lunes, 3 de septiembre de 2012

"Un mundo aparte", de Gustaw Herling



Sucede que, cuando quiero describir objetivamente un campo de trabajo soviético –escribe el autor polaco Gustaw Herling (1919-2000)-, debo descender a los abismos más profundos del infierno”. La misma sensación he tenido cuando he leído estas memorias de los dos años que Herling estuvo condenado en el campo de trabajo de Kárgopol, en Yártsevo, en el Gran Norte de Rusia: un absoluto y radical viaje a los infiernos de la infamia y la degradación de la condición humana.

Herling, militante de las Juventudes Socialistas polacas, fue detenido en 1940 por la tropas soviéticas en la frontera con Lituania, cuando abandonaba su país para luchar contra los alemanes. El autor es una víctima más de los acuerdos soviético-alemanes, como miles de compatriotas polacos, cuyas consecuencias en años posteriores han contado de manera extraordinaria Jósef Czapski en En tierra inhumana (Acantilado), Janusz Bardach en El hombre, un lobo para el hombre (Libros del Asteroide), Jan Karski, Historia de un estado clandestino (Acantilado), Alexander Wat en las memorias Mi siglo (Acantilado), Miron Bialoszewski en Diario del levantamiento de Varsovia (Alba), Ester Hautzig en La estepa infinita (Salamandra) y, entre otros, Jerry Andrzejewski en Cenizas y diamantes (Alba).

Herling, que había estudiado Literatura en la Universidad de Varsovia, escribió Un mundo aparte años después de acabar la Segunda Guerra Mundial. Liberado del campo por los rusos en 1942 tras declarar Alemania la guerra a la URSS, Herling se incorporó al nómada ejército polaco y, al finalizar la contienda, se instaló en Italia.

En 1953, en Inglaterra, publicó por vez primera estas memorias, recibidas de manera gélida por los intelectuales europeos de izquierda, como ya habían hecho con otros testimonios parecidos de la represión soviética. Fue tras el tsunami que provocó Solzhenitsyn en la década de los setenta cuando, sobre todo en Francia, colonizado intelectualmente por la URSS, comenzó a cuestionarse la todopoderosa maquinaria de propaganda soviética, que se había instalado con comodidad en las conciencias de muchos intelectuales de izquierdas. Lo que contaron Aleksandr Solzhenitsin, Varlám Shalámov, Vladimir Voionóvich, Evegenia Ginzburg, Víctor Serge, Jiri Weil, Arthur Koestler, Lev E. Razgón, David Grosman, entre otros; y los vergonzosos sucesos que padecieron escritores como Pasternak, abrieron las puertas a la disidencia propagandística. Curiosamente, estas memorias de Herling no se publicaron en Francia hasta 1985, con prólogo del escritor español Jorge Semprún. En España, se publicaron en el 2000, pero ahora aparece por vez primera su traducción directamente del polaco, idioma en el que fueron escritas.

Se trata de un testimonio de la vida en los campos de trabajo soviéticos de primera magnitud. Herling cuenta sus dolorosas vicisitudes personales, situaciones casi imposibles de explicar por el desprecio absoluto al ser humano que imperaba en la vida de estos campos. Herling explica el funcionamiento manipulador de la justicia y las inhumanas maniobras de control que, como si tal cosa, se convertían en moneda diaria en la vida de los campos. Junto con la agónica descripción de su experiencia personal, lo más sobresaliente de Un mundo aparte es la mirada del autor ante lo que le rodea. Primero, lo bien que explica el metódico y maquiavélico funcionamiento de la vida del campo: las horas de trabajo, la comida, la división de los reclusos en barracones, el poder de los urkas (delincuentes comunes), la vida cotidiana, el hambre, las enfermedades, la Casa de Visitas... Y, lo más importante, la actitud compasiva con la que se relaciona con el resto de los reclusos y que le permite conocer muchas historias dramáticas que nos transmite con fidelidad. Como las del coronel Pavel Ivánovich, Mijaíl Alekséievich Kóstylev, la del kulak Pamfílov, la del expope Dimka, del profesor Borís Lazaróvich y la presa Natalia Lvovna, quien le presta uno de los libros prohibidos en el campo, Apuntes de la casa muerta, de Dostoievski, libro clave para entender mejor este libro, pues se inspira en él para su redacción.

Sólo en la cárcel se puede comprender que una vida de la que nada se espera no tiene ningún sentido y se llena de desesperación hasta los topes”. No son reflexiones en el aire. Cada una de ellas está encarnada en un trozo de vida, en una persona de carne y hueso, en un ser real. Aquí nada es producto de la imaginación, y lo que escribe Herling pone los pelos de punta por la degeneración absoluta de un régimen inhumano, carente de los más mínimos sentimientos. Herling, uno de los escritores polacos más importantes de la segunda mitad del siglo XX, cuenta además todo esto con una impecable y meritoria calidad literaria. Para Semprún se trata de “una obra literaria perfecta”. Y Bertrand Russell, que prologó la edición inglesa de 1953, opinaba que Un mundo aparte “posee una extraña fuerza descriptiva, sencilla y vívida, y es absolutamente imposible dudar de su sinceridad en todos los aspectos”.







Un mundo aparte
Gustaw Herling-Grudzinski
Libros del Asteroide. Barcelona (2012)
360 págs. 22,95 €.



domingo, 2 de septiembre de 2012

"Cartas de Italia", de Josep Pla



Reúne este volumen, prologado en 1954, diferentes escritos del escritor catalán Josep Pla (1897-1981) sobre Italia, uno de sus destinos favoritos y país al que viajó en numerosas ocasiones, con diferentes motivos. Italia, para Pla, “ofrece un temario vastísimo y suscita reacciones inagotables”. En el prólogo dice que es un “libro de sensaciones organizadas alrededor del color verde fresco con que se pintan las ventanas de Italia”. El tono de familiaridad es constante, ya que, como comenta el autor de El cuaderno gris, viajar a Italia nunca le ha hecho sentirse extranjero y no hay en ella “nada de insípido”.

No se trata de una guía turística al uso, aunque sus apreciaciones son muy agudas y ayudan a conocer mucho mejor las ciudades que visita, casi todas las importantes (Milán, Turín, Bari, Nápoles...), con la excepción de Roma, ciudad que considera un caso aparte y por eso no aparece en este libro. Junto con interesantes observaciones sobre el carácter de los italianos, destacan algunas impresiones personales de Pla sobre su propia escritura: “los escritores que adolecemos de una falta de imaginación casi ridícula necesitamos para escribir, más que formas conocidas y familiares, fuertes estímulos externos”.

Hay un hilo conductor, y ese es el propio Pla, su aguda capacidad de observación, sus espontáneos comentarios y su facilidad para trasladar al papel sensaciones, descripciones, hitos históricos, anécdotas, encuentros ocasionales, etc., con un lenguaje brillante y con esos adjetivos suyos tan sorprendentes. Describiendo la ciudad de Asís, dice: “Lo cierto es que Asís reúne todas las bondades que exige un temperamento místico: es un pueblo pobre, reseco, calcinado, de color marfil, perfumado de hierbas secas y muy limpio”. Y el capítulo dedicado a la ciudad de Génova concluye de la siguiente manera: “Génova, soberbia y mísera, trituración frente al mar, angostura bajo el cielo azul, graderío implacable de la vida, ojo fatigado ante el transatlántico ocasional, rosa y verde entre la montaña pelada y arenosa y el mar glauco, aceitoso y cansado”.

Su prosa, límpida, evocadora, funcional, subjetiva, socarrona y periodística es la gran protagonista del libro. Y como infatigable viajero, incluye Pla una obligatoria recomendación: “Lo primero que es necesario para viajar es un buen estómago”.


