Publica la prensa una noticia divertida y dramática a la vez. Se trata de un anuncio de un autor/a que buscaba veinte extras para asistir a la presentación de su libro. Serían recompensados económicamente. Hasta ahora, habíamos visto estas tácticas, más disimuladas, en la asistencia a manifestaciones (viaje y bocadillos gratis) y en los actos multitudinarios de ciertos políticos. En este terreno, también la sofisticación tecnológica ha entrado a tope y ya circulan por ahí algunos ejemplos de cómo algunos dictadores de hoy mismo hacen simulacros de actuaciones sin público porque los técnicos ya se encargarán después de meterlo al antojo de los jefes de campaña. Patético. Populismo barato. Consagración de la mentira. Dictadores de pacotilla.
Pues bien, volviendo al anuncio, he intentado asistir como extra a esa presentación pero me ha sido imposible contactar con los responsables. Hubiese ido encantado y hasta gratis para acompañar de manera entusiasta al autor/a a ese momento tan especial. Aunque se trate de una estrategia triste, confirma que el autor/a no es tonto/a. Por desgracia, he estado en algunas presentaciones en las que estábamos cuatro gatos y la sensación era de desolación absoluta, como en un tanatorio.
Los extras, en las presentaciones, conferencias y también en los tanatorios, dan color, brillo y humanidad. De todas maneras, y lo digo por experiencia, la mejor táctica para llenar una presentación es anunciar siempre que al final habrá un vino español. Sé de profesionales de estos eventos que suelen ir a merendar gratis casi todos los días. Ya se conocen las rutas y los lugares más codiciados. Saben dónde ponerse para tener a mano las bebidas y los canapés. En Madrid, la oferta es variada y hasta exótica.

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