viernes, 9 de junio de 2023

"Novelas que dejan huella", de Hilario Mendo

 

Es tal el volumen de novedades que aparecen en las librerías periódicamente que resulta difícil escoger y fijar la atención entre tanta oferta. Además, suelen ser los best-sellers y las novelas que buscan entretenimiento al por mayor las que se llevan la atención de la crítica literaria y las que ocupan los primeros puestos en las listas de libros más vendidos y en las selecciones que hacen los medios de comunicación y las propias librerías. Hoy más que nunca, resulta indispensable la labor de buenos lectores con prestigio y críticos literarios independientes que sepan distinguir el grano de la paja. No resulta fácil realizar esta tarea teniendo en cuenta el peso de las grandes editoriales, la fuerza de la publicidad y la velocidad a la que se suceden las novedades, lo que provoca que novelas originales, interesantes, exigentes, de calidad, pasen sin pena ni gloria y a las pocas semanas sean víctimas del olvido.

            Por eso hacen falta libros como este, Novelas que dejan huella, en el que el autor, experimentado crítico y riguroso lector, realiza una selección de “mis novelas preferidas de este siglo tan aburrido”. Hilario Mendo (Madrid, 1948) es también autor de otro volumen de características similares, Mis libros inolvidables (2006), en el que escribió sobre sus libros favoritos de los últimos decenios del siglo XX. Conviene aclarar que no estamos ante un libro académico ni un estudio sobre la literatura contemporánea actual. El autor mantiene una conversación con sus lectores en la que, como suele hacer de manera habitual en diferentes contextos, recomienda libros que le han gustado y llamado la atención. Eso sí, con unos criterios claros: “las ficciones de calidad, aunque escasean, mantienen todavía un nivel por encima de los productos culturales de esta sociedad del hiperconsumismo”. 

Basta con echar un vistazo al índice –e incluso a la lista de libros que figura en las páginas finales- para comprobar cómo Hilario Mendo tiene un sentido elevado de las posibilidades de la lectura como vehículo positivo de transformación humana, personal y hasta espiritual, sin reducir la misión de la literatura al mero pasatiempo. Libros, pues, que abordan muchas cuestiones de la condición humana desde perspectivas diferentes, con un sentido muy abierto de la cultura y sin reducir los mensajes literarios a solamente los “positivos”, pues en muchas ocasiones muchos de los libros seleccionados muestran las cicatrices, las dudas, las incertidumbres, los errores del hombre contemporáneo, siempre contados, eso sí, con elegancia y una sobresaliente calidad literaria. 

            De los cincuenta libros elegidos, menciona brevemente el lugar que ocupa en la trayectoria del autor, selecciona algunos pasajes significativos y analiza tanto sus contenidos literarios como sus mensajes de fondo, incorporando el autor en sus comentarios algunas reflexiones personales que interpelan a los lectores y que tienen que ver con aspectos culturales y existenciales de actualidad en el pensamiento contemporáneo.

            Sorprende la intuición de Hilario Mendo para descubrir títulos a los que apenas se les ha prestado atención, como Preparación para la próxima vida, de Atticus Lish, “novela descarnada y conmovedora, que ha tocado mis fibras más sensibles como pocas ficciones lo han hecho en las últimas décadas”. O En islas extrañas, de Amy Lyptrot, obra “de gran crudeza y honestidad” y “profundamente humana”. También merece destacarse su agudeza para rescatar Brooklyn, de Colm Tóibin; Paz, de Richard Bausch; La mujer de un solo hombre, de A.S.A. Harrison; Ahora me rindo y eso es todo, de Álvaro Enrigue; Tallo de hierro, de William Kennedy; Un tiempo para callar, de Patrick Leigh Fermor; Capital, de John Lanchester, y otros títulos muy interesantes.

            Abundan los autores norteamericanos (Raymond Carver, Tobías Wolff, Saul Bellow, William Saroyan, Wallace Stegner, Edgar L. Doctorow, Cormac McCarthy, Lucia Berlin…). Alaba las mejores novelas de un grupo de autores judíos, como Isaac Bashevis Singer, Abraham B. Yehoshúa, Israel Joshua Singer. Entre los españoles, aparecen autores de hace décadas (como Arturo Barea, de quien el autor rescata La forja de un rebelde) y otros contemporáneos como Javier Marías, Jesús Carrasco, Fernando Aramburu, Andrés Barba y Natalia Sanmartín. Entre los autores hispanoamericanos, destaca La fiesta del chivo, de Vargas Llosa, y El hombre que amaba a los perros, de Leonardo Padura. Y el autor escribe también sobre autores europeos clásicos y modernos, como Antonio Tabucchi, Ian McEwan, Stefan Zweig, Vasili Grossman, Carlo Levi, Siri Hustved...

           Estamos, pues, ante un libro muy personal, no una mera guía, que puede servir a muchos lectores inquietos e interesados en la literatura actual para descubrir lecturas que “dejan huella”, como dice su título. Y también a salir de lo establecido, lo más vendido, lo que más se lee, etc., muchas veces lecturas insustanciales y sin alma. Merece la pena dejarse aconsejar por el autor: tiene un buen ojo clínico para descubrir novelas y ficciones que muestran los variados y contradictorios intereses del ser humano actual. 



