lunes, 29 de diciembre de 2025

Notas para un diario: "¿Mondongo o sushi, he ahí el dilema?"

 


¿Sushi o mondongo? En mi familia, nunca hemos tenido debates encendidos sobre estos dos estilos gastronómicos y también vitales. La opción está clara: que le den al sushi. No es cuestión de patriotismo, ni de estar agarrados a unas tradiciones carpetovetónicas, ni tampoco por una cuestión clasista (el sushi es bastante más caro que el mondongo). No. La cuestión es mucho más sencilla: nos gusta lo evidente, lo rotundo, lo contundente. Nuestros paladares, por lo menos el mío –pero me parece que en esto puedo hablar en nombre de casi toda mi familia-, no están hechos para las sofisticaciones etéreas, líquidas, evanescentes. No hemos sido educados en un vegetarianismo ecológico, ni en un veganismo light. Nos hemos pasado la vida comiendo lo que nos ponían en la mesa, y en la mesa no había mucho que elegir. Lógicamente, los gustos del estómago son una cuestión de experiencia vital, y nuestros estómagos han sido educados no en el sibaritismo gourmet sino en la exuberancia carnal tipo Rubens. 

            Eso no quita para que con el paso de los años se admitan deserciones y que algunos, por cuestión de pérdida de peso, regímenes médicos y esnobismos propios de la crisis de la edad, hayan empezado a cambiar de gustos y a suprimir algunos productos y platos de los de siempre en sus dietas, sustituidos por los ubicuos yogures con bífidus activos para la flora intestinal y el bulbo raquídeo. Por ahora, no es mi caso, ni el de mis hermanos, ni mucho menos el de mi cuñado José.



            Esta introducción sirve de excusa para explicar por qué nos apasiona el mondongo, plato que incluso estamos convirtiendo en una tradición familiar para el día de Año Nuevo. Por si acaso hay algún despistado que no sabe qué es el mondongo (es lo que tiene la globalización, se conocen platos cursis de la comida china o de thailandesa o noruega y no se sabe qué es el mondongo), estamos hablando de lo que también se conoce con el nombre de morcilla lustre (o de lustre), morcilla mondoga (en Badajoz, Mérida, San Vicente de Alcántara y Alburquerque), morcilla de vientre (en Herrera del Duque y Puebla de Alcocer) o morcilla fresca, de quico, de sangre, de cebolla. Por favor, no confundir el mondongo con la charanga o taranga.

            Y cómo se hace el mondongo (opto por el nombre clásico y categórico, morcilla lustre suena a finolis). He encontrado en Internet una breve pero completa explicación que han hecho las hermanas García Hernández, de Ribera del Fresno, en su libro La mejor cocina extremeña: “La morcilla de lustre de cerdo se hace de las grasas que sueltan las tripas cuando se lavan, se pica la grasa con las tijeras menudita, se le echa una buena poca de cebolla, perejil y hierbabuena todo bien picado, se le echa la sangre, orégano desmenuzado, sal, un cucharón de ajos picados por la máquina, una poca de pimienta colorada, se amasa todo bien con la sangre, se sazona y después se llenan las tripas de cerdo […]. La morcilla lustre de cordero y de ternera se hace igual, pero no se le echa orégano ni pimienta colorada”. 

            Lo más complicado en nuestro caso es conseguir la morcilla, pero mi cuñado la ha encontrado en un sitio cerca de Pedro Laborde, donde venden productos extremeños. Se trata de una compra para las grandes ocasiones. Conviene no trivializar estos saberes ni convertirlos en asiduos, para así disfrutar más de ellos en ocasiones especiales. A la hora de cocinarla, no es nada complicado, aunque, como recomiendan los expertos, “a la morcilla lustre hay que pincharla con el pique para que salga el aire después de darle un hervor”. Luego, ya hecha con paciencia y método, cada uno la engulle como le apetezca: a palo seco o tipo montadito. La segunda llena bastante más, pero en Año Nuevo, o cuando la comemos a lo largo del año, ese día no estamos para melindres o mediciones.

            El resultado siempre es espectacular, lo que nos ha dado ánimos para publicitar entre nuestros allegados el feliz redescubrimiento del mondongo (como ya está sucediendo en algunos restaurantes con las migas, las gachas y hasta con las gallinejas). Incluso José está esperando la inspiración para ponerse a escribir un breve opúsculo que condense sus virtudes gastronómicas. Está en ello. Nota muy importante: el mondongo es apto para celiacos.

miércoles, 17 de diciembre de 2025

Selección de novelas para estas Navidades

 


Hemos preparado en Aceprensa una lista con quince novelas que pueden ser posibles sugerencias de lecturas para leer o regalar estas Navidades. La mayoría de los títulos se han publicado en 2025, en diferentes editoriales, y los géneros que abarcan son variados.

    Selección de novelas.

    Además, Helena Ferrer, responsable del podcast de Aceprensa "Una pregunta, literal", ha hecho una original lista de sugerencias pensando en posibles perfiles de lectores: los que han leído todo, los que no han leído nada, los que solo leen ensayo, las que solo leen novela romántica, a los que les apasionan los libros sobre cocina...

