miércoles, 25 de enero de 2017

“Un día en la vida de Iván Denísovich”, de Aleksandr Solzhenitsyn


Para calentar motores con la celebración del aniversario de la Revolución Rusa, he releído estos días esta gran novela, una de las más importantes que describen la vida en los gulag soviéticos. En este blog, por si interesa el tema, hay bastantes testimonios literarios (ensayos, libros memorialísticos y de ficción) sobre la extensión de los gulag y la sistemática represión que se vivió en la Unión Soviética durante desde los días de la Revolución hasta su desintegración. Los Gulag no fueron una invención de Stalin. Comenzaron con Lenin y continuaron después de la muerte en 1953 de Stalin.
Aparecida en 1962, tras conseguir el permiso para su publicación del mismísimo Nikita Kruschov, Un día en la vida de Iván Denísovich fue la única obra de Solzhenitsyn que se publicó en la Unión Soviética. Para escribir esta novela se inspiró en su propia vida. En 1945, cuando se encontraba en el frente soviético, Solzhenitsyn fue detenido por criticar a Stalin en una carta dirigida a un amigo de la infancia. Fue condenado a ocho años en diferentes campos de concentración y luego desterrado a una aldea perdida de la estepa de Kazajstán, donde permaneció hasta 1956, cuando fue liberado y pudo regresar a Moscú.


Pero en su novela Solzhenitsyn decidió contar la vida de un campesino en el Gulag. Iván Denísovich Shújov es llamado a filas durante la Segunda Guerra Mundial. Capturado por los nazis, consigue escaparse y regresar al ejército soviético donde no es recibido precisamente con los brazos abiertos. Acusado de traición y para que no le fusilen, Shújov tiene que confesar que es un espía alemán. Como tantos otros soldados soviéticos que vivieron una situación parecida, es condenado a diez años de trabajos forzados.
Solzhenitsyn envió su novela a las editoriales en 1961, pero aligeró su versión, suavizando los comentarios políticos y las críticas al régimen soviético. Cuando el poeta Alexandr Tvardosvki, director de la revista Novy Mir, la leyó, intuyó de inmediato que se encontraba ante una obra excepcional. Aprovechó la mínima apertura que se produjo en la URSS tras la celebración del XXII Congreso del PCUS, y consiguió la autorización del Partido Comunista para su publicación en 1962, lo que provocó muy pronto un espectacular impacto nacional e internacional.
El éxito, sin embargo, aumentó los problemas de Solzhenitsyn con las autoridades y desde entonces no consiguió publicar nada en su país. Para complicar ma´s las cosas, en 1970 recibió el Premio Nobel de Literatura. Tras la publicación en 1974 de Archipiélago Gulag, en la que documentaba con todo lujo de detalles y testimonios el universo carcelario creado en la URSS, fue expulsado del país.
La traducción de esta edición, a cargo de Enrique Fernández Vernet, está basada en la versión rusa completa que Solzhenitsyn publicó en París en 1973. Hasta ahora, las ediciones españolas que reproducían la versión íntegra estaban traducidas del francés o del alemán. De su completísima introducción, que explica las vicisitudes de este libro y sus principales características, me quedo con esta cita: “Las obras de denuncia pasan por una primera etapa en que prima el mensaje político y la inmediatez, pero con el tiempo –una vez se ha difundido y asimilado- debe acabar prevaleciendo el aspecto literario”.
En la novela, Solzhenitsyn cuenta un solo día de la vida de Shújov, cuando ya lleva ocho años prisionero. Con un estilo desgarrado y fragmentado, salpicado de expresiones propias del argot carcelario, describe minuciosamente los acontecimientos de ese día, desde que Shújov se levanta hasta que se duerme. La obsesión más importante es la comida. Gracias a su experiencia y desparpajo, Shújov se maneja bastante bien en el campo. Conoce perfectamente lo que tiene que hacer en cada momento para no llamar la atención y para que no se fijen en él. Sin grandes disquisiciones, Solzhenitsyn cuenta con múltiples detalles la vida en el campo, la relación entre los presos y los carceleros, las jornadas de trabajo, el tipo de comida, los castigos, la procedencia de los prisioneros...
La denuncia del régimen de Stalin traspasa toda la novela, pero no se insiste en ella, pues el autor prefiere mostrar, literariamente, las dramáticas consecuencias de la inhumana represión.