Novelas que dejan huella

Hilario Mendo

Digital Reasons. Madrid (2023)

316 págs. 18 €.

lunes, 29 de mayo de 2023

Notas para un diario. Presentación de “Libro de familia”

      

Durante meses, he estado preparando un libro sobre mi familia que contiene recuerdos, anécdotas, historias y muchas fotografías. Lo he titulado Libro de familia. Me lo ha maquetado, diseñado y editado Pablo, compañero de trabajo, con su proverbial profesionalidad. Se trata de un libro doméstico, familiar, que sólo tiene recorrido entre mi familia, vecinos y amigos. 

Cuando lo preparé, con la colaboración de algunos de mis hermanos, decidimos mantener en secreto el proyecto y pensar en la presentación, que tendría que ser original y muy familiar. Porque este es un libro sobre todo para la presentación. Si conseguíamos reunir en un sencillo acto a toda la gente que conocía bien a nuestra familia, el trabajo habría merecido la pena.

La presentación fue el 19 de mayo, viernes.

El escenario, como nos han dicho tantos de los que acudieron, fue lo mejor. Por un lado, la fachada decadente, las ventanas de las casas, la ropa tendida, las escaleras que dan acceso al patio; en frente, la valla que recorre todo el patio y los edificios visibles de los vecinos de la calle de atrás, Rodríguez Espinosa. Cuando concretamos la fecha de la presentación, nos pusimos manos a la obra con los preparativos. Una presentación en toda regla, con el boato justo, pues de lo que se trataba era de vivir una fiesta cálida y familiar. Alquilamos unas sillas, encargamos una merienda y, en los últimos días, tuvimos la idea de invitar también a un grupo de música para que amenizase el acto con un popurrí de canciones de los años sesenta y setenta. 



Le dimos también vueltas a quién podía presentar el libro. Rechazamos a la primera que lo presentase alguien de renombre o un experto aséptico que no nos conocía de nada. Se lo propusimos a cuatro amigos de la familia: nuestra vecina de toda la vida, Carmen; Camacho, amigo de Ricardo y también de todos nosotros; Quique, vecino de Toñín pero que ya forma parte de nuestra familia, como sus hijos Rocío y Quique; y Pili, la gran Pili, amiga de toda la vida de Loli, que nos ha acompañado a todos desde siempre en los buenos momentos y en los malos. La elección estuvo muy acertada, pues los cuatro, en sus intervenciones, se ajustaron a lo que queríamos: una sencilla, emotiva y nostálgica evocación de su relación con nuestra familia, los Torrecilla Molinuevo.


Presentó el acto mi sobrina Andrea, a la que ya lié también para que se encargase de coordinar la presentación en Tajamar de La suerte de conocerte, mi libro anterior, unos diarios en los que también aparece mucho mi familia y que son el origen de este nuevo libro. Andrea lo hizo muy bien, dando a sus intervenciones el tono humano necesario, pues no estábamos en una presentación oficial. Andrea es también la autora del prólogo de Libro de Familia, que ha titulado  “La vida diaria en clave de humor” y del que destaco estas líneas: “En este libro encontraréis historias de una familia de Vallecas que se podría considerar, juzgando las mismas, de todo menos normal. La vida diaria contada en clave de humor, porque así es como nos hemos enseñado los unos a los otros a vivir. Dramas familiares que pierden todo el dramatismo al ser recordadas porque prima en ellos cualquier situación surrealista protagonizada por alguno de sus miembros, bien sea el sorpresivo ingreso en urgencias de un hospital, una prueba médica convertida en el epicentro de todos los chistes o un tanatorio siendo escenario de un auténtico “planazo” (…). Siete hermanos, y sus múltiples amigos, protagonistas de una vida digna de ser contada, de historias que dan incluso para escribir un libro”.




Andrea comenzó explicando algo el contenido del libro y resaltando que, en definitiva, este libro era un sentido homenaje que hacíamos nuestra familia a nuestra madre, sentada en las primeras sillas. Andrea leyó algunos pasajes del libro que hacen referencia a mi madre, que escuchó de manera muy atenta, incluso llevando la contraria a Andrea en alguna afirmación (como que a veces hacía trampas a las cartas). Copio un breve párrafo de lo que leyó Andrea: “La “señora Estupenda” [así la llamamos en clave de humor] hace todo lo que esté al alcance de su mano para que nosotros, sus hijos, no nos preocupemos por nada. «Dile a tus hermanos que estoy muy bien, que como bien, que duermo bien. Que estoy muy contenta y que aquí me tratan muy bien. Estoy estupendamente». «Y si no –dice a la vez que señala su bastón–, aquí tengo yo esto para poner la cosas en su sitio». Siempre saca el lado bueno de todo y siempre manifiesta una actitud abierta a disfrutar de lo que sea –un baile, una partida de cartas, el dominó, un bingo, etc.– porque de lo que se trata es de pasarlo bien, adaptarse a lo que venga y no dar la brasa. (…) Nunca fue una madre posesiva ni agonías, tampoco con las necesidades económicas que teníamos, que no eran pocas. Todos pusimos de nuestra parte para que cada uno fuera encontrando su sitio y facilitar las cosas a mi madre. Y ella llevó todo esto con ese carácter que tiene, despreocupado y viendo el lado positivo de todo”.






Al acabar este pequeño homenaje a mi madre, le entregamos un ramo de flores y un regalo que viene repitiéndose de manera sorpresiva en mi familia desde hace ya muchas décadas, más de treinta, una puñetera pistola que aparece siempre escondida en los sitios más insospechados (por ejemplo, a mi hermano Alberto, en su boda, antes del tradicional vals, los camareros le acercaron con mucha pompa una bandeja donde estaba la dichosa pistola). Una broma familiar con la que mi madre, que no se la esperaba, se rio bastante.


