lunes, 6 de abril de 2026

Notas para un diario: "Chamanismo a la carta"

 

    Después de leer El mal del Chamán (La Caja Books). del periodista polaco Jacek Hugo-Bader, en el que habla de sus entrevistas con muchos chamanes siberianos, me encuentro en Internet con un reportaje de la invitación a unos chamanes siberianos a participar en un Seminario dedicado a los chamanes celebrado en Barcelona. En las imágenes, salen el chamán y su ayudante. Pienso que no viajarían gratis para participar en el Seminario, que a lo mejor estaba hasta subvencionado. 

Las imágenes del vídeo los muestran con sus habituales indumentarias y puesta en escena: una capa –un caftán- llena de coloristas recortes de tela, cintas y una serie de objetos; también, el inevitable tambor, elemento indispensable en las ceremonias chamánicas, que suelen ser largas y en las que los chamanes hacen de intermediarios entre los poderes ocultos y la realidad visible. Su misión es paliar una catástrofe, ayudar en un examen, pedir por los frutos de un largo viaje o de una operación quirúrgica, que se solucionen algunos problemas económicos y, las más de las veces, que se arreglen o allanen las peliagudas cuestiones relacionadas con el corazón. 

El público catalán asistía en silencio y en actitud metafísica y observante al numerito que estaban montando el chamán siberiano (que parecía de un pueblo de Cuenca), tocando el tambor de manera repetitiva, sin gracia, emitiendo a veces cantos propios de Siberia y en siberiano para estas ceremonias (“Siberia, patria querida, Siberia de mis amores”). Mientras, su ayudante, también con la pinta de vecino de Calatayud, se dedicaba a echar trozos de madera en un pequeño fuego. 

La presentadora del evento, ceremonial y untuosa, se movía por el escenario intentando molestar lo menos posible y con una voz tenue explicaba lo que estaba sucediendo, que era siempre lo mismo: uno tocando el tambor y el de Cuenca echando ramitas al fuego. El vídeo no duraba tres minutos; era largo y monótono, y no ocurría nada fuera de lo normal, puesto que los chamanes son intermediarios, no magos ni curanderos. 

Lo que más me sorprendió es la actitud meditativa de los asistentes, como si estuviesen en extrasensorial contacto con fuerzas ocultas y misteriosas y ancestrales. Buscando, porque están buscando, no sé qué con la ayuda de los siberianos. Se acabarán comprando un tambor.

 

"Mis conversaciones con el algoritmo", de Aurelio Mendiguchía

     Reproduzco en mi blog una reseña que ha escrito Alfredo Abad del libro de Aurelio Mendiguchía Mis conversaciones con el algoritmo, en el que el autor, de manera ingeniosa, reflexiona sobre las posibilidades y limitaciones de la Inteligencia Artificial. El libro se presentó hace un par de meses y al final me resultó imposible acudir a la presentación. Agradezco a Alfredo Abad este texto que, como todo lo que escribe, rebosa sabiduría y una amena profundidad. 

    El libro es reflejo de las muchas inquietudes intelectuales de su autor, Aurelio Mendiguchía, que ha dedicado casi toda su vida profesional a las Artes Gráficas. Además de textos técnicos, ha publicado dos entretenidas novelas juveniles (El marcapáginas S.O.S. y E-Mail). Su nuevo libro aborda desde una perspectiva ingeniosa un tema de máxima actualidad.




¿Puede una inteligencia comprender lo que dice? Con esta pregunta Aurelio Mendiguchía hilvana un conjunto de conversaciones de hondo calado, mantenidas con una inteligencia artificial, que exploran las relaciones del hombre con las IA desde distintos puntos de vista: metafísicos, antropológicos, epistemológicos, morales o estéticos. Se trata de una pregunta profundamente humana, pero también incómoda porque no solo nos habla de máquinas, sino de nosotros mismos.

El autor ha manifestado desde siempre un interés profundo por la ciencia y la tecnología, no solo en el sector gráfico al que ha dedicado su vida profesional entera sino tocando otros sectores como el de la robótica o la electrónica. En este nuevo libro, el autor escapa del mundo de la novela (E-Mail, 2009; Marcapáginas, 2019) y colorea con tintes humanistas la relación hombre-tecnología desde la conciencia de que la ésta debe estar al servicio del hombre sin que implique su sometimiento irremediable: la tecnología para el hombre y en modo alguno el hombre para la tecnología.

Lo novedoso del libro no es la conversación en sí misma, sino la asimetría de los dos interlocutores que dialogan: el autor y la IA. Más que como un experto que explica, Aurelio se da a conocer como un observador inquieto que pregunta. Para ello utiliza la mayéutica socrática, dando a luz aspectos de la verdad a través de las preguntas que realiza y que acaban en respuestas de la IA de tipo aristotélico en las que el algoritmo responde con fundamento en su entrenamiento digital la realidad que conoce o, más bien, que el propio hombre le presenta en la inmensa ingesta de datos con que se alimenta cualquier motor de inteligencia artificial.