    Ver podcast.

lunes, 8 de diciembre de 2025

"Bajo una estrella cruel", de Heda Margolius

             


En ocasiones, algunos amigos me piden que les sugiera algún libro relacionado con la represión en los países comunistas del Este que no tenga lugar en la URSS. Quieren conocer el alcance de este fenómeno más allá de los libros, muy buenos, de Solzhenitsyn, Varlam Salamov y Evgenia Ginzburg. Aunque en el libro que publiqué sobre este tema, Cien años de literatura a la sombra del Gulag, hay muchos testimonios de diferentes países, quiero hoy poner el foco en estas memorias de una escritora checa, Hada Margolius, quien padeció las consecuencias de las famosas purgas que tuvieron lugar en su país, que afectaron directamente a su marido, militante del Partido Comunista.  

Nacida en Praga en 1919, en el seno de una culta y conocida familia de judíos, Heda Margolius fue detenida en Praga en 1941 y trasladada al gueto de Lodz, en Polonia, con toda su familia. Bajo una estrella cruel son sus memorias desde 1941 hasta 1968, con el fracaso de la Primavera de Praga.

En Lodz, fue testigo del horror, de la injusticia y de la arbitrariedad. Sistemáticamente, los judíos iban siendo aniquilados, utilizados como mano de obra de usar y tirar en unas condiciones ya conocidas gracias a los numerosos testimonios que se han publicado sobre la vida en los guetos y en los campos de concentración nazis. Heda recorrió varios de ellos; en uno de esos viajes, fue separada de su familia, a la que nunca volvería a ver. Más adelante, en uno de esos traslados, consiguió fugarse con un grupo de compañeras y en un peligroso viaje, regresaron a Praga.

            Pero el recibimiento fue demasiado frío. “Hasta ese momento –escribe- solo había tenido que enfrentarme al sistema policial de un régimen fascista. Ahora tenía que enfrentarme a enemigos peores: el miedo y la indiferencia de la gente. (...) Ahora buscaba un ser humano cuya humanidad fuera mayor que su miedo”. Y es que cualquier persona que acogiese prisioneros o judíos ponía en serio peligro su vida. Al final, la resistencia, muy activa en los meses finales de la guerra, se hizo cargo de ella. 




Cuando acaba la guerra, se reencuentra con Rudolf, su antiguo novio, también judío, y contraen matrimonio. En Checoslovaquia se consolida en el poder el Partido Comunista. A Heda no le satisface el devenir de los acontecimientos, ni los discursos ni las actitudes del Partido, pero animada por su marido, intelectual y ferviente comunista, se afilian. Pronto comprueba, sin embargo, cómo el comunismo desprecia la democracia y cómo en nombre de un pretendido bien común se eliminan progresivamente las libertades individuales. Heda salpica su dramático relato vital con inteligentes reflexiones sobre la política, el comunismo y la sociedad checa en aquellos años. 

            Rudolf Margolius, un trabajador incansable y de ideas férreas y sólidas, es nombrado secretario de Estado de Comercio. Pero en poco tiempo se torcieron las cosas, pues fue detenido y condenado a muerte en los famosos Procesos de Praga (sobre este momento histórico es impactante el libro La confesión, de Artur London, que inspiró la película homónima de Costa Gravas). A partir de ese momento, escribe Heda, “me había convertido en una leprosa, alguien a quien cualquiera que apreciase su propia vida tenía que evitar”. 

            El libro continúa con el relato de las adversidades que sufrió en esos años y su lucha personal por conseguir que se anulase el juicio contra su marido y se le declarase inocente, deseosa de recuperar así su buen nombre. En las memorias de Artur London, casi al final, su mujer Lise le cuenta que se ha encontrado en el autobús con Heda. Escribe lo siguiente London: “Después de la detención de su marido, Heda Margolius perdió su empleo de dibujante y redactora en la Editorial en donde trabajaba. Después la colocaron en una casa de seguros como perforadora de cartas individuales. Estaba muy mal pagada. Trató de encontrar otro trabajo utilizando su nombre de soltera. Pero en cuanto se enteraban de su verdadera identidad la echaban a la calle. Durante el proceso se encontraba gravemente enferma en el hospital Boplovka de Praga. Al día siguiente de la deposición de su marido ante el tribunal el doctor responsable del servicio en el que estaba hospitalizada le anunció, excusándose, que había recibido la orden de firmar aquel mismo día su hoja de salida, aunque la infección que la tenía clavada en la cama desde hacía varias semanas no estaba curada ni mucho menos, y que no habían terminado de ponerle la serie de inyecciones previstas para su tratamiento. Afortunadamente, una enfermera, indignada por esta manera de proceder, se ofreció para ponerle en su casa las inyecciones todos los días”.

Heda acaba estas impresionantes memorias en 1968, con la descripción de la Primavera de Praga y la represión soviética. 



Bajo una estrella cruel

Heda Margolius Kovály

Libros del Asteroide. Barcelona (2013)

278 págs. 17,95 €.