Luego, tuvo lugar la primera actuación musical del grupo de chavales. En este primer bloque, interpretaron canciones de Ducan Dhu, Nino Bravo, la canción de Heidi, una de Julio Iglesias, otra de Raphael y también de Mocedades. A continuación, Andrea presentó a cada uno de los intervinientes. Comenzó Carmen y después Camacho. En ese momento, el grupo musical volvió a entrar en escena con otra breve actuación, ahora con canciones de Palito Ortega, Fórmula V, Los Brincos, Luis Aguilé y, cómo no, no podía faltar el gran Georgie Dann con su ya mítica “La barbacoa”, coreada por todos los asistentes, como el resto de las canciones. Al acabar, intervino Quique y finalizaron las intervenciones con Pili. 


Hay que destacar el ánimo con el que los cuatro aceptaron el marrón de preparar un texto que, reconozco, no es nada fácil de escribir  pues se trataba de decir algo del libro y de la familia con un tono entre serio y divertido. Como colofón, Andrea les entregó a cada uno un regalo que, muy bien envueltos, escondían una broma para cada uno de ellos. Unas brevas para la Carmen (ella siempre llamaba a mi madre doña Higo y mi madre la trataba de doña Breva), una fotografía enmarcada y dedicada de Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, para Camacho, atlético y antimadridista; a Quique, una lata de callos, uno de sus platos preferidos; y a Pili, muy bien camuflados, unos polvorones que, como la pistola, aparecen en los sitios más descabellados como sorprendente regalo. 

Antes de la clausura, yo dije unas palabras para agradecer a todas las personas que habían hecho posible este acto y el libro que empezaríamos a repartir al finalizar. Pero la clausura también tuvo su momento musical, pues los músicos nos animaron a ponernos a todos de pie para cantar de manera encendida el himno del Rayo Vallecano, el equipo de nuestro barrio.




Luego empezaron a circular los botellines. Gracias a la profesionalidad de María Alejandra y su equipo, disfrutamos de una generosa merienda, variada y muy bien preparada. A la merienda se añadieron unos cien filetes rusos que había traído mi hermana Mari Carmen sabiendo la debilidad que tenemos todos en la familia por este plato (y mas si los filetes los ha hecho ella).



Vinieron gente muy, muy querida y apreciada, como mi tía Inés, mi primo Carlos y también Isabel, su vecina de toda la vida, gran amiga también de mi madre. Mis primos Silvia y Pedrín que nos echaron un capote con los preparativos (en casa de Silvi nos fuimos a tomar algo después de recoger todas las cosas) y mi prima Mari Carmen, una de las hijas de mi tía Carmen. Apareció Jacinto, el camarero de toda la vida del bar Dones, ya jubilado, muy apreciado por todos nosotros. La Sole, muy amiga de todos, y que llevaba La Boutique del Pan, una tienda que hay justo enfrente del portal de mi casa. Muchos vecinos e hijos de los vecinos, como José Luis y su hermana Yoli, Lauri, Tere y Juan, su marido, las hijas de Carmen y Marcos, Elisabet y Elena, y Carmen, la mujer de Cuevas, otra vecina de toda la vida. 

Estuvieron César y Rafa, a quien tanto quiere toda mi familia. Rafa es el autor del epílogo, del que reproduzco un par de párrafos: “Conocí a la familia Torrecilla hace más de cuarenta años. (…) Era, es, una familia de lo que me gusta llamar el pueblo-pueblo, la gente que no va de nada, que se amolda a las grietas de la vida, agradables unas, dolorosas otras, pero siempre sin alzar el grito ni la pena. (…) Cuando existe esa felicidad que no se nombra nunca como tal, el primer resultado es la alegría y el buen humor. Y, como en un círculo virtuoso, ese buen humor contribuye a la felicidad. Ese era el ambiente que yo vi en aquellas veces que fui a comer a casa de Adolfo. Ese es el ambiente en el que me siento a gusto, con la naturalidad de la vida sin más, sin falsas cortesías, sin remilgos”.

           También estuvieron amigos de mi hermano Antonio (el Ruda, Rocío, Cristina, Antonio, Marta, Eduardo, Merche, Javi, Manuel y Óscar); amigas de mi hermana Loli, como María José,  Milagros y Daniel, su marido, a quienes hacía tiempo que no veía; Sonia y Samuel, la mujer y el hijo de Camacho; los hermanos y cuñados de José, quien, por el trabajo, llegó a la presentación casi al final: Mari, Fede, Antonio y Conchi. Y también Isra y Cris. Me dio mucha alegría ver a José Félix con su mujer Belén y Lorenzo, su hijo. Lo mismo que ver a Fernando, Alberto, Goyo, Pedro, José Luis, Enrique y a Arturo, que nos solucionó antes de empezar algunos problemas con los altavoces. Y mis compañeros de trabajo: Antonio (y su hijo Dani, buen amigo), Paco y Ana Isabel, Pablo y Miriam y Cristina. A todos estos hay que sumar algunos amigos de mi hermano Alberto, Jaime (vecino del 24), mis sobrinos (Álvaro, Candela, Rubén), Elisa, mi cuñada, David, el novio de Andrea (que hizo de cámara), y Mila, su madre. Dos vallecanos de pro, incondicionales en estas presentaciones, como son Carlos y Nano (el Percha). También Luis, mi vecino. Y dos personajes muy excepcionales, que hacía tiempo que no veíamos: Jorge y Merche, vecinos de toda la vida: Jorge era un asiduo a la San Silvestre vallecana en Dones y es el protagonista de las coplas que cantábamos en el bar cuando ya la carrera había finalizado, momento que sale en Libro de Familia.






