Se celebra en Madrid el Festival YOUFEST, “el festival de la
generación YouTube, la mayor celebración de la cultura popular
digital”. Hay que reconocer que la filosofía de este evento resulta atrayente y original, pues lo que buscan, copio de la información oficial,
es derribar “la última frontera entre el artista y sus seguidores”.
Y sigo: “por primera vez en la historia, los fenómenos culturales
de la red y los usuarios experimentarán la energía del contacto
directo en un festival multidisciplinar, ecléctico e
hiper-conectado”. Durante dos días, en cuatro escenarios, muchos
artistas que se han hecho famosos en la red protagonizarán un
encuentro “entre lo real y lo virtual, lo periférico y lo
establecido, lo popular y la vanguardia”.
Hasta aquí, todo muy novedoso desde el punto de
vista teórico. Se asume que el entorno digital es el canal donde el
arte innovador está lanzando sus mejores propuestas, revolucionando
la manera de hacer arte y también de recibirlo y valorarlo.
La apuesta estética de YOUFEST es arriesgada, pues han traído a un puñado de
artistas que cuentan con una notable visibilidad exclusivamente en
YouTube, como si la masiva aceptación en ese canal fuese sinónimo ya de productos artísticos
revolucionarios, ingeniosos, interesantes, distintos, modernos, “eclécticos”.
Esto puede servir para algunos de ellos, pero no se
puede generalizar. Y más todavía cuando hemos tenido la suerte de
conocer en la red a algunos de estos fenómenos que, además, son los que más
gancho están teniendo en la promoción de esta edición de YOUFEST.
YouTube es un escaparate de lo insólito, de lo desconocido, de lo
ninguneado y, también, del frikismo y de lo hortera. En Internet se
busca tanto la calidad como la mala calidad. Todo está al mismo
nivel.
La presencia en este Festival de, para mí, esos
tres grandes iconos de la música popular demuestra que hay que poner
entre paréntesis parte de la propuesta teórica y estética de este Festival.
Acuden a YOUFEST Wendy Sulca, Delfín hasta el Fin y la Tigresa de
Oriente, tres fenómenos que, con carreras independientes, han
protagonizado juntos una de las canciones más vistas de YouTube, “En
tus tierras bailaré”, un surrealista homenaje a Israel realizado
por estos tres grandes artistas sudamericanos. Millones y millones de
visitas confirman que el público busca, más que calidad –que por
supuesto sabe donde encontrarla en la red-, experiencias que excedan
los límites de la razón y del buen gusto musical.
Para mí, conocer esta canción ha supuesto un momento sublime,
indescriptible, sideral, pues he visto consolidados algunos de
presupuestos estéticos que suelo aplicar a la literatura: los
productos malos suelen dar pena, los productos inmensamente malos son
sencillamente sublimes. Delfín hasta el Fin, Wendy Sulca y la Tigresa de Oriente subrayan
esta máxima. Por eso no me extraña su arrollador éxito digital, que no
puede explicarse de manera sencilla ni recurriendo a argumentos tradicionales, pues excede a los cánones a los que
habitualmente estamos acostumbrados. La gente los ve no porque los
considere un derroche de arte y de calidad, sino porque encarnan en sus
ingredientes –letra, vestuario, puesta en escena, etc.- los elementos
más manoseados de lo peor de la cultura kitsch y popular. No creo
que ninguno de los que ya nos consideramos sus fans defendamos a
estos artistas por su revolucionaria e innovadora apuesta musical. Los queremos, y mucho, por otras
cosas bien distintas: no tienen pavor al ridículo, han
consagrado su arte a los tópicos y reiteran subjetivamente los
estereotipos.
A mí me gustan. Me divierten. Me lo paso muy bien
con su canción sobre Israel y el resto de sus ya míticas
canciones: “En torres gemelas”, “Papaíto”, La tetita”,
“Cerveza, cerveza”. Pero no se me ocurre elevar su arte a las
altas cimas de la música y la poesía contemporáneas (ni tampoco los considero, como hacen algunos con escarnio,
escoria ni monstruitos). Eso sí, sería triste que ellos se lo
creyesen. Forman parte, sin saberlo o de modo consciente, de los
arrabales de una cultura, la del espectáculo globalizado, que a veces convierte en
superestrellas a los campeones de la mediocridad.
Una conclusión saco de este fenómeno, aplicada a
la literatura. La audiencia no puede ser nunca el máximo criterio de
calidad (ojo con el best-seller y con los premios literarios más comerciales). Si un libro vende miles o millones de ejemplares no significa que,
estéticamente, sea el mejor libro del mundo. A lo mejor vende, como estos cantantes, por su frikismo y por su apoteosis de lo trillado.
Estos tres cantantes populares, con Delfín hasta el Fin a la cabeza, récord de
audiencia en YouTube, son un buen aviso para que muchos
escritores/as no se lo tengan creído y acepten la mísera realidad. Nada de arte eterno, ni poética de calidad. Al final, su literatura
es también otra manifestación del espíritu YOUFEST: un espectáculo grotesco, ecléctico, multitudinario y
multimillonario. Con sus dosis del inevitable frikismo.
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