Un día en la vida de Iván Denísovich
Aleksandr Solzhenitsyn
Tusquets. Barcelona (2008)
218 págs.
T.o.: Odín den Ivana Denísovicha.
Traducción: Enrique Fernández Vernet.

sábado, 21 de enero de 2017

“Max Perkins, el editor de libros”, de A. Scott Berg


Coincidiendo con el estreno de El editor de libros, película dirigida por Michael Grandage basada en un guion de John Logan e inspirada en la vida de Waxwell Evarts Perkins, se ha publicado la biografía que A. Scott Berg escribió en 1978 sobre este editor norteamericano y con la que consiguió el National Book Award.
            Max Perkins (1884-1947) está considerado uno de los grandes editores de la literatura norteamericana, editor, entre otros muchos, de tres grandes escritores de los años veinte y treinta: Scott Fitzgerald, Ernest Hemingay y Thomas Wolfe. Como escribe Berg, “se había jugado su carrera con ellos, desafiando los gustos establecidos por la generación anterior y revolucionando la literatura americana”.
            Estudió en Harvard y trabajó como reportero en New York Times antes de entrar a trabajar en 1910 en Hijos de Charles Scribner, prestigiosa editorial donde publicaban grandes escritores ingleses y norteamericanos de la primera década del siglo XX como John Galsworthy, Henry James y Edith Wharton. “En 1919, Perkins ya se había consolidado como un prometedor y joven editor”.
            Tuvo muy buen olfato para descubrir a escritores que estaban revolucionando con sus primeros libros la literatura norteamericana. Esta biografía se centra de manera especial en la larga, extensa y compleja relación que mantiene con los tres autores antes citados, representantes de la llamada generación perdida, aunque de pasada se habla de otros muchos escritores con los que Perkins colaboró: es el caso del periodista y autor de relatos Ring Lardner, de la escritora de novelas históricas Taylor Caldwell y de otros escritores que tuvieron en su momento mucho prestigio, como S. S. Van Dine, Erskine Caldwell y Marcia Davenport, entre otros que se citan en este libro, algunos de ellos ya olvidados.
            Perkins descubrió la innata capacidad de Scott Fizgerald para retratar las sombras de la sociedad decadente y rica de los años veinte, a la que Fitzgerald quiso pertenecer de manera obsesiva, fiebre que le provocó numerosas crisis en su escritura y en su matrimonio de las que hace partícipe a su editor. Fitzgerald consiguió notable éxito con A este lado del paraíso (1920), su primera obra; luego siguió manteniendo la calidad en sus otras novelas, sobre todo en El Gran Gatsby (1925) y Suave es la noche (1934), pero sus frecuentes caídas en el alcoholismo, su propensión a la extravagancia y su fascinación por el dinero hicieron mella en su trayectoria literaria, reducida a pocos títulos que consiguieron prestigio en vida pero sobre todo años después de su repentina muerte en 1940. Perkins también descubrió el enorme talento de Ernest Hemingway, al que publicó sus grandes obras y con quien compartió muchos momentos de amistad, a pesar del fuerte carácter del escritor, poseedor de un inmenso ego y de un desmesurado afán de publicidad.
            Su relación con Wolfe, muy compleja, fue mucho más allá de su trabajo como editor. Perkins descubrió en Wolfe una voz brillante y nueva para describir la realidad norteamericana; pero Wolfe tenía un peligroso problema: una cruda y egotista exuberancia que le impedía escribir libros “normales” y un carácter repleto de suspicacias, como se demostró en el proceso de edición de su primera novela, El ángel que nos mira (1929). La tirante relación personal y profesional que mantuvieron autor y editor es la que se cuenta en la película El editor de libros, centrada de manera exclusiva en estos dos personajes. Tras las críticas que Wolfe recibió por su novela Del tiempo y el río (1935), rompieron su amistad y decidió cambiar de editor pocos años antes de su muerte en 1938 por una tuberculosis cerebral. Perkins acusó esta pérdida y siempre recordó a Wolfe como uno de los grandes escritores con los que trabajó. Thomas Wolfe escribió en diferentes textos sobre su amistad y relación con Perkins y también sobre el mundo editorial de aquellos años. Un ejemplo es la reciente edición de El viejo Rivers (Periférica. 2016), una breve narración en la que Wolfe ridiculiza el mundo de los viejos editores y su gastada concepción de la literatura, mundo que Perkins rompe con una actitud mucho más abierta a los nuevos valores.


