domingo, 9 de septiembre de 2012

"Las novelas tontas de ciertas damas novelistas", de George Eliot

Me he leído estos días un breve ensayo de George Eliot, Las novelas tontas de ciertas damas novelistas, publicado en 1856, en el que esta escritora inglesa critica con mucha ironía e inteligencia la extendida moda de las novelas románticas en su tiempo.
La moda continua y todavía hoy el género rosa sigue teniendo mucho peso en el mercado editorial, tanto en España como en el extranjero. No hay más que ver el éxito de 50 sombras de Grey, de E. L. James para comprobar cómo los ingredientes de la novela rosa siguen siendo muy eficaces.
En el caso de James, son novelas tópicas, muy estereotipadas, simplonas, malas, que tienen como novedad el ingrediente abiertamente erótico y sexual, escrito desde la perspectiva femenina. Salvo esta novedad, triste novedad, el resto repite los habituales esquemas de la literatura más frívola y cursi que uno se pueda imaginar.
Por eso me ha gustado el ensayo de Eliot: continúa siendo rabiosamente actual. Sigue habiendo novelas muy "tontas" escritas por mujeres (y por hombres) que, como escribe Eliot, "confunden la imprecisión con la profundidad, la grandilocuencia con la elocuencia y la afectación con la originalidad".
Las novelas tontas de ciertas damas novelistas
George Eliot
Impedimenta. Madrid (2012)
62 págs. 12,50 €.

sábado, 8 de septiembre de 2012

"La cabeza perdida de Damasceno Monteiro", de Antonio Tabucchi


Dentro de su colección “Otra vuelta de tuerca”, reedita Anagrama La cabeza perdida de Damasceno Monteiro y Sostiene Pereira, dos de las mejores novelas del escritor italiano Antonio Tabucchi, fallecido el pasado 25 de marzo. Sostiene Pereira, gracias también al éxito de su versión cinematográfica –dirigida por el italiano Roberto Faenza y con el actor Marcello Mastroniani como protagonista-, es su novela más popular, conocida y leída. Estos días me he releído la otra, La cabeza perdida de Damasceno Monteiro, una inteligente y personal incursión de Tabucchi en la novela policiaca.

La novela tiene como cañamazo el encuentro de un cadáver decapitado en la afueras de Oporto. Firmino, que trabaja ocasionalmente como periodista en un periódico de sucesos, se traslada de Lisboa para escribir sobre el terreno una serie de crónicas sobre esta trágica muerte, de la que nada se conoce. Primero se entrevista con Manolo el gitano, la persona que ha encontrado el cadáver. Después, gracias a la influencia de la dueña de la pensión donde se aloja, descubre nuevas pistas que le llevan a un turbio asunto relacionado con el tráfico de drogas y la corrupción policial.

Al abogado que va a llevar el caso le llaman Loton por su parecido físico con el actor Charles Laughton. Cuando hace su aparición en la novela, Loton se apodera de todo su protagonismo. Y aunque a través de Firmino conocemos el desarrollo de los acontecimientos, lo más importante es, a partir de ese momento, las conversaciones que mantienen Firmino y Fernando Diogo Maria de Jesús de Mello Sequeira, apodado Loton, un abogado de procedencia aristócrata, de exquisita formación intelectual y de convicciones anarquistas. Loton ha decidido entregar sus inabarcables conocimientos jurídicos a causas en las que estén implicados los parias y pobres de la sociedad, aquellos que no tienen a nadie que les defienda y que suelen acabar siendo utilizados y pisoteados por los mecanismos del poder. Loton tiene una inconfundible manera de abordar los hechos, con digresiones de altos vueltos filosóficos y jurídicos, pero con una excelente, aguda y sabia percepción de la realidad que abruma a Firmino, aunque entre los dos se establece una simpática amistad, gracias especialmente al atractivo carácter de Loton, un excelente personaje.

Cada uno utiliza sus armas para enfrentarse a las altas esferas del poder y avanzar en la resolución del caso, lleno de sombras: Firmino desde la prensa sensacionalista, con unas entrevistas y reportajes que a veces se reproducen en la novela, y Loton con su irrenunciable sentido de la justicia y de la dignidad.

