquí. Seguro que no te has dado cuenta de la iluminación. He alternado una luminiscencia cenital con otra enfática. Los resultados están a la vista: sorprendentes. Para poder analizar todo mucho mejor, fíjate cómo cambio de encuadres cuando nadie se lo espera. Para este cambio me inspiré en una secuencia de John Ford que nadie va a descubrir. Me encantan los contra-picados. Permiten una mejor visualización y contribuyen también al entusiasmo generalizado con el que suelen ser recibidos mis vídeos. Pero siempre hay envidiosos que me achacan que apenas haga planes cenitales. No tienen ni puta idea. Están anclados en modelos fílmicos demasiado tradicionales. No saben ni quién es Kurosawa. Mira. Mira aquí. Fíjate. Ni Hitchcock consiguió estos planos. ¡Qué maravilla! Con este picado facilito que el ritmo sea más narrativo que visual. El de Móstoles es, sencillamente, un crack. A ver cómo consigo ficharle para una serie de vídeos didácticos que van a causar sensación mundial. Todavía me falta por decidir qué música meter, si algo de Vangelis o una cantata de los Carmina Burana”.   

            Pagamos. Nos fuimos. Andrés iba embargado de emoción y seguía hablando de la importancia de la luz, del montaje y del raccord. Quedamos en volvernos a ver. Que le haga una visita en el hospital. Que me invitará a uno de sus rodajes. Al final, me ha enganchado esto de la videodefecación. Hay espléndidos vídeos en youtube, nacionales e internacionales. Y tenía razón: el de Móstoles es un fuera de serie.