            El libro reproduce muchos pasajes de la extensa correspondencia que Perkins, casado y padre de cinco hijas, tuvo con estos escritores y otros muchos, y con Elizabeth Lemmon, una mujer que vivía alejada de Nueva York y que fue su confidente y amor imposible. Estas fuentes permiten conocer muy bien las opiniones de Perkins sobre numerosos aspectos de su vida personal y de su trabajo como editor. En ellas vemos a un editor que siempre recomienda a sus autores la lectura de Guerra y paz, de Tolstói; que tiene una alta estima del oficio de editor y de lo que supone escribir libros; y que se implicó, quizá demasiado, en los problemas personales de sus escritores y en sus dificultades económicas y familiares. De manera muy prolija, el libro pone el acento en la descripción de estas tensas relaciones en las que muchas veces las connotaciones literarias quedan en un segundo plano.
Esta biografía muestra las bambalinas del trabajo de editor y contiene muchos y suculentos ejemplos de los consejos que Perkins dio a sus escritores y su complicidad en el desarrollo de sus escritos, sin imponer nunca nada, pero mostrando su opinión y sus alternativas para ayudar en todo momento al escritor a salir de cualquier atolladero.


Max Perkins, el editor de libros
Scott Berg
Rialp. Madrid (2016)
584 págs. 22 €
T.o.: Max Perkins: Editor of Genius.
Traducción: David Cerdá.

miércoles, 11 de enero de 2017

“Ironías”, de Ramón Eder


También poeta y narrador, la literatura de Ramón Eder (1952) se ha decantado finalmente por los aforismos, género que atraviesa un buen momento en la literatura española y del que el autor es uno de sus más logrados representantes. Este volumen reúne sus libros anteriores de aforismos La vida ondulante (2012) y Aire de comedia (2015), a los que se añade una tercera sección llamada Aforismos del Bidasoa.
“Un buen aforismo es un relámpago en las tinieblas”, escribe Ramón Eder. Y este aforismo explica bastante bien el sentido de un género literario que, como escribe Enrique García-Máiquez en unas palabras liminares “responde, sin duda, al espíritu de nuestro tiempo y viene a sanarlo con su propia medicina de intensidad, velocidad y dispersión, como un tratamiento de choque”. Enrique García-Máiquez es otro de los autores contemporáneos que también frecuenta este género (ver su reciente libro Palomas y serpientes, Comares, 2015).
Los aforismos permiten contemplar la realidad bajo una nueva luz. Descubren aspectos insólitos de la vida y alumbran verdades escondidas. Destacan por su agudeza, por emplear “paradojas inquietantes”, por su “ética sutil” y por su capacidad para provocar sorpresas lingüísticas. Es, con palabras del autor, un “género superficial y profundo a la vez”.
Como notas distintivas del género apunta Eder la perfección formal, la agudeza y la lucidez. En su caso también hay que añadir el sentido del humor y la ironía (“la ironía es mi patria”). La literatura clásica está plagada de máximas y sentencias solemnes y graves, pero Eder dice que también hay verdades alegres y que “los aforismos humorísticos pueden ser tan lúcidos como los sepulcrales”. Varios ejemplos: “Acabarán prohibiendo hasta fumar la pipa de la paz” y “La vida en sus mejores momentos es cursi”.
Son muchos los temas que aparecen en estos aforismos. Hay bastantes relacionados con el mundo de los escritores y la literatura: “Se le subió a la cabeza un premio literario que le dieron en el colegio y ya no se recuperó nunca”, “Regalar libros que nos gustan es la forma más generosa de ejercer la crítica literaria”, “Sólo el escritor que escribe por dinero sabe por qué escribe”. Hay también felices intuiciones estéticas (“Sobre todo, no ser pomposo”, “Los fuegos artificiales no me gustan porque son bonitos”), brillantes observaciones vitales (“El carácter se forma los domingos por la tarde”, “Siempre resulta irritante que nos hablen con tono paternalista”), sabias reflexiones existenciales (“Haber tenido una infancia feliz es un serio obstáculo para el resto de la vida. Sólo se puede ir a peor”). Y certeros comentarios sobre la realidad (“La lucha por el poder suele ser terrible, pero la lucha por las migajas del poder es siempre patética”).
Todos juntos forman, además, el autorretrato del escritor y dan muchas claves sobre su filosofía vital. En estos aforismos, Eder contempla el mundo desde un original e irónico punto de vista, con lúcidas e instantáneas impresiones plagadas de belleza, originalidad y sentido común. Para Carlos Marzal, autor del prólogo, “los aforistas, salvo excepciones contadas, no son filósofos, sino simples moralistas domésticos, paseantes con capacidad de juicio”.