Hay otros asuntos colaterales que hacen más amena la lectura. Por ejemplo, la rivalidad entre las ciudades portuguesas de Lisboa y Oporto, aunque Firmino, lisboeta, acaba por descubrir el encanto de la ciudad norteña; la gastronomía portuguesa, de la que Loton es un apasionado portavoz; los recursos y trucos de la prensa sensacionalista; y los intereses culturales y literarios tanto de Loton como de Firmino...

Una interesante novela, pues, con sus dosis de intriga y filosofía, que demuestra la altura literaria de Tabucchi, escritor nacido en Vecchiano, Pisa, en 1943. Su vida y su obra están vinculadas desde siempre a la literatura y cultura portuguesa, hasta tal punto que alguna de sus obras más famosas, como Réquiem (1992), está escrita directamente en portugués. De Portugal admira su carácter, sus paisajes y de manera especial su literatura, centrándose de manera casi obsesiva en la figura de Fernando Pessoa, al que convirtió en personaje de algunas de sus creaciones.


Tabucchi cultivó el ensayo, el relato y la novela, todos los géneros con igual intensidad, quizás porque los tres le servían para poner en práctica su gusto por la posmodernidad, por la levedad narrativa y por lo fragmentario, notas distintivas de una literatura que contiene también unas inquietudes éticas que no llegan a convertirse en existenciales (como sucede en La cabeza perdida de Damasceno Monteiro, publicada en 1997 y ambientada en la Portugal de la década de los noventa).

Otras obras destacadas de su trayectoria son Nocturno hindú (1984), Dama de Porto Pim (1983) y Réquiem (1992). En sus últimas obras radicalizó sus posturas estéticas, con planteamientos muy culturalistas y con un pesimismo que, en su caso, quizás por influencia portuguesa, se transformaba en una saudade nostálgica. El último libro publicado en España es Viajes y otros viajes (Anagrama, 2012), volumen que contiene sus escritos sobre literatura y viaje, con una especial atención a la ciudad de Lisboa, escenario muy frecuentado en sus libros.
 
 
La cabeza perdida de Damasceno Monteiro
Antonio Tabucchi
Anagrama. Barcelona (2012)
208 págs.

viernes, 7 de septiembre de 2012

Las novelas policiacas de Qiu Xiaolong


El escritor chino Qiu Xiaolong es el autor de una serie de novelas policíacas de gran éxito internacional protagonizadas por Chen Cao, inspector jefe de homicidios de la Brigada de Asuntos Especiales de Shanghai, un detective que utiliza los modelos clásicos del género policiaco traspasados a la cultura y la realidad china actuales. Uno de los temas dominantes de sus novelas es la generalizada corrupción de los dirigentes del Partido Comunista chino.

Qiu Xiaolong nació en Shanghai en 1953. En su Universidad, se especializó en literatura anglo-americana y ha sido traductor al chino de Joyce, Faullkner, Conrad... Cuando sucedió la revuelta de la Plaza de Tiananmen, se encontraba en Estados Unidos. Considerado uno de los líderes del movimiento estudiantil, no pudo regresar a su país. En la actualidad es profesor en la Universidad de Washington.

El principal acierto de las novelas de Xiaolong es que permite conocer la realidad china a ras de suelo, en directo, sin abusar de curiosos exotismos y sin las imposiciones ideológicas del Partido Comunista, algo habitual en la literatura escrita en China, pero no en el exilio. A través de la irónica e intelectual mirada de Chen Cao, que posee bastantes rasgos del autor (también es experto en literatura occidental, poeta y traductor de novelas policíacas), Xiaolong traza una radiografía de la China contemporánea, sometida a todo tipo de contradicciones culturales, sociales y económicas. A la vez, salpica la novela de numerosos y atrayentes detalles literarios (no hay situación que no le recuerde a Chen Cao algunas citas de poemas o de pasajes de la literatura clásica china), culturales, gastronómicos y sociológicos que, con una mirada crítica -la que transmite el detective-, explican la ajetreada situación que atraviesa China tras las reformas económicas introducidas por Deng Xiaoping. Xialong se sirve de estos argumentos y personajes para hacer un mordaz retrato de una China que vive con auténtica pasión y obsesión su conversión a pie de calle al capitalismo.