Internet nos acercó el mundo exterior, la web -el buscador- nos proporcionó la información de ayuda a la decisión, pero la IA pretende colonizar nuestras decisiones y parasitar nuestros procesos so capa de lenguaje razonable. No hablamos de futuro, ni de ciencia ficción, sino de comprensión, sentido y conciencia. Se trata de un libro sobre lo que nos pasa a los humanos cuando hablamos con una IA.

El libro se estructura en capítulos en los que se van recorriendo diferentes aspectos de la constitución intrínseca humana, ésa que la IA pretende emular. Pero la IA contesta. a modo de espejo, en función del consumidor que la interroga simulando emociones, un lenguaje, un idioma, una inteligencia personal, realizando nuevas preguntas que encadenen un diálogo mantenido, proporcionando información y satisfaciendo al interlocutor que interroga. La IA refleja una imagen especular de quien la consume, lo que no atenúa su utilidad, aunque con una identidad segregada de la del hombre.

En suma, se trata de un texto ágil que induce al lector en una reflexión sobre su propia identidad por contraste con la que exhibe el algoritmo al que interroga, descubriendo las equidistancias y fronteras entre la auténtica persona humana y la simulada personalidad del artificio. 



Mis conversaciones con el algoritmo

Aurelio Mendiguchía García

Letrame. Madrid (2026). 

174 págs. 16 €

 

sábado, 28 de marzo de 2026

"El arte de rechazar manuscritos", de Constantino Bértolo



Aborda Constantino Bértolo (1946), un editor con una dilatada trayectoria dentro del mundo editorial español, un asunto de máxima actualidad en lo que se refiere al trabajo que realizan los editores. Ante la sobredimensionada avalancha de manuscritos que llegan a las editoriales para su posible publicación, cientos de miles todos los años, alguien tiene que encargarse de decidir qué libros se van a publicar y cuáles se van a rechazar. 

Siempre ha sido este un trabajo ingrato, que puede tener sus negativas repercusiones en el ánimo y la autoestima de los escritores. Pero, como tantas otras cosas de la industria editorial actual, también esta función de los editores, o de los lectores que trabajan para ellos, está sufriendo cambios e incluso se cuestiona su conveniencia. En este sentido, resulta también de interesante lectura las memorias de otro editor, Enrique Murillo (Personaje secundario, que han tenido una excelente acogida).

Hasta la llegada de Internet, de la edición digital y la autoedición, lo normal era que un autor enviase su manuscrito a una editorial y, si se lo rechazaban, comenzase una larga travesía por otras editoriales a ver si sonaba la flauta. Las editoriales solían dar sus argumentos literarios y empresariales para explicar su rechazo, lo que a veces provocaba no pocas controversias. 

Ahora, muchas editoriales dejan bien claro en sus páginas web que no admiten originales que no hayan sido solicitados. Otras, incluyen una respuesta estereotipada de rechazo a los autores para no dar pie a ningún debate o confrontación. Otras muchas editoriales, las más solicitadas, no admiten manuscritos porque se autoabastecen de los que ya les proporcionan los agentes literarios y otros autores de la casa o de los contactos que puede tener la propia editorial. 

Últimamente, muchos autores, intuyendo estas dificultades, ni siquiera envían sus originales a editorial alguna y optan por la vía rápida: lo autopublican en papel o digital y se evitan la sentencia del rechazo. Pero, como demuestra Bértolo, a día de hoy sigue teniendo mucho más prestigio la edición tradicional que estas nuevas formas de autopublicación.

Esta manera de funcionar, publicar al precio que sea, está provocando una inflación de novedades (cerca de los 90.000 títulos al año, 60.000 en papel de los que 12.000 son de literatura). Esta realidad acaba por minusvalorar el papel del editor, a quien ya no se considera una pieza básica del entramado editorial. Además de saturación, esta facilidad para publicar provoca que las obras salgan al mercado sin el necesario proceso de edición, un trabajo compartido, necesario, a veces exigente y meticuloso, entre el autor y el editor.

Teniendo en cuenta que los editores suelen estar inundados de novedades, Bértolo dice que uno de los principales trabajos del editor es afinar bien en qué libros de los muchos que se reciben ni siquiera se van a leer, para centrar su trabajo en aquellos que exigen una lectura más atenta. A la hora de valorar estos originales, su lectura es distinta a la del lector común e incluso a la del lector profesional. Los editores deben leer, además, como editores, teniendo en cuenta el contexto cultural y social, las señas de identidad de su editorial y los gustos literarios no suyos sino del posible público lector. Al final, la elección es siempre un riesgo y Bértolo cuenta en este libro, como anécdotas, algunos casos sonados sobre garrafales errores de editores que rechazaron libros que luego fueron un éxito editorial.

Opina Bértolo, con razón, que la labor del editor siempre será imprescindible para hacer una primera criba y garantizar la calidad, a pesar de que en ocasiones se puedan cuestionar algunos métodos y decisiones. Pero también constata que en el mundo editorial actual están cambiando los objetivos y todo el trabajo editorial se somete a vender como sea. 

Si esto sigue así, el editor sobra. Y llegará un momento en que se harán realidad estas palabras de Oscar Wilde que Bértolo reproduce en su libro: “En los viejos tiempos los hombres de letras escribían los libros y el público los leía. Hoy en día el público escribe los libros”. 