Cartas de Italia
Josep Pla
Austral. Madrid (2011). 254 págs. 7,95 €. T.o.: Cartes de’Italia. Traducción: Pedro Gómez Carrizo.


viernes, 31 de agosto de 2012

"Al oeste con la noche", de Beryl Markham


Recupera Libros del Asteroide este libro ya publicado en España en la década de los ochenta, antes de la muerte de su autora, Beryl Markham, nacida en 1902 en Inglaterra y fallecida en Kenia en 1986. Beryl vivió desde los cuatro años en el África oriental, en una granja en Njoro, cerca del valle del Rift. Cuando su madre y un hermano abandonaron Kenia, ella permaneció con su padre hasta 1936, año en el que finalizan estos recuerdos. Posteriormente, vivió en Estados Unidos –donde publicó en 1942 este libro- y en Inglaterra, y en la década de los cincuenta regresó a África, donde vivió hasta su muerte.

En 1937, Karen Blixen había publicado Memorias de África, libro que transcurre en los mismos escenarios que Al oste con la noche y casi con protagonistas parecidos, pues Beryl Markham compartió amistad y aventuras con el barón Von Blixen, Tom Black y Lord Delamere. Aunque el de Blixen contiene también sus experiencias personales, el tratamiento es más narrativo y literario que el de Marckham, un libro más directo, personal e intuitivo.


Al oeste con la noche contiene algunos recuerdos y evocaciones de África por parte de una mujer identificada plenamente con la vida en aquellas tierras. “De niña –escribe- me pasaba días enteros con los muramis nandis, cazando descalza en el valle de Rongai o en los bosques de cedros de la escarpadura deMau”. Beryl comparte amistades, juegos y vivencias con los nandi, kavirondo, masai y kikuyus. Pronto aprende a cazar jabalies. Le encantan los animales. Tiene un perro, Buller, que es todo un personaje. También se dedica a criar y entrenar caballos. Cuando, tras arruinarse, deben abandonar la granja familiar, Beryl se traslada con diecisiete años a Molo para trabajar como entrenadora, mientras su padre viaja hasta el Perú para emprender nuevos negocios. No lleva Beryl una vida regalada; debe de trabajar, y mucho, para poder sobrevivir.

La relación que tiene con los caballos, familiar, íntima, ocupa varios capítulos. En ellos habla del carácter de Camciscan, un caballo traído desde Inglaterra que no puede controlar sus prontos agresivos; y también de Wise Child, una yegua con problemas en los tendones que gana una de las más importantes carreras, tras un brillante entrenamiento. O el nacimiento de Pegaso, su caballo, tras el parto de Coquette.

Junto con los caballos su otra gran pasión fue la aviación. Beryl abandonó su carrera como adiestradora para ser una brillante piloto en unos tiempos pioneros y complicados. Muchas de las aventuras que cuenta y las personas con las que se relacionó tienen que ver con su trabajo como piloto. El libro acaba con un capítulo, ya de regreso a Inglaterra, en 1936, tras un viaje lleno de percances, en el que describe el histórico vuelo que realizó en solitario sobrevolando el Atlántico.

Resulta muy emotivo el trato que tiene con algunos de sus empleados y con miembros de las tribus con las que convivió –Arab Ruta, Arab Maina, Bishon Singh, Toobo, Otienoo-, quienes le transmitieron sus costumbres y creencias con toda naturalidad. La autora desea transmitir en este libro su fascinación por África y por sus gentes. Y lo hace con un estilo evocativo y poético que suaviza en ocasiones las duras experiencias que está transmitiendo. No quiere Markham contar su autobiografía, pues los detalles personales e íntimos apenas aparecen en un relato volcado hacia el exterior y hacia las sensaciones que ha dejado en ella, una mujer muy independiente, su enriquecedora experiencia africana.

Al oeste con la noche
Beryl Markhan
Libros del Asteroide. Barcelona (2012). 314 págs. 21,95 €. T.o.: West With the Night. Traducción: Miquel Izquierdo

miércoles, 29 de agosto de 2012

Apoteosis del dominguero

Hace ya muchos años, muchos, escribí este relato/parida sobre la fascinacion que siento por los "domingueros", que no puedo ocultar. Siempre que al pasar por la nacional de Badajoz, a la altura de Talavera, veo la señal de entrada al Pantano de Cazalegas se me saltan las lágrimas. Y lo mismo me pasa cuando paso cerca de la Boca del Asno, al lado del Puerto de Navacerrada, lugar que he elegido como escenario para este relato. Pienso que este texto, escrito como un reportaje, explica bien lo que siento por los "domingueros", mi respeto, admiración y cariño. Y con él, muchos entenderán esa nostalgia que me atrapa y me emociona al ver y pensar en Cazalegas y la Boca del Asno. Mi personal aportación al bucolismo.



Con una gran asistencia de público, se celebró el último domingo del mes de junio la final del V Open del Dominguero, prueba con la que concluye esta temporada el Circuito World of Dominguer’s, competición interna­cional que sirve de preparación inmediata para los Campeonatos del Mundo que se celebrarán el año próximo en el pantano de Cazalegas (Toledo). El Open tuvo este año una sede muy especial, la emblemática Boca del Asno, paraje próximo a La Granja (Segovia) y sede habitual de las finales de los Campeonatos de España y de algunas de las pruebas clasificatorias del Campeonato del Mundo.


Desde muchas horas antes del comienzo de las pruebas, el ambiente en las explanadas de las pistas de la Boca del Asno y en la vecina Los Asientos era sencillamente espectacular. Hasta allí acudie­ron muchos autocares y multitud de coches particu­la­res de toda España, algunos para animar a sus familias favoritas y otros para disfrutar del ambiente de camaradería y profesiona­lidad que se vive de manera muy especial en estas competiciones. Como todos los años, la Boca del Asno ha sido el escaparate donde los aficionados a este deporte comprueban los nuevos experimentos, las tácti­cas incorporadas por escuderías extranjeras, los campeones consolida­dos, las jugadas maes­tras, los récords difíciles de superar...



El recorrido del Open de la Boca del Asno, el más temido por todos los domingueros participantes, es tremendamente complicado y sinuoso: hace falta ser todo un campeón dominguero para superar todos los obstáculos, a cual más complicado, y acabar el recorrido airoso, sin apenas penalizaciones durante su trayecto. Todos los años, el porcentaje de familias que se retiran es de más de un 50%, cifra alta si se considera que los que acuden a este Open ocupan los primeros puestos en los circui­tos nacionales e internacionales. Y es que no es tan fácil adap­tar­se al terreno y a las condiciones ambientales, lo que provo­ca abandonos de las abuelas, errores de cálculo en la disposi­ción de las viandas, ataques histéricos de conductores medio­ dormidos, accidentes en los atascos preparados, inundaciones de hormigas, roturas del material de campaña, etc.





Para los más entendidos, la parcela número siete es la que tiene el mayor índice de peligrosi­dad. La prueba consiste en una acelerada contrarreloj en la que hay que preparar una merienda campestre con objetos que propor­ciona la madre Natu­raleza, entre los que son obligatorios los arándanos, las acederas y los níscalos o las setas (el comité técnico admite las dos varian­tes); después de preparar todo encima de un limpio y reluciente mantel de campaña (casi siempre a cuadros, aunque se comienzan a admitir otros diseños, con la opinión en contra e los puristas), una súbita tormenta de verano, con pedrisco incluido, obliga a los participantes a recoger todo en un tiempo récord. Cada hueso de aceituna se penaliza con cinco puntos y se descalifica al equipo que recurra a las servilletas y vasos de papel, más fáciles de deshacerse de ellos.