Ironías
Ramón Eder
Renacimiento. Sevilla (2016)
228 págs. 17 €.

sábado, 7 de enero de 2017

“Mis momentos”, de Andrea Camilleri


            Andrea Camilleri (Sicilia, 1925) es el escritor italiano actual más popular, conocido sobre todo por sus novelas policiacas que comenzó en 1994 cuando creó a su personaje Salvio Montalbano. Desde entonces, se ha dedicado de manera exclusiva a la literatura, combinando las novelas policiacas con otros libros de intriga y autobiográficos. Durante más de cuarenta años, Camilleri fue director de teatro y de televisión.
            Como escribe el autor en una breve “Nota previa”, “este libro aspira a recopilar, de manera desordenada, aunque prestando mayor atención a mis años juveniles, algunos encuentros que, así duraran un momento o casi toda una vida, determinaron en mí una especie de cortocircuito: en otras palabras, provocaron una primera y momentánea sensación de desapego y más tarde una suerte de mayor iluminación en mi interior”. La suma de estos recuerdos traza una mínima biografía del autor, en donde aparece su intensa relación con el mundo de la cultura, especialmente con el teatro, y de la política, pues Camilleri militó en el Partido Comunista italiano.
            Estos “momentos” duran apenas pocas páginas y en ellos el autor describe encuentros y anécdotas relacionadas con personajes relevantes de la política y la cultura –como Antonio Tabucchi, Pier Paolo Pasolini, Carlo Emilio Gadda, Elio Vittorini, Primo Levi, Benedetto Croce…- y con personajes anónimos que dejaron un “destello” en su vida, como Pino Trupia, un delincuente con el que coincidió durante una breve estancia de Camilleri en la cárcel, o el maestro Emmanuele Cassesa y sus originales métodos educativos.
                   Camilleri no insiste y va directamente al asunto. Su estilo es muy eficaz, vivo y coloquial, además de resaltar anécdotas muy divertidas y otros encuentros más graves. El resultado es un libro memorialístico muy ameno donde el interés no reside en el autor sino en las peculiaridades y virtudes de los personajes que protagonizan estos momentos. 




Mis momentos
Andrea Camilleri
Duomo. Barcelona (2016)
224 págs. 16,80 € (papel) / 9,99 € (digital).
T.o.: Certi momento.
Traducción: Carlos Gimpert.

sábado, 17 de diciembre de 2016

“El equipo de Stalin”, de Sheila Fitzpatrick


Profesora de las Universidades de Chicago y Sidney, la australiana Sheila Fitzpatrick es una referencia internacional en la investigación de la historia de la Unión Soviética, de manera especial de la Revolución de Octubre y de los años en los que Lenin y Stalin dirigieron el país. En este ensayo adopta un punto de vista singular, distinto al de otros historiadores a la hora de describir los años en los que Stalin, con mano de hierro, dirigió la política soviética.  
En vez de centrarse en las sombras y las luces de la biografía del dictador, Fitzpatrick se basa en la importancia que Stalin dio a los miembros del Politburó, un círculo reducido de políticos comunistas nombrados para asesorar al Secretario General del Partido y para reforzar las directrices de la política comunista en unas décadas cruciales que abarcan desde la Revolución de Octubre y la guerra civil hasta incluso después de la muerte de Lenin y la llegada a la Secretaría General de Jruschov. “En el presente libro –escribe la autora- observo a Stalin (quien, nos guste o no, es el centro de esta historia) desde el interior de su equipo. Es una atalaya distinta a la habitual y creo que ofrece perspectivas novedosas. El equipo de Stalin sabía más sobre él que ninguna otra persona, pues disponía de una información sin paralelo y ocasiones de observar asimismo sin igual”.


