miércoles, 29 de abril de 2026

Mis clásicos: "Prosa y obra gráfica", de Miguel Mihura

 


            Pocas, muy pocas veces el escritor Miguel Mihura (1905-1977) se dedicó a reflexionar en serio sobre qué entiende por humor. En una de ellas, escribió “El humor verdadero no se propone enseñar o corregir, porque no es ésta su misión (...). El humor es verle la trampa a todo, a darse cuenta de por dónde cojean las cosas; comprender que todo tiene un revés, que todas las cosas pueden ser de otra manera”. Y así fue el humor que practicó en su teatro y en sus numerosos textos en prosa. Su obra dramática resulta muy conocida y algunas de sus obras, en especial Tres sombreros de copa, mantienen su vigencia en la cartelera teatral y su prestigio en la historia de la literatura. 

Pero hoy día es menos conocida su faceta como prosista, desperdigada en revistas cómicas como Gutiérrez, La ametralladora y La codorniz, mítica revista de humor de la que fue fundador y director. Es cierto que el paso del tiempo ha hecho mella en toda su literatura y que muchos golpes y situaciones no dicen nada al lector contemporáneo (ya se sabe que el sentido del humor es lo más cambiante y opinable); pero también es verdad que hoy muchos lectores, si lo leyesen, conectarían con el humor francamente disparatado de Mihura, donde no hay pies ni cabeza sino sólo afán de entretener con situaciones imaginativas, desternillantes y paródicas. 

Gracias a la editorial Cátedra, no hay que volverse loco para leer sus narraciones y relatos. En un solo volumen ha agrupado toda su obra gráfica y en prosa (y también escritos misceláneos y numerosas entrevistas que sirven para conocer mejor a un autor tan especial), un meritorio trabajo editorial. 

            Para comprobar la originalidad de su sentido del humor recomiendo leer los numerosos relatos que escribió para la revista Gutiérrez, verdadera escuela de toda una generación de humoristas: K-Hito, Edgar Neville, López Rubio, Jardiel Poncela... “Yo me hice en Gutiérrez como escritor y como dibujante”. Más o menos todos escribieron después en las mismas revistas de humor. En Gutiérrez está el nacimiento de un sentido del humor donde lo que se busca, si se busca algo, es atacar la cursilería, la tontería, los tópicos sociales... lo que ahora llamaríamos lo políticamente correcto

Hay relatos tronchantes: el matrimonio de Getafe que tiene ocho hijos noruegos, la costumbre de abandonar niños en los portales, el transportista de pianos, el hombre que compra los ocasos del sol, el pueblo que se especializa en mendigos (“De aquel viejo pueblecito de a provincia de Ávila salían los mejores mendigos del mundo”), etc. También son irónicas las críticas que vierte a la idiosincrasia de algunas ciudades y regiones (“Como su padre tenía una barbería en Sevilla, Currito no tuvo más remedio que dedicarse a torero. Si se hubiese dedicado a vendedor de alfombras turcas, todo el barrio le hubiese despreciado cruelmente. La vida es así de triste y emocionante”). Mihura, que era muy vago, volvió sobre estos textos una y otra vez y los fusiló de diferentes maneras en La ametralladora y en La Codorniz, y los reunió también en un libro sorprendente, Mis memorias, también incluido en el volumen de Cátedra, una delirante sucesión de ingeniosas y disparatadas narraciones a las que cuesta poner calificativos.




Prosa y obra gráfica

Miguel Mihura

Cátedra. Madrid

1.533 págs. 35 €

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