Y dejo para el final a algunas personas que ocuparon un lugar muy especial en esta presentación: Rosa, la novia de mi hermano Ángel (ya fallecido hace muchos años): de los dos hablo en el libro; mis hermanos Mari Carmen, Antonio, Alberto, Loli y Ricardo (que me han ayudado en todos los preparativos) y, por supuesto, mi madre, a la que se veía subida en una nube y feliz, y más todavía cuando descubrió que la habíamos llevado también sus bollos preferidos. 

Nos lo pasamos muy bien, todo hay que decirlo, a lo que sin duda contribuyeron los botellines de Mahou que nos tomamos. Solo por la presentación, ha merecido la pena escribir este libro de recuerdos, historias, anécdotas. Me lo he pasado muy bien escribiendo muchos capítulos, aunque con otros los sentimientos han estado más a flor de piel, como los capítulos que dedico a mi padre y a mi hermano Ángel.

Un libro, quiero subrayarlo, sin pretensiones de nada, con el que lo único que he buscado ha sido pasar un buen rato para reconstruir un modelo y un estilo de vida familiar que se encuentra, quizás, en vías de extinción. Como escribo en el prólogo: “Intento no caer en la nostalgia, pero sé que no lo he conseguido. No resulta fácil esquivar estos sentimientos cuando uno regresa a su infancia y recupera muchos momentos del pasado, un pasado que no va a volver y que se agranda a medida que el futuro mengua. Sí, nos estamos haciendo mayores”.
























sábado, 27 de mayo de 2023

"Réquiem por un campesino español", de Ramón J. Sender

   

     Nacido en 1901 en Chalamera de Cinca (Huesca), Ramón J. Sender se trasladó muy joven a Madrid para ejercer como periodista, muy beligerante y politizado en sus inicios tanto en el contenido de sus colaboraciones como en las formas. Durante la dictadura de Primo de Rivera, pasó unos meses en la cárcel por la virulencia de sus artículos, que empezó a publicar en El Sol y que, más tarde, con su progresiva radicalización política, aparecieron en La Libertad y en Solidaridad Obrera. Sender comenzó su actividad periodística vinculado al anarquismo, que abandonó para ingresar en el Partido Comunista. Durante la Guerra Civil española, en la que mataron a su mujer y a un hermano, combatió al lado de Enrique Líster y fue miembro del Alto Estado Mayor del Ejército Republicano. 

En la Guerra, se distanció de los comunistas, lo que le provocó algún problema en su posterior exilio, primero en México hasta 1942 y luego en Estados Unidos, donde fue profesor en diferentes universidades. A partir de la década de los sesenta, comenzó a viajar a España periódicamente. Incluso en 1969 obtuvo el Premio Planeta con su novela En la vida de Ignacio Morel. Murió en San Diego (EEUU), en 1982.

            Durante los años veinte y treinta compaginó su actividad periodística con la literatura, siempre con una marcada finalidad política. Seguidor en la manera de novelar de Galdós y Baroja, Sender incluye en las novelas que escribió en esos años un fuerte mensaje político, como se puede apreciar en Imán y Mr. Witt en el Cantón. Aunque siempre suele haber en sus obras un componente social, después de la Guerra rebajó este mensaje. Fue un escritor muy prolífico, con obras muy variadas y diferentes. En su larga trayectoria encontramos obras políticas, sociales, alegóricas de intenciones satíricas, filosóficas, poéticas, obras históricas, autobiográficas, libros de relatos y narraciones misceláneas. 

Sus libros más populares han sido la serie La crónica del alba (nueve novelas que empieza a publicar en 1942), La tesis de Nancy (1962) –y sus posteriores secuelas-, La aventura equinoccial de Lope de Aguirre (1964, ver Aceprensa 22 Abril 1998), ambientada en la conquista de América, y El bandido adolescente (1965), sobre la vida de Billy el Niño. En buena parte de su producción existe la inquietud
sobre el presente y el futuro del hombre concreto en su devenir histórico, social y existencial. 

            En 1953, ya en el exilio norteamericano, publicó la novela que le ha dado más fama y popularidad, Réquiem por un campesino español, que en su primera edición llevaba el título de Mosén Millán y que Sender decidió cambiar en 1960 para subrayar así el protagonismo del componente social y campesino. Se trata de una obra muy breve, directa, alegórica y también poética. Sender va directamente al grano y su contundencia y sencillez estilística da fuerza a la novela, de las mejores de su autor. 

La novela está ambientada en un pequeño pueblo aragonés que ha sufrido de manera directa la brutalidad de la guerra. El párroco del pueblo está a punto de comenzar un funeral por Paco el del Molino, fusilado un año antes por miembros exaltados del bando nacional durante la Guerra. Mosén Millán, mientras espera a que dé comienzo la ceremonia, recuerda su intensa relación con Paco, su nacimiento, bautizo, los años de monaguillo, la separación de las prácticas religiosas durante la adolescencia, cuando Paco comienza a interesarse más por lo social; su acercamiento a los partidos de izquierda en las elecciones durante la Segunda República y su directa participación en las revueltas sociales que tuvieron lugar en el pueblo con el fin de acabar con los privilegios de los terratenientes de la zona. Al final, el bando nacional se hizo con violencia con el control del pueblo, hubo fuertes represalias y sirviéndose de la 
ingenuidad del cura, le utilizaron para que Paco se entregase pensando que iba a tener un juicio justo.            