El arte de rechazar manuscritos

Constantino Bértolo

Debate. Barcelona (2026)

120 págs. 12,90 € (papel) / 6,99 € (digital).

jueves, 26 de marzo de 2026

Domestic Noir, Cozy Crime, Healing Fiction, Romantasy... Guía para no perderse en el laberinto de los subgéneros literarios actuales

 

    En los últimos años estamos asistiendo en el mercado editorial a la explosión de una cierta nomenclatura paraliteraria para designar nuevos subgéneros, todos en torno a la novela, el género popular y comercial por excelencia. Romantasy, Cozy CrimeNew AdultDomestic NoirFeel-goodHealing Fiction o Chick-lit son algunas de las etiquetas que están gozando de más popularidad. La mayoría se encuadran dentro de géneros muy leídos en la actualidad, como son la literatura romántica, la novela juvenil y la novela policiaca. 

Sobre este tema, muy actual, he publicado este artículo en Aceprensa.

sábado, 21 de marzo de 2026

Notas para un diario: "Así nunca seré Stefan Zweig"

          


              Me he leído los
 Diarios de Stefan Zweig, publicados en una magnífica edición de la editorial Acantilado, donde están editadas muchas obras de un escritor muy leído en la actualidad. Es un libro que tiene mucha relación con sus espléndidas memorias, El mundo de ayer, uno de sus escritos más apreciados. Desde el nostálgico punto de vista del autor, sus memorias y diarios describen los radicales cambios que se dieron en la primera mitad del siglo XX, tras la caída del imperio austro-húngaro y las dramáticas consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, aunque el autor falleció –mejor, se suicidó- en 1942 en la ciudad brasileña de Petrópolis, bastante desesperado por el rumbo que estaba tomando la guerra a favor de Alemania. Las dos guerras mundiales arramblaron con el mundo conocido hasta entonces y que Stefan Zweig, y tantos otros escritores centroeuropeos, se habían encargado de llevar a sus ensayos y novelas con suma nostalgia.

             Me ha asombrado un aspecto de Zweig que he puesto en relación con mi propia vida. En ellos habla Zweig de sus muchos amigos, la mayoría grandes personalidades de la literatura y la cultura de las primeras décadas del siglo XX. Con total naturalidad, cuenta sus encuentros y conversaciones con el Premio Nobel Romain Rolland, con Rainer Maria Rilke –que había regresado precisamente de una larga estancia en Ronda, Málaga-, de sus diferencias con el poeta Émile Verhaeren, de sus intermitentes relaciones con Franz Werfel y Alma Mahler, de su sentida amistad con Sigmund Freud (incluso pronunció un discurso en su entierro), de las tertulias que mantuvo con Hugo von Hofmannsthal y Jakob Wasermann y de sus contactos con el músico Richard Strauss. Aunque apenas salen en los diarios, Zweig era muy amigo de Joseph Roth y Ernst Toller. 

            Después de leer todo esto, he pensado ¿y a quién conozco yo? Zweig se codeaba con lo más granado de la vida cultural austriaca y alemana; yo, sin embargo, he estado esta mañana tomando un café no con Arturo P.R. sino con Julio, un antiguo alumno que trabaja de becario en un despacho de abogados cercano a mi trabajo; luego, en el trabajo, he hecho unos recados no con Camilo J. C. sino con Pablo, que vive en el barrio de Santa Eugenia, padre de familia y diseñador. Por la tarde, me he encontrado a la salida del metro no con Almudena G., sino con Marta, una conocida, y luego he coincidido en el bar tomando unos orujos no con Cristina F., sino con Javi, un vecino que es panadero. He saludado a Adrián, el peluquero, y no a Antonio M.M., y he entrado en el Chino de al lado de casa a comprar leche, donde no me he encontrado con Javier C. En el portal, salían Marga y Luis, que iban al Mercadona, pero allí no estaba Dolores R. ni María D. Me ha llamado por teléfono Pepe, que sigue ingresado, mientras he esperado toda la tarde la llamada de Luis L. Y en casa he contestado a un whatsapp de mi hermana y mis sobrinos porque sigue sin escribirme Emmanuel Carrère.

            Tengo que aceptar que me da mucha pereza llamar al técnico de la nevera (se me ha estropeado el congelador) en vez de a Paul A. Y que tengo que llevar la camisa nueva a arreglar las mangas, y no a tomarme un whisky con Roberto B. Y que me he vuelto a quedar sin yogures, con lo que le gustan a Rosa M. Así no se puede ser nunca Stefan Zweig.

 

jueves, 12 de marzo de 2026

Muere el escritor portugués António Lobo Antunes

 

    El pasado 5 de marzo, falleció en Lisboa el escritor António Lobo Antunes, uno de los escritores más relevantes de la literatura portuguesa de los siglos XX y XXI y con mucho prestigio en muchos países europeos. En España están traducidas la mayoría de sus obras. 