La parcela uno también ha tenido este año una resonancia especial, no sólo porque los favoritos, la familia Sánchez Gutiérrez, de Fuenlabrada, fueran descalifi­cados a la mínima de cambio por hacer trampas de una manera miserable. Durante tres horas, en una carretera en la que el sol cae de plano, en coches sin aire acondicionado y donde sólo se puede escuchar música de Luis Cobos, los domingueros tienen que soportar un impro­visado atasco, sin poder salir del coche, con la compañía de tres niños agotadores y llorones (también pueden ser niñas, según las últimas normas dictadas por la Federación Mundial) que, además, se están meando. Sólo los muy expertos domingueros aceptan con heroísmo y paciencia las dificultades que acarrea una prueba de estas características. Esta parcela estuvo prohibida durante unos años por su dureza y por los trágicos sucesos de la final del año 1987, en la que se ahorcaron cuatro conductores después de apuñalar a los niños, a las abuelas y a todos sus acompañan­tes. Hoy, que la gente siente más atracción por el vértigo y por las experiencias límite, se ha vuelto a recupe­rar con una gran aceptación de crítica y público, a pesar de que las muertes continúan repitiéndose. La familia Sánchez Gutiérrez son los conocidos autores del best-seller Decálogo del perfecto dominguero, libro más vendido en la última Feria del Libro de Madrid, del que entresacamos las siguientes y acertadas reflexiones:


“Hay cosas que no se improvisan; se nacen con ellas. Ser dominguero es algo tan esencial, y vocacional, como ser blanco o negro, o ser del Real Madrid o del Atlético. Los mejores domingueros, los que disfrutan en un atasco y los que regresan al hogar con suculentas picaduras de mosquitos y tábanos, lo son por tradición familiar, por apego a unas constantes vitales familiares que los hombres han sabido conservar, sabiendo lo mucho que se juegan cada domingo. (...) Es cierto que existe mucha diferencia entre el dominguero profesional y el simple aficionado oportunista. Hoy día hay mucho intrusismo, mucho oportunista que va por la vida de dominguero cuando en realidad es un chapuzas. (...) Ser dominguero se transmite con orgullo de padres a hijos en muchos lugares de España. Sin embargo, en las grandes capitales, se están buscando fórmulas que permitan el acceso a ser dominguero a personas que no tienen ninguna tradición familiar (las piscinas municipales son, hasta ahora, un buen semillero para el lanzamiento de este deporte). (...).




Algunos de los rasgos más característicos de perfecto dominguero son:


1.- Rechazo de la improvisación: Todo debe estar absolutamente medido y calculado.


2.- Huida de la originalidad: Un dominguero no arriesga, no innova. Sólo los domingueros aficionados, o los aventureros frustrados, son los que intentan buscar nuevas rutas o planes siderales, o los que incorporan al utillaje del dominguero elementos excesivamente modernos. ¿Alguien ha visto un dominguero con cascos? Los pueden llevar los hijos -eso sí se permite- pero no que los lleve el verdadero protagonista.


3.- Aprecio por la masificación: El dominguero es un ser solidario, comprometido, que se siente a gusto con los demás. No se vuelven locos por buscar un lugar apartado, donde no haya nadie. 


4.-Perseverancia y constancia: No se es dominguero un solo domingo. Se es dominguero todos los domingos, uno tras otro, haga buen tiempo, llueva o se haya puesto mala la abuela.


5.- Sin miedo al ridículo: El dominguero no deja de hacer lo de todos los domingos porque le entre una sensación de ridículo existencial: si hay que lavar el coche en un arroyo miserable, se lava el coche porque así está previsto. Además, a un dominguero no se le cae la baba ni siente envidia por cosas más modernas. Por ejemplo, hay gorras americanas baratas que también quitan el sol, pero sería un atentado contra la tradición tirar a la basura la gorra de Titanlux para sustituirla por un elemento extraño, y más aún si es americano. El dominguero es un producto nacional, intrahistórico, terruñero, carpetovetónico.


6.- Obediente a las reglas: Se necesita tener un espíritu dócil y obediente, amigo de las empresas que tienen el éxito asegurado en la constancia y en lo establecido. La esencia de ser dominguero no puede alterarse en unas votaciones. Y es difícil que también cambien la mayoría de los elementos que lo definen, por mucho que evolucionen las marcas y el progreso, y los japoneses intenten hacerse con el control. Los domingueros saben hablar de la tradición, de los mayores. Todos tienen en sus casas fotos de parientes antiguos en bañador que han sido domingueros hasta el fin de sus días, sin dejarse vencer por las tentaciones de pasar una tarde de domingo delante del televisor o viendo una corrida de toros. El dominguero respeta a los mayores y sus instituciones.


7.- Familiar: Un dominguero sin familia, sin niños revoloteando a su alrededor y sin abuela que ronca al echarse la siesta no es un dominguero oficial sino un simple y miserable aficionado. En algunas ciudades, se ha puesto en práctica un cómodo y práctico sistema de alquiler de niños y abuelas, pero no es lo mismo. Por desgracia hay cosas que no son fáciles de enseñar: por ejemplo, los niños alquilados obedecen siempre y las abuelas alquiladas comen de todo.


8.-Gustos decimonónicos: El buen dominguero no vive pegado a la actualidad. Sus gustos musicales son los de hace dos o tres décadas, y no se pueden alterar. Tampoco el dominguero se deja llevar por las modas a la hora de introducir cambios en los bañadores. La abuela nunca lleva bañador y lo máximo que hace es meter los tobillos en el agua para refrescarse. A varias familias se les ha tenido que retirar el carnet de dominguero porque la abuela, la muy egoísta, les ha salido nadadora.


9.-Una difícil armonía: No es frecuente que brille la comprensión y la amabilidad entre los miembros de un equipo de domingueros, por muy familiares que sean. Es bueno que, al principio del día, todos muestren ganas de no tener problemas, pero a la mínima de cambio deben empezar las discusiones. Hay varios momentos claves, que deben cumplirse obligatoriamente, como manda el reglamento: antes de salir a primera hora de la mañana, cuando están preparando todo y la mujer no encuentra el salero, ni el vinagre, ni la tapa de una de las tarteras; cuando, ya en el coche, uno de los niños, a ser posible el gordo, quiera devolver y el padre no tenga ganas de parar.


10.- Consolidación de los tópicos: Los domingueros fomentan subliminalmente algunos de los tópicos románticos de nuestra sociedad. Por ejemplo, el padre a veces para el coche para decir "mirar que puesta del sol más bonita" o "qué paisaje más bonito se ve desde aquí, qué verde". El feminismo será el cáncer del dominguero. El marido se echará la siesta siempre, tenga ganas o no, y la mujer jugará al cinquillo con la abuela y el matrimonio más cercano, tenga ganas o no (...)". 


Hasta aquí unos pocos pasajes del conocido libro de la familia Sánchez Gutiérrez, una especie de catecismo y vademécum para todas las sagas de domingueros que son y han sido. Pero volvamos al campeonato.