La primera novela que se publicó en España, en la editorial Almuzara, fue Muerte de una heroína roja. En esta editorial aparecieron cuatro títulos; posteriormente, Tusquets se hizo con los derechos y en esta editorial se han publicado otros dos nuevos títulos y otros dos que ya había publicado Almuzara. En Muerte de una heroína roja se investiga el asesinato de una joven muy conocida por haber sido distinguida como trabajadora modelo de rango nacional. Chen Cao describe los privilegios d la clase política china y del Partido Comunista. En Visado para Shanghai (la última que ha publicado Tusquets), la desaparición de una conocida bailarina lleva a Chen Cao a darse de bruces con el poder de las Tríadas chinas.
 

Cuando el rojo es negro fue la tercera novela en publicarse. Comienza con el descubrimiento del asesinato de Yin, profesora de universidad y escritora, considerada disidente tras un pasado revolucionario. Su nombre figura al lado del desaparecido profesor Yang, una institución universitaria que fue acusado de traidor durante la Revolución Cultural. En la investigación –como hace Xiaolong en otras novelas- se mezclan el pasado y el presente, la mejor manera de hacer una radiografía de lo que está pasado en China, donde la retórica y la organización social comunista se mezcla arbitrariamente con la obsesión consumista.

El caso de las dos ciudades es una novela que traslada a Chen Cao a Estados Unidos, a donde acude encabezando una delegación de escritores chinos que realizan un viaje oficial. Antes de partir, Chen se encontraba investigando un importante caso de corrupción dentro de las esferas del Partido Comunista, con peligrosas ramificaciones que apuntan a la alta cúpula, e intuye que tras la decisión de su inesperado viaje a Estados Unidos se esconde el deseo de quitarle de encima del caso.
 

Seda roja es la quinta de la serie y la primera publicada ya en Tusquets. En ella, Chen Cao, que se encuentra de vacaciones haciendo un curso de literatura, tiene que investigar sobre la muerte de una ayudante de su departamento de policía, que fallece en una trampa preparada para atrapar a un asesino. La investigación conduce a un criminal en serie. La trama, como suele ser habitual en este autor chino, mezcla los asuntos policiales con las inquietudes literarias del detective y sus aficiones poéticas y gastronómicas.
 

Por último, El caso Mao muestra indirectamente algunos rasgos enfermizos del carácter del que fuera líder de la revolución comunista china. Chen Cao recibe el encargo de un importante mando del Partido Comunista de investigar a la nieta de una actriz con la que hace años Mao tuvo una de sus numerosas aventuras y que acabó suicidándose durante la Revolución Cultural. Mao se introduce en el círculo de amistades de esta persona, donde conoce a un grupo de personajes que viven instalados en la nostalgia de la China anterior a Mao.

Estas novelas muestran el predominante papel que mantiene el Partido Comunista en la conformación de la vida social, política y económica china, con lo que eso lleva consigo de limitación de ciertas libertades individuales. Además, señala las grietas del férreo y ridículo sistema político y la extensión de la corrupción en muchos dirigentes del Partido; y, lo más importante, describe la vida cotidiana en China y Shanghai.


miércoles, 5 de septiembre de 2012

Edición de "Marianela", de Galdós



Acaba de publicarse en la editorial Bruño una nueva edición de Marianela, una de las obras más populares de Galdós. Yo me he encargado del estudio preliminar, las notas y los ejercicios que acompañan esta edición escolar que, para mí, ha supuesto un nuevo redescubrimiento de la literatura de Galdós.

Marianela se publicó en 1878. Hasta esa fecha Galdós ya había publicado sus primeras novelas –La Fontana de Oro (1870), La sombra (1870) y El audaz (1871), que aunque no tuvieron mucho eco fueron su carta de presentación en el panorama literario, tras años coqueteando con el periodismo. Después publicó, entre 1873 y 1879, diez narraciones de la primera serie de los Episodios nacionales y los primeros de la segunda serie (1875-1879). En 1876, en un contexto político y social caldeado, da un giro publicando dos novelas de tesis, Doña Perfecta (1876) y Gloria (1877), en las que aborda temas sociales y religiosos con un fuerte tinte anticlerical, lo que provocó polémicas por las que Galdós empieza a ser muy conocido.

Marianela viene inmediatamente después de Gloria y Galdós abandona las novelas de tesis a favor de un enfoque más realista y, a la vez, simbólico. Sin embargo, también hay tesis en Marianela¸ aunque no con la misma proporción e intensidad que en las novelas anteriores.