    Sobre su vida y literatura he publicado en Aceprensa este artículo.

miércoles, 11 de marzo de 2026

Mis clásicos: "En tierra inhumana", de Josef Czapski

 

           En tierra inhumana, del escritor y pintor polaco Józef Czapski (1896-1993), fue publicado en 1949. Se trata de un sobrecogedor diario que cuenta un trágico episodio de la Segunda Guerra Mundial. 

En 1939, Polonia fue invadida por Alemania y la URSS. Unos 15.000 oficiales polacos, entre los que se encontraba Czapski, fueron deportados a campos de concentración soviéticos. Cuando Alemania declaró la guerra a la URSS, estos militares, en principio, podían ya regresar a Polonia. Pero sólo lo hicieron unos 400; el resto habían sido asesinados por orden de Stalin en la masacre de Katin, aunque los rusos intentaron ocultar esta realidad y acusaron de los crímenes al ejército nazi. 

Czapski recibió el encargo de encontrar el paradero de estos oficiales desaparecidos. Con una excelente calidad y densidad, Czapski no sólo relata este proceso, sino que describe la sistemática maquinaria soviética de asedio y desprecio a la verdad. Para el escritor polaco Adam Zagajewski, amigo de Czapski, su libro es "un tratado sobre la impotencia de un hombre de buena voluntad ante la gigantesca maquinaria de un Estado criminal. Esta obra narra una historia colosal, estamos ante un libro que retrata el mal, pero que al mismo tiempo, busca huellas de humanismo -no tan escasas como pudiera parecer- en el desierto soviético" ((Poesía para principiantes, Acantilado, 2026). 

Tras la guerra, Czapski se integró en la comunidad polaca emigrada a Francia, donde ejerció de columnista político, editor y autor de crítica de arte y literatura.



En tierra inhumana

Józef Czapski

Acantilado. Barcelona (2008)

492 págs. 25 €.

domingo, 1 de marzo de 2026

Las claves del éxito de la serie "La asistenta"

 

    El éxito de la saga de La asistenta, y del género al que pertenece, el “domestic noir”, obedece a lo adictivo de unas intrigas teóricamente realistas –aunque con giros inverosímiles– y muy estereotipadas.

    Mi valoración de la saga en este artículo publicado en Aceprensa.

miércoles, 25 de febrero de 2026

Notas para un diario: "Diminutivo asesino"

 

    Por desgracia, en las últimas semanas he frecuentado algunos hospitales para visitar a algunos amigos y parientes enfermos. Siempre tengo la misma sensación con algunas de las cosas que pasan en los hospitales en lo que se refiere a la delicada atención de las enfermeras y enfermeros. Esta es una de ellas. Cuando llega ese momento, todo está perdido.

Es el punto final, ese momento crucial y dramático de la vida en que sabes que no hay vuelta atrás. Que lo que te espera a partir de ahora, sin piedad, es la caída en la decadencia, la enfermedad, la pérdida de movilidad, el caos de los sentidos, el destrozo neuronal, la antesala de la unción de enfermos, la despedida de tus familiares y la llamada inmisericorde de la muerte. Es un momento trascendental que cuesta asimilar y del que merece la pena prepararse con cierta seriedad. Tendría que haber sesiones especializadas en enseñar a asumir ese instante para no caer en la depresión y saber sobrellevar el impacto que supone ser quien eres y no lo que tú te crees que eres. 

Te acaban de levantar de la cama del hospital para sentarte en un desangelado sillón para los acompañantes que pueblan los hospitales de todo el mundo. Te han puesto un pijama de esos que se abrochan por atrás –pero que nunca llegan a estar abrochados- y que muestran inocente y asquerosamente el culo al aire a toda la concurrencia. Tu indefensión es total: te sientes perdido, humillado, violentado, confuso, vejado, abochornado, avergonzado. Y, de pronto, todavía sofocado, entra una joven enfermera y, de sopetón, sin anestesia, te suelta con un tonito imperioso, musical e infantil a la vez: “Y ahora se va a tomar un yogurcito que le va a sentar muy, pero que muy bien”. Un yogurcito. Ese diminutivo asesino es la trompeta que anuncia el fin de los tiempos. Ya, te dices, nada tiene solución. Se acabó.




domingo, 22 de febrero de 2026

Mis clásicos: "Cita en Samarra", de John O'Hara

 


En una carta del autor, el periodista y guionista John O’Hara (1905-1970), escribió en 1934 a propósito de esta novela: en ella “muestro cómo el miedo a las represalias y la clase de vida que el joven ha llevado y otra serie de cosas contribuyen a su destrucción”. La novela transcurre en los años treinta, en plena Depresión, y cuenta el hundimiento de Julian English, uno de los personajes más populares de la alta sociedad de Gibbsville. Felizmente casado con Caroline, su vida entra en barrena por un desgraciado incidente en uno de los bailes y fiestas de la Navidad. A partir de ahí, Julian, destruido por la bebida y el orgullo, protagoniza una cadena de equivocadas decisiones. 

Excelente retrato social y costumbrista de la vida norteamericana de los años treinta, con unos diálogos que transmiten verosimilitud. La novela está un poco descompensada en su estructura y abusa de una visión demasiado mordaz de las relaciones personales. Pero muestra con acierto las limitaciones morales de un cerrado círculo social obsesionado con las apariencias.