Otra de las pruebas más duras está en la parcela 8: alrededor de una piscina de aguas tibias (al público se le permite mear hasta diez minutos antes de que dé comienzo la competición) y repleta de extras voluntarios hasta los topes, unas tumbonas acogen desgana­damente la abulia y la vagancia de los domingueros. Durante toda una mañana de sol abrasador deben aceptar resig­nadamente: a) una cinta de gritos de niños bañándose y jugando y chillando en la piscina; b) los avisos cada diez minu­tos por los altavoces de niños que se han perdido; c) los susurros de una bandada ham­brienta de moscardones y tábanos, y las molestias de unas moscas espe­cialmente prepara­das para posarse intermiten­temente en la cara y cuerpo de los concursan­tes; d) los golpes de las fichas de dominó contra la mesa de mármol de una partida que se retransmite en una pantalla de vídeo gigante. A la duras condiciones que de por sí tiene esta prueba hay que añadir que al dominguero-padre, que debe permanecer impertérrito en la tumbona, no se le permite usar la gorra de Titanlux ni untarse nivea por la espalda y por las piernas; también deben estar muy próximas su señora, una vecina-dominguera y la abuela charlando sin parar de ropa, de famosos y de lo mal que comen los niños, mientras escuchan un consultorio sentimental que dirige la periodista Inma Soriano y que inter­cala las conversa­ciones con canciones folklóricas.





Por último, hay que destacar la parcela número dos, en la que está en juego la habilidad de toda la familia: en un tiempo máximo de media hora hay que preparar la siguiente comida: 1.- una ensalada de lechuga, tomate, pepino, aceitunas verdes con hueso y bonito; 2.- dos latas medioabiertas de sardinas con tomate; 3.- Una tartera de dos pisos: arriba los pimientos y abajo la tortilla de ayer; 4.- tres zarajos; 5.- tres lonchas de panceta; 6.- cuatro chorizos de Segovia; 7.- dos latas caducadas de anchoas de Santoña.




Antes de la hora de la salida los gestos de los domingueros mostra­ban responsabi­lidad y seriedad. Muchas familias eran conscien­tes de lo que se jugaban en este Open. Una mala puntua­ción por penalizaciones leves -un retraso en la apertura de las tarte­ras, la falta de aceitunas con hueso en la ensala­da, el olvido infantil de los pimientos verdes, una súbita e inesperada tos de la abuela durante el simulacro de siesta- supondría la pérdida de jugosos acuerdos publicitarios y, quizás, la rescisión del contrato con su equipo. En boxers, todos los detalles eran una y otra vez repasados: la leña para el fuego especialmente traída del pueblo, los hielos y la nevera con un melón, la toquilla de la abuela, las gafas de bucear del niño mayor (luego nunca se las pone porque le roza la correa de plástico en las orejas), el porrón, las serville­tas a cuadros, las latas de conservas (mejillones, pulpo, caballa), los calcetines marrones del padre, el bañador de la abuela, las toallas con diseños juveni­les para los niños; también en boxers se echaba el aceite a las tumbonas, se reponían las pilas de la radio de la abuela, se tenían a mano los botes de nivea, se secaban al sol las esponjas y trapos para limpiar luego el 1.500, se repasaban las casetes obligatorias del coche -Luis Cobos, Georgie Dann, Luis Aguilé, Mary Trini, Paloma San Basilio, Elsa Baeza, Jaime Morey, Las Grecas, Bertín Osborne, sevilla­nas-, se ensayaban canciones tomadas del "Cancionero del Dominguero": "Ahora que vamos despacio/ vamos a contar mentiras", "Un rayo de sol, uahhooooohhhhho", Eva María se fue, buscando el sol en la playa, con su maleta de piel y su bikini de rayas", "Un flecha en un campamento", "Un elefante se balanceaba sobre la tela de una araña", "Tris­te y sola, sola se queda Fonseca", “Otro vacho de chervecha que se sube a la cabecha”, etc.




Había nerviosismo, competencia, pero, conviene destacarlo, brillaban el compañerismo y la profesionali­dad. Entre los domingueros no hay sitio para la improvisación ni para el caos; todo está sutilmente medido, pensado, preparado, ensayado. El domin­guero auténtico no puede -aunque tenga ganas y se lo pida el cuerpo- dejarse llevar por un falso espíritu aventurero; no puede buscar nuevas vías, ni descubrir nuevos mundos, ni explorar parajes insólitos. El domin­guero basa su efectividad en lo trillado, en el efecto repetitivo, en el acto supeditado a un plan superior, en la jerarquía de los impulsos contro­lados.




Los campeones de este V Open del Dominguero fueron la familia Pérez, de Arganda, campeones de Madrid en tres ocasio­nes y el año pasado subcampeones de España en la modalidad de "domingueros de camping"; lástima que una lesión de la abuela -una mala caída desde una de las tumbonas oficiales- les tuvo aleja­dos de los primeros puestos en competiciones anteriores; ya con la abuela en forma, han demostrado que son una familia que puede dar mucho de sí en el próximo Campeonato del Mundo. Los segundos clasifi­ca­dos fueron la familia Martínez, de Mósto­les: fueron en prime­ra posición durante todo el recorrido, donde sobresalieron por su encomiable preparación física, pero recibieron una dura penalización cuando fueron descubiertos mientras oían una can­ción de Dyango, cantante que todavía no figura en la lista oficial de música recomendable por el Comité Técnico.


Terceros clasificados fueron la familia Fernández, de Alcobendas, récord de España en la modalidad de aperitivos y manteles. Hicieron el recorrido con pericia, habilidad y abnegación, pero un mísero fallo -los cuatro componentes infantiles de la familia apenas protestaron cuando el padre, muy serio, les exigió hacer dos horas y media de digestión antes de volverse a bañar- les restó una bonificación espe­cial. Esta familia cuenta, además, con una olímpica abuela, la señora Ambrosia, seleccio­nada para el equipo ideal de domin­gueros en los pasados campeona­tos mundiales.




martes, 28 de agosto de 2012

"La gente corriente de Irlanda", de Flann O'Brien


Alabado por sus compatriotas James Joyce y Samuel Beckett y considerado por Harold Bloom en su Canon occidental como uno de los escritores irlandeses más importantes en lengua inglesa, la fama y el prestigio de Flann O’Brien (seudónimo de Brian O’Nolan, 1911-1966) no paran de crecer, aunque en su tiempo tuviera una difusión muy restringida. A partir de su muerte, y de manera especial desde la publicación póstuma de su novela El Tercer Policía, O’Brien ha empezado a conocerse en el extranjero. Y eso que no es nada fácil traducirlo, pues en muchos de sus escritos combinaba el inglés y el irlandés. Confirma esta dificultad en el prólogo de La gente corriente de Irlanda Antonio Rivero Tavarillo, también responsable de la traducción.

En el aniversario de su centenario, Nórdica publica una selección de las más de tres mil columnas periodísticas que O’Brien escribió para The Irish Times desde 1940 hasta 1966. Con anterioridad, Nórdica ha publicado todas sus novelas: El Tercer Policía, Crónica de Dalkey, La boca pobre, La vida dura y En Nadar-dos-pájaros. Estas obras, inclasificables, basadas en increíbles parodias literarias y lingüísticas, derrochan ironía, vanguardismo y sentido del humor. No se trata de libros populares, comerciales, sino de inteligentes experimentos literarios, la mayoría arriesgados.

Las mismas características estilísticas aparecen en estas variadas colaboraciones periodísticas, pues en ellas tienen cabida desde la descripción de inventos absurdos hasta interesantes análisis sobre los vicios del lenguaje popular, pasando por sus imaginativos y desternillantes dardos contra la sociedad literaria de su tiempo. Las firmó con seudónimo para tener más libertad a la hora de escribir, ya que O’Brien trabajaba en la Administración Pública y llegó a ser secretario de varios ministros.