El personaje de Marianela es tierno, poético y trágico, lo mejor con diferencia de la novela. Su actitud ante la vida, su generosidad, entrega y su drama interior elevan la calidad de la novela y ponen en su sitio el tono didáctico, la intenciones sociales, la moraleja y la escasa profundidad de algunos personajes, como Pablo, el joven ciego, y Florentina, una mujer ingenua y pueril que no encaja en lo que se está contando. Sin embargo, Marianela, con su fuerza y su idealismo, se apodera de la novela por entero, dejando en un segundo plano otras cuestiones menos estéticas y más ideológicas.


Marianela
Benito Pérez Galdós
Edición de Adolfo Torrecilla
Bruño. Madrid (2012)
320 págs. 8,55 €.

martes, 4 de septiembre de 2012

"Apenas sensitivo", de Andrés Trapiello


Andrés Trapiello publicó hace ya unos meses el volumen diecisiete de sus diarios, a los que ha dado el título genérico de Salón de Pasos Perdidos, una especie de novela en marcha basada en su propia vida. Se trata de una aventura literaria insólita en el panorama literario español que confirma, a la vez, el cambio de tendencia en lo que a la literatura memorialística se refiere. Si hace décadas se publicaban en España relativamente pocos libros de memorias, diarios, etc., ahora es uno de los géneros más frecuentados por los escritores y goza, además, del favor de los lectores.
A ello está contribuyendo también Internet, que ha provocado, sobre todo en los blogs, una explosión de textos personales en los que hay de todo: diarios, dietarios, desahogos, intimidad, crónica diaria, crítica literaria, verborrea, articulismo... Hasta el propio Trapiello ha puesto en marcha un blog para dar salida a otro tipo de textos personales donde también tienen su peso las fotografías y hasta los cortometrajes. Sin lugar a dudas, todo este fenómeno resulta muy interesante, pues permite conocer en directo la literatura de muchos escritores, además de asistir a novedosos experimentos en los que se da una muy actual mezcla de artes y tendencias.
Pero hay más. Los diarios actuales no tiene la dimensión social ni testimonial que tenían los diarios que se publicaban hace años, más atentos a la vida social de los autores y a la posibilidad de que en ellos se desvelasen opiniones contundentes y polémicas, sucesos escabrosos, secretos inconfesables y hasta sonoros escándalos. Además, parecía que sólo podían escribir y publicar diarios aquellas personas que habían triunfado en la vida política, social y literaria o aquellos otros que se encontraban en el momento justo de una encrucijada histórica.
Nada tienen que ver los diarios que publican ahora mismo los autores españoles con todo esto. Casi ninguno de ellos tienen cotilleos muy importantes que desvelar o relaciones tumultuosas del mundillo literario (aunque suele ser uno de los temas preferidos, como ha sucedido casi siempre en la historia de la literatura). No. Los autores utilizan el género del diario con la misma intensidad que si estuviesen escribiendo una novela o un libro de poesía. Les interesa el género literario para hacer propiamente literatura, no como una actividad marginal de su trayectoria o un género que frecuentan para hacer manos y cambiar de vez en cuando de registro. Importa, pues, más el cómo que el qué. Más cómo se cuentan las cosas que el qué se cuenta.
Pero esto, además, desde mi punto de vista, tiene un interés no sólo literario. Los diarios actuales, ya lo hemos dicho, no son claves para explicar ni la historia contemporánea ni los entresijos de la historia de la literatura, pero sí sirven –e, insisto, ahí están los numerosos blogs- para captar el espíritu de una época, la vida cotidiana al natural, el pensamiento en vivo de los escritores actuales (hayan triunfado o no). Esto sí tiene su importancia para eso que Unamuno llamaba la “intrahistoria”, la historia de los hombres sin historia. Personalmente, uno no lee estos diarios para que le expliquen cómo sucedieron grandes hechos históricos o literarios; uno los lee para identificarse con lo que les pasa a esos mismos autores, para conocer de cerca el corazón y el alma de muchos escritores que intentan apresar un trozo de vida íntimo y personal y contemporáneo.
Andrés Trapiello es, en este sentido, el escritor que mejor encarna esta corriente literaria. Aunque ha escrito de todo –ensayos, novelas, poemarios, etc.-, con calidad y prestigio en la mayoría de sus facetas, es conocido sobre todo por sus diarios, que cuentan con un buen número de lectores enganchados a ellos. Todos los ha publicado en la editorial Pre-Textos, aunque algunos de sus títulos han aparecido en Destino y últmamente también en Austral, como ha sucedido este año con Siete moderno.