Cita en Samarra

John O’Hara

Lumen. Barcelona (20228)

312 págs. 20,90 €. 

jueves, 19 de febrero de 2026

"Primeras iglesias y ermitas de Vallecas", de José Luis García Heras

 

Publica José Luis García Heras el cuarto volumen de la Historia de Vallecas que está escribiendo desde hace años. Matemático e historiador, García Heras está aportando en estos libros una escrupulosa documentación que permite acudir a las fuentes, nada fáciles de descubrir, de muchos de los sucesos históricos, lugares emblemáticos y personajes de Vallecas, barrio en el que nació y vivió durante décadas el autor y al que sigue ligado familiar y emocionalmente, como se comprueba en sus libros. 

Soy testigo del escrupuloso y metódico trabajo de José Luis García Heras, siempre dependiendo de las fuentes, de documentos históricos que ha rastreado por activa y pasiva. Su objetividad -conviene no olvidar que es matemático- le lleva a escribir siempre basándose en fechas, en datos, en fuentes fiables. En su blog www.unvallecano.blogspot.com, pueden consultarse más escritos del autor dedicados al barrio de Vallecas.

Y, como ya he escrito en otras ocasiones, ojalá que aquellas personas interesadas en la historia de Vallecas tengan la oportunidad y posibilidad de conocer los libros de José Luis García Heras. Los pueden encontrar en algunas librerías del barrio, como Muga, Mashe, Amaya, Librería Verde y Karmela, además de poder conseguirlos a través del correo electrónico que figura más abajo. Merece la pena conocerlos y difundirlos, para agradecer así a su autor el gran trabajo que está llevando a cabo en beneficio del barrio.

 

En este blog he publicado reseñas de los tres primeros volúmenes:

1.- De Balecas (1202) a la Anexión a Madrid (1950).

2.- Alcaldía de Vallecas.

3.- Lugares de Vallecas.

 

El cuarto lleva por título Primeras iglesias y ermitas de Vallecas. El autor habla de las ermitas más antiguas que estaban localizadas en los alrededores del pueblo de Vallecas. Muchas han desaparecido; de otras quedan algunos restos. La que mejor se ha conservado es la ermita de la Virgen de la Torre. En varios capítulos, el autor cuenta su historia, las del resto de ermitas y sus previsibles localizaciones (aunque hay dudas con algunas). Sus nombres eran la ermita del Santo Cristo, del Humilladero, Nuestra Señora de la Piedad, San Roque, San Antonio de Padua, Santísimo Cristo del Sepulcro…



Antes de 1427 ya existía una iglesia en Vallecas, probablemente mudéjar, de pequeñas dimensiones. De esa época es también la ermita de la Virgen de la Torre. Y ciertos documentos notariales del siglo XV nos hablan de la iglesia de San Pedro Ad Víncula, en el Pueblo de Vallecas. Ha sido muy remodelada, sobre todo en el siglo XVIII. En el libro se explica muy bien esta evolución arquitectónica y sus imágenes y otros componentes estéticos.

En el Puente de Vallecas también existieron algunas ermitas y lugares de culto, pero ya hay que remontarse a finales del siglo XIX y comienzos del XX, cuando Vallecas se desarrolla más en esta zona. La más conocida de todas es la ermita de la Virgen del Carmen, la patrona del llamado barrio de Nueva Numancia (luego Puente de Vallecas). Está ligada a la familia Presilla y Calás, claves en la evolución del Puente de Vallecas. El matrimonio Francisco de la Presilla y Antonia Calás donaron en 1880 unos terrenos para la construcción de la ermita en lo que hoy es el inicio de la calle Monte Igueldo. Poco después fallecieron y la ermita se construyó gracias a Josefina, una de sus hijas. Por delante de la ermita, como se ve en los mapas que reproduce el autor en el libro, pasaba La Maquinilla. El local es en la actualidad una tienda de ropa. Esta ermita dedicada a la Virgen del Carmen fue el principal lugar de culto del Puente hasta la apertura de la Iglesia de San Ramón Nonato en 1907, a donde se trasladó la imagen de la Virgen, ya en 1910, desapareciendo así la ermita. 



La iglesia de San Ramón también está ligada a la misma familia. Francisco y Antonia tuvieron dos hijas, Josefina y Ramona. Josefina, casada con Pedro Bosch, fue la que mantuvo la ermita. La parroquia de San Ramón lleva ese nombre como homenaje al hijo de Ramona de la Presilla e Isidro Villota. Ramón nació en 1871 y falleció en 1895. Resulta muy interesante el papel que desempeñó esta parroquia en el barrio, especialmente a partir del párroco Emilio Franco, quien promovió la apertura en 1930 del complejo parroquial Acacia, al otro lado del Arroyo Abroñigal, en Pacífico. Allí inauguró un Comedor Social y una Casa Cuna. El párroco y su coadjuntor fueron fusilados en Paracuellos al poco de empezar la Guerra Civil.