            El grupo se consolida sobre todo tras la enfermedad y muerte de Lenin, cuando deben tomar decisiones importantes sobre el futuro del país. Stalin se hace con el poder en el Partido Comunista y pronto refuerza la autoridad de sus hombres de confianza. Muchos de ellos se mantuvieron durante décadas a su lado e incluso, a su muerte, protagonizaron directamente la transición reformista del régimen (como Mólotov, Kaganóvich, Mikoyán, Voroshílov, Jruschchov, Beria…). Otros fallecieron en las décadas de los 30 y 40 (Kírov, asesinado, y Ordzhonikidze –se suicidó-,  Kúibyshev y Kalinin) y algunos, pocos, fueron víctimas (como Bujarin, que desempeñó cargos muy importantes dentro del régimen) de las Grandes Purgas que puso en marcha Stalin en la segunda mitad de la década de los años 30, tras el asesinato de uno de sus hombres de confianza, el secretario del Partido en Leningrado, Serguei Kírov.
La relación que mantuvo con todos ellos, a diferentes niveles, fue política y personal, como se describe en este libro basado en muchos documentos oficiales conocidos recientemente y en entrevistas de la autora con familiares de los protagonistas o que proceden de los numerosos libros de memorias escritos por ellos o sus descendientes. Los que aguantaron hasta finales de los 50 fueron relegados de la vida política cuando uno de los miembros de este equipo, Nikita Jrushchov, se hizo con el poder. La autora describe el carácter de Stalin, sus constantes suspicacias, sus  problemas familiares y sus numerosas estrategias para dominar al equipo.
            El libro de Fitzpatrick permite conocer mucho mejor a estos políticos comunistas que tuvieron en su momento mucha fuerza y poder y que, sin embargo, han quedado diluidos por la agitada personalidad de Stalin. A la vez, se cuentan de otra manera los entresijos del poder político y los avatares de la historia de la Unión Soviética en esos años, dominados de manera obsesiva por Stalin: los años de la enfermedad de Lenin; las maniobras de Stalin para hacerse con el poder; la marginación (y posterior aniquilación) de líderes tan carismáticos como Trotski, Kámenev y Zinóviev; la política económica comunista y los años del hambre; la persecución contra los kulaks; los años de las Grandes Purgas; la Segunda Guerra Mundial; el proceso de decadencia de Stalin, con cada vez más acusadas paranoias; su sucesión y las políticas reformistas emprendidas tras su muerte; la caída en desgracia de Beria y la llegada de Jrushchov…


El equipo de Stalin
Sheila Fitzpatrick
Crítica. Barcelona (2016)
496 págs. 26,90 €.
T.o.: On Stalin’s team.
Traducción: Gonzalo García.

jueves, 8 de diciembre de 2016

DIEZ LIBROS PARA LAS NAVIDADES


Lucia Berlin
Alfaguara. Madrid. 432 págs. 20,90 €.

La norteamericana Berlin (1936-2004) tuvo una vida agitada: graves problemas de salud, lucha (que ganó) contra el alcoholismo, tres maridos, cuatro hijos y decenas de mudanzas y empleos. Al final de su vida fue ganando fama de escritora esporádica y deslumbrante. Muy inspiradas en sus propias experiencias, Berlin practica una especie de autoficción donde mezcla invención y biografía. Sus personajes son supervivientes, personas desorientadas pero fuertes. En sus historias pasan cosas, algunas de ellas muy duras y sórdidas, pero sobre todo destaca una voz narradora muy atrayente. Son historias de trabajo, de conflictos familiares, de alcoholismo, de personas mayores, de enfermos, de jóvenes llenos de sueños al inicio de la vida…


Fernando Aramburu
Tusquets. Barcelona. 648 págs. 22.90 €

Novela dura, ambiciosa, larga que abarca cuarenta años de la historia del País Vasco y que comienza en 2011 cuando la viuda de un empresario asesinado por ETA decide regresar a su pueblo tras el anuncio de ETA del cese de la lucha armada. La novela se centra en las vidas de dos familias, las de la víctima de ETA y sus vecinos, implicados en la causa terrorista e independentista. El autor describe la vida cotidiana, con sus momentos de doméstica normalidad y sus perversiones emotivas, marcadas por la lucha armada, que todo lo justifica, hasta la marginación y el silencio. Algunas historias secundarias se alejan demasiado del objetivo de la novela.