        El libro, partidista en su intención moral y política, es comedido sin embargo en sus valoraciones y sus juicios. Aunque el autor, con el comportamiento de Mosén Millán, juzga también negativamente la actitud de la Iglesia durante la Guerra, no se trata de una denuncia virulenta ni tópica, pues el personaje del párroco tiene sus matices, sus sentimientos y sus argumentos para demostrar que el asesinato de Paco no fue culpa suya, aunque un año después persisten los remordimientos.


Réquiem por un campesino español

Ramón J. Sender

Austral. 

Barcelona (2023). 

128 págs. 11,95 €.

viernes, 14 de abril de 2023

"Lectocracia", de Joaquín Rodríguez

 


“Leer refuerza nuestra atención, nuestra concentración y capacidad de abstracción, que son condiciones esenciales para la conformación del pensamiento autónomo”, escribe en Lectocracia Joaquín Rodríguez, doctor en Historia y Antropología y autor de otros ensayos, como La furia de la lectura y Por qué seguir leyendo en el siglo XXI, que tienen como tema principal la sociedad lectora. En este caso, a través de diferentes historias, anécdotas, biografías, estudios y personajes, ofrece el autor una atrayente visión caleidoscópica de la lectura como fundamento del espíritu crítico.

            “Una utopía cívica” es su subtítulo, con el que resume su ambicioso programa de crear una sociedad de lectores comprometidos “social y políticamente”, “respetuosos con la diferencia”, “abiertos al error” y “protagonistas de la transformación”. Pocas cosas tan importantes como la lectura para “promover una actitud de compromiso cívico-crítico”. Pero este objetivo utópico, que el autor desarrolla de manera detallada con numerosas ideas que interpelan al lector y a la sociedad en su conjunto para que avancen en esta dirección, tiene también un reverso que conviene tener en cuenta. 

Desde que el libro ha pasado a formar parte indispensable de la formación de las personas, ha habido muchos intentos de controlar su difusión y sus contenidos, a la vez que se han extendido errores de planteamiento, método y cálculo que van en contra de los objetivos de la lectura, transformando el acto de leer en una cosa muy distinta, rebajando sus expectativas y convirtiendo a los lectores en meros repetidores de ideas ya cómodamente instaladas en la sociedad.

            La lectura transforma a los ciudadanos de sumisos en críticos, como opinaba el escritor Kurt Vonnegut; también en mejores personas, como se cuenta a propósito de la iniciativa del juez Timothy Spencer, apasionado defensor de los efectos terapéuticos de la lectura. Para aprender y relacionarse con lo escrito no basta con saber leer: el autor recuerda el proyecto pedagógico de Ángel Llorca, abierto y enriquecedor, totalmente contrario a una manera de acercarse a la lectura y los libros donde lo único que se valoraba era la repetición y la memorización, una sumisa manera de asumir la tradición. La lectura es una herramienta radical de mejora y transformación de la sociedad, como lo vieron en el Frente Sandinista en 1979 y llevaron a la práctica con una Cruzada por la Alfabetización. También la lectura fue un acicate y revulsivo para los jóvenes que protagonizaron protestas sociales en todo el mundo, poniendo en circulación e intercambio lecturas para un mundo mejor, más humano.

            La otra cara de la moneda las explica el autor con ejemplos muy distintos. Uno de ellos es la historia del Índice de Libros Prohibidos, que se publicó por vez primera en Valladolid en 1559. Y el papel adoctrinador y catequizante que tuvo en China el Libro de Mao, que hizo de este libro la herramienta masiva para imponer una visión monolítica y totalitaria. 

            También es consciente el autor del terremoto que ha provocado la aparición de Internet y la extensión de las nuevas tecnologías y las redes sociales, que deben transformar la manera de transmitir la cultura y los saberes. Se muestra crítico con la escuela tradicional y con el canon de libros que se ha instalado en la escuela, donde hay poco margen para la creatividad y, también, para promover alternativas. En este sentido, habla de las alfabetizaciones múltiples y la aparición de una sociedad postipográfica, que debe tener su peso en los métodos de enseñanza y en los valores culturales que se desean transmitir también en la familia. Para Rodríguez, “lo digital es un aliado, no un enemigo”.

            Lectocracia no es un libro que deje indiferente. Hay propuestas o puntos de vista del autor que pueden provocar polémica (también puede resultar en ocasiones repetitivo); en algunos aspectos se ofrece una visión parcial o interesada de diferentes fenómenos históricos y quizás algunas conclusiones estén un tanto forzadas para subrayar el objetivo del libro. Pero Lectocracia busca de manera deliberada cuestionar también el papel actual de la lectura. Por eso, constantemente lanza preguntas abiertas a los lectores para que reflexionen sobre lo leído, sobre alternativas, sobre finalidades, sobre lo que debe hacerse o si tal y como se enfocan las cosas se va por el camino deseado. Un libro que convierte su lectura en un eficaz ejercicio cívico.