Desde la publicación del primer tomo en 1990, El gato encerrado, los ingredientes son siempre los mismos. Escribe sobre su vida doméstica (una interesante novela familiar), viajes, aforismos, reflexiones literarias, encuentros inesperados, entrevistas, comentarios sobre algunos sucesos de actualidad, sus visitas al Rastro madrileño, sus manías (ya reconocibles), sus polémicas obsesiones (el arte moderno, algunos escritores) y su a veces ácida y combativa visión del mundo literario, pasajes que le han granjeado no pocos enemigos y que quizás sean los más citados y conocidos por muchos lectores, aunque personalmente pienso que no son lo mejor de sus diarios y, además, restan interés y calidad al resto de las entradas.
Todo cabe, pues, en estas páginas: pensamientos poéticos, inteligentes digresiones literarias, descripciones muy logradas, magníficos retratos, etc. También hay momentos con los que uno disiente abiertamente del autor, bien por sus contundentes y a veces injustas opiniones sobre algunos escritores, bien por sus sarcásticas críticas a determinadas personas e instituciones. Sobre algunas cuestiones y personajes, sus comentarios no son precisamente convencionales.
Este volumen, dedicado al año 2003 (el alejamiento de la actualidad es una seña de identidad de estos diarios), comienza con la recepción de una carta que provoca en el autor una deliberada crisis, pues le hace reflexionar sobre el sentido y destino de unos diarios que no paran de crecer y que, además, según le dice su amigo en la misiva, no suponen ninguna novedad ya que, como decíamos, siempre aparecen los mismos ingredientes, con los que uno ya está identificado. Sin embargo, visto lo visto (la fidelidad al proyecto literario y su puntual continuidad en el tiempo), quizás en esa reiteración está el atractivo de unos diarios amenos y muy entretenidos. 2003 es el año que Trapiello obtiene el Premio Nadal con su novela Los amigos del crimen perfecto. Casi las primeras entradas están dedicadas a describir cómo fue la entrega del premio, las bambalinas, la recepción, las primeras críticas y, sobre todo, los bolos que hace por toda España para presentar su novela, viajes que provocan interesantes reflexiones sobre el papel del escritor en la cultura actual y, también, no pocas situaciones ciertamente hilarantes.
Vuelven a tener mucho peso en los diarios sus periódicas estancias en Las Viñas, en un pueblo de Cáceres. Emocionante resulta la narración de la muerte de su perra Mora. También la invasión de ratones en la casa. Los paseos. La relación con su mujer y sus hijos. Más que en otros volúmenes, como consecuencia de haber obtenido el Nadal, su vida social y literaria es más agitada. Pero también hay excelentes pasajes en los que habla de su intimidad, de la literatura, del arte (por ejemplo, cuando cuenta sus encuentros con Ramón Gaya, pintor con el que Trapiello tuvo una relación especial y familiar).
En 2010, cuando publicó Troppo vero, su anterior volumen diarístico, apareció también el volumen Vidario. A propósito del “Salón de Pasos Perdidos” de Andrés Trapiello (Pre-Textos), libro que aglutinaba reseñas y comentarios sobre estos diarios escritos por un puñado de escritores, la mayoría lectores asiduos de Trapiello y amigos suyos. Todos coinciden en que estos libros ocupan ya un lugar privilegiado en la historia de la literatura última española (opinión que comparto). Para José Jiménez Lozano, por ejemplo, “lo importante es que estos diarios son un fresco no sólo de nuestra realidad en la sociedad literaria, sino también, a través de relucientes reflejos, de la sociedad en general”. Por su parte, el también escritor Carlos Pujol, recientemente desaparecido, se refiere al contenido de estos diarios, muy parecido en todas las entregas, pero distinto siempre: “¿No pasa nada? –escribe-. Podría decirse que nunca pasa nada y que al mismo tiempo no dejan de suceder episodios en los que uno se ve obligado a jugar con fuego”.
Todos los que colaboraron en ese volumen destacan la calidad de su prosa, su visión poética de la realidad, la habilidad de crear un personaje tan conseguido –el propio autor: “tierno, arisco, insolente, belicoso, tímido, delicado”-, la agradable presencia de tantos amigos... También su predilección por los perdedores, los escritores marginados por la cultura oficial (Trapiello es uno de los que ha recuperado a Manuel Chaves Nogales y Manuel Machado), la vida en el campo... En definitiva, la vida misma, cotidiana, sin grandes sobresaltos, con la que resulta grato identificarse.
Y también tienen su importancia los pasajes más conflictivos, pues tienen también su efecto en la lectura. Al leerlos, provocan en los lectores un provechoso y fructífero diálogo entre el autor y el lector.
Si tengo que destacar algún rasgo de estos diarios, ese es, sobre todo, su calidad literaria: su llamativa capacidad para abordar, literariamente, todo tipo de situaciones, casi siempre con un puntilloso y ocurrente sentido del humor.