No es O’Brien, sin embargo, un escritor corrosivo. Lo suyo es la mirada irónica de la realidad, aunque siente una especial inclinación por ridiculizar los clichés y estereotipos léxicos, literarios y sociales más extendidos y cimentados en la sociedad de Dublín. Llegó a definirse como “inspector de sanidad nacional y literaria para Irlanda”. Y aunque es muy local, como les suele pasar a los grandes escritores, el alcance de su sátira es universal. Para Rivero Tavarillo, experto en la obra del escritor irlandés, en sus columnas “siempre brillan la erudición, la parodia, y ese rasgo sin el que un escritor (y más aquel que se desenvuelve en periódicos) está perdido: un fino oído acompañado de la capacidad de reproducir el lenguaje del común en letras de molde”.
Recomiendo este artículo de Luis Rivas publicado en la revista "Ambos Mundos: http://www.ambosmundos.es/cincoestrellas/flann-obrien-humor-para-sublimar-el-nihilismo/ Una excelente aproximación a todas sus novelas y a su literatura.
La gente corriente de Irlanda
Flann O'Brien
Nórdica. Madrid (2011).
412 págs. 22,95 €.
Traducción: Antonio Rivero Tavarillo.


lunes, 27 de agosto de 2012

"Una temporada para silbar", de Ivan Doig


Varios temas aborda Ivan Doig (Montana, 1939) en esta novela muy americana, Una temporada para silbar, que está ambientada en una granja de Montana, en la aldea de Marias Coulee. Doig, inédito hasta ahora en castellano, habla de la vida cotidiana en una de estas minúsculas aldeas, centrándose en la familia de Paul Milliron, el narrador-protagonista; por otro lado, la novela es una encendida defensa del papel que han desempeñado las escuelas rurales en el desarrollo de estas localidades y, de paso, un apasionado elogio de la profesionalidad de unos maestros que, en medio de circunstancias adversas (climatológicas, familiares, históricas, etc.), han contribuido a dignificar la vida en aldeas como Marias Coulee. De hecho, Paul, el protagonista, es un excelente estudiante que con el paso de los años ha llegado a ser Superintendente de Instrucción Pública en Montana.

De hecho, de él depende la decisión de que desaparezcan o no estas escuelas. La novela comienza en la década de los 50 cuando Paul tiene que decidir sobre un asunto que le afecta de lleno, pues él ha llegado a ser lo que es gracias a estas escuelas rurales. Las vueltas que le da al asunto le llevan a recordar su vida a principios de siglo en Marias Coulee, su asistencia a la escuela, los maestros que tuvo y, de modo muy especial, su vida familiar, afectada de lleno por la pronta desaparición de su madre. Paul tiene otros dos hermanos más pequeños y, además de estudiar, ayuda en todo lo que puede en los trabajos de la granja. Pero su padre, Oliver, se siente desbordado por las circunstancias y decide contratar a una asistenta. Un curioso anuncio en un periódico –“No cocina, pero no muerde”- lleva a Oliver a ponerse en contacto con Rose, a quien acaban contratando.

Pero Rose no aparece sola. Llega a Marias Coulee con su hermano Morris, un personaje que no encaja nada en la vida de una granja. Morris es una persona erudita, un intelectual que no tiene ninguna experiencia en los trabajos manuales, a los que tiene que dedicarse en principio para sobrevivir. Pero pronto cambian las tornas y Morris se convierte en el maestro de la minúscula escuela de la aldea. Y con sus apasionantes métodos pedagógicos, revoluciona la escuela e, indirectamente, la vida en Marias Coulee.

Pero no se queda esta novela, publicada en 2006, en el retrato nostálgico y bucólico de un modo de vida ya desaparecido en parte. Las vidas de Morris y de Rose esconden misterios que poco a poco irán saliendo en la novela y que afectan de lleno a la familia de Paul.

Una temporada para silbar
Ivan Doig
Libros del Asteroide. Barcelona (2011)
360 págs. 21,95 €.


domingo, 26 de agosto de 2012

Selección de lecturas Verano 2012

Ahora que casi está a punto de acabar el verano es, quizás, el momento más apropiado para leer alguno de esos libros que hemos metido en la maleta y que, al final, como pasa casi siempre, ni siquiera hemos empezado. Suele pasar. Al principio del verano todo el mundo mete en la maleta una lista de libros para el verano. La experiencia demuestra muchas veces que luego nadie lee nada. Por eso, ahora puede ser el momento de dedicar algo de tiempo a la lectura. Propongo una lista de libros que se sale del guión de lo más comercial.


Christopher Morley, La librería ambulante. Helen McGill es una mujer que ronda los 40 años, soltera, que ha llevado una vida bastante monótona, primero como institutriz y los últimos 15 años, con su hermano Andrew, sacando adelante una pequeña granja familiar. Pero las cosas cambian de golpe cuando aparece Roger Mifflin, un librero ambulante que quiere vender su carromato. En un arrebato, Helen compra la librería, pues atisba que detrás de esa decisión se encuentra quizás la última oportunidad para abandonar la vida que lleva. Helen abandona la granja y recorre algunos pueblos con Roger, quien le explica cómo hay que vender libros y hablar de ellos. Andrew, el hermano, no acepta la huida de su hermana y hará todo lo posible para que vuelva. (Periférica. 184 págs. 16,75 €.).


Kenneth Grahame, La edad de oro. Este escritor escocés (1859-1932) es conocido sobre todo por El viento en los sauces (1908), una obra maestra de la literatura juvenil. La edad de oro es anterior, de 1895. En primera persona, se cuentan retazos de la infancia del narrador en una zona rural y de sus hermanos, huérfanos, que viven con unos tíos. El tema permanente es el contraste entre la vida de las personas mayores y la de los niños. Este contraste marca el tono del libro, irónico y lleno de toques de humor, aunque los protagonistas son conscientes, por otra parte, de que es una época que se les terminará pronto. (Rialp. 143 págs. 13 €.).

Philippe Pozzo di Borgo, Intocable. Este libro, famoso por su reciente versión cinematográfica, es la autobiografía de este aristócrata francés, que quedó tetrapléjico. El relato consta de dos partes claramente diferenciadas. En la primera, tras una vida llena de lujos, Philippe conoce a Beatrice, quien acaba siendo su mujer. Muy deportista, el autor sufre el accidente que cambiará su vida. Desde ese momento, la autobiografía deja de ser una frívola crónica familiar, donde lo más importante no es su dolor sino la influencia de Beatrice, ella también enferma de gravedad. La fe cristiana que transmite a su marido le ayuda a recuperar la esperanza. En la segunda parte se narran las relaciones entre Philippe y Abdel, su cuidador inmigrante. Estas páginas, que son las que han inspirado la película, resultan menos ágiles e interesantes, aunque tienen momentos cómicos e irónicos. (Anagrama. 224 págs. 17,50 €.).

D. E. Stevenson, El libro de la señorita Buncle. Años 30 del pasado siglo. Silverstream es un pueblecito inglés chismoso y apacible, que vive muy pendiente de sus propios asuntos. De repente un suceso va a remover para siempre la placidez de sus gentes: la señorita Buncle ("una cuarentona flacucha y sin estilo") escribe una novela inspirada en sus vecinos, donde todos pueden reconocerse sin dificultad. El libro actúa a modo de espejo y todos pueden saber cómo les ven los demás. Esto inspirará conductas audaces, resolverá situaciones románticas, o reconducirá vidas familiares anodinas. La escocesa Dorothy Emile Stevenson (1892-1973) publicó con éxito esta novela en 1934. El planteamiento es original, el desarrollo atractivo e interesante y el estilo apropiado y culto. (Alba. 378 págs. 22 €.).

Beryl Markham, Al oeste con la noche. La autora vivió desde los cuatro años en una granja cerca del valle del Rift, donde permaneció hasta 1936, año en el que finalizan estos recuerdos. El libro contiene recuerdos y evocaciones de África por parte de una mujer identificada plenamente con la vida en aquellas tierras. Beryl comparte amistades, juegos y vivencias con los nandi, kavirondo, masai y kikuyus. Pronto se dedica a entrenar caballos, actividad en la que alcanzó un gran prestigio. Su otra gran pasión fue la aviación. (Libros del Asteroide. 314 págs. 21,95 €.).