Otro lugar de culto a inicios del siglo XX fue la iglesia de Nuestra Señora de los Dolores, que regentaban la Asociación Católica de Señoras, germen de lo que más tarde sería el colegio Ave María, que estuvo en esta sede desde 1928 hasta 1968 cuando se trasladó a su ubicación actual, en la calle Doctor Salgado. También existía, al lado de esta iglesia, y con carácter privado, la capilla del Niño Jesús de Praga, de los Hermanos de la Doctrina Cristiana, que contaba además con una escuela en la que cursaban estudios, de manera gratuita, más de cien alumnos. Y otro lugar de culto, en la calle Melquíades Biencinto, fue la iglesia de Nuestra Señora del Carmen y Santa Teresa, posteriormente denominada Divina Pastora, que también contaba con un colegio que en 1931 se trasladó a la calle Emilio Ortuño, donde sigue existiendo. Resulta muy interesante también la historia de la capilla y posterior parroquia del Dulce Nombre de María, en el barrio de Doña Carlota.



El libro aborda los difíciles años de la II República y el inicio de la Guerra Civil para estos lugares de culto y colegios religiosos. Después de la Guerra, se abrieron las iglesias de San Diego de Alcalá, San Carlos Borromeo (en Entrevías), San Francisco de Asís, Santo Ángel de la Guarda y San Buenaventura. De todas ellas se describe en este libro cómo surgieron.

Interesante libro que, nuevamente, como en el resto de volúmenes del autor, explica, con el imprescindible apoyo documental, las raíces de las ermitas y las iglesias más antiguas de Vallecas. Un libro, pues, muy trabajado que tiene el objetivo de dar a conocer, de manera exhaustiva, la historia de Vallecas.



Primeras iglesias y ermitas de Vallecas

José Luis García Heras

PV Ediciones. Madrid (2025) 

176 págs. 16 €


CORREO DE CONTACTO Y PEDIDOS: jlghPV15@gmail.com


miércoles, 18 de febrero de 2026

Notas para un diario: "Apocalipsis vegano"

 


    Lo de los Días Internacionales se nos ha ido definitivamente de las manos. Hay ya un Día Internacional para todo, por muy hortera que sea el Día y los objetivos. En muchos sitios, aprovechan la efeméride que toca para hacerse publicidad o para organizar alguna tontería con la que esperan tener algún eco en los medios de comunicación. Pero también estas propuestas, a veces ingeniosas, fácilmente se convierten en supinas estupideces. 

    Como la que acabo de leer en un correo electrónico que me ha llegado anunciando que el 27 de febrero se celebra el Día Internacional del Cocido. Hasta ahí, fenomenal, pues si hay algo auténtico, típico, clásico, verdadero, genuino, tradicional, castizo es el cocido madrileño. Sin embargo, algunos restaurantes que van de modernos no se les ha ocurrido otra idea que incorporar a su Menú el Vegan Cocido Madrileño. Sí, no es una broma. En la publicidad sobre este plato de uno de estos locales dicen que se trata de “una comida que reúne en un mismo plato los nuevos alimentos favoritos para un cocido vegano perfecto”. Ya sé que estás pensando lo mismo que yo: que a estos sitios que ofrecen este innovador y posmoderno plato no voy a entrar en mi vida ni siquiera para tomar unas simples patatas bravas. 

    Para confirmar este irrevocable propósito, detallo el menú completo del Vegan Cocido Madrileño, con los tres vuelcos y el postre. Todo comienza con unos aperitivos para abrir boca: croquetas de cocido vegano y una selección de encurtidos de la tierra. Luego, el primer vuelco: sopamen vegano con fideos de trigo sarraceno. A continuación, el segundo vuelco, las verduras: nabo daikon (este no lo compraba mi madre), calabaza, zanahoria, patata y la col asiática pak choi (es para descojonarse), todo ello rehogado con aceite de ajo y pimentón. Y a la vez, el tercer vuelco: garbanzos lechosos, morcilla de calabaza, chorizo vegetal y buñuelos de la abuela. Por último, el postre: tarta de chocolate vegana y helado de vainilla. 

    Tendría que haberle sugerido a Paca, cuando compraba la comida que hacía en el bar La Escalera, en el Mercado del Puente de Vallecas, que sustituyese en sus rotundos cocidos la morcilla y el chorizo de toda la vida por la morcilla de calabaza y el chorizo vegetal. Y ya hay que tener morro para después de describir este elenco de comida vegana recurrir para quedar bien y sin rubor a la “abuela” de los buñuelos, cuando saben, porque lo saben, que si una abuela ve que están utilizando sus buñuelos para disfrazar un cocido vegano, va a salir corriendo. 

 

viernes, 13 de febrero de 2026

"La hija del Fénix", de Fernando Bonete

 

    Fernando Bonete es profesor de Escritura y Argumentación en la Universidad Antonio de Nebrija y es, también, un conocido divulgador de libros en sus redes sociales. Acaba de publicar su primera novela, La hija del Fénix, una narración histórica basada en la relación que mantuvo Marcela, hija ilegítima, con su padre Lope de Vega. A los 15 años, profesó como novicia en el convento de las Trinitarias de Madrid, muy próximo a la casa donde Lope vivió en Madrid sus últimos 25 años, casa que está en la calle Cervantes y que hoy es un Museo. 