Lectocracia
Joaquín Rodríguez
Gedisa. Barcelona (2023)
392 págs. 23,90 €.

sábado, 25 de marzo de 2023

"Himalaya", de Erika Fatland


Tercer libro que leo de la noruega Erika Fatland (1983), antropóloga social, escritora y viajera incansable. En Sovietistán (2019) recorre las antiguas repúblicas soviéticas que hacen frontera con Asia, y en Frontera (2021) describe cómo es la vida en la actualidad en las zonas fronterizas con la antigua URSS de un buen puñado de países. Al igual que otros grandes escritores de literatura de viajes (Colin Thubron, Paul Theroux…), lo más importante de sus libros es la mirada con la que se acerca a estas tierras y a sus habitantes, dosificando la información histórica y cargando la mano en el elemento humano, con jugosas entrevistas en las que son los habitantes de estas tierras los que explican sus modos de vida, sus costumbres y los conflictos que han vivido o siguen viviendo.

            En Himalaya, cambia totalmente de escenario y se traslada, en un viaje de ocho meses, a los países por donde pasa la cordillera del Himalaya, donde se encuentran las montañas más altas del mundo. En total, recorre parte de Pakistán, India, Bután, Nepal y China. La autora viaja con intérpretes, algunos oficiales y otros de las agencias que le organizan los viajes. Suele alojarse en hostales, hoteles o en domicilios que les proporcionan los guías. En todo momento, comparte con el resto de la gente los itinerarios, las molestias del viaje, las muchas anécdotas que vive en una travesía tan variada y tan larga.



            Fatland proporciona suficiente información histórica para situar a los lectores sobre lo más destacado de los países que va recorriendo. Eso sí, sin avasallar. Estos datos e informaciones permiten adentrarse muchas veces en episodios muy desconocidos de la formación e historia de los países por los que pasa y de los numerosos conflictos políticos que a día de hoy siguen presentes en muchos de estos lugares. La influencia de dos grandes potencias como India y China condiciona las relaciones políticas y el desarrollo económico. Como comprueba Fatland, hoy día las estrategias del imperialismo, sobre todo chino, no son militares sino económicas: gracias a sus ayudas económicas para la construcción de carreteras y rehabilitación de ciudades, China ha multiplicado su ya poderosa influencia en la zona, más todavía cuando está reactivándose la Ruta de la Seda como espacio de un destacado interés comercial.

            La autora recorre pequeñas aldeas sin apenas servicios ni nada de interés por ver y otras muchas localidades donde se conserva espléndidamente el peso de la tradición y de la historia. En todos los sitios, deja que sean sus habitantes los que le expliquen cómo viven y algunas de sus circunstancias familiares. Este tono coloquial es una de las notas distintivas de los libros de esta autora noruega.

            Visita mezquitas, mercados, templos budistas e hinduistas. Asiste a ceremonias religiosas. A danzas festivas. A entierros. A comidas familiares. A negociaciones con la policía. Se asombra ante la belleza de muchos parajes desconocidos. Ve en acción a los chamanes de la zona. Muestra un especial interés por la situación de las mujeres en muchos de estos minúsculos espacios. 

Y comprueba los estragos que está haciendo el turismo. Si hace décadas, estos lugares solo eran visitados por turistas religiosos que acudía a los lugares sagrados, hoy el turismo de masas indio y chino, y de muchos occidentales, está transformando la vida de muchas de estas localidades que, por desgracia, están convirtiendo ya algunas de sus costumbres y tradiciones en puro folklore para turistas. En estos parajes, existe también un pujante turismo que tiene como principal atractivo ascender las míticas montañas de la zona.



            Budismo, hinduismo, seguidores del Bön, musulmanes, cristianos…, todos estos grupos mantienen su presencia en la zona gracias a los muchos templos que pueblan la zona. Es una pena que la autora, que se manifiesta en el libro abiertamente atea, aborde quizás de manera superficial el peso de la religión en las vidas de tantos miles de personas, quedándose en una visión trivial, como si se tratase de meras manifestaciones folklóricas. Aunque es de agradecer que describa fielmente muchas de las tradiciones y ceremonias y que deje hablar siempre a los protagonistas.

            La autora recorre lugares pobres y espacios de ensueño, como el Templo Dorado de Amritsar, el Valle de Spiti, la ciudad tibetana de Lhasa y el monte Kailash, de 6.628 metros, la montaña sagrada para hinduistas, budistas, jainistas y seguidores de Bön. También muestra las consecuencias de tantas y tantas guerras y de algunos delirios revolucionarios, como sucedió durante la Revolución Cultural china, especialmente activa en el Tíbet: de los más de 6.000 templos y monasterios que había solo quedaron trece. Se instala tras jornadas de mucho esfuerzo en el campo base de los montañeros que se preparan para ascender el Everest. Se entrevista con antiguos reyes y reinas. Visita la antigua residencia del dalái lama en el Tíbet…

            Son muchos los pasajes interesantes. También los detalles y sorpresas históricos. Y las numerosas anécdotas, como la exótica estancia de los Beatles en Rishikesh.

            Como escribe la autora casi al final del libro, cuando hace balance de lo mucho que ha visto y recorrido: “Lo pequeño es engullido por lo grande, desaparecen reinos pequeños; se abren valles angostos y cerrados y el mundo penetra en ellos, allí al igual que en otros lugares de la tierra. En valles así los intereses de un imperio mundial topan abruptamente con los intereses de otro, y ¿qué ocurre entonces con las personas que viven en lo más profundo de aquel valle? Había visto opresión y ansias de libertad, pesimismo y optimismo, coacción religiosa y profunda devoción, intolerancia e iluminación, desesperación y éxtasis”. Y concluye: “Lo pequeño es engullido por lo grande, pero lo pequeño sigue viviendo lo mejor que puede. ¡Hay tantas maneras de vivir!”.