Jean Echenoz, Relámpagos. Breve obra inspirada en la vida del inventor Nikola Taslo (1856-1943). No es en propiedad ni una novela ni una biografía sino una “ficción biográfica” de un personaje extraordinario y genial, que compagina una intensísima y enfermiza actividad creativa, riquísima en inventos, con un errático y extraño desenvolvimiento social y personal. Se trata de una fábula ágil, interesante, contada de una manera singular –comedida en sus ingredientes literarios-, que acerca al lector una vida marcada por la genialidad, la hiperactividad y sus consecuencias psicopatológicas. (Anagrama. 149 págs. 15,90 €.).

Edmund Crispin, La juguetería errante. La acción de esta novela protagonizada por el excéntrico profesor y detective aficionado Gervasio Fen transcurre en Oxford, a donde se traslada el poeta Richard Cadogan para descansar de la vida sedentaria que lleva en Londres. Tras un accidentado viaje, se encuentra con una sospechosa tienda de juguetes y, dentro, con una mujer muerta. Este es el detonante de un misterio que, para resolverlo, necesitará de la ayuda de Gervasio Fen. Los dos inician una investigación que pronto les pone en el disparadero de un misterioso caso que tiene que ver con un esperpéntico testamento, una anciana millonaria muerta y una mujer asesinada (Impedimenta. 320 págs. 22,20 €.).

Ota Pavel, Cómo llegué a conocer a los peces. Ota Pavel (1930-1973) es un conocido periodista deportivo y escritor checo. Murió joven, pero dejó unos cuantos libros muy biográficos inspirados en su pasión por el deporte, de manera especial por la pesca, el hilo conductor de los relatos que forman parte del que fue su último libro. Todos tienen una base biográfica, y en ellos, desde diferentes perspectivas y tiempos, aborda su entusiasta dedicación a la pesca y su amor por la naturaleza. Pero además de describir la irresistible práctica de la pesca en diferentes ríos, lagos y circunstancias, hay también un contenido familiar y social. Pavel es un escritor que se encuentra cómodo con la cultura popular y con el habla sencilla de las gentes; por eso, sus relatos derrochan una cordial humanidad. (Sajalín. 208 págs. 16,50 €.)

Kyung-Sook Shin, Por favor cuida de mamá. Primera novela que se publica en España de esta autora coreana. La protagonista es Park So-nyo, una mujer de casi setenta años con demencia senil, que ha vivido siempre en el campo y que, yendo con su marido a Seúl, se pierde en el metro. Su marido y sus hijos hacen todos los esfuerzos para encontrarla, pero no lo consiguen. A partir de aquí, se armoniza un coro de voces que evoca la figura de la madre, descubriéndose innumerables detalles que ponen a Park So-nyo, analfabeta y aparentemente insignificante, como fundamental punto de referencia de la vida de todos. (Grijalbo, 236 págs. 16,90 €.

Tim O’Brien, Las cosas que llevaban los hombres que lucharon. Dentro de su colección “Otra vuelta de tuerca” recupera Anagrama este libro que ya había publicado en 1993 y que con el paso del tiempo se ha convertido en uno de los mejores libros que narran la guerra de Vietnam. Su autor combatió en ella a finales de la década de los 60. Veinte años después, decide reconstruir literariamente su dramática experiencia en este libro, a caballo entre la novela, el libro de relatos y unas memorias. Los sucesos que se cuentan proceden de la experiencia personal del autor, tanto de su etapa como soldado como de la relación que mantuvo años después con sus compañeros. (Anagrama. 266 págs. 19 €.).

Robertson Davies, Levadura de malicia. Davies (1913-1995) publicó en 1951 A merced de la tempestad, con la que iniciaba la primera de sus trilogías, la de Salterton. Levadura de malicia, de 1954, es la segunda novela de esta trilogía. Comienza su trama con la publicación en el periódico local del falso anuncio de boda entre Solly Bridgtower y Pearl Vambrace. Este suceso dispara un conjunto de reacciones y rumores que sirven para describir la vida en esta inventada ciudad canadiense a mediados de los cincuenta. Lo interesante es cómo Davies describe y retrata aquella sociedad, sus manías, la obsesión por las apariencias, los rumores, las relaciones sociales, etc. También se ha publicado la tercera parte, Una mezcla de flaquezas, de 1958. Las tres mantienen una misma ambientación y personajes, aunque son independientes. (Libros del Asteroide. 320 págs. 21,95 €.).

Lev Tolstói, La felicidad conyugal. Publicada en 1858, esta novela de Tolstói (1828-1910) es una de las más reeditadas de su literatura. En ella se relata el proceso de enamoramiento, boda y posterior vida matrimonial de una joven de la nobleza rural rusa con el administrador de su patrimonio, un hombre bastante más mayor que ella. La diferencia de edad no es lo más singular de la novela, pues era frecuente en los matrimonios rusos del siglo XIX. Tras el matrimonio vienen los miedos, celos, tensiones y malentendidos en la vida matrimonial, un periodo duro y complejo provocado sobre todo por la actitud superficial de Masha. (Acantilado. 176 págs. 11 €.).

Sally Salminen, Katrina. Novela publicada en 1936, la mejor de su autora, basada en un personaje, Katrina, desde que se traslada de Österbotten, en el golfo de Botnia, al archipiélago de Aland –al casarse con Johan, un marinero un tanto ingenuo–, hasta el final de su larga vida, llena de vicisitudes, que afronta con honradez y dignidad. Junto a la trama lineal, con un ritmo bien dosificado, destaca la magnífica ambientación del archipiélago, las tareas agrícolas, la vida social con sus peculiaridades y costumbres: pequeñas rencillas, pero también comportamientos solidarios, porque se trata de una sociedad asentada en principios cristianos. (Palabra. 526 págs. 23 €.).

Irène Némirovsky, El vino de la soledad. Al igual que ya hiciera en David Golder y El baile, vuelve a utilizar la autora rusa su propia biografía como marco para una novela que transmite una visión desencantada de la vida familiar. La joven Elena es hija de un banquero y de una mujer egoísta que sólo vive para sus placeres y sus amantes. Elena recibe únicamente un tímido cariño de su institutriz. Desde los 8 hasta los 21 años, los que abarca la novela, y con el telón de fondo de los viajes familiares desde Rusia hasta Francia, se describe cómo Elena alimenta un progresivo odio hacia su insensible y narcisista madre. (Salamandra. 224 págs. 15 €.).

Abel Hernández, Leyendas de la Alcarama. Tercer libro del autor sobre las tierras de Soria en las que nació. En Historias de la Alcarama y en El caballo de cartón se trataba de recuerdos de unos parajes que el éxodo del campo a la ciudad ha dejado vacíos. En esta tercera entrega, al hilo de una historia de amor entre el hijo de un buhonero y la hija de un adinerado ganadero, introduce leyendas, historias que se transmiten de generación en generación; y añade la descripción de usos ancestrales sobre las faenas del campo, el pastoreo... (Gadir. 197 págs. 17 €.).

Anthony Berkeley, El caso de los bombones envenenados. Berkeley (1893-1971) fue uno de los grandes escritores de novelas de intriga ingleses. Su creación más original fueron las novelas protagonizadas por el detective Roger Sheringham. En esta nueva aventura, Sheringham es el presidente electo del llamado Círculo del Crimen, integrado por seis investigadores aficionados. La novela comienza cuando el inspector jefe de Scotland Yard les pide ayuda para resolver un caso. Una vez conocidos los pormenores, Sheringham les propone que investiguen por su cuenta y les emplaza dentro de una semana para que cada uno aporte su solución. (Lumen. 254 págs. 19,90 €.).