Apenas sensitivo
Andrés Trapiello
Pre-Textos. Valencia (2011)
380 págs. 32 €.


lunes, 3 de septiembre de 2012

"Un mundo aparte", de Gustaw Herling



“Sucede que, cuando quiero describir objetivamente un campo de trabajo soviético –escribe el autor polaco Gustaw Herling (1919-2000)-, debo descender a los abismos más profundos del infierno”. La misma sensación he tenido cuando he leído estas memorias de los dos años que Herling estuvo condenado en el campo de trabajo de Kárgopol, en Yártsevo, en el Gran Norte de Rusia: un absoluto y radical viaje a los infiernos de la infamia y la degradación de la condición humana.

Herling, militante de las Juventudes Socialistas polacas, fue detenido en 1940 por la tropas soviéticas en la frontera con Lituania, cuando abandonaba su país para luchar contra los alemanes. El autor es una víctima más de los acuerdos soviético-alemanes, como miles de compatriotas polacos, cuyas consecuencias en años posteriores han contado de manera extraordinaria Jósef Czapski en En tierra inhumana (Acantilado), Janusz Bardach en El hombre, un lobo para el hombre (Libros del Asteroide), Jan Karski, Historia de un estado clandestino (Acantilado), Alexander Wat en las memorias Mi siglo (Acantilado), Miron Bialoszewski en Diario del levantamiento de Varsovia (Alba), Ester Hautzig en La estepa infinita (Salamandra) y, entre otros, Jerry Andrzejewski en Cenizas y diamantes (Alba).

Herling, que había estudiado Literatura en la Universidad de Varsovia, escribió Un mundo aparte años después de acabar la Segunda Guerra Mundial. Liberado del campo por los rusos en 1942 tras declarar Alemania la guerra a la URSS, Herling se incorporó al nómada ejército polaco y, al finalizar la contienda, se instaló en Italia.

En 1953, en Inglaterra, publicó por vez primera estas memorias, recibidas de manera gélida por los intelectuales europeos de izquierda, como ya habían hecho con otros testimonios parecidos de la represión soviética. Fue tras el tsunami que provocó Solzhenitsyn en la década de los setenta cuando, sobre todo en Francia, colonizado intelectualmente por la URSS, comenzó a cuestionarse la todopoderosa maquinaria de propaganda soviética, que se había instalado con comodidad en las conciencias de muchos intelectuales de izquierdas. Lo que contaron Aleksandr Solzhenitsin, Varlám Shalámov, Vladimir Voionóvich, Evegenia Ginzburg, Víctor Serge, Jiri Weil, Arthur Koestler, Lev E. Razgón, David Grosman, entre otros; y los vergonzosos sucesos que padecieron escritores como Pasternak, abrieron las puertas a la disidencia propagandística. Curiosamente, estas memorias de Herling no se publicaron en Francia hasta 1985, con prólogo del escritor español Jorge Semprún. En España, se publicaron en el 2000, pero ahora aparece por vez primera su traducción directamente del polaco, idioma en el que fueron escritas.

Se trata de un testimonio de la vida en los campos de trabajo soviéticos de primera magnitud. Herling cuenta sus dolorosas vicisitudes personales, situaciones casi imposibles de explicar por el desprecio absoluto al ser humano que imperaba en la vida de estos campos. Herling explica el funcionamiento manipulador de la justicia y las inhumanas maniobras de control que, como si tal cosa, se convertían en moneda diaria en la vida de los campos. Junto con la agónica descripción de su experiencia personal, lo más sobresaliente de Un mundo aparte es la mirada del autor ante lo que le rodea. Primero, lo bien que explica el metódico y maquiavélico funcionamiento de la vida del campo: las horas de trabajo, la comida, la división de los reclusos en barracones, el poder de los urkas (delincuentes comunes), la vida cotidiana, el hambre, las enfermedades, la Casa de Visitas... Y, lo más importante, la actitud compasiva con la que se relaciona con el resto de los reclusos y que le permite conocer muchas historias dramáticas que nos transmite con fidelidad. Como las del coronel Pavel Ivánovich, Mijaíl Alekséievich Kóstylev, la del kulak Pamfílov, la del expope Dimka, del profesor Borís Lazaróvich y la presa Natalia Lvovna, quien le presta uno de los libros prohibidos en el campo, Apuntes de la casa muerta, de Dostoievski, libro clave para entender mejor este libro, pues se inspira en él para su redacción.