    Sobre esta amena novela, he escrito esta reseña en Aceprensa

La hija del Fénix
Fernando Bonete
Espasa. Barcelona (2026)
384 págs. 22,90 €



lunes, 9 de febrero de 2026

El auge de la “Healing Fiction”, literatura con fines terapéuticos

 



En los últimos meses, no hay más que darse una vuelta por muchas librerías, proliferan las traducciones de novelas japonesas y de Corea del Sur que tienen un mismo aroma y hasta una parecida presentación, con un diseño en las portadas con colores muy vivos y con lugares cotidianos reconocibles. Se trata de un nuevo género literario, Healing Fiction(siempre viene bien una etiqueta en inglés), la llamada literatura terapéutica y sanadora. Las novelas que se están publicando son, por ahora, de autores japoneses y coreanos. Dentro de poco, si siguen vendiendo (y parece que va a ser que sí), vendrá lo peor: los sucedáneos hispánicos. 

 

Ver artículo en Aceprensa sobre la Healing Fiction.

sábado, 7 de febrero de 2026

Mis clásicos: "Un árbol crece en Brooklyn", de Betty Smith

 


Esta novela, que gozó de mucha popularidad en la década de los 40 y 50 en Estados Unidos, se publicó en 1943. Era la primera novela de una autora que hasta entonces se había dedicado al teatro. Un año después, el director de cine Elia Kazan comenzó su carrera con la adaptación de esta emocionante novela que cuenta la vida de la niña Francie en un barrio pobre de Brooklyn en las primeras décadas del siglo XX.


No estamos ante una novela empalagosa que cuenta, en plan cursi, cómo los pobres luchan para ser felices. Betty Smith se inspira en su propia vida para contar, con un tierno humanismo, las vidas de un grupo de personajes reales, sacados de la vida misma, que hacen todo lo posible por salir adelante en medio de unas circunstancias muy complicadas. 


A la familia de Francie no se le ahorran dificultades. Además, tienen que convivir con las lacras que germinan en barrios pobres y deprimentes. Pero Katie, la madre de Francie y el pilar de la familia, sabe que, con dignidad y apostando por la educación, se puede luchar contra la adversidad. 





Un árbol crece en Brooklyn

Betty Smith

Lumen. 505 págs.  

jueves, 29 de enero de 2026

Notas para un diario: "La tragedia de la bombilla"

 


Soy un manazas. No tengo por qué ocultarlo. Y un negado para todo lo que tiene que ver con habilidades manuales (aquí incluyo también el mundo informático). En mis años de estudiante, la asignatura que peor se me daba fueron los trabajos manuales y la plástica. Tengo recuerdos patéticos de algunas de mis gloriosas actuaciones. Prefiero no poner ejemplos para no abusar del sentido del ridículo. Solo un comentario: mientras el resto de mis compañeros podían lucir orgullosos delante del profe, los alumnos, la familia y el resto de la humanidad sus logros con la plastilina o la marquetería, yo soportaba en silencio mis reiterados fracasos estéticos, ocultando todo lo que hacía para que no lo viese absolutamente nadie. 


Esta manifiesta inutilidad se extiende a todo lo que tiene que ver con el coche: para mí todos los problemas técnicos se reducen a los problemas con el estárter y ahora mismo estoy sumergido en una dolorosa crisis de identidad porque no soy capaz de cambiar uno de los parabrisas delanteros, que se ha estropeado. 



Pero, con diferencia, lo peor de lo peor son las reparaciones caseras. Mi última intervención en casa parecía más bien una perfomance, pero sin espectadores (o, mejor, un número de Mr. Bean). Fue en la cocina. Después de muchísimos años, se fundió la bombilla del techo. Bueno, no se fundió precisamente, sino que estalló y se hizo añicos. Con alegre, dinámica y positiva presteza, cogí la escalera e intenté sacar la bombilla, pensando que iba a ser una operación sencilla, aunque en mi interior ya comenzaban a aparecer las dudas de que todo sería mucho más complicado. Como así fue. No había manera de desenroscar la bombilla, pegada como estaba al casquillo de una manera imposible de quitar. Me bajé de la escalera y observé con detenimiento y escepticismo el desaguisado. Animado, lo volví a intentar. Nada. Otro intento. Nada. Ya empezaba a sudar, no por el esfuerzo físico sino por la sensación de inutilidad absoluta. Ya me veía llamando a Luis, el vecino, para que me viniese a echar una mano. Eso no podía ser. Estamos hablando de una bombilla, una puñetera bombilla. Mi orgullo estaba en juego. 