Himalaya

Erika Fatland

Tusquets. Barcelona (2022)

628 págs. 25 € 

T.o.: Hoyt. En reise i Himalaya.

Traducción: Carmen Freixenet.

lunes, 6 de marzo de 2023

"El papiro de Miray", de Guadalupe Arbona

 

Aunque la presencia de historias bíblicas en el arte y la literatura ha sido siempre algo habitual, hay algunos personajes que han llamado poderosamente la atención. Es el caso de Salomé, la hija de Herodías, quien protagoniza con su madre y su padrastro el martirio de Juan el Bautista. Como cita Juan José Gómez Cadenas en la introducción de esta novela, de la historia de Salomé quedaron fascinados, entre otros, los pintores Tiziano y Canavaggio, los poetas Rubén Darío y Eugenio de Castro y, de manera muy especial, el escritor Oscar Wilde, que convirtió a Salomé en protagonista de una de sus obras de teatro.

            Guadalupe Arbona se acerca a estos hechos con otra mirada y con otras intenciones. No busca vovler a reproducir esos hechos de manera directa, aunque la muerte de Juan se describe de manera muy real, sino mostrar la influencia de esa muerte en un personaje marginal de la corte de Herodes Antipas, la sirviente Miray.

            A los catorce años, antes del nacimiento de Salomé, cuando Herodías convivía con Herodes Filipo, entró a servir en Palacio. Educada de manera esmerada por sus tías, Miray era huérfana y princesa del desierto. Tras el nacimiento de Salomé, se hizo cargo de la niña casi completamente, pues su madre estaba más interesada en cuidar la figura y asistir a fiestas. Más tarde, acompañó a las dos cuando se fugaron del Palacio de Herodes Filipo y se fueron a vivir con Herodes Antipas, hermano del rey. En su palacio próximo al mar de Galilea, Herodes invitaba frecuentemente a Juan Bautista; le gustaba escucharle, a pesar de sus muchas diferencias. Miray y los sirvientes de la corte conocían a Juan y a todos les llamaba la atención su figura, su carácter, la vision profética y sus ideas, que exponía con claridad y sin paños calientes. Juan se refería frecuentemente a un primo suyo, que sería el “mesías” que todos estaban esperando.

            A medida que Salomé se va haciendo mayor, la influencia de Miray desciende y es su madre la que empieza a absorber la atención de su hija. El culmen de esta influencia tiene lugar en una fiesta de cumpleaños del rey, cuando Salomé danzó delante de él. Es cuando tiene lugar la conocida escena de la muerte de Juan el Bautista. 

            Este suceso es clave en el desarrollo de la novela, pues a partir de ese momento Miray tiene todo el protagonismo. La muerte de Juan le ha provocado una profunda crisis. De manera drástica, abandona a Salomé y el Palacio y se refugia en los seguidores de Juan y del primo de Juan. Más adelante, sera testigo de una escena de la vida de Jesús que marcará su vida y que es el momento más transcendental de esta novela, junto con el encuentro con Salomé muchos años después. 

            Este relato de la vida de Miray se presenta en la novela como un hallazgo de la investigadora y arqueóloga de Cambridge, Caroline Angels, quien descubrió este papiro y dedicó años a su transcripción. Es tal el impacto del relato de Miray que provoca en ella una profunda sacudida interior. 

            El papiro de Miray contiene, pues, dos historias, que se relacionan entre sí. La autora ambienta muy bien la historia de la sirviente y se adentra en el terremoto interior que provoca el encuentro con el primo de Juan. Este encuentro se merecía, quizás, un mayor desarrollo narrativo para captar mejor el misterio del momento y sus posteriores ramificaciones. Miray es un personaje con fuerza, que tiene una historia que contar. Ha sido una privilegiada testigo de la vida en la corte de Herodes y lo es también de la vida de Jesús y de sus primeros seguidores. Tampoco encajan muy bien en la novela las vivencias de Caroline Angels. La autora fuerza constantemente el relato en esta parte para subrayar los cambios que el papiro de Miray está suscitando en su insulsa vida. Personalmente pienso que la novela hubiese sido más redonda si se hubiese contado solamente la historia de Miray.

La novela se lee muy bien, tiene momentos de gran calidad estética y Arbona se mueve con oficio por los recovecos del alma de la protagonista, una mujer que busca encontrar un sentido a una vida dura. También merece la pena destacarse cómo la autora, con calidad y sin falsos artificios, recrea la atmósfera de aquella época histórica.

Guadalupe Arbona (Madrid, 1965) es profesora de Literatura y Escritura Creativa en la Universidad Complutense de Madrid. Ha preparado ediciones y libros sobre Flannery O’Connor y José Jiménez Lozano, entre otros autores. También ha publicado dos libros de diarios, Puerta principal (2017) y Enredado en azul. El papiro de Miray es su primera novela. 


El papiro de Miray

Guadalupe Arbona

Jot Down Books. Madrid (2022)

192 págs. 16 €

martes, 21 de febrero de 2023

"Jóvenes héroes de la Unión Soviética", de Alex Halberstadt

 

Con apenas nueve años, Alex Halberstadt abandonó la Unión Soviética con su madre y sus abuelos y se exiliaron en Nueva York. Tras estudiar en el Oberlin College y en la Universidad de Columbia, se ha dedicado a la escritura y al mundo del periodismo. Este libro, subtitulado como “Memorias y cuentas pendientes” fue considerado por The New York Times uno de los mejores libros de 2020.