Andrés Trapiello
Pre-Textos. Valencia. 456 págs. 29 €

            Volumen número veinte de sus diarios, a los que ha dado el título genérico de Salón de pasos perdidos, cuya primera entrega, El gato encerrado, es de 1990. En esta nueva entrega, referente al año 2006, volvemos a entrar en el ya conocido territorio Trapiello. Vuelve a escribir sobre su vida doméstica, sus estancias en su casa de Las Viñas, su crítica visión del mundo literario, sus opiniones sobre algunos escritores con los que mantiene algunas controversias públicas, interesantes valoraciones de los libros que está leyendo y de algunos sucesos culturales y sociales, sus frecuentes visitas al Rastro madrileño… Todo cabe en estas páginas, excelentemente escritas (como suele ser habitual) lo que hace que su lectura sea amena.


Julian Barnes
Anagrama. Barcelona. 208 págs. 16,99 €

Barnes escribe sobre la vida del compositor ruso Shostakóvich (1906-1975), uno de los más laureados por el régimen soviético. Todo cambia en su vida –hasta ese momento, un músico de éxito- cuando Stalin asiste en Moscú a su ópera Lady Macbeth de Mysensk, que tachó de “formalista”, la peor crítica que podría recibir una obra de arte. Su nombre fue prohibido y su vida estuvo en peligro. La novela se centra en sus relaciones con el Poder y la actitud del músico ante el control de las autoridades de las manifestaciones artísticas y culturales. 


Giorgio Fontana
Libros del Asteroide. Barcelona. 257 págs. 20 €

En los años ochenta se repiten los crímenes terroristas en Italia y el fiscal Giacomo Colnaghi tiene que investigar el asesinato de un miembro de la Democracia Cristiana. El asunto de fondo es la justicia. El pasado familiar de Colnaghi, su trato con las víctimas de los brigadistas, los interrogatorios a los terroristas y su arraigada fe cristiana le llevan a reflexionar sobre el alcance de la ley humana, y cómo se relacionan con ella la piedad, la restitución del daño o el perdón. No son cuestiones frecuentes en la narrativa contemporánea.


Svetlana Alexiévich
Acantilado. Barcelona. 656 págs. 25 €

Con este volumen, la periodista Svetlana Alexiévich (1948), premio Nobel de Literatura 2015, ha querido calar en profundidad, sirviéndose de cientos de testimonios, en lo que significa ser soviético cuando el comunismo se encuentra en vías de extinción en Rusia. Setenta años de marxismo-leninismo moldearon las mentes de ciudadanos de la URSS. La autora entrevistó a centenares de ellos, que son las protagonistas de esta obra.




La ciudad de los prodigios
Eduardo Mendoza
Seix Barral. Barcelona. 576 págs. 20 €.

Ambientada en Barcelona, escenario habitual de las novelas del último premio Cervantes, transcurre entre los años de las dos Exposiciones Universales, las de 1888 y 1929. Su pícaro protagonista es Onofre Bouvila, un muchacho recién llegado del campo, pobre, ignorante y aprendiz de anarquista que llegará a 1929 convertido en un hombre rico y poderoso, sin escrúpulos, especializado en el engaño y la mentira. Su historia, que funciona también como una parodia de la burguesía, es como un símbolo de la trayectoria recorrida por la propia Barcelona en esas décadas de grandes cambios que transformaron su fisonomía y filosofía. Con maestría y un gran trabajo literario, Mendoza convierte esta ficción histórica en una crónica testimonial, cruda, amoral y desgarrada.