“Sólo en la cárcel se puede comprender que una vida de la que nada se espera no tiene ningún sentido y se llena de desesperación hasta los topes”. No son reflexiones en el aire. Cada una de ellas está encarnada en un trozo de vida, en una persona de carne y hueso, en un ser real. Aquí nada es producto de la imaginación, y lo que escribe Herling pone los pelos de punta por la degeneración absoluta de un régimen inhumano, carente de los más mínimos sentimientos. Herling, uno de los escritores polacos más importantes de la segunda mitad del siglo XX, cuenta además todo esto con una impecable y meritoria calidad literaria. Para Semprún se trata de “una obra literaria perfecta”. Y Bertrand Russell, que prologó la edición inglesa de 1953, opinaba que Un mundo aparte “posee una extraña fuerza descriptiva, sencilla y vívida, y es absolutamente imposible dudar de su sinceridad en todos los aspectos”.







Un mundo aparte
Gustaw Herling-Grudzinski
Libros del Asteroide. Barcelona (2012)
360 págs. 22,95 €.



domingo, 2 de septiembre de 2012

"Cartas de Italia", de Josep Pla



Reúne este volumen, prologado en 1954, diferentes escritos del escritor catalán Josep Pla (1897-1981) sobre Italia, uno de sus destinos favoritos y país al que viajó en numerosas ocasiones, con diferentes motivos. Italia, para Pla, “ofrece un temario vastísimo y suscita reacciones inagotables”. En el prólogo dice que es un “libro de sensaciones organizadas alrededor del color verde fresco con que se pintan las ventanas de Italia”. El tono de familiaridad es constante, ya que, como comenta el autor de El cuaderno gris, viajar a Italia nunca le ha hecho sentirse extranjero y no hay en ella “nada de insípido”.

No se trata de una guía turística al uso, aunque sus apreciaciones son muy agudas y ayudan a conocer mucho mejor las ciudades que visita, casi todas las importantes (Milán, Turín, Bari, Nápoles...), con la excepción de Roma, ciudad que considera un caso aparte y por eso no aparece en este libro. Junto con interesantes observaciones sobre el carácter de los italianos, destacan algunas impresiones personales de Pla sobre su propia escritura: “los escritores que adolecemos de una falta de imaginación casi ridícula necesitamos para escribir, más que formas conocidas y familiares, fuertes estímulos externos”.

Hay un hilo conductor, y ese es el propio Pla, su aguda capacidad de observación, sus espontáneos comentarios y su facilidad para trasladar al papel sensaciones, descripciones, hitos históricos, anécdotas, encuentros ocasionales, etc., con un lenguaje brillante y con esos adjetivos suyos tan sorprendentes. Describiendo la ciudad de Asís, dice: “Lo cierto es que Asís reúne todas las bondades que exige un temperamento místico: es un pueblo pobre, reseco, calcinado, de color marfil, perfumado de hierbas secas y muy limpio”. Y el capítulo dedicado a la ciudad de Génova concluye de la siguiente manera: “Génova, soberbia y mísera, trituración frente al mar, angostura bajo el cielo azul, graderío implacable de la vida, ojo fatigado ante el transatlántico ocasional, rosa y verde entre la montaña pelada y arenosa y el mar glauco, aceitoso y cansado”.

Su prosa, límpida, evocadora, funcional, subjetiva, socarrona y periodística es la gran protagonista del libro. Y como infatigable viajero, incluye Pla una obligatoria recomendación: “Lo primero que es necesario para viajar es un buen estómago”.


Cartas de Italia
Josep Pla
Austral. Madrid (2011). 254 págs. 7,95 €. T.o.: Cartes de’Italia. Traducción: Pedro Gómez Carrizo.