domingo, 30 de septiembre de 2018

"Isla Crimea", de Vasili Aksiónov


Vasili Aksiónov (1932-2009), hijo de Evgenia Ginzburg, la autora de El vértigo, uno de los testimonios más impactantes de la vida en los Gulag de Stalin, nació en Kazán y a los cinco años, cuando sus padres fueron detenidos, fue a parar a un orfanato estatal del que fue rescatado por su tío, que se hizo cargo de él. Tras trece años de separación, volvió a reencontrarse con su madre en Magadán. Luego, estudió Medicina a la vez que escribía poesías y relatos. A la muerte de Stalin en 1953, surgió en la Unión Soviética los stiliagui,una subcultura juvenil que no ocultaba su fascinación por lo occidental (especialmente, el cine y el jazz) y que rechazaba en la moda y en la estética las consignas soviéticas. Vasili fue uno de los máximos representantes de este movimiento, que presentó a la sociedad una nueva juventud nada politizada que tenía con otro lenguaje y otras aspiraciones vitales. Aksiónov publicó en esos años algunos relatos en revistas y en 1960 aparece su primer novela, Colegas, enmarcada en esta tendencia juvenil; un año después, publicó Billete a las estrellas
En la década de los setenta sigue publicando novelas, relatos, obras de teatro y traducciones. Dos novelas suyas, La quemadura (1975) y La isla de Crimea (1979), fueron censuradas y no se pudieron publicar en la URSS. También a finales de los setenta, un grupo de escritores aglutinados en torno a la revista Juventud, entre los que estaba Aksiónov, publicaron un almanaque, Metropol, sin la autorización de la Unión de Escritores. Desde entonces, se multiplicaron todavía más sus problemas con el régimen. Se exilió en 1980 a Estados Unidos, donde impartió clases en diferentes universidades. Fue incluso despojado de la ciudadanía soviética. 
Durante la década de los ochenta escribió una trilogía sobre la familia Grádov, que publicó en 1989, 1993 y 1994 y que tituló Una saga moscovita, su novela más famosa e internacional, en la que describió con una mirada muy crítica la vida en la Unión Soviética desde 1924, fecha de la muerte de Lenin, hasta 1953, cuando muere Stalin (de esta novela hablo extensamente en mi libro Cien años de literatura a la sombra del Gulag).  Isla Crimea no se pudo publicar en la URSS hasta 1990. En Rusia, la novela se volvió a poner de moda tras la invasión del ejército ruso de Crimea en 2014. 
Para escribir esta novela, Aksiónov se inspira en algunos sucesos de su biografía, de manera especial en sus años de activista de la cultura no oficial; también aparece su mirada crítica sobre la realidad soviética de aquellos años, finales de los setenta, cuando no parecía que fuera a derrumbarse el rocoso sistema soviético de manera inminente, a pesar de las numerosas y evidentes grietas. La novela se centra en las peripecias profesionales, políticas y sentimentales de Andréi Arsénievich Lúchnikov, director del polémico y popular rotativo Courier Ruso, con sede en Simferopol, capital de Crimea. Lúchnikov es hijo de un destacado militar que combatió contra los comunistas en la guerra civil que se desató tras la Revolución rusa entre los bolcheviques y el “ejército blanco”. 


En la novela, la Guardia Blanca consiguió al final refugiarse en Crimea y desde entonces mantiene su independencia contra los asedios del bloque comunista. Sin embargo, Lúchnikov hijo considera que Crimea ha perdido desde entonces sus raíces y su oportunidad de compartir el destino de la Rusia mística e inmortal. Dominada por un capitalismo salvaje y por una democracia aparentemente esperpéntica, Crimea se prepara para unas cruciales elecciones políticas en las que amenaza con presentarse una nueva formación, OLA (Orgullo, Lealtad y Adhesión), capitaneada por Lúchnikov y un grupo de poderosos amigos, que propugnan que Crimea debe integrarse en la URSS. Otras opciones reclaman mantener el statu quoactual, como los evapros, los militares y dirigentes que proceden del ejército blanco y que viven anclados en las estructuras del Antiguo Régimen; o los iakis, una tendencia protagonizada por los jóvenes que desean romper del todo tanto con Rusia como con el pasado “blanco”. En torno a este tema, las relaciones de Crimea (y Lúchnikov) con Rusia, gira esta novela ambiciosa que realiza una profunda crítica y amena radiografía de la historia y la vida en la URSS y su futuro social y político.
Lúchnikov es un periodista hábil, populista, consciente de su fama y de su poder personal. Viaja por todo el mundo y tiene contactos en las altas esferas de los principales gobiernos del mundo; también se relaciona con destacados dirigentes comunistas y con miembros del KGB dedicados a Crimea. A pesar de conocer las limitaciones a la libertad, el patético fracaso de las medidas económicas, las perversiones del totalitarismo y el pavor a perder el control de la sociedad del Partido Comunista, considera que el único camino que le queda a Crimea es regresar a sus raíces y fundirse con Rusia. En su vida ocupan un destacado lugar su padre y su hijo, Antón, a pesar de que ha tenido con él una relación distante y su ideario se aproxima más al de los iakis; y en la novela también tienen su importancia sus relaciones amorosas, de manera especial con una de sus amantes, Tatiana Lúnika, uno de los principales personajes de la novela, una presentadora rusa de televisión que ha sido campeona de atletismo internacional y que está casada con un deportista ruso que encarna la sumisión a los dictados comunistas.
La novela es detallista al máximo a la hora de ofrecer desde diferentes perspectivas la vida en la URSS, con algunas luces y sus muchas sombras, donde con palabras del autor, “sigue malviviendo en ausencia de derechos, en la oscuridad espiritual, en la escasez y la mentira”. Y también la de Crimea, ejemplo de cómo podía haber sido Rusia si la Revolución no hubiese triunfado. Hay muchos personajes con los que aborda temas colaterales, muy interesantes: el simbolismo del encuentro de Lúchnikov con la milagrera Eudokía, la relación con Dim Shebeko, hijo de un dirigente del KGB y artista underground; el cineasta fracasado Vitali Gángut; un millonario americano dedicado al mundo del cine y su coro de exiliados rusos, los dirigentes del Partido Comunista (retratados como una banda de gángsteres de Chicago), el mundo de los evapro, los compañeros de Instituto de Lúchnikov…
Aksiónov maneja una prosa descriptiva, irónica y muy gamberra. Lúchnikov es un personaje acomodaticio y moralmente frívolo, que solo vive para sus caprichos personales (sean estos políticos o sexuales). Pero su sentido periodístico de la vida permite ofrecer una imagen poliédrica de la realidad y realizar una disección en carne viva del combate entre el comunismo y el mundo occidental, ninguno de los dos idealizados por el autor. Novela de largo aliento, en la que se mezcla la novela distópica con la sátira y el thriller político, con la que Aksiónov supera los límites temporales y políticos del contexto en el que se ambienta para realizar una parábola de carácter más universal sobre el choque entre el poder del individuo y el destino de la colectividad. 


Isla Crimea
Vasili Aksiónov
Automática. Madrid (2018). 
512 págs. 22 €.        
Traducción: Yulia Dobrovolskaia y José María Muñoz Rovira.

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