            En un momento dado, el autor quiere reconstruir su olvidada y desconocida historia familiar. No lo tiene fácil. Sus abuelos maternos, con los que se abandonó la Unión Soviética, no tienen muchas ganas de recordar tantos episodios complicados y difíciles: “No tenemos más que recuerdos horribles”, por eso “es más prudente ser optimistas”. Su madre se separó antes de salir de la URSS y su padre decidió seguir en Moscú. 

El trato con su padre, uno de los puntos fuertes de estas memorias, ha sido esporádico, pero el autor ha conseguido mantenerlo, lo que le ha permitido tener un enganche para reconstruir la saga familiar. Con sus abuelos paternos, también separados, tuvo pocos encuentros. De su abuelo sabe muy poco, solo que perteneció a la KGB desde la época de Stalin y luego fue trasladado a la ciudad ucraniana de Vinnitsa, muy cercana a su localidad natal, donde sigue viviendo y a donde viajó el autor para reencontrarse con él.

         El principal acicate para escribir el libro fue conocer bien la vida de su abuelo y su estrechísima vinculación con el régimen estalinista. A partir de ahí, el autor reconstruye la vida de todos sus parientes cercanos, todos ellos marcados por el peso del comunismo, que determinó de manera radical sus vidas. “Comenzaba a comprender –escribe- que mis cuatro abuelos habían vivido en un país y una época donde la barrera de protección entre historia y biografía se volvió casi imperceptible”. Para el autor, por eso escribe este libro, piensa que la historia y el pasado todavía a día de hoy siguen marcando de manera tóxica su vida.

       Aunque son unas memorias familiares, con muchos recuerdos personales basados en fotografías antiguas y en recuerdos personales, el autor se ha documentado de manera exhaustiva para intentar contar las cosas con la mayor precisión posible. Este afán por ser completamente verosímil enriquece la lectura del libro y añade también un valor documental al ajuste de cuentas que realiza para conocer al detalle su historia familiar.

          La vida de su abuelo Vasili es un buen ejemplo para entender la entrega absoluta de muchos jóvenes a la causa comunista. Su entusiasta adhesión recibió el premio de formar parte del KGB, donde llegó incluso a formar parte de la guardia privada de Stalin. Al autor no le resulta nada fácil que Vasili le cuente sus actividades en el KGB, donde desempeñó importantes cargos y llegó a ser un hombre de confianza de Beria, el jefe de los servicios secretos tras la muerte de Stalin. Su abuela, una modista de cierto renombre entre la nomenklatura del régimen, decidió separarse cuando Alex era pequeño y vivió varios matrimonios fracasados.


       

 Mucho más complicada es la vida de los padres de su madre, Semion y Raísa, judíos nacidos en Lituania que vivieron la implosión de la revolución comunista, la dramática y mortal llegada de los nazis y el posterior asentamiento de la dictadura soviética. Su abuelo Semion, intelectual de prestigio, profesor de Universidad, vivió muy de cerca todos estos acontecimientos que marcaron a su familia. 

           Gracias a su padre, cuenta cómo se conocieron sus padres, su boda, el inicio de la vida matrimonial, los trabajos de cada uno de ellos y el progresivo distanciamiento que vivieron hasta su separación. El padre, amante de la música y del cine, se dedicó al tráfico clandestino de vaqueros, poesía prohibida, películas y elepés de artistas norteamericanos.

            Aunque el autor abandonó la URSS muy pronto, en 1978, le dio tiempo para conocer muy de cerca muchas cosas del comunismo, como la educación. Uno de los libros de obligada lectura para los más pequeños era "Jóvenes héroes de la Unión Soviética" (de donde ha tomado el título de sus memorias), un libro que exaltaba el comportamiento heroico de unos niños que perdieron la vida en defensa de los valores patrióticos del comunismo. “Por sus actos patrióticos –escribe Halberstadt-, la mayoría de los niños de "Jóvenes héroes de la Unión Soviética" fueron castigados: ahorcados, fusilados, inmolados, envenenados o abandonados en la viene para morir de frío. Su valor no era meritorio en sí mismo, solo al morir se convertían en héroes. La muerte les hacía hermosos”.  

             Esto explica también el profundo choque que vivió el autor al trasladarse a vivir a Estados Unidos, donde todo lo relacionado con el comunismo era visto de una manera muy distinta. También sus abuelos tuvieron numerosos problemas de adaptación. La madre conectó pronto con otros rusos exiliados, como el poeta Joseph Brodsky, después premio Nobel de Literatura, que llegó a ser muy amigo de su madre. 

            El libro concluye con un viaje que realiza el autor para ver de nuevo a su padre. Los dos viajan a un lugar lejano para pescar, actividad a la que se dedica su padre un par de veces al año con sus amigos moscovitas. Ese viaje le sirve para intimar con su padre, aunque apenas le pudo sacar nuevos recuerdos ni sentimientos personales. Su mayor conocimiento de la realidad rusa le ha servido también para hacer una crítica radiografía (el libro se publicó en Estados Unidos en 2020) de la Rusia de Putin y de los valores que sustentan un régimen que añora como pocos el pasado y que tiene en alto concepto sus aspiraciones imperialistas. Asumir ese pasado, y las dramáticas historias familiares, es el complejo reto que tiene que aceptar el autor, consciente de la fragilidad de sus raíces.



Jóvenes héroes de la Unión Soviética

Alex Halberstadt

Impedimenta. Madrid (2023). 

352 págs. 23,95 €

T.o.: Young heroes of the Soviet Union.

Traducción: Jon Bilbao.