Cogí unos alicates (sí, sé lo que son unos alicates) y lo intenté con ellos. Fue peor el remedio que la enfermedad. Me estaba cargando todo: lo que quedaba de la bombilla y el casquillo de la lámpara. Volví a bajarme casi temblando de la escalera. Me vi solo ante el peligro, pensando dramáticamente en mi vida y en mi futuro y hasta en la muerte. En mis luces y sombras. La bombilla, parábola existencial, me estaba poniendo a prueba y me estaba también poniendo en mi sitio. Pero no tiré la toalla, cogí fuerzas y en un arrebato de astucia -aquí me salió un rictus de desmedido orgullo- conseguí sacar por fin todos los restos de la bombilla. Estuve a punto de aplaudirme hasta mí mismo. Luego, sin pedir consejo a nadie, fui capaz de comprar una bombilla igual y ponerla como si tal cosa, como si me hubiese dedicado toda la vida a esto. Me sentí pleno y satisfecho. La felicidad absoluta.






lunes, 26 de enero de 2026

Mis clásicos: "La plaza del Diamante", de Mercè Rodoreda

 


            De la ingente bibliografía que existe sobre la Guerra Civil –estudios, monografías, novelas, relatos, etc.-, una de las obras literarias que más me gusta, y que suelo recomendar, es La plaza del Diamante, de la escritora catalana Merçé Rodoreda (1908-1983). Al acabar la Guerra, se exilió en Ginebra y regresó en 1979. En el exilio publicó esta obra, en 1962, y, entre otras, La calle de las Camelias (1966), también de sus más conocidas.


          Si algo brilla en La plaza del Diamante es el personaje de Colometa, una mujer del pueblo que asiste como testigo a los desastres que provocó la guerra (especialmente en su vida) y a la dura reconstrucción de la posguerra. Hay de todo en la novela: tensión, emoción, costumbrismo, testimonio... Pero sobresale la mirada sencilla, femenina, íntima, doméstica de una mujer que se siente desbordada por las circunstancias. 




La plaza del Diamante

Mercè Rodoreda

Edhasa. Barcelona (2023)

240 págs. 9,95 €.

viernes, 23 de enero de 2026

"El verano que pasamos en Sevilla", de Jesús Martínez Medina



Segunda novela que publica Jesús Martínez Medina (Madrid, 1997), como la anterior, La escolanía y el misterio del solista (2023), también dirigida al público juvenil. Martínez Medina demuestra en estas dos novelas que posee una gran imaginación y que sabe construir aventuras que contienen una intriga misteriosa e intelectual, con curiosos enigmas que los protagonistas deben resolver.

Si la anterior novela transcurría en una escolanía, ahora la acción tiene lugar en Sevilla, a donde se ha trasladado la familia González Carballo para pasar unos especiales días de vacaciones, pues sus padres, Ale y Luis, quieren celebrar sus bodas de plata de casados. Mientras los cinco hijos del matrimonio vivirán con su abuela Triana en una localidad cercana a Sevilla, los padres se alojan en el mismo hotel de la noche de bodas de su matrimonio, un hotel con solera, antigua hospedería, que cuenta con un mobiliario que fue regalado nada más ni nada menos que por Alfonso X el Sabio, el hijo de Fernando III el Santo y rey que transformó la ciudad de Sevilla.

La relación de este rey con la ciudad marca la creciente intriga de esta novela, que se sirve en su comienzo de un inesperado accidente en la habitación de sus padres en el hotel por el que uno de los hijos, Álvaro, encuentra dentro de un bargueño muy antiguo dos peones que llevan tallados en su base estos símbolos: E4 y C5. Álvaro esconde los peones sin decir nada a sus padres y a partir de ese descubrimiento empiezan una serie de aventuras para desentrañar ese misterio en el que se ven envueltos todos los miembros de la familia (Álvaro, Borja, Gonzalo, Laura y Cristina), menos sus padres y su abuela.

Avanzan en sus investigaciones gracias a la pasión de Álvaro por el ajedrez y a la ayuda de uno de los nietos de los vecinos, también aficionado al ajedrez. En sus pesquisas se encontrarán con algunos problemas, aunque también aparecen en su auxilio inesperados ayudantes. 

El autor, con mucho ingenio, plantea una intriga en la que intervienen elementos históricos de la ciudad de Sevilla, las acciones del rey sabio y la intuición de los hermanos para avanzar en la resolución del misterio. A la vez, Martínez Medina introduce en el relato las divertidas relaciones entre los hermanos, algunos espinosos hechos relacionados con el pasado familiar y los primeros escarceos amorosos de algunos de ellos.

Martínez Medina consigue que la narración avance con unos diálogos vivos y dinámicos. Acierta en la construcción diferenciada de los personajes y en la descripción del nacimiento de misteriosos e intensos sentimientos en algunos de ellos. La intriga acaba enganchando a los lectores.

Hay cuestiones que, quizás, merecerían un trabajo literario más exigente, pues algunas de los sucesos no están bien desarrollados ni explicados; también se introducen demasiadas historias paralelas que pueden acabar distrayendo al lector. Hay determinadas casualidades que no benefician a la verosimilitud de la trama. Y ciertos temas y personajes -como don Casimiro, el hermano de Triana y el joven Pablo- que no encajan en esta aventura.

Con todo, El verano que pasamos en Sevilla resulta una lectura agradable, simpática, entretenida, que combina los ingredientes familiares con los propios de una novela de intriga.



El verano que pasamos en Sevilla

Jesús Martínez Medina

Almuzara. Córdoba (2024). 

192 págs. 20 €