Todos nuestros ayeres
Natalia Ginzburg
Lumen. Barcelona. 360 págs. 20,90 €

El 14 de julio se cumple el primer centenario del nacimiento de Natalia Ginzburg (1916-1991), una de las escritoras más importantes de la literatura italiana del siglo XX. Esta novela, publicada en 1952, ofrece una visión del periodo de la resistencia y posterior clandestinidad en una Italia en guerra, a través de las voces de unos jóvenes de familia burguesa. En la mirada de Ginzburg, lo que importa son las trivialidades y pequeñas grandezas de los personajes, a los que trata con mimo, aunque no les ahorra enfrentarse a un destino difícil. También se ha reeditado Léxico familiar, otra de sus grandes novelas, esta con muchas claves autobiográficas. Al hilo de las inequívocas expresiones que forman el diccionario íntimo de cada familia, Ginzburg recompone la historia de los suyos mediante breves recuerdos repletos de afectividad.




La familia Karnowsky
Israel Yehoshua Singer
Acantilado. Barcelona. 553 págs. 29 €

Su autor recrea tres generaciones de la familia Karnowsky que viven en dos escenarios distintos, Berlín y Nueva York. En la primera (David), el abuelo se rebela contra la actitud pueblerina de los judíos de Polonia, por lo que se traslada con su mujer a Berlín. La segunda es la de su hijo, Georg, que se aleja de las tradiciones familiares precisamente cuando los nazis llegan al poder. Y la tercera tiene como protagonista a Yegor, un fracasado que no se adapta a la vida en Nueva York. Lo mejor de esta ambiciosa novela es la confluencia de caracteres y el retrato de las costumbres y tipos judíos.



Una voz escondida
Parinoush Sannie
Salamandra. Barcelona. 272 págs. 16,15 €.

Shahab es un niño de cinco años muy imaginativo que vive en Teherán. No es mudo, pero no habla por la incomprensión que recibe del exterior. Todos lo consideran problemático y tan solo su abuela Bibi es capaz de quererle como es. La autora aborda la dura situación de su país y, en paralelo, la lucha de un niño por sobrevivir en la pequeña hostilidad del hogar.

domingo, 4 de diciembre de 2016

“Dulce Hogar”, de Dorothy Canfield Fisher


Publicada en 1924, la novela está ambientada en una pequeña ciudad de provincias norteamericana. En la primera parte de la novela, el centro de atención se lo lleva Evangeline, madre de tres hijos y esposa de Lester, estudiante de Letras en la Universidad que trabaja ahora en la contabilidad de unos grandes almacenes. La familia se sostiene gracias al tesón, el impulso y la fuerza de voluntad de la madre. Sin embargo, su afán perfeccionista, su carácter dominante y su obsequioso y constante espíritu de sacrificio tienen amedrentados a toda la familia, que viven agobiados y tensos por la voluntarista actitud de la madre. A eso se suma que Lester, de carácter fantasioso y apocado, no consigue hacer carrera en los grandes almacenes.
            Peor aún. Un cambio de dueño y una nueva estrategia comercial precipitan su despido, justo el mismo día que un incendio en casa de unos vecinos provoca un accidente que deja a Lester en silla de ruedas. La familia debe rehacerse y cambiar de roles. Evangeline consigue un empleo en los grandes almacenes de su marido y Lester, cuando se recupera, se encarga de las cuestiones domésticas. A partir de ese momento, cambian muchas cosas en todos los miembros de la familia, incluida Evangeline.
            La novela es un canto a la educación familiar. Lester, gran lector y poeta, entretiene a sus hijos con muchos cuentos y narraciones a la vez que cocina, zurce o hace las labores habituales de la casa. Evangeline, por su parte, deposita en su trabajo como dependienta su práctica imaginación y su avasalladora capacidad de trabajo. Gracias al imprevisto de la enfermedad de Lester, cada uno encuentra su sitio en la familia. La clave es Lester, que los trata a cada uno de manera diferenciada y se preocupa por sacar de ellos sus mejores virtudes.
            La narración se sencilla, costumbrista y realista; la autora describe con agudeza la psicología de cada uno de los personajes y plantea interesantes dilemas morales y sociales que, salvando las distancias, siguen siendo actuales.
            Dorothy Canfield Fisher (1879-1958) fue compañera de estudios y amiga de la escritora Willa Cather. Lienciada en Francés, fue una escritora muy leída y valorada en su tiempo, además de activista social preocupada por la situación de la mujer.



Dulce Hogar
Dorothy Canfield Fisher
Palabra. Madrid (2016)
304 págs. 18,90 €.
T.o.: The Home-Maker.
Traducción: José Gabriel Rodríguez Pazos.