sábado, 3 de octubre de 2026

Notas para un diario: "Café terapéutico"

 


Tomando un café a primera hora de la mañana en un bar cercano a mi antiguo trabajo, acabo por cerrar el libro y, disimulando, me limito a escuchar, soy un cotilla, la conversación que mantienen los de una mesa cercana, un hombre y una mujer posiblemente treintañeros. Lo más seguro que sean amigos, aunque a lo mejor estaba asistiendo de privilegiado espectador a una sesión en directo de psicoterapia. 

Por lo que intuí, ella, casada, con un hijo pequeño, se encontraba en una mala racha. El hombre había adoptado el papel de gurú, de consejero, de vate, de psicólogo. A ella, que hablaba casi en murmullos, apenas le pude escuchar, pero a él se le oía bastante bien. “Claramente estás en medio de una tormenta, de un ciclón. (…) Debes valorarte más a ti misma. No le des tantas vueltas a la relación con tu abuelo. No sé por qué lo has idealizado. (…) Ha llegado el momento de plantarte. ¿Por qué proyectas en tu abuelo tu propia vida? ¿Por qué sigue siendo tu referencia? (…) Es verdad, el pasó por una guerra civil, pero tú también has pasado lo tuyo durante la pandemia”. 

En ese momento me levanté porque ya se me había hecho tarde y porque el tono melifluo del psicoterapeuta pudo conmigo. Pobre mujer, me dije: entre lo del abuelo y el amigo psicólogo, ésta no va a levantar cabeza.  

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