Petros Márkaris, Con el agua al cuello. Quinta novela que se publica de este autor griego, todas con el mismo protagonista: el comisario Kostas Jaritos. La vida familiar del comisario es uno de los ingredientes fundamentales que, además, se entrelaza con la resolución del caso. En esta última entrega, todo es muy actual: estamos en plena crisis económica griega y los ciudadanos están sufriendo las consecuencias de los recortes. En medio de todo esto, Jaritos tiene que resolver una serie de asesinatos. (Tusquets. 322 págs. 19 €.).

Borja Martínez-Echevarría, El bufete. El autor, abogado y periodista, ha conseguido el Premio Abogados 2012. En ella se describe el interior de los grandes bufetes y de las grandes empresas con un afán de lucro desmedido y sin escrúpulos para nada. La novela está dividida en dos partes bien diferenciadas: en los primeros capítulos se presenta a los personajes tanto del mundo jurídico como periodístico y empresarial; la segunda desarrolla el entramado de una OPA hostil que realiza una empresa multinacional contra la petrolera más poderosa de España. Con un buen ritmo narrativo, con mucha acción y velocidad, la novela se mantiene en la línea de que sean los lectores los que saquen sus propias conclusiones. (Martínez Roca. 316 págs. 19,50 €.).

Thomas Wolfe, El niño perdido. Relato corto acerca de Grover, un hermano del autor que falleció en 1904, antes de cumplir los doce años. La novela contiene los temas característicos de la narrativa de Wolfe: la nostalgia indefinible de cosas inalcanzables, los deseos que se vuelven imposibles y resultan dolorosos con el paso del tiempo… Además, revela la capacidad estilística del autor para dejar constancia de la inmensidad de Norteamérica, un mundo que presenta como familiar e inabarcable al mismo tiempo, y habitado por hombres insatisfechos. (Periférica. 93 págs. 15,5 €.).

José Mauro de Vasconcelos, Mi planta de naranja lima. En una nueva editorial y con otra traducción, se publica una obra que poco a poco se ha convertido en un clásico contemporáneo. En ella se cuenta la historia de Zezé, un niño de cinco años, de inteligencia precoz, muy imaginativo, pero incomprendido. Entre sus amistades ocupa el primer lugar Minguinho, su inseparable planta de naranja-lima, confidente de sus juegos, alegrías y desdichas. Pero es con el relato de su amistad con el Portugués, un señor mayor que se convierte en su mejor amigo, cuando el libro alcanza sus mejores páginas de simpatía y de lirismo. (Libros del Asteroide. 208 págs. 13,95 €.).

Ivan Doig, Una temporada para silbar. Paul Milliron, Superintendente de Instrucción Pública en Montana en los años 50, revive su vida en la pequeña aldea de Marias Coulee, en 1909, cuando cumple trece años. Paul es el mayor de los tres hijos que tiene Oliver, un granjero que se ha quedado viudo. Junto con Rose, la nueva ama de llaves, llega Morris, su hermano, que acabará siendo el maestro de la escuela rural. La novela es un homenaje a la entrega de muchos maestros de estas escuelas. Pero hay más. Doig describe con ternura los sentimientos más profundos de unos entrañables personajes. (Libros del Asteroide. 360 págs. 21,95 €.).

Charles Dickens, David Copperfield. Con motivo de la celebración del bicentenario del nacimiento de Dickens (1812-1870) se han multiplicado las iniciativas editoriales para volver a leer a uno de los grandes autores de la literatura universal. Sin embargo, a diferencia de lo que sucede con otros autores, no es un autor que necesite reivindicarse, pues sus libros son frecuentemente editados. Así sucede con David Copperfield, una de sus obras más conocidas. En ella encontramos lo mejor de Dickens: su habilidad para narrar, la creación de personajes entrañables, su sentido de la denuncia y de la crítica social, la variedad de sus novelas-río (publicadas por entregas, con los recursos de rigor), la verosimilitud de los lugares donde transcurre la novela y su impresionante fresco social y moral de la sociedad de su tiempo. (Austral. 1.086 págs. 11,95 €.).

Stella Gibbons, Westwood. Gibbon (1902-1989) es conocida en España por el éxito de La hija de Robert Poste, una novela en clave cómica sobre la vida en el campo inglés. Westwood transcurre en el Londres bombardeado de la II Guerra Mundial y cuenta la historia de Margaret Steggles. Su monótona vida cambia cuando conoce a dos familias de artistas que viven en la mansión de Westwood. Al entablar relación con ellas, Margaret entra en contacto de golpe con el mundo bohemio y artístico, mundo que colma sus aspiraciones y sus deseos de belleza. No se trata de una novela simplona y sentimentaloide. Gibbons sabe penetrar a fondo en un alma delicada, incomprendida por su familia y que necesita expresarse, aunque esto lleve a la protagonista a explorar caminos desconocidos y peligrosos, y a equivocarse más de una vez. (Impedimenta. 460 págs. 27,95 €.).

Manuel Chaves Nogales, La vuelta a Europa en avión. Tras La defensa de Madrid y Crónicas de la Guerra Civil, publicados hace unos meses, se edita uno de sus libros más famosos, La vuelta a Europa en avión, de 1929, que tiene como subtítulo “Un pequeño burgués en la Rusia roja”. El gran tema del libro es la visita a la Rusia comunista, país que despertaba en aquellos años una especial atracción política y social. Chaves no oculta sus simpatías por algunos de los efectos de la Revolución. Sin embargo, Chaves, un periodista agudo, perspicaz, inquieto e inconformista, no acaba de creerse ni lo que ve ni lo que le cuentan. En sus indagaciones comprueba que “el hombre, por el hecho de serlo, no tiene ningún derecho, su libertad y su vida están a merced de la GPU”. (Libros del Asteroide. 288 págs. 18,95 €.).

Ernesto Escapa, Corazón de roble. Elaborado libro de viajes escrito por uno de los mejores conocedores de las tierras que describe. Escapa toma como punto de referencia el río Duero, “corazón de roble”, y acompaña su recorrido desde su nacimiento en los Picos de Urbión hasta su desembocadura en la ciudad portuguesa de Oporto. Entre medias, un apasionante recorrido por las provincias de Castilla y León y por las que recorre el Douro en Portugal. El libro contiene de todo: literatura, arte, arquitectura, gastronomía... (Gadir. 468 págs. 21,50 €.).

Marcella Olschki, Una postal de 1939. “Nuestros recuerdos de estudiantes –escribe Olschki (1921-2001)- están escritos sobre una gran página cándida y luminosa tal y como era nuestra vida de entonces, y cada episodio resalta en nuestra memoria como si hubiese sido escrito en ella con letras de colores y brillantes”. Estas palabras explican el tono y el contenido de este libro de recuerdos de la autora, cuando está a punto de incorporarse a la vida universitaria. Marcella habla de la vida escolar, de sus compañeros, de su primer amor, de sus profesores... Pero una anécdota se convierte en el centro del relato, cuando intenta saldar antiguas cuentas con un profesor fascista, despótico, cruel, inhumano... (Periférica. 108 págs. 15,50 €.).

Eudora Welty, La palabra heredada. En 1984, la autora impartió tres conferencias en la Universidad de Harvard que luego se reunieron en este volumen. En las tres, habla de su vida en Jackson (Mississippi) y de sus inicios como escritora. Las tres partes forman un brillante y emotivo libro de memorias que explica muy bien el mundo sureño en el que se crió la autora y que luego supo transmitir a su literatura sin las estridencias ni exageraciones de otros autores del Sur. (Impedimenta. 192 págs. 18,40 €.).

Enrique García-Máiquez, El pábilo vacilante. El autor publicó en 2009 Lo que ha llovido una selección de las entradas a su blog Rayos y truenos. Ahora se publica un nuevo volumen, que abarca desde 2008 hasta 2011. García-Máiquez transmite sus inquietudes literarias, existenciales y hasta espirituales. Todo tiene cabida: un comentario sobre sus clases en el Instituto, un libro que está leyendo, el descubrimiento de un autor, una cita deslumbrante, un pequeño poema, haikus, brillantes aforismos. Y pasajes más íntimos y familiares, como la muerte de su madre y el nacimiento de su primera hija. Todos estos sucesos los aborda el autor con naturalidad y confianza, convirtiendo a los lectores en confidentes de sus más secretos pensamientos. (Renacimiento. 256 págs. 18 €.).

Roy Lewis, Por qué me comí a mi padre. Inteligente y humorística obra basada en la vida de los hombres de las cavernas. El narrador es el antropoide Ernest, uno de los primeros pobladores conscientes de su propia individualidad. Ernest relata la vida de su singular familia, y en especial de su padre, el progresista Edward, quien con su actitud renovadora, se enfrentó a los hábitos de los hombres más monos, como su tío Vanya, todo un reaccionario recalcitrante. Los primeros experimentos los aplican en su propia familia. Luego vienen los irónicos momentos importantes, como el trabajoso descubrimiento del fuego, de la lanza, la cocina casera, el arte figurativo, el matrimonio moderno, el amor, el ocio... Lo mejor es el tono discursivo y filosófico y los deliberados anacronismos. (Contraseña. 192 págs. 16 €.).

Benoît Duteurtre, Atención al cliente. Publicada en 2003 en Francia, esta novela tiene el acierto de convertir en sátira un aspecto muy conocido. por desgracia, de las nuevas tecnologías: los habituales conflictos con el servicio de atención al cliente de las empresas de telefonía e Internet. El narrador “un cuarentón, soltero, en la cima de mi carrera profesional, persona que viajaba mucho y que llamaba muchísimo por teléfono sin preocuparse por el gasto”, pierde en un taxi su móvil de última generación. Comienza entonces una aventura para que el servicio de “atención al cliente” le dé una solución. La novela tiene un comienzo divertido y paródico, además de actual, por lo que resulta fácil identificarse con lo que le sucede al protagonista, aunque todo está convenientemente exagerado. Lo difícil es mantener la tensión y el interés, porque las situaciones son reiterativas y los recursos humorísticos se repiten. (Funambulista. 132 págs. 10 €.).

Iván Goncharov, El mal del ímpetu. Publicado en 1938, este relato tiene mucho que ver con Oblómov, la novela que hizo famoso a su autor. En él se describe en clave cómica la enfermedad que aqueja a la familia Zurov, que les empuja, cuando llega el buen tiempo, a salir al campo a constantes excursiones para sacarle todo el jugo a la vida y a la naturaleza. En el otro extremo está Nikon Ustínovich, perezoso y glotón, que vive permanentemente en la cama. El relato es hilarante y está contado con un clima narrativo totalmente ruso. (Minúscula. 110 págs. 12,50 €.).

Santiago Posteguillo, Los asesinos del emperador. Tras el éxito de su trilogía sobre Escipión, Posteguillo da un salto de trescientos años en la historia del imperio romano y sitúa su novela en el último tercio del siglo I, con la llegada al poder de Trajano, primer emperador no nacido en Roma ni en Italia. Como en casi todos los libros sobre la antigüedad clásica romana, el verdadero protagonista es Roma. El autor ha estudiado a fondo todas las fuentes y cada episodio resulta verosímil. Estamos ante una novela amplísima, bien conducida, pero débil en su fuerza emocional. (Planeta. 850 págs. 23 €.).

Taylor Caldwell, La columna de hierro. Nueva edición, en formato de bolsillo, de la que quizás sea la mejor obra de la escritora Taylor Caldwell (1900-1985), autora también de Médico de cuerpos y almas, novela sobre la vida de San Lucas, también reeditada recientemente. Su argumento gira en torno a la figura del orador, político y escritor Marco Tulio Cicerón. La obra recorre la agitada, polifacética y apasionante vida de Cicerón, desde la época en que, como alumno, aprendió la cultura griega, hasta sus años como político y jurista. La autora recrea de manera impecable el ambiente de la Roma del primer siglo antes de Cristo.

José Joaquín Iriarte, El árbol del paraíso. Primera novela del autor en la que se mezclan recuerdos biográficos, análisis periodísticos e históricos con un argumento basado en el amor y la amistad. La novela transcurre en Lodosa, pueblo navarro del que es natural el autor, desde la década de los 50 hasta inicios de los 80 del siglo pasado. Los protagonistas son Montxo, Pedro y Arantxa, que proceden de tres familias de Navarra marcadas por la Guerra Civil. La profunda y auténtica amistad que surge entre Pedro y Montxo, en circunstancias muy especiales, junto con la figura de Arantxa, será el principal motor de una novela que recoge muy bien, sin fáciles maniqueísmos, el crispad y difícil ambiente de la época. (Eunate. 252 págs. 18 €.).

Gustav Herling-Grudzinski, Un mundo aparte. Nacido en Polonia en 1911, Herling luchó contra el nazismo pero fue apresado por los rusos y permaneció en un campo de trabajo de la región de Kargopol, entre 1940 y 1942. Herling cuenta con gran lucidez lo que vivió junto con otros presos políticos y comunes. Junto a la mención de estos hechos, durísimos, analiza las reacciones que suscitaban en los condenados y la conducta de los verdugos; y reflexiona sobre el poder, la libertad, la dignidad del hombre. (Libros del Asteroide. 360 págs. 22,95 €.).

Lajos Zihaly, El ángel del odio. Esta novela es un homenaje a la Hungría natal del autor, víctima tanto del nazismo como del comunismo. A través de la vida del protagonista, Mihály Ursi, astrónomo, idealista, emparentado, al casarse, con una de las familias de mayor rango del país, se narra la historia magiar desde 1939 a 1950, con abundantes referencias a los decenios anteriores y a otros momentos del pasado. Los hechos están muy bien contados, en un ambiente de tensión, de guerra, de lucha en la clandestinidad, de grandes cambios en la vida social y cultural. (Funambulista. 534 págs. 23,50 €.).

Hanna Krall, Rey de corazones. La autora de esta novela, nacida en Varsovia en 1935, de familia judía, se ha basado en hechos reales. Lo novedoso, si se compara con otras historias semejantes, está en que la epopeya que vive la protagonista, Izolda Regensberg, tiene un único objetivo: encontrar a su marido, capturado por los nazis. Para ella, otras cuestiones –patriotismo, sionismo, la guerra…– son totalmente secundarias. (Nocturna. 196 págs. 15 €.).

Wilkie Collins, Corazón y ciencia. Carmina es joven, huérfana y única heredera de la fortuna de su padre. Aunque italiana, debe viajar a Inglaterra y someterse a la tutela de su tía, la señora Gallilee. La vida en Londres es más llevadera gracias a sus primas María, la pequeña Zo y su primo Ovid, el hermano mayor de estas, afamado y prestigioso médico que se enamorará perdidamente de ella. Sin embargo, las ambiciones y envidias familiares terminarán por enrarecer el clima de familiar. Collins conjuga con acierto intriga, humor y personajes impactantes. El mismo reconoce en el prefacio que estas son las cualidades imprescindibles de una buena novela de ficción. (Funambulista. 488 págs. 29,95 €.).